sábado, 25 de septiembre de 2010

Marabunta centroamericana


Hace apenas unos años la palabra Mara tenía para mí un significado meramente femenino, un nombre de mujer, aunque inocuo para mis recuerdos, no existía nadie que conociera con ese nombre. Fue así hasta que mi amigo Néstor, argentino de nacimiento y con sangre malagueña por sus venas, puso ante mí vía Internet un archivo de música de Víctor Heredia, también con este nombre de mujer. Mara es una hermosa canción que su autor dedicó a su hermana, desaparecida durante la dictadura de Jorge Rafael Videla, una de tantas personas que desaparecieron para siempre durante la cruel etapa militar que gobernó Argentina entre 1976 y 1981. Desde entonces, cada vez que la oigo se me eriza la piel y se pe ponen los bellos como escarpias, me emociona y hace que florezcan mis sentimientos más puros, me embarga la sensibilidad y me hace sentir como si Mara hubiera sido mi propia hermana. Una canción llena de ternura, de amor, y, aunque suene contradictorio, de esperanza.

Pero Mara ya no me trae al pensamiento sólo la canción de Víctor Heredia, de unos años a esta parte la misma palabra se ha tornado en dualidad, como el extraño caso del doctor Hekill y Mister Hyde, con doble significado y radicalmente opuestos. Actualmente decir Mara para la mayoría de los habitantes del planeta es sinónimo de violencia, de extorsión, de terror, de sangre, de muerte. Un premio injusto y cruel para los ciudadanos de los tres países que sufren esta plaga antisocial, Honduras, Guatemala y especialmente El Salvador, donde las pandillas se han convertido en un asunto extremadamente peligroso, hasta el punto de poner en jaque al propio gobierno de la nación.

Mara es la abreviación de marabunta, la hormiga devoradora de la Amazonía. Actualmente más de 7.000 pandilleros están presos en las cárceles de El Salvador, aunque se estima que pueden haber actuando libremente por las calles del país entre 9.000 y 20.000 más. Las más famosas de estas pandillas son la Mara 18 y la Mara Salvatrucha, que surgieron en los barrios latinos de Los Ángeles, en la década de 1980, y se extendieron a Centroamérica por las deportaciones de miles de inmigrantes llevadas a cabo por el gobierno de los Estados Unidos. Pero no sólo son estas dos pandillas, otras de menos renombre también ejercen con la misma crueldad y violencia, como MS 13, Mara Maquina o Mara Mao Mao.

Según la directora del Instituto de Opinión Pública de la Universidad Centroamericana (UCA), Jannet Aguilar, en declaraciones a la AFP, las investigaciones realizadas durante 15 años demuestran que las pandillas son el resultado de la confluencia de factores de orden social, económicos, políticos, institucionales y geopolíticos. El resultante de familias disfuncionales que no asumen su papel de tutela y de los estados que privilegiaron la represión y no alentaron verdaderas oportunidades educativas y laborales.

Donde el fenómeno ha tomado mayor fuerza, en El Salvador, las maras se han convertido en verdaderas organizaciones mafiosas, implicadas en tráfico de droga, de armas, extorsión y secuestros, también se les atribuyen a ellas gran parte del alto número de homicidios que se dan en el país, una media de 13 al día. Es tanto lo que supone el problema para el gobierno salvadoreño que se ha promulgado una ley para intentar atajar la expansión de este mal social. Esta ley de proscripción de maras, pandillas, agrupaciones, asociaciones y organizaciones de naturaleza criminal conocida como "antimaras", fue aprobada por el Parlamento el pasado 1 de septiembre y sancionada nueve días después por el presidente Mauricio Funes, que descartó negociar con los pandilleros ante el pulso que éstos le presentaron, cuando a comienzos de este mes impusieron un paro de autobuses durante tres días, tratando de impedir la promulgación de la ley que las proscribe. La ley las deja en la ilegalidad y les fija penas de prisión por el sólo hecho de pertenecer a alguna de estas organizaciones, de siete a diez años para sus líderes y de seis años para los otros miembros.

De igual manera, quedan facultados la fiscalía y los jueces competentes para ordenar la inmovilización de las cuentas bancarias e incautar los bienes relacionados con sus actividades delictivas. En Guatemala, por ejemplo, tres de cada diez guatemaltecos son extorsionados en el país, a viviendas, comercios y pasajeros del transporte público, unos delitos que les generan a los pandilleros alrededor de 8.75 millones de dólares anuales. Sólo en lo que va de año se han tramitado 3.601 denuncias sobre casos de extorsiones y, de ese total, 2.387 se llevaron a cabo en el departamento de Guatemala, que incluye la capital. También en lo que va del 2010 han sido desarticulados 27 grupos dedicados a estos asuntos delincuenciales, lo que dio como resultado la detención de 344 personas. El 80% de las extorsiones se hacen al azar desde el interior de las cárceles y a través del teléfono.

