viernes, 17 de octubre de 2008

De deseos cumplidos y alimentos artísticos


Esta mañana no lo pensé dos veces, aunque parecía ser el día menos indicado no quise dejar escapar la oportunidad, llovía a cantaros, hoy no quedaba un huequecito por donde penetrar un tímido rayo de sol. La tormenta Omar, la numero no se cuanto de la temporada de lluvias en el Caribe, se deja notar, no tanto como en la costa atlántica, donde los destrozos y damnificados se multiplican al paso de cada tormenta que en su mayoría derivan en huracán. Lo peor es que siempre son los más pobres los que sufren en mayor grado las inclemencias climatológicas.
Junto a la piscina del hotel, tomando el desayuno, un pájaro cantarín me hizo pensar que era un buen presagio y por más agua que cayera no debería ser causa suficiente para no cumplir mi deseo, el de ver los dos murales de Leoncio Sáenz, el pintor de Palxila, en el Supermercado La Colonia, en la plaza de España de Managua.
Pasaron unos minutos y autoconvenciendome, de que "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy", coincidió con una tregua que la lluvia pactó con mis deseos, me ofreció las condiciones para cumplir mi propuesta dos meses atrás, paró de llover. Como un resorte abandoné el salón de desayuno casi al aire libre y fui a buscar a mi fiel acompañante en estos días, mi paraguas, nada es más importante que un paraguas en noviembre por tierras pinoleras. Ese razonamiento bien me vale adjudicármelo pero para los managuas no parece ser lo mismo. He visto más paraguas abiertos en días soleados de altas temperaturas que en días lluviosos, parece como si ya conocieran que son tormentas pasajeras, que nos mojamos un ratito y que a la nada ya vuelve a escampar, por lo que el paraguas se convierte en un estorbo, más que en un artilugio preciso y necesario.
No se encontraba cerca del hotel el mencionado supermercado, detalle que no me importó, algo más de dos kilómetros es un distancia magnifica para cubrirla paseando, es la mejor manera de conocer las ciudades y de cuidar de la salud, y si hace buen día mucho mejor. Pero parece que la tregua ofrecida por la lluvia no fue más que una pequeña tomadura de pelo, comenzó con brío renovado y el paseo caminando casi se torna en "los cien metros mariposa"... una autentica tomadura de pelo por parte de "san Pedro"que dejó el grifo abierto y caía agua como nunca antes había visto. Fueron varios minutos y regresó la normalidad. Llegué a la plaza de España y entré en el súper con la misma sensación que si lo hiciera en una galería de arte, como si fuera a encontrarme con obras únicas, el pulso casi me temblaba pensando que tras aquella puerta estaban, casi anónimos, dos murales maravillosos. Jamás entré en un supermercado de esa manera, ir a comprar la cesta para la semana no es lo mismo que ir a ver arte, hay que ir condicionado de otra predisposición, el arte no es ir a comprar frijoles, aunque haya quien lo acepte como arte contemporáneo o conceptual.

Al entrar al local lo hacían varios clientes a mi par, esa coincidencia hizo detenerme por segundos, los suficientes para pensar la diferencia en el sentido de cada cual, unos a comprar y otro, en mi caso, también a alimentar mi ansiedad artística. Tan necesario uno como el otro alimento, porque si preciso es comer también lo es consumir arte.
El aire acondicionado fue agradable, atento, y colmó mis atenciones en el recibimiento más que cualquier conserje o portero de sala de exposiciones, se agradece cuando el calor y la humedad se alían para incordiar y hacernos sentir la ropa pegada a la piel sudorosa. Dos pasos hacia adelante con el cuello estirado como soporte de telescopio, los ojos avizores, inquietos, en alerta, y el nerviosismo corriendo por mi espalda en forma de sudor; la dirección de mis pies al encuentro con el carrito y mi mirada en busca de los murales de Sáenz... allí estaba uno de ellos. Por entre las baldas de los pasillos, repletos de artículos de todo tipo, vi el colorido en forma de banda ancha que cruzaba el local de punta a punta, por encima de las cabezas y pegado al techo. Fui hacia él esquivando con la vista los cepillos de barrer, plumeros, cubos de plástico... todo se interponía entre una perspectiva completa imposible de recorrer de Este a Oeste y mi sentido ocular.
Sin apartar la mirada del mural saqué de mi bolsillo el Supermovil/cámara photos/cámara vídeo/calculadora/grabadora/reproductor de música/radio... y teléfono, me coloqué frente a él, casi hipnotizado y sin dar tregua me lancé a grabar y a fotografiar la obra de Leoncio Sáenz, perplejo, anonadado, patidifuso... encantado de estar allí y poder disfrutar de semejante espectáculo pictórico. Es injusto que los genios no se valoren en su justa medida, Leoncio es uno de los grandes, su aura recorre cada palmo de su escenografía indígena, sus dibujos planos no necesitan más dimensiones para darle el movimiento. Sus personajes se mueven ajenos a los clientes del súper que responden con trato idéntico hacia ellos, la representación de los pueblos indígenas de Nicaragua, de sus oficios, animales, flores, frutas, cerámica, símbolos... la vida en funcionamiento.

No había tenido tiempo en reparar donde estaría el otro mural cuando un vigilante me abordó, educadamente me dijo que no podía fotografiar, que debía pedir permiso primero a la dirección del establecimiento, me giré en la dirección indicada y ante mis ojos surgía como de los abismos el otro mural continuación del primero.
Cerré mi móvil y pedí disculpas por mi osadía, ya tenía conocimiento del permiso antes de fotografiar pero ¿y si me niegan el capricho? Pensé. Ante la duda no estaba dispuesto a irme solo con el recuerdo, solo grabé uno de ellos por no provocar revuelo y como un autómata continué al ritmo de los clientes, ajenos de lo que las paredes del súper muestran, llenando el carrito de alimento físico, del artístico iba repleto de buena gastronomía cocinada por el maestro de Palxila.

miércoles, 15 de octubre de 2008

¡Y volver volver... a Managua otra vez!

