domingo, 20 de mayo de 2012

Cultura tolteca ( IV )



Economía

Teotlalpan, en náhuatl, es el nombre con el que se conoce a la región donde se desarrolló la cultura tolteca, cuyo significado literal es el de "Tierra de dioses". Sin embargo, lejos de lo que pudiera aparentar su denominación, es un territorio semiárido donde predominan los arbustos de mezquite, nopal y maguey, y más recientemente, desde tiempos de la Conquista, también florece el pirul. En definitiva un paisaje más idóneo para pacto de pequeños rebaños que para imaginar de él la base de lo que representó la economía tolteca, que principalmente se apoyaba en la agricultura. Aún así, sobre estas tierras produjeron cosechas de cultivos básicamente mesoamericanos, como el maíz, el chile, el frijol, amaranto, pulque, epazote, calabaza o verdolaga, entre otras verduras. El pueblo tolteca era reconocido como de excelentes tejedores, por lo que también hay que destacar algunas variedades de algodón que se cosechaban.

A pesar del tiempo transcurrido, la sobrepoblación y la erosión provocada por la tala de árboles en las laderas de las montañas a partir de la época colonial, el empeoramiento de las condiciones climatológicas no ha cambiado mucho, por lo que es fácil imaginar cómo era el paisaje por entonces, un territorio donde los arbustos y cactus predominan en las laderas de los cerros sobre los campos de cultivo irrigados a lo largo del río Tula, parcelas de cultivo que son productivas en parte por el agua de lluvia que se recoge en las lodosas presas.


En principio, cuando inevitablemente tratamos de comparar a Tula con Teotihuacan, algo lógico si tomamos en cuenta que las dos ciudades míticas asumieron el papel de protagonista principal de Mesoamérica en sus épocas de esplendor, cuesta entender que, al contrario de los teotihuacanos, los toltecas no eligieran el lugar donde construir su capital por cuestión estratégica. Así como tampoco por los campos vecinos, desolados, sino por las ricas tierras al borde de la ciudad que riegan el río, cuyo caudal es copioso y confiable. Solamente se entiende cuando comparamos el aire cálido y polvoroso que se respira en las pobres cimas de los cerros con el grato y fresco del verde valle fluvial.

Al margen de la agricultura y de la carne de los abundantes animales salvajes que se cazaban por aquellos días como: venados, guajalotes, perros, patos, roedores, tortugas y pescados e insectos, la existencia de los grandes depósitos de obsidiana, cerca de Pachuca, o la abundancia de piedra caliza, que se destinaba a la fabricación de la gruesa cubierta de estuco con que se recubrían los muros y a las columnas de los centros ceremoniales, significó otro importante recurso para la economía de los toltecas. De igual manera habría que tener en cuenta la importancia de la producción alfarera, tanto en la elaboración de cerámica doméstica de varios tipos como de otras importadas; las figurillas de barro y la fabricación de objetos de tecali, jade, serpentina, concha y hueso, cestería o plumaria. Todas estas características y condiciones ambientales favorecían el comercio a larga distancia, hacia la Costa del Golfo por el oriente y hacia las ricas tierras del Bajío y otras zonas más lejanas por el occidente.


Comercio

De la misma manera que otros centros urbanos del México antiguo, Tula disponía de amplios sistemas de mercados y distribución de bienes suntuarios y de consumo, así como extensas redes de intercambio, tributo y comercio a larga distancia. Se estima que la base del tributo que se obtenía de la población se recaudaba de un radio más o menos de 20 kilómetros cuadrados, un área con una potencialidad agrícola suficiente como para sostener a la población de la ciudad y del área que la circundaba. Hay que pensar de esa manera pues en esa época no existían animales de carga para transportar regularmente el grano desde otras regiones lejanas. No obstante, los restos arqueológicos otra vez más son muestras evidentes de la importancia del mercado de Tula con otras regiones, más o menos lejanas, de Mesoamérica. No cabe duda que la industria de la cal tuvo que tener su importancia y que debió de haberse consumido en grandes cantidades si tenemos en cuenta la construcción y la renovación urbana. De la misma manera que la piedra caliza en la construcción, extraída al sudeste del área, o el basalto para los instrumentos de molienda.