Ahora el temor, ante la ley antimaras salvadoreña, es que los pandilleros huyan hacia otros países vecinos y agraven la situación, como es el caso de Honduras y Guatemala, o a la cercana Nicaragua, donde hace sólo un par de días ya detuvo la policía al líder de una de estas maras cuando cruzaba la frontera. Aún así, no queda otro remedio que poner fin a estas actitudes antisociales que amenazan a los ciudadanos indefensos, las únicas víctimas, de la dejadez de los gobiernos que no sólo no previenen la creación de estos movimientos delictivos si no que, además, también los dejan indefensos cuando se hacen realidad. Únicamente se atreven a dar la cara al problema cuando es a ellos a quienes acorralan. Esperemos que la iniciativa de Mauricio Funes no caiga en saco roto y se sumen a ella otros gobiernos afectados, por la paz y tranquilidad de sus ciudadanos.



sábado, 11 de septiembre de 2010

Un refugio en el infierno


A vueltas con la migración en América Latina y a su paso por México, por encima de otros dramas humanos que suceden en el mundo, éste me resulta uno de los más dolorosos, de los más crueles. Los derechos humanos en el mundo es una de las asignaturas pendientes que tenemos por solucionar la sociedad del siglo XXI, es el fruto del traumático desequilibrio existente entre un mundo a dos velocidades, la de los llamados países desarrollados y la de la otra parte, la que se da en la mayoría de las naciones del planeta, donde la pobreza es la situación a destacar, hambre, enfermedades, violencia... y un futuro nada halagüeño para sus pobladores, éste es el estado común de los ciudadanos de algunos países de Centroamérica. Lo más lógico, ante este panorama, quizás sea elegir la huida frente a la dolorosa disyuntiva que la vida les presenta. La de escoger quedarse de brazos cruzados, impotentes, viendo cómo los días pasan ante sí sin nuevas perspectivas o la opción de enfrentarse al destino cruel de la migración, a sabiendas que pudiera ser peor el remedio que la enfermedad, ante tal aventura.

Esta iniciativa, para muchos rumbo al fin de sus existencias, es un campo minado del que salir ileso y victorioso es un "grajo blanco", una extraña posibilidad que sólo consiguen los elegidos, los pocos que tienen la suerte de cara, los que poseen el boleto premiado con una oportunidad para poder luchar por un futuro más justo entre millones de papeletas de color negro, el de la desdicha. Cruzar la frontera de México a Estados Unidos se supone que sería el punto más álgido de esta carrera hacia la vida, hacia la dignidad, pero viendo cómo se presenta el trayecto y los peligros que esconde, conseguir llegar hasta esa valla que separa a los dos países se convierte en una toda una proeza, un triunfo meritorio después de sortear peligro tras peligro.

Cruzar México con destino hacia los Estados Unidos es para cualquier emigrante la etapa más difícil y arriesgada de todo el trayecto, los peligros que acechan a estas personas pobres en su mayoría, que sólo portan la esperanza de poder ayudar a sus familias desde el nuevo destino que sueñan, son innumerables y a cada cual más cruel. Aún así, decenas de miles de hombres, mujeres y niños cruzan México con la mirada puesta en el futuro. Este viaje es uno de los más peligrosos del mundo, y como digo, son muchas las vicisitudes que se presentan a lo largo del recorrido, ante la mirada de los traficantes de personas y presas de esas bandas delictivas, los migrantes son objeto de agresiones, robos y violaciones. Son arrojados de trenes en marcha y muchos quedan mutilados o desaparecen sin dejar rastro, enterrados en tumbas sin señales de identidad en los márgenes de las carreteras o de los cementerios, un problema que desconocen la mayoría de los ciudadanos mexicanos, que viven ajenos a sus vidas y también a sus muertes. La mayoría de estas personas hacen la ruta en situación ilegal, lo hacen en soledad y por parajes alejados de la sociedad, evitando de esta manera ser identificados por la policía y ser deportados a sus países de origen, lo que los convierte en víctimas vulnerables de las bandas criminales organizadas, especialmente las mujeres y los menores.

Existen violaciones, asesinatos... La violencia sexual se emplea para aterrorizar a las mujeres, y este estigma, junto al temor de ser deportadas, significa que habitualmente la violencia y los abusos ni se denuncian ni se castigan. Se estima que 6 de cada 10 mujeres migrantes que hacen la ruta son violadas o sufren abusos sexuales. Sin embargo, gracias a un puñado de personas, algo más de 20 voluntarios, muchos de estos migrantes que llegan en el tren de Arriaga, Chiapas, conocido como La Bestia y con 400 migrantes cada vez aproximadamente, no sucumben ante la fatiga, las enfermedades, el hambre o la sed.

Este refugio en el infierno tiene un responsable, un creador, el sacerdote católico José Alejandro Solalinde Guerra, que con grandes sacrificios ha construido el albergue "Hermanos en el Camino", en Ciudad Ixtepec, en el estado de Oaxaca, México. Y precisamente por esta actitud, altruista y generosa con los más vulnerables, estas personas son de igual manera perseguidas y agredidas por llevar a cabo su labor humanitaria. El padre Solalinde ha sido detenido y amenazado en distintas ocasiones tanto por las autoridades locales como por las bandas criminales, que consideran su actitud generosa un estorbo, para las autoridades por los problemas sociales que les acarrean y para los grupos delictivos porque entorpecen su negocio, el que hace de la dignidad humana su mercancía.

"El mayor desafío que tengo que superar es el de la intimidación, el acoso y la falta de respeto constantes de personas que no quieren que lleve a cabo mi labor de ayuda a los migrantes. Muchas autoridades locales, bandas de delincuentes y traficantes de droga quieren librarse de los defensores de los derechos humanos". Estas son palabras del padre Solalinde en octubre de 2009, las mismas que encabezaban el mensaje de Amnistía Internacional que llegó a mi correo hace unos días mostrándome el problema humanitario. El día 26 de febrero de 2007 creó el refugio para migrantes, cerca de las vías del tren por donde viajan las personas procedentes de Centroamérica, en la antigua estación de ferrocarril, a un lado del puente que atraviesa el río Los Perros. Más de 400 personas durmieron en el refugio la primera noche, y desde entonces, el flujo de personas ha sido constante, donde les ofrecen comida, bebida, medicinas, ropa, atención humanitaria de todo tipo.