Siempre es un placer regresar a este país, capital Managua. Quizás otro nombre no hubiera sido tan apropiado para llamar a la capital nicaragüense, sin duda Managua es sinónimo de agua para un servidor que escoge este mes para visitarla. El mismo mes donde las nubes descargan su histérica carga, esquizofrénica, porque si tengo que definirlas las haré como ataques de desahogo. Parece que el sol se instalará definitivamente con nosotros, con los habitantes capitalinos y, de repente, aparecen un puñado de nubes juguetonas y nos obligan a pulsar el botón que permite al paraguas desplegar sus varillas, se deja precipitar con toda la alegría del mundo y sin reparo, sin vergüenza, sin respeto alguno nos empapa de liquido elemento, después, como consumada la ingenua chiquillada, las nubes caprichosas se alejan jugando bajo el celeste nicaragüense entre rayos chispeantes y presumidos. Definitivamente Managua en noviembre lleva un suplemento añadido, el suplemento de la lluvia.

No por eso merma su hospitalidad, uno se olvida de la lluvia y aprende a vivir con ella, existen muchos más alicientes para encontrarse cómodamente en esta capital centroamericana. La idiosincrasia nicaragüense se mastica en cada detalle y se valora por quien mira a esta tierra con "buenos ojos", pero su original manera de ser, caótica, dinámica, alegre y acogedora, no esconde la depresiva situación por la que atraviesan. Esta decadente realidad no es nueva, pero tampoco eterna, se nota al tacto, a la primera mirada, el descontento y la desilusión que sus habitantes expresan en su manera de vivir cada día es el puro reflejo de la desidia, de la dejadez, del hartazgo, ya no creen en políticos, en promesas, en propuestas banales que morirán en saco roto como todas las anteriores. Podría decir que el futuro de Nicaragua es indiferente para sus ciudadanos, pero tampoco pretendo mostrar un país enfermo, en fase terminal, Nicaragua está más viva que nunca, pero experimentada, desencantada, no se deja engatusar por promesas huecas que no sirven nada más que para afianzar a los políticos en sus cargos, para protegerse de la corrupción y de las malas artes en el despropósito.

Es desesperante ver como el egoísmo se apoderó de los políticos nicaragüenses, no les importan lo más mínimo sus conciudadanos, solo sus electores, es lo mismo que decir que solo se acuerdan de sus necesidades cuando necesitan el voto, es entonces cuando se pasean por los barrios más deprimidos, por los mercados, por las deterioradas infraestructuras que las fuertes lluvias en época de huracanes, tormentas y depresiones atmosféricas, ponen al descubierto, por la mala salud de habitabilidad, por la pobreza... siento tanta pena como cariño por esta tierra y me gustaría que la realidad fuera otra diferente, más positiva, que abandonaran ese puesto tan bajo en el ranking de la necesidad en Latinoamérica.

El próximo mes de noviembre se celebran elecciones municipales y eso se respira, huele a publicidad política, a derroche en propaganda electoral, a gasto de dinero publico para decirle a los ciudadanos que fueron los que más hicieron por Nicaragua, aunque los nicaragüenses saben que nadie hizo nada por ellos. Unos porque no gobernaron como partido, ni tuvieron la oportunidad de llegar a estos comicios al apartarlos de la lucha política y otros porque no tuvieron tiempo para el pueblo, solo los intereses propios mantuvieron encendida la llama de los gobiernos anteriores marcados por la corrupción.
En este año que ha pasado desde mi última visita no parece que se haya hecho mucho por cambiar la realidad del país, más bien todo lo contrario. Mi primera impresión es que el desencanto se ha instalado en el país de Sandino, que no me imagino que pensaría si resucitara y viera como usan su imagen e historia para beneficio propio y contra lo que él luchó. Luchó por la libertad de su pueblo, contra las ataduras dictatoriales, por la dignidad de ser nicaragüense. El frente sandinista, el partido que preside Daniel Ortega, está llevando a un camino sin salida a esta nación, pero no voy a repetir parte de lo que reflejé en otro articulo anterior, "Para la revolución traicionada", pero lo que he leído, visto y oído, en los medios informativos durante estos meses pasados es pura evidencia. Solo hay que pasar por las rotondas de Managua y ver cada día al "grupo de oradores", que jornada tras jornada son traídos y llevados en autocares pagados por el gobierno. Los oradores, no rezan, solo mueven las banderas de Nicaragua que portan en sus manos, mientras unos descansan y duermen bajo una carpa provisional otro relevo trabaja agitando banderas por un plato de comida, son la imagen de la miseria, son los más pobres de la sociedad en la que viven, lo dicen sus rostros que muestran la expresión del desencanto, de la desilusión, que no dicen palabras algunas mientras mueven sus banderas nacionales al son de música revolucionaria a todo volumen. El partido en el poder, es decir Ortega, no solo recorta las libertades de su pueblo sino que se está adueñando de él, no aparece ni una sola bandera del FSLN, roja y negra, sino la azul y blanca, la del país. Todo esto sucede cada día, llueve o truene, los "chicos de las banderas" no tiene para comer y Daniel Ortega los compra con un plato mísero de arroz para que muevan las banderas, para que atosiguen a los que no opinan como él, que son la mayoría de nicaragüenses, con sus pancartas color rosado/morado, entre colores anda el fondo de los mensajes, de amor, de paz, de entendimiento entre hermanos, todo vestido de un cinismo como no se puede imaginar, hay que verlo para comprobar la maquinación del presidente compañero.
Pero no se queda ahí su desvergonzada actitud, toda Managua está sembrada de grandes letreros, anuncios publicitarios, con los mismos mensajes y color de fondo, en cada vía del país, en cada lado de la calzada. No puedo imaginar el costo de esta campaña, pero sí de donde provienen los fondos para financiarlos... no, de Chávez no, Chávez está en horas bajas con la bajada del precio del petróleo, salen de los impuestos del contribuyente, de los presupuestos para luchar contra las necesidades del país, del dinero que alegraría los estómagos de muchos nicaragüenses que no tienen que comer. A Daniel Ortega no le importan sus ciudadanos, eso ya lo ha demostrado, lo triste es que el pueblo se dejó engañar y ahora va a costar mucho esfuerzo que devuelva lo que sin duda, creo, ya se habrá podido llevar.... tal vez habría que preguntárselo a Álvaro Robelo y sus asuntos turbios para blanquear miles de millones de dólares, utilizando el papel de Embajador itinerante por Europa que Ortega le regaló. ¿Quien mueve en Nicaragua 10.ooo millones de dólares en pagarés falsos, que servirían para utilizarlos en paraísos fiscales, sino el propio gobierno?






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miércoles, 8 de octubre de 2008

¿Soy racista?