También la arqueología ha revelado la existencia de colonias de comerciantes toltecas en sitios tan dispares como Paquimé en Chihuahua o el centro de El Salvador, los que al parecer intercambiaban productos foráneos por objetos como navajas, cuchillos y otras herramientas manufacturados en los talleres de Tula con la obsidiana verde de Pachuca, el producto estrella tolteca en el intercambio comercial con las diferentes regiones mesoamericanas, como la maya y Centroamérica, a cambio de productos tropicales.

Tampoco podemos descartar entre esas mercancías foráneas algunos productos perecederos que seguramente serían consumidos por la clase dominante o privilegiada, como el algodón de zonas cálidas, el cacao de Veracruz, Chiapas y Guatemala y pieles de animales de las selvas tropicales. Como lo demuestran las esculturas de Tula que Jorge R. Acosta identificó, adornadas con joyería de oro y plumas de quetzal de Guatemala. También durante esas excavaciones otros productos de lujo procedentes de lugares tan distantes como turquesa y cerámica fina de Guatemala, del centro de Veracruz y la Huasteca, y jades de Oaxaca y la región maya.

Pero no solo a la clase prominente llegaban las mercancías extranjeras, para hacerse una idea de lo generalizado del comercio basta con analizar los restos arqueológicos de casas, barrios, donde habitaba la gente común y en las que se han encontrado vasijas y cerámicas de Nicoya en Costa Rica y Nicaragua, fragmentos de vasos policromados de los mayas de Campeche, vasijas de plumbate del Soconusco, tecali procedente de Puebla, turquesa de Nuevo México o conchas marinas del Pacífico y la Costa del Golfo.


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viernes, 11 de mayo de 2012

Cultura tolteca ( III )


Política y sociedad

El espíritu de lucha que definió a los chichimecas en su origen no lo perdió el pueblo tolteca, aunque con el tiempo y al establecerse en Tula se fueron convirtiendo en una sociedad civilizada. No obstante, siempre mantuvieron enfrentamientos de lucha con los pueblos vecinos. El hecho de ser una sociedad teocrática, en la que el monarca era a su vez supremo sacerdote, nos marca la referencia si analizamos a sus dioses. Si la creación de Tula parece que se dió en una época en la que su gobernante Topiltzin profesaba el culto a Quetzalcóatl y trató de abolir los sacrificios humanos, por otro lado la civilización tolteca dio a su fin con el gobierno de Huémac que rendía culto a Tezcatlipoca, una deidad terrible que exigía dichos sacrificios. De todas maneras, que la casta militar fuese la que predominara en la organización política y social tolteca es lo que permitió la expansión imperialista, la conquista y los tributos de los poblados vecinos.

A esta política expansionista por la fuerza y la violencia, se le sumó otra estrategia llevada a cabo por los gobernantes de Tula con el propósito de ampliar su zona de influencia política más allá de sus fronteras, por medio de alianzas mediante matrimonios con las familias reales de otros estados. No cabe duda que el prestigio acumulado por los toltecas, que les permitió ejercer funciones arbitrarias de poder entre los pueblos mesoamericanos, se alargó en el tiempo siglos después de desaparecer Tula, pues esa arraigada tradición servía de apoyo y orgullo al reclamar el derecho a tronos alegando ser descendientes toltecas, incluyendo a gobernantes mexicas. Este fue el caso de Acamapichtli, el primer gobernante de Tenochtitlan, que en su elección tuvo como influencia definitiva para convertirse en monarca la de tener sangre de la dinastía real de Culhuacán, una de las principales ciudades fundada por los toltecas en la Cuenca de México.

La consideración por parte de otros pueblos de Mesoamérica hacia la influencia prestigiosa que ejercía Tula convertía a esta ciudad en el centro neurálgico protocolario. Las crónicas y códices muestran algunos datos y acontecimientos que dan ejemplo de ello. Entre esas crónicas sirven como ejemplo la de la historia de los mayas de los Altos de Guatemala, en la que los quichés y los cakchiqueles consideran a sus gobernantes descendientes directos de los toltecas, que llegaron a su territorio dirigidos por el gobernante Gukumatz (Serpiente-Emplumada-Quetzalcóatl). También los códices mixtecos de la dinastía Tilantongo revelan que el famoso rey y conquistador de grandes áreas de Oaxaca que gobernó durante el siglo XI 8 Venado, Garra de Tigre, tuvo el privilegio de viajar a Tula donde fue reconocido como máximo dirigente mixteco.