Las autoridades locales de Ciudad Ixtepec culpan al padre Solalinde, y a la labor que lleva a cabo de dar cobijo a los migrantes, de entorpecer la lucha contra las maras, y como ejemplo del acoso y extorsión al que están sometidos por las propias autoridades sirve el episodio que ocurrió el 24 de junio de 2008, cuando un grupo de unos 50 residentes de Ciudad Ixtepec, encabezado por el alcalde y 14 policías municipales, irrumpieron en el albergue a la fuerza y amenazaron con prender fuego al edificio sino se cerraba en el plazo de 48 horas. Aún así, y en estas circunstancias, su labor continúa adelante, una labor que merece ser reconocida y digna de apoyo.

sábado, 4 de septiembre de 2010

La inestabilidad al acecho


Cuando uno echa la mirada hacia atrás parece que no queda otro remedio más que aceptar aquella manida frase que dice que "nunca tiempo pasado fue mejor". Probablemente así sea, aunque si desglosamos los pormenores de cada tiempo, entonces, comienzan a surgir las discrepancias, el desacuerdo se adueña del tema y uno comienza a divagar, titubear, a dudar si realmente la susodicha frasecita tiene consigo todas las de acertar. Es ahí, cuando nos damos cuenta que los tiempos van y vienen, se olvidan y regresan con sus distintos maquillajes, pero con idéntico propósito, en lo bueno y en lo contradictorio.

La historia reciente de América Latina sabe mucho de convulsiones, de inestabilidad y de conflictos armados que parecían nunca acabar, pero, por suerte, aquellas pesadillas con sonido a botas militares de fondo y huidas en la noche con la sombra de los escuadrones de la muerte pisándoles los talones, pasaron a mejor tiempo, el que sin duda ahora vivimos. Sin embargo, no se puede dar ese tiempo por pasado, el tiempo nunca se aleja para siempre, se bambolea al son caprichoso de lo que acontece y los gobernantes provocan, para traernos de nuevo como un boomerang toda la energía que en otro momento ejercimos.

Parece imposible que, aquellos tiempos difíciles velados en blanco y negro, que se tornaron rancios con el pasar de los años, puedan volver a resurgir para mostrarnos toda su crudeza, a diferencia que en esta ocasión sería coloreada pero con calcada puesta en escena. Nos parece imposible que las condiciones que permitieron el auge de dictaduras militares puedan volver a rugir, a darse, de entre el olvido y el desconocimiento para los más jóvenes. Aún así, no se puede descartar esta hipótesis... Sí, ya sé que pensarán que soy pájaro de mal agüero, pero si analizan la situación actual sobre el tema que me trae a estas líneas, entonces, comprobarán que mis temores no son infundados. Que la sospecha de que la inestabilidad en Latinoamérica acecha detrás de cualquier esquina es cierta.

Hace algunos meses, el IISS (Instituto Internacional de Estudios Estratégicos), vinculado a los gobiernos de EEUU y Reino Unido, publicaba un informe en el que alertaba de la inestabilidad que se fraguaba en el continente latinoamericano. Ustedes me dirán que aquí hay gato encerrado, que huele a informe interesado por parte del imperio del norte y de sus socios europeos, pudiera ser así, aunque, si nos olvidamos de lo que pudieran dar a entender y analizamos los movimientos y cifras sobre armamentos, descubriríamos que la situación pudiera estar al borde del precipicio bélico en cualquier frontera y con consecuencias inimaginables para sus habitantes. Según el informe, las amenazas que enfrenta la región son la degradación de la democracia, el crimen organizado transnacional, el terrorismo, la insurgencia y el tráfico de armas y drogas.

Por otro lado, si comenzamos a analizar algunos de estos factores mencionados, la mirada hacia los culpables siempre se dirige en la misma dirección. Uno de los argumentos más repetidos del presidente mexicano, Felipe Calderón, cuando intenta explicar que la responsabilidad de la creciente actividad del crimen organizado en México no tiene un origen único, son las 20.000 armas ilegales que pasan cada año desde EEUU por las frontera mexicana, procedentes de las aproximadamente 6.700 tiendas que existen en el lado estadounidense. Una cantidad que supone un valor calculado en más de 20 millones de dólares. La gran competencia que existe en EEUU, hace que los precios de las pistolas o ametralladores sean muy bajos, a diferencia de México, donde la ley permite poseer un arma siempre que se registre en el Ministerio de Defensa y sólo para uso deportivo o defensa doméstica. En total, según opina la ONU, en México existen unos 10 millones de armas de fuego no registradas, suficientes como para proveer a uno de cada tres hombres adultos.

Así que, con estas cifras sobre la mesa, ¿qué podríamos pensar con respecto a los países cercanos y vecinos con México, donde los controles son menos intensivos, debido a la precariedad en la lucha contra el crimen organizado? El resultado es evidente, el llamado triangulo de la violencia por la ONU, Guatemala, El Salvador y Honduras, donde las cifras de asesinatos y acciones violentas superan cualquier comparación.

Luego, si nos adentramos en la realidad de los países andinos, ahí nos encontramos con la inestabilidad crónica, expresada en la guerra de Colombia, con sus distintas combinaciones entre guerrillas, paramilitares y narcotráfico, que evidencian la incapacidad del Estado para controlar la situación. También en este caso nos encontramos con que el vecino rico del norte es el mayor proveedor del ejército colombiano. Pero no crean que toda la pólvora llega por el mismo cauce, si desviamos la mirada al lado opuesto descubriremos que existe otro protagonista importante en este significativo mercado con resultado de violencia y muerte. El auge ruso en territorio latinoamericano se debe a la dejadez de los gobiernos Bush con el suministro armamentístico impuesto a varios países como Venezuela, al considerar que no colaboraban lo suficiente en la lucha contra el terrorismo, todo lo contrario ocurrido con México y Colombia, con quienes el gobierno de Washington reforzó su relación militar.