¿Quien no se ha preguntado alguna vez si somos racistas? Probablemente todos habremos querido indagar en nuestro subconsciente preguntándonos si ese mal que afecta a la humanidad también forma parte de nosotros, si esa actitud de desprecio hacia los otros es parte de nuestro comportamiento y si en nuestra manera de pensar entra esa posibilidad. Con toda seguridad habremos encontrado una respuesta a nuestro gusto pues nadie se considera racista, salvo algunos energúmenos que la toman como excusa pero que realmente solo son miserables personajes que sus complejos como personas les llevan a la violencia y a volcar su ira e inseguridad contra los más débiles. Es difícil encontrar atentados racistas contra personas cometidos por un solo sujeto, la mayoría de las ocasiones son grupos superiores a las víctimas que suelen normalmente ir en solitario o en minoría. Esta es la prueba de su cobardía, de su poca seguridad en sí y de la poca valía personal con que se auto valoran. No son capaces de enfrentarse a sus peligros con las mismas armas que sus elegidos para provocar dolor, necesitan una víctima que ofrezca poca o nula resistencia ante la ofensa y que obligatoriamente sea inferior en todos los sentidos, su finalidad es el sufrimiento a los demás, la marginación, necesitan sentirse superiores para cubrir sus complejos, para enmascarar sus frustraciones y el fracaso que representan como individuo, por lo tanto estos racistas y excluyentes no son más que enfermos sociales, víctimas de sus propias ideologías.

Volviendo a las "personas normales" y dejando a un lado a los racistas violentos, la respuesta a la cuestión de si somos racistas es simple y repetitiva, uno pensará que todos somos diferentes y que habrá personas más excluyentes que otras, es posible, pero mi opinión es casi general, todas las personas responderíamos de manera parecida. Como señalaba anteriormente pocos salvo los energúmenos se aceptan racistas, la respuesta generalizada es: ¡Yo no soy racista pero los gitanos no me gustan! Otros dirán: ¿racista yo? A mi me caen bien todas las razas... pero los moros...
Todos tenemos alguna etnia o colectivo que no son de nuestra simpatía, quizás eso no se le pueda llamar racista pero lo es. Estamos generalizando, señalando a una raza, otra cosa sería que no te cae bien el gitano cual o el moro tal, entonces iría dirigida tu antipatía a una persona en concreto.

Yo soy racista, no me enorgullezco de ello pero así me considero, no por una etnia en concreto, ni siquiera por tiempo indefinido, en ocasiones son una raza la que no ha sido de mi agrado, sin embargo puedo ser gran amigo de uno de sus componentes. Bien podría decir que no lo soy y que algunos individuos por su manera de comportarse no son de mi agrado, pero no es así, mi pensamiento es que todos, sin exclusión, somos racistas indistintamente del grado. Otra cosa sería aceptarse como tal, pues creo que lo que nos hace no ser racista es luchar contra eso, contra lo que la naturaleza humana ha puesto en nosotros, el sí y el no, el pro y el contra, el ser racista o no serlo, este es el dilema. El racismo como la xenofobia, la homofobia, o cualquier otra fobia indistintamente que vayan dirigidas a la aceptación del otro no es más que miedo, inseguridad, es parecido a los energúmenos violentos pero algo más civilizado, la exclusión al que viene de fuera no es más que el miedo a que nos quite los privilegios de los que disfrutamos, si se trata de otros colectivos es por la intolerancia a sus costumbres que pueden ser la mayoría de las veces contrarias a las nuestras, es el egoísmo, es el miedo, es la inseguridad lo que provoca esta injusticia social.

Sin embargo el racismo no es propio de una raza en concreto, no es propiedad de la raza blanca, aunque la historia la haya marcado como responsable de tanta injusticia, el racismo emerge en cada cultura y sociedad independientemente del color que tenga. Lo más llamativo quizás sea el cruel trato al que fueron sometidos los negros en Estados Unidos, pero antes fueron esclavos en Europa y en la propia África, lo que deja claro que no fue el color lo primero sino el respeto propio a sus congéneres, a los de su propia especie. La marginación no tiene color, ni cultura, es la condición humana y su necesidad de doblegar a otros con el fin de la superioridad, es el egoísmo lo que nos lleva al racismo y a las fobias por el camino de la intolerancia y la exclusión.

Son evidentes los problemas de integración de los gitanos en nuestra sociedad, por ejemplo, aunque cada vez sean menos, su lucha contra las barreras sociales se refleja como injusticia por parte de los payos o no gitanos que somos mayoría y que marcamos las reglas del juego social, sin embargo ellos mismos no permiten que los ajenos a sus costumbres se entrometan en ellas, son sus normas las que rigen y hay que acatarlas, por lo que eso deja entrever que existe otro tipo de exclusión, de racismo por ser diferente. También en la India existen castas que denigran y excluyen a otros por leyes sociales aún siendo de su propia raza o cultura. Entre religiones, entre países, entre sexos... el racismo solo es nombre determinado a un tipo de exclusión o marginación, no es la raza en sí lo que provoca esa intolerancia.

En España hemos tenido racismo de todos los colores y en todas las épocas, ni siquiera tenemos el derecho que se creen tener los italianos cuando se preguntan si son racistas, después de las evidentes pruebas antisociales que en estos días pone en entredicho al país trasalpino. El presidente Berlusconi y sus socios fascistas de la Liga Norte han instalado en la sociedad la xenofobia a los gitanos, a los rumanos, a cualquier tipo de emigración con normativas anti humanitarias, en todos los niveles sociales se levantan las voces a favor del fascismo y la ultra derecha se ha puesto no solo de moda sino que se ha convertido en una aceptación cotidiana. Algunos de los más afamados futbolistas de los primeros equipos se declaran simpatizantes del fascismo y los hay hasta que muestran sus consignas de tiempos de Musolini, esto es la imagen que dan a los menores, a la juventud que venera a estas figuras del deporte, son sus ídolos y en ellos se fijan, su actitud es la que tomarán como referencia para el futuro.