La cultura tolteca es el resultado de la asimilación de diferentes procedencias, de un conjunto de culturas que se fusionaron, la de un grupo nahua procedente de las culturas clásicas del centro de México con aportaciones de tradiciones culturales como la zapoteca, la mixteco-cholulteca y la maya. A pesar de su compleja composición, la fusión de la sociedad tolteca terminó conservando sus rasgos característicos, dividida en dos grupos diferenciados: el grupo superior compuesto por el gobernante supremo, los sacerdotes, la jerarquía militar y funcionarios. El grupo inferior reunía a los trabajadores agrícolas y a los artesanos.

En el grupo privilegiado recaía la responsabilidad y los designios de la sociedad, así como del control de la producción y la distribución del consumo; de la planificación de las ciudades y sus obras; así como de la posesión del poder y del conocimiento científico y religioso. También las artes como la escritura y la arquitectura o los conocimientos matemáticos o de astronomía estaban bajo su determinación; el calendario y la interpretación de los días propicios o nefastos y todo lo relacionado con los rituales y las celebraciones públicas. Los funcionarios pertenecientes a las funciones administrativas y burocráticas, aún perteneciendo al preferente, recibían un estatus por debajo del resto de componentes del grupo dominante.

El grupo más numeroso de población lo constituían los agricultores y los artesanos, eran la base del sistema y sobre ellos recaían todos los procesos productivos de la sociedad, desde la agricultura, procesación de alimentos y la elaboración de los objetos cotidianos y suntuarios hasta la fuerza de trabajo que construía y mantenía las plazas y edificios públicos, palacios, pirámides, terrazas artificiales, sistemas de canales, calzadas, calles y drenajes.

Algunas de estas actividades especializadas eran realizadas por extranjeros que, a la manera que sucedía en Tenochtitlan y otras ciudades mesoamericanas, formaron barrios de grupos, guetos étnicos, de los que existen indicios de pequeñas colonias mayas, huastecas, mixtecas, así como del centro de Veracruz y de la costa del Pacífico de Chiapas y de Guatemala. En cuanto al idioma, la composición étnica de Tula recae mayoritariamente sobre grupos hablantes del náhuatl, pero es muy probable que el otomí fuera también el habla de sus habitantes, pues los estudios lingüísticos e históricos revelan que este área fue poblada por grupos otomies desde varios siglos antes de la conquista española.

El concepto de familia que se tiene de los toltecas es de composición extensa, de padres e hijos con sus propios conyugues y sus propios hijos, que por lo general vivían en residencias de tres o cuatro casas agrupadas y distribuidas alrededor de un patio central que era de uso común para todos los residentes del conjunto de casas. Al patio se accedía por una sola entrada, el único acceso a la residencia, en forma de L y angosta, por la que solo podían entrar una persona a la vez. Cada casa era independiente de la otra y a su vez cada una tenía sus cuartos para las diferentes tareas y comunicados entre sí, para la preparación de alimentos, para dormir, para trabajar o para guardar las pertenencias de la familia.

El patio central del conjunto revela la importancia que la familia tenía para los toltecas. Era el centro de reunión donde se realizaban actividades comunes como moler el maíz en metates muy parecidos a los actuales, limpiar y preparar pieles, hilar fibras de maguey o la elaboración de objetos de uso propio, entre otras actividades. Todo ello entre el griterío y juego de los niños.


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domingo, 6 de mayo de 2012

Cultura tolteca ( II )


... La llegada de Topiltzin al trono tolteca dio un giro a esta civilización, no solo cambió de capital sino que hizo de Tula un centro donde la cultura floreció, como lo demuestran los vestigios arqueológicos de la época. El asentamiento antiguo de la ciudad, Tula Chico, que se sitúa a 1,25 km. del centro ceremonial conocido como Acrópolis. El traslado de capital permitía a esta ciudad convertirse en un punto geográfico estratégico desde donde dominar los valles del Mezquital y México. A Quetzalcóatl se le atribuye la fundación de la mítica capital tolteca y la responsabilidad de que se conviertiera en un centro refinado culturalmente. Pero si "Serpiente emplumada" es el que se lleva los honores de monarca fundador, los de grupo étnico recaen en dos, entre los toltecas-chichimecas, al grupo que pertenecía Topiltzin, y los nonoalcas.