Y, aunque Rusia es el único país del mundo que ha disminuido su gasto militar, ha firmado acuerdos con Venezuela, Perú, Brasil, México y Colombia, al tiempo que negocia otros convenios con Bolivia, Uruguay y Ecuador, convirtiendo a Latinoamérica entre los dos suministradores en un polvorín. En total, el gasto militar de América Latina y Caribe aumentó en 2008 hasta superar los 58.000 millones de dólares, lo que equivale al 1,35% del PIB, cuando dos años antes, en 2006, apenas superaba los 39.000 millones de dólares. Así que con estos mimbres ya me dirán ustedes que canasta podemos esperar.



domingo, 29 de agosto de 2010

La violencia enquistada


Vivir sumido en la violencia, como un mal enquistado en cada poro de la piel social, no es asumible. No se asimila la existencia en un estado de peligro constante, ni siquiera para los que día tras día desarrollan sus vidas entre asesinatos incomprensibles, acostumbrados a ello, como es el caso de muchos ciudadanos en muchísimas partes de Latinoamérica. Desgraciadamente, nos estamos acostumbrando mal a cada día comprobar en los noticieros el número de muertes violentas acontecidas en México, Guatemala o Venezuela, por citar algunos países, donde la vida de sus habitantes pende de un hilo al albedrío de un asesino, a la voluntad de un mal nacido que hace valer el poder de las pistolas por encima del derecho a la vida de cualquier ser humano, sólo porque en su sangrienta agenda no existe otra razón de ser que la de eliminar de un gatillazo la vida de personas inocentes que tuvieron la mala suerte de pasar por delante de su mala condición.

Esta semana pasada ha sido una de éstas en las que, jornada tras jornada, como una serie de terror, se fueron sucediendo noticias relacionadas con el número de homicidios acontecidos en Caracas o Tamaulipas, donde la sinrazón se desbocó para dejar sin vida a 72 personas, emigrantes, que trataban de cruzar México para llegar hasta los Estados Unidos, donde poder encontrar una vida más justa, un trabajo más digno y un futuro menos inestable que en sus países de origen. Los últimos datos al respecto, sobre las 72 víctimas halladas en un rancho de San Fernando en el Estado de Tamaulipas, al noroeste de México, reportaban la identificación de la mitad de los cuerpos, aproximadamente, ninguno de ellos era de nacionalidad mexicana hasta el momento, 14 hondureños, 12 salvadoreños, 4 guatemaltecos y 1 brasileño. Esto pone en relieve que se trata de una nueva modalidad, la de escoger a las víctimas en la emigración, entre los más desfavorecidos que arriesgan sus vidas a cambio de un trabajo digno. Una conciencia miserable la de estos asesinos al elegir a sus presas entre los más vulnerables.

Unas características que nada tienen que ver con los 7 cuerpos encontrados la semana anterior en una mina del Estado de Hidalgo, a una hora de distancia de la capital mexicana; ni con los 55 encontrados en la turística zona de Taxco, en el de Guerrero. Esta nueva categoría pone en entredicho la difícil situación no sólo para los nativos, también para los ciudadanos de otros países que únicamente pisan suelo mexicano de paso hacia otros lugares. El macabro descubrimiento se dio a medianoche del martes 24, tras un enfrentamiento ocurrido entre los marines y un grupo de delincuentes, con resultado de 4 bajas, un marino y tres criminales. Los militares encontraron a los 72 cadáveres aun sin enterrar. El enfrentamiento y el consiguiente descubrimiento fue gracias a un único superviviente de la matanza, que herido consiguió escapar y llegar hasta un control militar. Más tarde se pudo comprobar que el herido no era de nacionalidad mexicana si no ecuatoriano y que los fallecidos no eran narcos, eran emigrantes sudamericanos de distintas nacionalidades. Luis Freddy Lala Pomabilla, el superviviente de la matanza, contó que los criminales se identificaron como miembros de Los Zetas, que trataron de extorsionarlos y ante la negativa los acribillaron.

Una historia que ya no sorprende, esta realidad no es nada nuevo, Según la Comisión de Derechos Humanos, estos grupos criminales secuestraron a 9.758 migrantes entre septiembre del 2008 a febrero del 2009, estos son datos oficiales, los extraoficiales estiman que las cifras superarían los 20.000 en el mismo periodo de tiempo. Una historia que nos eriza la piel sólo de pensarla, aunque no parece que la macabra pesadilla humana haya dado fin con el hallazgo de los 72 cadáveres. Tres días más tarde al suceso, el presidente Felipe Calderón confirmó la desaparición de un agente del Ministerio Público del Estado de Tamaulipas, que participaba en la investigación de dicha matanza, no se conoce hasta el momento el paradero del agente Suárez Vásquez aunque se teme que pudiera convertirse en una nueva víctima de los narcotraficantes.

Sin embargo, no sólo en México se extiende la sangre derramada por la violencia, se podría decir que por la mayor parte del territorio latinoamericano fluye el número de víctimas fruto de la violencia, por distintas razones o causas que van desde las bandas de narcotraficantes o la violencia domestica sufrida por las mujeres hasta los atracos o reyertas delincuenciales entre las maras. Solamente en Venezuela se contabilizó un asesinato cada media hora en todo el año 2009, un nivel de violencia por encima de Colombia o México, según el Instituto Nacional de Estadísticas. El año pasado perdieron la vida en Venezuela de manera violenta 19.133 personas, es el resultado de un informe encargado por el propio gobierno venezolano y que han publicado los medios informativos del país. Estas cifras sitúan la tasa de homicidios por encima de 75 por cada 100.000 habitantes, casi el doble que en Colombia (38 por cada 100.000), donde se incluyen las víctimas del conflicto armado con las FARC que dura más de medio siglo; y más de 9 veces que en México (8 por cada 100.000), con el azote que sufre por parte de las bandas de narcotraficantes.