Una muestra con resultado mediático como ninguno otro, en la sociedad española, es el caso de la dominicana Lucrecia Pérez, que murió asesinada por unos fascistas cuando se refugiaban del frío en una discoteca abandonada y viviendo de la mendicidad. Era el 13 de noviembre de 1992. Aquella fría noche Lucrecia y sus compañeros tomaban una sopa que otros compatriotas, con algo de más suerte y con trabajo, les habían llevado, entraron cuatro encapuchados y dispararon indiscriminadamente. El resultado de aquel atroz atentado racista fue una persona muerta y otro herido de gravedad. Una bala destrozó el corazón de la joven dominicana, 32 años, sin ver cumplido su sueño, el de poder encontrar un trabajo digno que le permitiera sacar adelante a su pobre familia. Hipotecó su vida para poder costearse el billete de avión, primero a Nueva york, parís, Bilbao y en tren hasta Madrid. No llevaba dos meses en España y su sueño se truncó por la ira de cuatro desalmados, tres menores de 16 años y un guardia civil de 25 que detuvieron cuando estaba de servicio días más tarde. La despidieron del primer trabajo que encontró por que no sabía lo que era un grifo, una lavadora, un ascensor... no vino a pedirle a España el oro que robaron en América, ni siquiera a pedirle explicaciones de por qué los trataron de esa manera tan vejatoria a lo largo de siglos, solo vino a buscar un digno puesto de trabajo que honradamente le ayudara a dar de comer a sus hijos y a su pobre marido campesino que recolectaba tomates cuando recibió la noticia. Los españoles no tenemos buena memoria, somos los hijos de un país emigrante, que tuvieron que salir de nuestra tierra para que las bocas de sus hijos comieran y nuestra vergüenza ni siquiera nos obliga a tratarlos con respeto, el mismo que un día desearon nuestros padres para ellos en otro país lejano.

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martes, 7 de octubre de 2008

La novia del Cocibolca


Llevaba solo dos días en Managua y paseaba por entre los pasillos de una librería, echaba de menos vestigios históricos, no es que Managua no tenga historia suficiente como para recrearse en ella e incluso para cansarse, pero el terremoto de 1972 fue cruel con todo, no solo con vidas humanas, acabó con todo lo que a golpe de siglos fue construyendo la capital nicaragüense, únicamente un puñado de edificios quedaron en pié y pocos de ellos históricos precisamente. Tal vez acostumbrado a vivir en una ciudad con un pasado pletórico de culturas y con un legado artístico que se muestra detrás de cada esquina, en cada rincón y a cada paso, la ciudad de Managua, aunque con suficiente ofertas culturales, necesitaba para mi gusto un aporte histórico que tenía pero no a la vista. Ya estaba entre mis planes visitar la ciudad de Granada, es más, le pedí a mi amigo Silvio que me acompañara, él había vivido en esta ciudad en la infancia y adolescencia y nadie mejor para enseñarme la ciudad más antigua de América fundada por los españoles.
De pronto, al doblar la esquina de uno de los pasillos de la librería, topé de frente con un libro significativo para este artículo o relato, el libro era Los años de Granada, del universal nicaragüense Ernesto Cardenal. No dudé en unirlo, sumarlo, a varios libros más de autores centroamericanos que escogí a lo largo del entretenido paseo por entre libros, tengo que reconocer que no se me puede dejar solo en una librería, todos los libros que veo me parecen pocos y si por mí fuera le compraría la librería al librero de turno.

Comencé a leerlo aquella misma tarde, salí del hotel y me dirigí al centro comercial cercano, Metrocentro, subí a la primera planta y entré en La Casa del Café. Café y del bueno se encuentra a cada paso por Managua, pero en esta cafetería es distinto, sabe distinto, la oferta de café es amplia y el lugar en sí muy agradable, recogido, nada especial, pero el ambiente tranquilo y las vidrieras a los pasillos comerciales del centro invitan a la relajación, por lo que lo elegí para mi rato de lectura a media tarde. Literalmente me enganchó Ernesto Cardenal con su libro, la sencillez de su escritura lo hace casi familiar, como sino estuviera leyendo, más bien sentía que él me contaba parte de sus años vividos en Granada entre aromas humeantes del café, canela y vainilla. En varios días di por terminado el contenido del libro y resultó como una comida incompleta, con la sensación de inacabado, de que algunos capítulos más eran necesarios para sentirse lleno, ese al menos fue mi parecer pero tratándose de Cardenal uno puede estar leyendo hasta sufrir una indigestión, hasta olvidarse de que tenemos vida propia y que también parando de leer un rato se puede continuar viviendo.
El encuentro con aquel libro y su contenido abrió aún más el apetito de mi curiosidad por conocer "La Sultana de América", es así como también se la conoce, en relación con su homónima andaluza, de donde provienen parte de mis antepasados. La cercanía en el tiempo de la mal llamada reconquista, para mi punto de vista, del reino de Granada, último territorio musulmán en la península ibérica por conquistar, influyó en el nombre para su fundación en 1524, 32 años más tarde de la expulsión de los árabes del territorio español y de la llegada de Colón al "Nuevo Mundo". Al contrario que León, otra ciudad hermana y artística, con la que rivaliza históricamente y con tendencias castellanistas, Granada tiene apariencia morisca y andaluza.
Al fin de semana siguiente nos fuimos a Granada y realmente era como esperaba, un inmenso y exquisito decorado colonial y neoclásico instalado en otro mundo, en otra época. La América profunda que siempre imaginé se esparcía ante mis ojos como si de un regalo se tratara, con su presumida y elegante arquitectura colonial conservada a lo largo de los años y sus colores cálidos, vivos, como las gentes de este rincón del mundo, alegrando la mirada.
Un ligero recorrido por la ciudad nos llevó al hotel, soltar las maletas y sin mediar palabra al respecto a cumplir con la visita obligada, un saludo al Cocibolca, o lago Nicaragua. El lago más grande de América latina se derramaba a los pies de Granada como un enamorado entregado a su novia, vestida hermosamente y complaciente por las suaves caricias de agua dulce que bañan sus orillas. El impresionante espectáculo panorámico mostraba la silueta de los dos volcanes que forman la isla de Ometepe, el Concepción y el Maderas, que se asemejan a los pechos de una mujer. La península de Asese ofrecía un recoleto trozo del paraíso adornado de pequeñas embarcaciones sobre el lago que invitaba a recorrerlo sin prisas y con el volcán Mombacho como testigo mudo, durmiente, a lo lejos y adueñándose del horizonte.

El lago Cocibolca es el único del mundo que alberga en sus aguas tiburones de agua dulce y peces sierra, el río San Juan le asiste de desaguadero y el Tipitapa lo comunica con el lago Managua, o Xolotlán. Los españoles le llamaban el mar dulce, por su inmensidad, nunca se divisa la otra orilla y, como en un mar, la vista se pierde en la línea de agua que dibuja el horizonte.
La historia de esta ciudad acumula episodios de todo tipo, sus calles han visto pasar los acontecimientos más significativos de Nicaragua e incluso llegó a sufrir la ira del filibustero Willian Walker, que la incendió en 1856. De igual modo salió damnificada la iglesia convento de San Francisco, una de las iglesias más antiguas del continente y que se restauró y recuperó en 1967. Dentro del perímetro se conservan expuestas las estatuas de la isla Zapatera, una colección de más de 30 piezas escultóricas chorotegas pertenecientes a la cultura mesoamericana precolombina.