Las fuentes históricas y mitológicas coinciden en que los grupos emigrantes fundadores de Tula procedían de un lugar llamado las Siete Cuevas, Chicomoztoc, el legendario lugar de los chichimecas. El término chichimeca significa literalmente gente que proviene de Chichimani, "lugar donde se mama", se empleaba para definir a las tribus nómadas que vagaban por el México noroccidental. En las crónicas de la conquista los españoles describían a estos grupos como pueblos que no elaboraban ningún tipo de cerámica, que iban desnudos y que tampoco practicaban la agricultura, por lo que sus vidas estaban expuestas constantemente a la hambruna. Tolteca-chichimeca denota una contradicción en sí, pues si chichimeca se refiere a pueblo joven o nuevo, tolteca implica una referencia a civilización y sofisticación, una incoherencia en el significado del término compuesto, aunque nos resultaría más aceptable si conociésemos que la definición se les aplicaba a la gente que estaba en un nivel superior de la escala cultural y que empezaban a mejorar su forma de vida.

Por el contrario, el otro grupo étnico colaborador y partícipe en la creación de la civilización tolteca, los nonoalcas, aportaron una cultura más desarrollada. El vocablo nonoalca se refiere a la gente que hablaba mal el náhuatl. Nonoalco, que significa "donde el lenguaje cambia", se sitúa geográficamente en el estado de Tabasco, en la Costa del Golfo. Hasta llegar a Tula, durante el periplo migratorio vivido por los nonoalcas se fueron fusionando con otros grupos que hablaban náhuatl, incluso con teotihuacanos que por esa época abandonaban la gran ciudad ya en decadencia. Desde su salida de la Huasteca, antes de llegar a Tula se detuvieron a mitad de camino, en Tulancingo, donde enseñaron sus diferentes oficios así como la construcción de templos de piedra e introdujeron el culto a la Serpiente Emplumada, un culto que compartían tanto los pobladores de la Costa del Golfo como los teotihuacanos. Esta afinidad religiosa también con el monarca tolteca que se me antoja tuvo mucho que ver a la hora de fusionarse en convivencia los dos grupos étnicos, los toltecas-chichimecas y los nonoalcas.

A la fundación de Tula, Topiltzin llevó a los nonoalcas para que aportaran sus conocimientos en la construcción de la ciudad, a sus arquitectos, artesanos y escultores, que fueron los que aportaron un grado cultural más alto. El reinado de Quetzaltcóatl fue muy próspero y cubrió sus aspiraciones culturales, los pintores, carpinteros, albañiles, alfareros, hilanderos y tejedores, lapidarios, sabios, curanderos y otros artesanos nonoalcas aportaron sus conocimientos y convirtieron Tula en una ciudad floreciente.

Las fuentes escritas también nos sitúan ante un monarca excepcional, un hombre sabio que, además de afianzar el culto a Quetzalcóatl, trató de repudiar los sacrificios humanos, un detalle muy significativo en un contexto cruel generalizado en el aspecto religioso. No es de extrañar que ante tal pensamiento "humano" le surgieran detractores y que algunos de sus súbditos se revelaran contra él con reacciones adversas que buscaban como fin el desprestigio. No tardaron en encontrar el punto más débil, el que lo ponía ante su pueblo como simple humano y que le hizo caer del pedestal sacerdotal. Sí había una norma estricta que debía de respetar en su calidad de sacerdote esa era la de preservar la castidad, algo que según las fuentes escritas perdió tras emborracharse. Cuentan que fue víctima de un engaño, que lo embriagaron con un brebaje con excusa medicinal y que al despertar comprobó su quebrantación de la norma de castidad. Aquello propició que Topiltzin perdiera el rango de sacerdote, aunque no la de monarca.

Sin embargo, aquella quebrantación ante su pueblo le indujo a abandonar el trono y exiliarse. La historia cuenta que su exilio sucedió en el año 987, en un año 1-caña, con destino a la península de Yucatán, donde tomó el nombre de Kukulkán y vivió hasta los 53 años, según cuenta el Códice Chimalpopoca. La marcha de Topiltzin dejó una promesa ante su pueblo, la de regresar a Tula en un año 1-caña, como el de su nacimiento y el de su partida. Esta promesa histórica tuvo su peso decisivo siglos más tarde en la conquista española, cuando Moctezuma Xocoyotzin confundió a Hernán Cortés con el exiliado monarca tolteca, al coincidir justamente en un año 1-caña, creyendo que se trataba de la deidad Quetzalcóatl, o de un emisario suyo, que regresaba para reclamar su trono.