Son demasiados escandalosos los datos al respecto que se exponen sobre la mesa de este tema tan preocupante para la estabilidad social. Las maras centroamericanas, las favelas de Brasil, son otros puntos donde el horror parece que se hizo cotidiano. Según la ONU, el 40% de los asesinatos y el 66% de los secuestros que se producen en el mundo cada año se dan en América Latina y el Caribe, dos regiones que concentran sólo el 8% de la población mundial. Solamente Costa Rica, Cuba, Perú, Argentina, Chile y Uruguay se mantienen por debajo del límite catalogado por los expertos como epidemia, para indicar cuando la violencia supera los 8 homicidios por cada 100.000 habitantes y año.

sábado, 21 de agosto de 2010

Cosas de Mohamed (del otro lado de la valla)


Rara es la estación del año en la que España no tiene un desencuentro con Marruecos y casi siempre andan de por medio las ciudades de Ceuta y Melilla, es la piedra de la honda que utiliza el gobierno marroquí para chantajear al gobierno español, sí, chantajear, una expresión clara y sin tapujos que no disimula el significado. Pero no es nada nuevo, es algo a lo que estamos acostumbrados y ya sabemos que sólo se trata de un asunto de intereses provocado por Marruecos para sacar tajada del tema que se traiga en ese momento entre manos, o entre carteras ministeriales. Las ciudades de Ceuta y Melilla son dos territorios pertenecientes a España, son las últimas colonias que aún quedan en suelo africano, en cierto modo parecido a Gibraltar, situado en territorio español pero gobernado y con bandera inglesa. Claro que había que aclarar que la demanda en cuestión de territorios históricos de Marruecos no se limita a estas dos ciudades en la otra orilla del Mediterráneo, si no que se adentra en la Península Ibérica hasta cercano a los pirineos, hasta donde llegó el Imperio Almorávide... Cosas de locos si pensáramos en cuántas fronteras se han creado y desaparecido a lo largo de siglos, durante miles de años.

Pero ésta no es la cuestión, sería entrar en la historia y ese es otro tema más peliagudo. Lo cierto es que, desde que el padre del actual rey de Marruecos, Hassan II, consiguiera apropiarse de los territorios del Sahara Occidental con la Marcha Verde, en el momento en que en España había un vacío de poder transitorio mientras el dictador Franco agonizaba, no ha parado la misma estrategia para sacar provecho mediante el chantaje, utilizando a las dos ciudades norteafricanas como excusa. Sin embargo, estas crisis diplomáticas entre España y Marruecos se saben cómo empiezan pero no cómo terminan, bueno... se puede intuir dependiendo del gobierno que rija en España en el determinado momento.

Digo esto porque al otro lado de la valla, el régimen de Mohamed no cambia, el suyo es dictatorial y no medio democrático como se supone, en cambio a este lado, se cuenta con dos maneras bien distintas de entender las dichosas crisis. El conservador Partido Popular tira siempre por la tremenda, como ya demostró en las dos legislaturas que gobernó, comenzó con el desencuentro y la no renovación del acuerdo pesquero y terminó con el conato bélico del Islote de Perejil, un pequeño islote que no aparece ni en los mapas y que Aznar mandó al ejército por las bravas a desplegar la bandera nacional como un acto de patriotismo que más rayaba lo esperpéntico que la seriedad de un gobierno responsable. Por el otro lado sale a escena el PSOE. A los progresistas le sienta mejor la diplomacia y siempre trataron de solucionar los problemas mediante los acuerdos, por lo que los conservadores continuamente los tacharon de blandos, de ceder a las pretensiones chantajistas de Mohamed. Yo, personalmente, creo más en la palabra que en las bravuconadas prepotentes.

Lo evidente es que el gobierno marroquí ha sabido desde hace años jugar bien sus cartas, en temas como la emigración o el tráfico de hachís. En el otoño del 2002 cientos de emigrantes subsaharianos saltaban las vallas de la frontera que rodean a las ciudades de Ceuta y Melilla, al tiempo que decenas de pateras alcanzaban las costas de Cádiz cada día ante la pasividad y en ocasiones con la complicidad de las autoridades marroquíes, buscando provecho mediante la presión, y consiguieron lo que se proponían. A cambio de ayudas económicas, Marruecos se comprometió a parar el flujo de emigrantes y lo hizo. Con el problema del tráfico de droga pasó tres cuartas de lo mismo, el cultivo de hachís en el país vecino se ha reducido la superficie de 134.000 hectáreas en el 2003 hasta 60.000 en la actualidad.

Sin embargo, existen otros temas en los que el gobierno de Rabat no siente que el gobierno español agradezca sus esfuerzos, como es la cuestión del terrorismo islámico, con el que sí es verdad que Marruecos no especula. Aunque, si hay un tema donde Mohamed ha puesto su interés ese no es otro que el relacionado con el Sahara Occidental. Los territorios ocupados por Marruecos viven desde mediados de los años 70 en una represión constante y haciendo oídos sordos a las exigencias de la ONU para llevar a cabo el referéndum por el que el pueblo saharaui decida su autodeterminación. Pero, otra vez más, Estados Unidos anda tras las bambalinas, en este caso apoyando a Marruecos en su propuesta, la de imponer una autonomía a los territorios ocupados, sin dejar de pertenecer al reino alauita. Mohamed quiere que España avale totalmente su dominio sobre este territorio y el gobierno de Rodríguez Zapatero persiste en mantener una posición neutral en el asunto.