Esta ciudad de ensueño también se le conoce por la Ciudad de los Poetas, Joaquín Pasos, José Coronel Urtecho, Ernesto Cardenal, Carlos Martínez Rivas, son hijos de la novia del Cocibolca y hasta el mismísimo Rubén Darío vivió en el centro de la ciudad.
Como cualquier viajero quise guardar en mi cámara de vídeo todo lo que emergía a mí alrededor tratando de que nada se me escapara... pero eran tantos los rincones y tanta belleza acumulada que resultaba casi imposible agarrarlo todo. Mi retina, feliz, se recreaba en cada detalle y a la par que la suave brisa y los aromas a otros tiempos invadían mis sentidos, la sultana me enamoraba, me hechizaba, como en un cuento de las mil y una noches o como lo llamaría el propio Darío, con sus encantos miliunanochescos.
Después de dos jornadas en Granada regresé a Managua. Allí traté de guardar las imágenes en el ordenador pero con tan mala suerte que al intentarlo borré todo lo grabado, solo dos fotografías recuperé de mi paso por este lugar y una canica de cristal que encontré en el suelo en medio de la plaza de la Independencia y que llevo siempre en mi bolsillo del pantalón, lo demás quedó en mi retina, en mi memoria, como un hermoso recuerdo de una de las ciudades mas lindas que puedan existir.






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domingo, 5 de octubre de 2008

Testigo único de la historia

Casi con toda seguridad la vida de Federico Borrell no habría supuesto diferencia alguna a la de miles, millones, de jóvenes españoles que murieron en aquella cruel, como todas, guerra española del 36, a no ser porque el objetivo de la cámara de Robert Capa se interpuso en medio de los dos para inmortalizarlo, los dos salieron con la inmortalidad ganada de aquella instantánea. La manera fue distinta porque al miliciano le costó la vida para conseguirlo, a Capa, en cambio, que constaba con 23 años en aquel momento, solo le costó apretar el obturador de su cámara Leica.

 Aún así, El soldado caído, como es conocida la fotografía mundialmente, tuvo que pasar 60 años en el anonimato sin saber de quien se trataba, quien era el joven de 25 años que caía abatido en el momento en que Robert Capa lo retrató. La revelación vino por parte de un compañero que le acompañaba en la columna anarquista de Alcoy la misma tarde de su muerte y que también era vecino del mismo pueblo alicantino. Mario Brotons tenía 14 años por aquellos días y a la edad de 75 decidió escribir sus memorias anarquistas en un libro titulado "Retazos de una época de inquietudes", en él aseguraba que el soldado que caía derrumbado en la foto era su paisano y compañero Taino, como era conocido, cosa que corroboró la cuñada de Federico Borrell que aún vivía. A partir de ahí fueron muchos los historiadores que se interesaron por la figura, por el hombre que se convirtió en icono no solo de la guerra española sino también de todas las guerras mundiales, por su simbolismo impactante y por la tremenda fuerza en la expresión que recoge la instantánea.

 Federico Borrell no nació en Alcoy, pero sí en la misma provincia levantina, en Alicante, en un pueblo de la sierra llamado Benibolla. Su madre, María García, conocida por La Taña, decidió emigrar a Alcoy cuando quedó viuda de Vicente Borrell, de profesión labrador y de sobrenombre Batallón. Federico tenía seis años de edad por aquel entonces. El quinto de los seis hermanos que su madre sacó adelante con lo que ganaba de criada. Aprendió a leer y escribir y se hizo tejedor, y al igual que muchos de los jóvenes anarquistas de su edad y de su pueblo se alistó voluntario para ir al frente y dejó una novia, Marina, y el traje nuevo esperando para casarse. De la novia no se sabe cuál fue su paradero pero del traje sí, lo aprovechó su hermano menor Evaristo para casarse, que también estaba en la misma columna de voluntario cuando mataron a su hermano. Al siguiente día dejó el frente y regresó a Alcoy para informar a sus hermanas de la desdicha de Federico.

El joven miliciano era bravucón, de carácter alegre y un poco alocado, amigo de figurar y presumido, con un rasgo físico peculiar que compartía con su padre y hermano, los pómulos muy pronunciados. Ni que negar tiene que Federico pudiera ser conocedor de su futuro más inmediato o que intuyera el devenir de los momentos más cercanos aquella tarde del 5 de septiembre de 1936, mes y medio después de dar comienzo la guerra, cuando una bala certera acabó con su vida en el aire, mientras caía derrumbado hacia atrás y con el fusil en la derecha. El disparo le destrozó la cabeza y dudo de que se diera cuenta en aquel preciso instante de que su vida se esfumaba, y mucho menos de que comenzaba su inmortalidad como símbolo.

La providencia quiso que los dos jóvenes se cruzaran en el camino con distinto resultado para ambos, en el soleado páramo de la sierra cordobesa, en Cerro Muriano, a pocos kilómetros de la capital, en un cerrillo conocido por "El cerro la coja". Existen varias versiones de cómo sucedió el enfrentamiento con las tropas fascistas, unos cuentan que fueron sorprendidos y otros que fue el resultado de una irresponsable actitud. Federico y sus compañeros suben a la aldea de Cerro Muriano ese fatídico día, se despliegan por el terreno y ocupan trincheras. No se puede pensar en un ejército preparado y con experiencia, no, se trataba de un puñado de hombres jóvenes con escopeta en mano y ajenos a lo que realmente era el enfrentamiento directo. Cosa contraria ofrecía el bando fascista, compuesto en su mayoría por mercenarios de las guerras de África, curtidos en mil batallas y sin escrúpulos de ningún tipo.