Tras el exilio de Topiltzin fueron varios los soberanos que le sucedieron, entre ellos Huémac, que tomó el gobierno de los toltecas a finales del siglo X. Durante su reinado se dieron una serie de movimientos chichimecas procedentes del norte que acudían a la llamada de la fama de riqueza de los toltecas. Las crónicas escritas revelan que fue Xólotl el personaje que dirigió a las tribus chichimecas causantes de la destrucción de Tula, cuyas armas eran superiores a las de los toltecas, que se enfrentaron con el atlatl y el hacha de madera a los arcos y flechas que traían los invasores. El final del reinado de Huémac se transformó en un cúmulo de calamidades y guerras internas que dieron como resultado el principio de la decadencia y un retroceso cultural en todo el Valle de México. Las estimaciones extraídas de los trabajos arqueológicos llevados a cabo en la zona dicen que la ciudad cubría una extensión de al menos 4 kilómetros cuadrados y que podría tener una población que rondaba los 20.000 habitantes, la misma cantidad de moradores que la abandonaron en el momento de su destrucción, tratando de huir de las tribus chichimecas que la asolaron.


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domingo, 29 de abril de 2012

El Posclásico cultural del Centro de México (Cultura tolteca I )



El pueblo tolteca desarrolló su cultura durante el periodo Posclásico Temprano, en la subárea mesoamericana del Altiplano Central. Su foco principal estuvo en Tollan-Xicocotitlan, la que se constituyó como capital del estado, que al castellanizarla derivó en el nombre de Tula. En esta ciudad, una de las más famosas de Mesoamérica antes de la fundación de México-Tenochtitlan, se asentó el principal poder político de los valles de México y Puebla-Tlaxcala entre los siglos X y XII de nuestra era. La influencia de su poder no se limitó a la región del Centro de México, sino que alcanzó lugares tan distantes como el actual estado de Zacatecas, la Península de Yucatán, El Salvador o Nicaragua.

El gentilicio tolteca deriva del náhuatl toltécatl, que tiene su origen en la designación que le daban a los nativos que vivían en lugares llamados Tollan. Esta palabra, cuyo significado es "lugar de tules o juncos", otorgaba a la capital de los toltecas un nombre simbólico, pero también significaba "ciudad" y los mexicas a veces de igual modo se lo aplicaban a su propia capital, Cholula, o incluso a Teotihuacan, retrospectivamente. Así mismo, durante la época mexica, estos le dieron a la palabra Tollan un significado diferente, sinónimo de artista o artesano.

Tula se encuentra geográficamente enclavada en el actual estado de Hidalgo, a 138 kilómetros de la ciudad de México. El sitio arqueológico de la que fue capital de la civilización tolteca se localiza colindando con el lado noroeste de la ciudad de Tula de Allende, situada en la región conocida como Teotlalpan, contigua al Valle de México.

Desarrollo histórico

 Sí es verdad que, al contrario de otras culturas de las que no quedó ninguna información escrita y se tuvo que hacer uso de la arqueología para encontrar datos fiables que nos centraran en la historia de Mesoamérica, en esta de los toltecas quedaron muchas referencias en las crónicas de los primeros tiempos de la conquista española y posterior a ella, aunque también es cierto que su contenido es más rico en mitología que en historia. Los estudios arqueológicos realizados han dado como resultado la certeza de que en la época de Teotihuacan la región de Tula estaba poco poblada. El desarrollo histórico de la civilización Tolteca se dio fundamentalmente entre los años 830 y 1174 de nuestra era, a partir de esta fecha Tula comenzó a decaer y sus pobladores comenzaron a abandonarla, dispersándose por diferentes direcciones, Puebla, Tlaxcala, y ocuparon Cholula.

Sin embargo, la cronología del grupo étnico se dilata en la historia mucho más allá de la fundación de la mítica Tollan-Xicocotitlan. Cronológicamente, tanto la mitología como los estudios arqueológicos coinciden en que los primeros grupos que se asentaron en Tula llegaron antes a el Bajío, donde se establecieron entre los años 700 y 800, según indican restos de un tipo de cerámica que se hacía en esta región situada al noroeste de Tula, más antigua a la fundación de la capital tolteca y que aquella gente llevo consigo.