Hace unos días de nuevo estalló otra crisis diplomática de las que ya no nos sorprende. En esta ocasión ha sido promovida por dos actores principales, dos activistas ya conocidos al servicio de los servicios de inteligencia marroquí. El presidente de la Coordinadora de la Sociedad Civil del Norte de Marruecos, Chaouki Monaim, y el presidente de la asociación Gran Rif de Derechos Humanos, Said Chramti. La provocación de los dos activistas consistió en dos fotomontajes de policías de la frontera española entre basura y con las manos manchadas de sangre, colocadas en la franja conocida como tierra de nadie, y ante la pasividad de las autoridades del otro lado. Se anunciaron boicot de mercancías marroquíes a los mercados de Melilla, y algunas otras propuestas de presión. La queja era el trato racista que las mujeres policías españolas daban a los ciudadanos de Marruecos, tachándolas de racistas y algunas lindezas por el estilo. Claro, ante esto, uno se sorprende cuando muchas de esas mujeres policías son musulmanas y la mayor parte de su familia son de Marruecos. El problema radica en que el machismo musulmán no permite que una mujer pueda ordenarle quién cruza o no la frontera. No se trata de racismo por parte de este lado, si no de irrespetuosidad y rechazo a los derechos de la mujer del lado marroquí.

Lo cierto es que todo quedó en aguas de borrajas y tras una llamada de teléfono del monarca español al de Marruecos, se zanjó el asunto y los activistas pasaron a retirar toda su presión de boicot. No sin antes pasearse los dirigentes conservadores clamando a Santiago Matamoros por Dios y por la patria, por el abandono en el que tienen sumido a la ciudad de Melilla por parte del gobierno de Rodríguez Zapatero. Solucionada la crisis se acabaron las fotos y declaraciones oportunistas de Aznar, que hay que recordar que en sus 8 años de mandato no fue a visitar Melilla ni una sola vez.

Es evidente que cualquier asunto hubiera servido de liebre para hacerla saltar y correr tras ella. Son varias las versiones que corren como el germen que originó la escaramuza diplomática. Según la versión del otro lado, cuatro ciudadanos marroquíes, con pasaporte belga en un vehículo descapotable, trataron de pasar la frontera con una bandera de Marruecos, dos mujeres policías les instaron a retirarla y ante la negativa llamaron a los antidisturbios y les golpearon hasta que pudieron huir. Del lado español se sostiene que las agredidas fueron las agentes, que los cuatro se negaron a mostrarles la documentación requerida alegando que Melilla era marroquí. Una de las policías era musulmana y entendía varios dialectos de Marruecos, por lo que pudo entender los insultos y burlas hacia ellas, al subir el tono de los improperios fue cuando llamaron a los antidisturbios. Otra versión que corre de boca en boca y por las malas lenguas es que se trata de un asunto personal del rey Mohamed, quien pasaba unos días de descanso en su yate cerca de la guarnición militar española del peñón de Alhucemas. Se dice que el helicóptero que abastece a dicha guarnición pudo molestar al monarca por fotos echas desde dicho aparato militar, mientras disfrutaba de placeres mundanos rodeado de efebos en la cubierta de la embarcación.



viernes, 13 de agosto de 2010

El mal que los persigue


"Huir de la miseria, huir de los traficantes, huir de la injusticia... huir del mal que nos persigue".

Estas palabras salían de la boca de un emigrante latino en una entrevista que el reportero hacía para una cadena de televisión española. La frase por sí sola evidencia cual de injusta es esta sociedad en la que vivimos y que construimos día a día contra los más débiles. Provocamos sus miserias, les forzamos a tener que buscar otro horizonte donde subsistir y cuando se deciden y dan ese paso, nunca agradable, el de emigrar a otra tierra que no es la suya, se encuentran con quienes también quieren sacar tajada de sus desdichas, traficando con ellos y con sus necesidades. Los que no quedan olvidados en el camino para siempre, un gran número de ellos, y consiguen llegar penuria tras penuria a ese paraíso soñado donde podrán sentirse con la dignidad que el ser humano merece y necesita, entonces, aparecemos de nuevo vestidos de legalidad para tratarlos como delincuentes por atreverse a buscar una vida más justa en otro país. Este es el mal, el sino que persigue a los emigrantes que cada día se juegan la vida, por no dejar que la miseria se las arrebate.

El mal que los persigue no es otro que el desajuste social que reina en este mundo cruelmente globalizado. En un informe que la ONU presentaba al respecto, al de la emigración y la trata de personas en el mundo, revelaba que entre 2'5 y 3 millones de inmigrantes son introducidos de manera ilegal de América Latina a Estados Unidos, lo que genera unos beneficios para los traficantes cercanos a los 6.600 millones de dólares. De igual manera expone que 140.000, personas, tan solo en Europa, son víctimas del tráfico humano con el propósito de explotarlas sexualmente. Una actividad delictiva que genera para los traficantes un ingreso anual de más de 3.000 millones de dólares. En este mismo informe, llamado "La globalización del delito: evaluación de la amenaza del crimen organizado transnacional", también precisa que la mayor parte de las ganancias de la venta de droga en el mundo se quedan en Estados Unidos, Canadá y Europa, y que en el caso de la cocaína representa un 70% de los 72.000 millones de dólares traficados en el mundo anualmente.