Ese día el general Varela inicia una ofensiva sobre la sierra de Córdoba y los habitantes de Cerro Muriano huyen de sus hogares buscando un refugio más seguro. En la hora de la siesta, una columna fascista de mercenarios marroquíes al mando del coronel Sáenz de Buruaga avanza en silencio por el flanco izquierdo del frente y en esos momentos los milicianos de Alcoy reciben una visita inesperada. Al menos tres coches de periodistas llegaron aquella tarde a Cerro Muriano y en uno de ellos iba Robert Capa y su novia Gerda Taro, también fotógrafa de guerra

La tarde estaba tranquila y Capa aprovecha para captar algunas instantáneas, toma algunas fotografías de milicianos en las trincheras y en posiciones de combate. Robert le pide que posen para él y los milicianos se prestan en distintas posiciones. Parece ser que estas fingidas maniobras atraen a los enemigos y es cuando Federico Borrell cae abatido. Capa se esconde en la trinchera desde donde disparó su cámara y otro miliciano con bigote, del que se desconoce la identidad, se agacha y recoge a Taino, lo introduce en la trinchera para protegerlo y al volver a por su fusil también es alcanzado por el fuego enemigo y por la cámara de Capa un minuto más tarde, ya fallecido. Los dos murieron aquella tarde en el intervalo de varios segundos, se desconoce dónde pueden estar enterrados los cuerpos de los dos milicianos de Alcoy pero se cree que pudieran encontrarse en el cementerio de Villaharta, el pueblo más cercano, donde los enterraban en una fosa común. Robert Capa no era consciente de la importancia de la fotografía cuando sucedían aquellos acontecimientos, minutos fatídicos que en el futuro se convertirían en cotidianos para él, después de trabajar en tantas guerras, conflictos armados que conocimos mejor a través de su objetivo.

Su verdadero nombre era Ernest Andreii Friedmann y nació en Budapest, Hungría, el 22 de octubre de 1913. Su familia, judía, bien posicionada económica y socialmente, estaba compuesta de una madre diseñadora de modas y de un padre intelectual pensador con influencias democráticas. La depresión de 1929 hizo que la familia perdiera la casa y las circunstancias le obligaron a vagabundear por las calles en su adolescencia. En estas andanzas conocería a la mujer que más influyó en su dedicación a la fotografía, Eva Besnyo, es muy probable que si no hubiera sido por ella su dedicación habría sido otra muy diferente. Ella y su especial gusto por la fotografía motivaron en el joven Ernest el interés y primer contacto con este arte.

Cuando el fascismo invade Hungría abandona su país y se dirige a Alemania y París, después vendría la guerra de España, la invasión japonesa de China, la segunda guerra mundial viajando por Italia, Londres, el norte de África, el desembarco de Normandía, la liberación de París y su galardón, premiado por este conflicto con la Medalla de la Libertad. En 1947 creó junto a otros fotógrafos la agencia Magnun Photos, donde Robert Capa realizó un importante trabajo, con personajes del mundo artístico, la política... y en diferentes conflictos bélicos.

En 1954, en Japón, visitando a unos amigos antes de la guerra, le llamaron de la revista Life para cubrir a otro compañero fotógrafo en Vietnam, durante la Primera Guerra de Indochina. En la madrugada del 25 de mayo pisó una mina y murió, mientras acompañaba al ejército francés en una expedición por zona boscosa. Sin duda el mejor corresponsal gráfico de guerra que tuvo el siglo XX y autor de una frase que se hizo popular: "Si tus fotos no son lo suficientemente buenas es que no te has acercado lo suficiente".









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sábado, 4 de octubre de 2008

Con Darío por Tierras Solares


No alcanzo a recordar cuándo descubrí la existencia de Rubén Darío, pero sí tengo claro que fue en la escuela primaria. Con ocho o diez años y en tercero o quinto curso de la enseñanza general básica, fue en un libro de lectura y entre otros poetas y escritores, curiosamente casi todos exiliados o represaliados de la guerra civil y del régimen franquista, pero el de este nicaragüense universal no era el caso. Sí recuerdo a Alberti, a León Felipe, Lorca, los hermanos Machado, Juan Ramón Jiménez... Lord Byron, era junto a este poeta inglés y más representativo del romanticismo donde se situaba Darío, en la misma pagina o en la siguiente, no recuerdo con exactitud pero las dos fotografías estaban al alcance de la misma mirada, dos personajes exóticos, por casi todo. Por sus nombres y por la imagen que presentaba el libro de ellos, uno vestido con aires románticos, turbante y atuendos hindúes, se trataba de un cuadro al óleo de Thomas Philliphs de 1813.

El nicaragüense posaba vestido para la ocasión, de gala y con el uniforme de embajador de su país tal como se presentó oficialmente en Madrid, traje de terciopelo azul con los pectorales, puños de las mangas y bajos de la chaqueta corta adornados en oro, la espada envainada en su funda, los guantes blancos a la izquierda y con la derecha sujetaba el sombrero de cresta blanca. Para colmo y motivo de confusión el texto a pie de foto rezaba "El príncipe de las letras castellanas". No entendía aquel significado que yo atribuía, tanto al inglés como al nicaragüense, a las realezas de otros países. Esta confusión no fue duradera, pues, pasados los primeros días y adentrándome en su contenido poético comprendí todo el exotismo de la primera impresión.

La obra y vida de Rubén Darío ocupaba en mi conocimiento lo suficiente, la lectura de algunos textos suyos, su origen latinoamericano, su cargo diplomático en París, Madrid... las amistades con poetas y escritores españoles de la época... pero desconocía su papel periodístico, sus crónicas para el diario argentino La Nación. Fue hace varios meses, y casualmente, leyendo un suplemento literario del Diario Córdoba cuando me topé de faces con un interesantísimo articulo sobre Tierras Solares, de 1904. Este libro recoge crónicas de un viajero, de lo encontrado y vivido en su recorrido por algunas provincias y ciudades de España. Barcelona, Málaga, Granada, Sevilla, Algeciras, Gibraltar... y Córdoba. Esto llenó mi curiosidad y cuando llegué a mi casa lo primero que hice fue encender este trasto cibernético en el que escribo y sentarme frente a él, buscar en Internet Tierras Solares y empaparme de su contenido.