Aunque la fecha de la fundación de Tula no se conoce con certeza, sí se sabe por las crónicas del Valle de México que fue el gran conquistador chichimeca Mixcóatl (Serpiente de nubes) quien invadió el valle y fundó el señorío tolteca en el año 804, donde construyó su primera capital Culhuacán. Hasta esta región del Centro de México llegaron un grupo de tribus chichimecas probablemente procedentes del noroeste de México, tal vez de Tultitlan, ciudad zacatecana conocida como La Quemada. Las tierras que Mixcóatl conquistó a los otomíes para el señorío tolteca integran el actual estado de Morelos, Toluca y Teotlapan.

Fray Bernardino de Sahagún relata en sus crónicas que el gran conquistador chichimeca Serpiente de nubes conoció a Chimalma ("La que porta el escudo" o "Mujer guerrera"), de la que quedó prendado y con la que tuvo un hijo, pero fue antes de que éste naciera cuando a Mixcóatl lo asesinó uno de sus enemigos. Entonces el trono tolteca lo usurpó Ihuitímal y Chimalma fue a refugiarse con sus padres en Tepoztlán, en el estado de Morelos.

Chimalma murió al dar a luz y por este hecho se convirtió en una cihuateteo, quedando consagrada como una de las deidades del poniente. Por su parte, Ce-Acatl Topiltzin fue el nombre que recibió el niño (1-caña, por haber nacido en el año de ese signo, y Topiltzin "Nuestro príncipe"), el primer personaje de carne y hueso que recoge la historia de México.


Fueron sus abuelos los que se encargaron de su crianza y educación, bajo la influencia del culto al dios Quetzalcóatl ("Serpiente emplumada") que se mantenía en Tepoztlán, culto que no solo adoptó Topiltzin sino que además se convirtió en sumo sacerdote de dicha deidad, adoptando también el nombre de Quetzalcóatl.

El hijo de Mixcóatl y Chimalma se transformó en un hombre relevante y un grupo tolteca-chichimeca que le era fiel como heredero legítimo le apoyó para que reclamara el trono de su padre. Se enfrentó al usurpador y, tras vencerlo, se erigió en el señor de los toltecas y trasladó la capital del señorío a Tollan-Xicocotitlan...

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sábado, 21 de abril de 2012

Ciudades herederas de Teotihuacan (Teotenango)


Teotenango

Como he apuntado en otras ocasiones, la arqueología es la base de todos los datos que recopilamos del Epiclásico, es el único camino para entender la historia mesoamericana ante la falta de información escrita durante este periodo. Sin embargo, también surge la excepción, en el caso de Teotenango nos encontramos con que a la llegada de los conquistadores aún latía como ciudad viva, lo que permitió al cronista del siglo XVI, Francisco Chimalpahin, dejar detalladamente escrito cuales y cómo eran las costumbres y formas de vida de sus pobladores. Por sus crónicas sabemos que Teotenango fue rival de Tula, por el esplendor de sus monumentos.

El nombre de Teotenango tiene su origen en tres palabras del náhuatl: "tehotl" (dios, sagrado, divino), "tenamitl" (muro o fortificación) y "co" (lugar o en). Su traducción nos da diferentes posibilidades, que pueden ser "en el lugar del muro divino", "en el lugar de la fortificación" o "en el lugar de todos los dioses". Pero por si este ramillete de posibilidades no fuese suficiente, Chimalpahin nos deja otra opción en sus crónicas sobre Amaquemecan, una de las Cabeceras de la Confederación Chalca (Chalcayotl), en las que menciona que este sitio fue conocido como "Cozcuauhtenanco (lugar amurallado de los buitres), en honor a los guerreros teotenaca-matlatzinca que protegían la ciudad.


El sitio arqueológico de Teotenango se sitúa sobre una loma volcánica, el cerro de Tetépetl, al oeste de la localidad de Tenango del Valle ó Tenango de Arista, entre 70 y 250 m. de altitud, en el Valle de Toluca, en el Estado de México. La ciudad fue fundada por los teotenancas en el último periodo de Teotihuacan, sin embargo, fueron los matlatzincas la que la conquistaron poco tiempo después y los que la expandieron. Su existencia como ciudad superó los 1.000 años, hasta después de la conquista del Imperio Azteca, cuando fue abandonada.