Estas cantidades ya refleja el poder que mueven estas organizaciones criminales y la cantidad de vidas humanas que les sirven de mercancía para sus intereses delictivos. Hasta el punto de ofrecer una recompensa de 1 millón de dólares por parte de la "Línea", brazo armado del "Cartel de Juárez", a quien haga rodar la cabeza de Joe Arpio, "el sheriff caza migrantes". Parte de gran culpa del poder que disfrutan los narcotraficantes las tenemos las sociedades desarrolladas del mal llamado primer mundo, estamos dando pie a que esto suceda con nuestra actitud consumista y por extraer las riquezas naturales de esos pueblos que viven en la pobreza y dejarlos luego como apestados, una vez que ya no nos interesa continuar explotándolos. Para colmo de males, los ciudadanos pobres de esos países se ven en la disyuntiva de continuar en la miseria o emigrar a esos mismos territorios donde se llevaron las riquezas que podrían haberlos alimentado y se encuentran con que otros indeseables pertenecientes a su misma especie los esperan sabedores de sus infortunios para chantajearles con lo poco que les queda, sus propias vidas.

Pero para cerrar tanta desdicha e injusticia, cuando consiguen llegar a ese anhelado paraíso que significa un plato de comida cada día y un techo que los acoja, se encuentran con la fuerza bruta de la injusticia humana declarándolos delincuentes, peligros sociales para esas sociedades donde no tienen cabida ni los pobres ni los desahuciados. "Ya estamos suficientes", argumentan para perseguirlos como al peor de los criminales. Esto es lo que sucede desgraciadamente en Estados Unidos y Europa, especialmente, porque si la ley contra los inmigrantes en Arizona ha puesto el grito de medio mundo en el cielo pidiendo justicia, el otro medio calla cómplice apoyando esa persecución deleznable contra los más desfavorecidos.

Injustamente, Arizona, se lleva el honor, el privilegio de ser el primer estado en criminalizar la migración. Digo injustamente porque así lo es en Estados Unidos, pero en Europa, en países como Francia e Italia, la inmigración se criminaliza y se persigue con más ahínco aún que en la propia Arizona. Sí es verdad que no retienen a los detenidos inmigrantes a 43º ni les obligan a usar ropa interior de color rosa como les obligaba Arpio, en el condado de Maricopa, Arizona, en la "Ciudad de las Carpas" que creó el más odiado sheriff por todos los inmigrantes, especialmente mexicanos. Aún así, en los últimos años se han promovido leyes al estilo de la polémica creada en Arizona, como digo anteriormente en Francia e Italia se han creado leyes que criminalizan y persiguen a los inmigrantes irregulares. Por ejemplo, no tener documentación en Italia se castigó el pasado año con penas de cárcel, extensibles a aquellos ciudadanos que les diesen cobijo.

En 2008, el parlamento europeo aprobó la llamada "Directiva de la Vergüenza", que permite internar hasta 18 meses a las personas que esperan para ser deportados. En España no se llega a tanto, aunque la crueldad es casi la misma para los 60 días como máximo que permiten las leyes para retener a un irregular. También es verdad que rara vez se cumple el tiempo máximo estipulado que marcan esas leyes, aunque las deportaciones express, en tan sólo 48 horas, que se llevan a cabo desde 1985, es una injusticia comparable a las demás, al arrancar bruscamente al inmigrante de ese núcleo familiar o social donde se desenvuelve y que significa su entorno más cercano.

Sin embargo, y ante tan sombrío panorama, no queda más remedio que ser optimista, esperanzado en que estas injusticias sociales contra la migración no pueden durar siempre, son mayoría los pobres que necesitados tienen que dejar sus pueblos atrás en busca de una vida digna, unos pocos países no podrán poner por siempre barreras a las necesidades de millones de personas en todo el mundo.


domingo, 25 de julio de 2010

La desvergonzada carta de invitación


En muchas ocasiones, que desgraciadamente sucede más veces de lo que se desea, uno se siente avergonzado por episodios que ocurren en este país, tantas veces madre y demasiadas madrastra, con los emigrantes que llegan especialmente desde Latinoamérica. No me cansaré nunca de mostrar mi apoyo a este colectivo que no sólo tienen que abandonar sus países, a sus familias y amigos por sobrevivir, ellos y en ocasiones también sus seres queridos. Es una pena que después de sufrir la ingrata vida tengan que padecer la ingratitud de algunos españoles, no puedo generalizar porque sería mentir, aún quedan en esta España nuestra gentes con corazón, que entienden las calamidades que, a veces, padecen muchos emigrantes que llegan a buscar un puesto de trabajo. Sin embargo, tengo que reconocer que tenemos muy mala memoria, que pronto se nos olvidó que nuestros padres y nuestros abuelos tuvieron que emigrar a otras tierras donde fueron acogidos y donde encontraron un futuro mejor. Vuelvo a recordar, como siempre que hablo de emigración, que nuestra historia más reciente se escribe desde muchos países, de este y del otro lado del Atlántico, con episodios de separación familiar, y en las mismas circunstancias que los que hoy llegan hasta nuestras fronteras en busca del derecho a un trabajo digno y una más digna calidad de vida.