Una grata sorpresa es lo que encontré, describía una ciudad como cualquiera puede imaginar a primeros del siglo XX, provinciana e inmersa en la decadencia, sin futuro esperanzador y con los mismos síntomas que envolvían al país, el hambre, la pobreza, la falta de empleo y la miseria asomando su cabeza por las esquinas. Pero fue tan elegante en su crónica que no refleja todo esto, sí se recrea en lo que significó en su tiempo esta ciudad abuela, como la llama al referirse a su historia y en comparación con la Córdoba argentina. Una ciudad miliunanochesca, de cuentos y leyendas, de romanos y musulmanes, de cultura esplendorosa y de calles angostas, torcidas; de nombres significativos para la historia, la literatura, y también para él. Séneca, Lucano, Ambrosio de Morales, Góngora... y Juan Valera, autor de "Pepita Jiménez", cuyas cartas a Rubén Darío en El Imparcial, donde también era crítico literario, consagraron definitivamente al poeta centroamericano. Curiosamente Juan Valera era natural de Cabra, el mismo pueblo donde nació el fundador de Nicaragua, Francisco Hernández (para la época era equivalente a Fernández) de Córdoba.

"Una modesta estación; un ómnibus que va mal que bien por la calle, sobre baches y fango". Así, con estas palabras comienza la crónica referente a Córdoba, pero continua: "Mal tiempo. He ahí mi primera impresión en la ilustre y secular Córdoba. En cambio, los verdes naranjos en los cercanos jardines, y flores a pesar del tiempo, me resarcieron del inicial desencanto. El hotel en que me hospedo da a la vía principal de la población, la alameda llamada del Gran Capitán, en memoria de aquel magnifico guerrero Don Gonzalo, cuya casa natal estuvo por este punto. Cuando la lluvia ha cesado y puedo salir, veo grupos de gente estacionados en la alameda, el eterno grupo de ciudad española que conversa y mata las horas".

¡Y yo sin saberlo! ¿Cuántas veces habré caminado por la misma alameda que él caminó en su día, cuántas veces habré puesto mis pies en el mismo paso que Rubén Darío lo hizo un siglo atrás, cuántas veces habré pisado las huellas de quien, según Neruda, enseñó a los hispanos parlantes a hablar bien?

He buscado viejas y rancias fotografías que conservo de la Córdoba que él visitó y me he recreado imaginando su elegante figura nicaragüense por las calles de mi ciudad, por la Mezquita, por entre el bosque de columnas que le impresionó, por entre el gentío que llenaba los cantaros de agua en la fuente del Patio de Los Naranjos de la Mezquita, cruzando el puente romano sobre el Guadalquivir... y sobre el escritorio de la habitación del hotel, escribiendo la crónica del día y del lugar entre trago y trago de alcohol.

La vez primera que pisé Nicaragua pude comprobar la importancia de este autor del modernismo en la poesía, nada más llegar al aeropuerto me llamó la atención dos grandes cuadros colgados frente a frente y en lugares preferentes dedicados a las dos figuras más representativas del país, Sandino y Rubén Darío, sin estos nombres no se puede entender la historia nicaragüense.

En el reencuentro con Darío, el día que descubrí Tierras Solares, surgió en mí una idea que pasados unos días puse en práctica, pero el devenir de la providencia, caprichosa, me guio por otros caminos y el resultado es el contenido de este blog, que si no sucede nada que lo impida lo adaptaré para publicarlo en libro. La idea primera era la de crear un libro de Córdoba, España, y Nicaragua, de lo que nos une, que es mucho más de lo que nos separa; de nuestras culturas, acontecimientos, colonizaciones sufridas, dictaduras en común, arte, política, gastronomía... dos mundos que no son tan dispares, aunque pueda aparentarlo. Pero mi impaciencia no permitió que comenzara el proyecto en estos días de octubre, que es cuando visitaré de nuevo Nicaragua, sino que dedicaré este tiempo a darle fin a las "50 Miradas Impacientes". De todas maneras siempre quedará otra oportunidad para plasmar por escrito lo que mi historia y la nicaragüense tienen en común.


Félix Rubén García Sarmiento Darío murió en León, Nicaragua, el 6 de febrero de 1916, en la misma ciudad que creció, pues nació en Metapa (hoy Ciudad Darío), Matagalpa, el 18 de enero de 1867. Aunque sus padres, primos hermanos, se casaron en la ciudad de León, al poco tiempo y estando Rosa Sarmiento embarazada de Rubén, se separaron por la afición de su padre al alcohol y a las prostitutas, ese fue el motivo por el que Darío nació ocasionalmente en Metapa. Mas tarde se reconciliarían e incluso nació otra hija del matrimonio, pero esta falleció a los pocos días de nacer. Se volvió a deteriorar la relación y definitivamente Rosa abandonó al marido para irse a vivir con una tía suya y su marido, Bernarda Sarmiento y el coronel Félix Ramírez, en la ciudad de León.

El motivo por el que cambió el primer apellido García por Darío no es otro por como era conocida la familia de siempre en su ciudad, los Darío. Fueron sus tíos a los que tomó como a sus propios padres, pues con su madre, que residía en Honduras, tuvo poco contacto y a su padre lo llamaba tío Manuel. Su biografía pone al descubierto su alcoholismo, causa por la que cayó gravemente enfermo y murió, pero antes dejó una vida llena de inquietudes y unos textos para el disfrute de cualquier lector que le llevó a conocerlo por el "Príncipe de las letras castellanas y padre del modernismo".

Como apunte especial reseñaré el acontecimiento que tuvo en México en 1910, viajó como miembro de una delegación para conmemorar el centenario del nacimiento del país azteca. Pero el gobierno nicaragüense cambió mientras realizaba el viaje y el dictador mexicano, Porfirio Díaz, se negó a recibirlo. Esta actitud es probablemente influenciada por los Estados Unidos que no lo veía con buenos ojos debido a sus poemas, "A Roosevelt" y "Salutación del optimista" en los que enaltece el carácter hispano frente a la amenaza del imperialismo estadounidense. Sin embargo, Darío fue recibido triunfalmente por el pueblo mexicano que se manifestó en favor del poeta y en contra de su gobierno. En su autobiografía, Darío relaciona estas protestas con la Revolución Mexicana, poco antes de producirse.




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viernes, 3 de octubre de 2008

Dime como jugaste y te diré como eres


Si la fantasía no fuese algo natural tendrían que prescribirla los médicos como el calcio, el hierro, las vitaminas u otros componentes necesarios para el buen crecimiento. Es insustituible y primordial para una buena salud mental, para el desarrollo de la imaginación y por tanto para el equilibrio psicológico y psíquico. Supongo que si la infancia es la etapa más feliz en el ser humano se debe a la imaginación, a la capacidad fantasiosa que se posee en esa edad. Los niños o niñas que crecen imaginativos, desarrollando juegos que necesitan un mayor esfuerzo de imaginación, adquieren una mayor capacidad mental y en el futuro, en edades adultas, son poseedoras de mentalidades más sanas y mucho más resistentes, preparadas para enfrentarse a las inclemencias que la lucha diaria nos presenta en forma de continuas pruebas de superación.
Por supuesto que los juegos son la base del futuro adulto e influye mucho en la manera de ser la infancia de cada cual, por eso la educación requiere de unos buenos principios, cimientos donde se sujetarán las generaciones venideras y que en las próximas décadas serán las responsables para la construcción de una sociedad tolerante, pacifica, respetuosa y saludable.