No obstante, y sin que el tema que me trae no sea precisamente el de la emigración laboral, sí es la causa por la que muchos ciudadanos de América Latina sufren la desvergonzada actitud de muchos policías y agentes de la Guardia Civil. Un amigo nicaragüense, cuando estudiaba en esta ciudad en la que habito, sufrió en primera persona esta actitud por parte de la policía que tanto nos avergüenza a muchos españoles. Solo por el hecho de un color diferente de piel y rasgos latinoamericanos fue parado en plena calle y solicitada su documentación, cosa nada extraña porque cualquier ciudadano puede ser requerido a identificarse, pero en el fondo de la cuestión fue el ser extranjero, pero no de cualquier lugar, el que propició que lo detuvieran y llevaran a comisaría hasta comprobar que residía legalmente y que, además, ocupaba un puesto relevante en una universidad nicaragüense. Volvió a quedar libre y con las consiguientes disculpas presentadas por parte de la policía. Sin embargo, la actitud de los agentes no fue la más correcta, su trato fue degradante y hasta vejatorio si me apuran. Los compañeros españoles de este amigo nicaragüense, pertenecientes a la Universidad de Córdoba, pusieron una denuncia por el trato dado a un ciudadano con documentación en regla y publicaron una nota de queja en el diario de la ciudad. De nuevo se presentaron disculpas por parte del cuerpo policial y pelillos a la mar.

Pero, ¿cómo hubiera sido el trato si este transeúnte no hubiera tenido papeles en regla ni documentación que lo identificara? No sé cual hubiera sido el trato recibido, aunque cualquiera puede pensar lo que quiera, porque de todo hay en la viña del señor, y si los agentes son relativamente respetuosos el trato hacia el detenido no hubiera sido el mismo que los que detuvieron a este amigo nicaragüense que anteriormente he citado.

Me acordé del episodio vivido por este amigo cuando hace unos días leí en el Diario Público una noticia que ha dado la vuelta al mundo por lo de esperpéntica e injusta tiene. Una ciudadana argentina, Ada Ghiara, de 88 años de edad, recién recuperada de un cáncer y con problemas cardiacos, tuvo que soportar las peores 48 horas de su vida en el Aeropuerto de Barajas por culpa de la burocracia y por la necedad de los agentes que, en términos taurinos, les tocaron lidiar a este toro. Ada es maestra jubilada y aterrizó en Madrid después de volar desde Mar de Plata, para pasar el verano en la ciudad de Málaga, con sus hijos y sus seis nietos, como los últimos 30 años anteriores había hecho sin tener problemas de ningún tipo. Claro que en esta ocasión se encontró con estos descerebrados vestidos con traje oficial de la seguridad policial y después de ocho horas retenida en el aeropuerto, sin poder abrazar a sus seres queridos que la esperaban en la puerta de salida y sin siquiera ofrecerle un vaso de agua, la obligaron a subir de nuevo al avión y regresar por donde había venido.

Las declaraciones de la señora Ada han sido que: "nosotros sabemos que el pueblo español no es como esa persona que nos maltrató en Barajas". El defensor del Pueblo, Enrique Múgica, ha anunciado la apertura de una investigación para aclarar este posible maltrato con esta ciudadana, claro que si nos atenemos a la legalidad quizás los descerebrados no sean estos agentes de aduana si no quienes hicieron la ley que rige este asunto, el de presentar una carta de invitación de la persona o familia que acogerá a ese supuesto turista, tratando de que no se queden en el país como emigrantes indocumentados.

El visitante no comunitario tiene que haber reservado hotel anteriormente por el tiempo que transcurra su tiempo de visita, de no ser así tiene que mostrar una carta de invitación de un amigo o familiar, claro que a su vez, este amigo o familiar, tiene que presentar escritura de propiedad, certificado de nacimiento y hasta declaración de la renta. Tanto el visitante como el anfitrión tienen que reunir una serie de requisitos que demuestren que tienen una relación entre ellos y que su objetivo es el de no superar esos tres meses de estancia legal. La obtención de los trámites es otra barrera más añadida, pues esta carta puede llegar a tardar más de un mes desde que se solicita y su coste oscila entre 104 y 108 euros. Antes de que esta norma entrara en vigor, en 2007, sólo era necesario que la persona que acogía manifestara su interés ante notario, costaba unos 60 euros y tardaba menos de una semana. Pero lo peor y más doliente no es el trámite burocrático, si no que los ciudadanos de América latina son los que más sufren ese regreso obligado, los más pobres, en comparación con los ciudadanos estadounidenses o canadienses, de mayor poder adquisitivo.

La política migratoria española está resultando ser más ofensiva con los ciudadanos de América latina, y son varios países los que se han quejado al Ministerio de Asuntos Exteriores. Argentina, Venezuela, Brasil, Uruguay y Bolivia son algunos de los que lo han hecho formalmente. Son países que los españoles no necesitan visados para entrar en ellos. Las protestas de Argentina y Venezuela, especialmente, aseguran que sus ciudadanos sufren intimidaciones y trato discriminatorio por parte de los funcionarios españoles durante el tiempo de retención. El Ministerio de Interior niega que la policía maltraten a los ciudadanos inadmitidos, que en cifras son: de Argentina y en 2008, 1.100 de los 180.000 que llegan cada año; procedentes de Venezuela, también en 2008, fueron 1.173 los inadmitidos.

Yo que tengo la suerte de poder visitar, aunque de tarde en tarde, algunos países latinoamericanos, siento vergüenza ajena por el trato que a veces sufren ciudadanos hermanos del otro lado del Atlántico, por el sólo hecho de ser emigrantes o simplemente por la creencia por parte de algunos funcionarios policiales de que todos los que llegan a nuestras fronteras lo hacen con intenciones ilegales. Quizás les serviría de bien viajar a cualquiera de estos países, descubrirían que no todos vienen con intenciones delictivas y, de paso, aprenderían de cómo se trata con respeto a los visitantes españoles.

Cultura mexica ( XI )

Cerámica La cerámica es uno de los elementos artísticos mexicas menos estudiados, si lo comparamos con otros como dioses, calendarios o mito...