Cuando analizamos los juegos infantiles de la actualidad no razonamos que resultado social puede acarrear, no pensamos que un niño o niña que juega y se cría con, o entre, animales será un futuro amante y respetuoso del mundo animal, en cambio si su crecimiento ha estado rodeado o relacionado con juguetes bélicos y ambiente de cacería, la vida de un ser vivo puede tener un precio relativo. Sé que esta teoría puede ser contradictoria para muchos, pero en mayor grado para los que piensan que las condiciones humanas las traemos bajo el brazo cuando nacemos, por esa regla de tres un niño que creció viendo como su padre maltrataba a su madre continuamente no tiene por qué convertirse obligatoriamente en maltratador en la edad adulta, pero si posee un tanto por ciento de probabilidades más elevado de serlo que otro niño que no vivió los malos tratos en la infancia. Mi padre siempre decía al respecto que las personas somos como los arboles, que cuando crece torcido es muy difícil ponerlo derecho una vez adulto. De todas maneras estos pensamientos, o razonamientos míos, pertenecen al campo de la psicología o psiquiatría, campo en el que soy patoso desenvolviéndome, otra cosa es mi lógica, que para bien o para mal es mi forma de pensar.

Volviendo a los juegos y la imaginación en los tiempos que corren pondré de manifiesto que estoy en desacuerdo con los juguetes infantiles que se venden en la actualidad. En otros tiempos donde no existían campañas comerciales ni estudios relativos a los juguetes que a un niño le gustaría tener, era el propio infantil el que esforzaba o dejaba libre la imaginación para crearlo según sus necesidades o deseos, a veces el resultado eran juguetes rudimentarios que exigían un esfuerzo complementario para imaginar lo que el propio juguete representaba, después la fantasía obligaba a crear un ambiente o decorado imaginario. Pero los juguetes que hoy nos solicitan los menores no son sino el vivo reflejo de lo que otros imaginan, adultos que por ordenador suplen los propios deseos o necesidades del niño. Ahora no le damos la oportunidad de crear sus juegos, solo le ofrecemos desarrollarlos de la manera que nos gustaría a nosotros. Si el niño construye un vehículo y juega con él desarrolla mayor imaginación que si solo juega pero no construye el juguete.

En los años en que me tocó desarrollar mi infancia aún se heredaban, quiero decir, eran los mismos juegos de generaciones anteriores, más participativos y por supuesto más imaginativos, esto era forzado por la necesidad, cualquier trozo de madera podía representar a una persona, animal u objeto, en cambio esto actualmente no tiene validez. Los niños de hoy necesitan un caballo para representar un caballo o un tren para llevar a cabo el trayecto sobre raíles. Que las necesidades hayan obligado a que mi imaginación tuviera que ver donde no había no quiere decir que yo sea mejor persona que otros, ni que mi mente es superior a la de cualquier mortal con posibilidades económicas para disfrutar de un tren eléctrico, no, pero si es cierto que lo jugado en la infancia repercutió en mi manera de pensar de adulto, es en esto donde me siento orgulloso, en los valores que absorbí siendo niño, el respeto a los demás, la tolerancia, el derecho a la vida de cualquier ser y el sentido para convivir en armonía. No soy yo precisamente quien tiene que valorar mi manera de ser, soy consciente de mis carencias como ser humano, pero si tengo claro que fueron mis juegos los que influyeron en mi conducta cívica, junto a la educación que de mis padres recibí.

Si hay un mundo de fantasía donde los niños desarrollan toda la imaginación este no puede ser otro que el mundo de Walt Disney, Disneylandia. Aunque tengo que reconocer que si el creador de este mundo mágico no es poseedor de todas mis simpatías si valoro su aportación a la felicidad de los niños. Su contribución para que la fantasía de los menores les provoque sonrisas no tiene precio y sin duda la influencia que puede ejercer en la infancia para que la sociedad del futuro sea mejor es única. Su participación en la "caza de brujas" estadounidenses en la década de los cuarenta lo convierte en un personaje antipático para mis preferencias, traicionó a compañeros de profesión y los delató como comunistas. El FBI. lo llegó a nombrar, según documentos existentes, "agente especial de contacto", pero curiosamente también existen documentos en los que revelan que él también fue investigado por la misma organización a la que pertenecía como sospechoso de subversión, es decir, de comunismo.

La biografía de este personaje es tan extensa e interesante que bien requiere más dedicación, pero ésta no es la idea de mis miradas, para eso están las biografías. Mi intención no es otra que la de reseñar algunos detalles especiales o curiosos del personaje y entre estos está la leyenda de su posible origen español. Según esta leyenda Disney no nació en Chicago, sino en Mojácar, Almería. Hijo ilegitimo de un medico y una lavandera. La supuesta madre habría emigrado a los Estados Unidos donde habría dado a su hijo en adopción, a la pareja formada por Elías y Flora Disney. Su verdadero nombre podría haber sido el de José Guirao Zamora y no por el que era conocido mundialmente. Estos rumores comenzaron cuando en los años cuarenta unos enviados por Disney estuvieron en Mojácar, haciendo comprobaciones en los archivos de la localidad.

Fuere de la manera que fuere, lo cierto es que los niños les debemos mucho a este creador, sin duda con una sensibilidad como ningún otro. Aún recuerdo en mi infancia, a mediados de los sesenta cuando recibí por correo dos póster  uno de Pluto y otro de Tambor, el conejito de Bambi. Fue el premio a la ardua tarea de coleccionar el álbum de cromos Bambi. Después de meses de espera por fin llegaron y recuerdo que mi madre los pegó en la pared de la habitación. Pero más que por decorar la habitación sospecho que existió otro motivo, el de cubrir las indiscretas manchas de humedad que florecían cada año a media altura cuando regresaban las lluvias.




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Cultura mexica ( XI )

Cerámica La cerámica es uno de los elementos artísticos mexicas menos estudiados, si lo comparamos con otros como dioses, calendarios o mito...