La situación de la ciudad es claramente defensiva, un núcleo fortificado protegido por los flancos abruptos del cerro, además de taludes, fosos, albarradas y una muralla. En su máximo apogeo, entre los años 900 y 1.162, la ciudad llegó a abarcar 1.65 kilómetros cuadrados de extensión y estaba densamente poblada. Formada por plataformas piramidales, palacios, juegos de pelota, estructuras defensivas y sistemas de drenaje y agua que recogían de un grupo de manantiales que abastecía a toda la ciudad. La calle principal recibe el nombre de La Rana, que con sus 1.400 metros de longitud unía las aldeas del fondo del valle con la parte alta del cerro.


El valle de Toluca fungió como zona de asentamientos para un número importante de grupos étnicos. En esta región tuvieron su nicho varias culturas formadas por los grupos nahuas, los tlahuicas y los matlatzincas. El desarrollo económico y cultural de estas culturas estuvo marcado fuertemente por los recursos naturales existentes en la zona, además de las influencias que llegaron a través del comercio por las rutas que llegaban hasta las zonas tropicales del sur y el oeste de México. Estas puertas comerciales permitieron el acceso a otros productos como la sal, frutas tropicales, piedras semipreciosas y productos del mar como las conchas.

Durante los más de 1.000 años de existencia de Teotenango, la ciudad experimentó cinco periodos de ocupación y desarrollo que finalizó cuando los españoles forzaron la reubicación de la población hacia el valle contiguo. Los primeros asentamientos no comenzaron en la loma de Tetépetl, lejos de lo que pudiera aparentar los primeros pobladores se asentaron en un lugar del valle al norte del cerro, conocido como Ojo de agua. Fue una tribu Otomí a la que poco más tarde se le unieron emigrantes teotihuacanos en plena decadencia de la gran urbe, lo que dio a formar el grupo conocido como Teotenancas. Este primer periodo se dio entre los años 650 y 750 de nuestra era.

Entre el 750 y el 950 comienza la segunda etapa con la extensión ocupacional del mismo grupo que simultáneamente se asentaba en Ojo de agua y la zona más al norte de la loma de Tetépetl. Es en este periodo cuando comienzan las primeras edificaciones, entre ellas el temazcal, las estructuras 2C y 3C y algunas otras edificaciones que sirvieron de base para las estructuras de los conjuntos A y C. La influencia de Teotihuacan se deja ver en algunas de estas edificaciones, en las que aparecen ladrillos de adobe y los muros inclinados soportando muros verticales.


El tercer periodo, 900 - 1.162, continúa con la misma línea de desarrollo arquitectónico que el anterior, en él se construyeron la mayoría de las estructuras del centro ceremonial, entre ellas las bases piramidales para los templos, el juego de pelota, la base serpentuada y algunas casas.

La conquista y ocupación de la ciudad por parte de los matlatzintlas es la que caracteriza este cuarto periodo, que se desarrolla entre los años 1.162 y 1.476. El nuevo grupo dominante también agregó nuevas construcciones al templo ceremonial y ampliaron antiguas estructuras así como las construcciones de fortificación masiva, entre ellas la muralla al lado oeste de la ciudad. Durante esta etapa la población de la ciudad se incrementó notoriamente hacia el sur y el espacio de dominio matlatzintla se extendió hacia la totalidad del Valle de Toluca, con los centros principales de Toluca, Calixtlahuca y Tenancingo.

La conquista de Teotenango por parte del emperador azteca Axayacatl es la que marca el comienzo del quinto y último periodo, entre los años 1.474 y 1550. El valle queda bajo el dominio azteca y también bajo su influencia la arquitectura de la ciudad cambia de fisonomía, como se observa en el edificio 1C y en la escalinata construida sobre el muro defensivo oeste. Durante estos años el valle se convirtió en un punto de control importante y en una fuente de tributo de los recursos con destino a Tenochtitlan, así como en escenario de frecuentes guerras entre aztecas y purépechas. Hacia 1.550 la ciudad quedó totalmente abandonada, cuando concluyó la reubicación de la población a la nueva villa colonial Tenango del Valle.


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sábado, 14 de abril de 2012

Ciudades herederas de Teotihuacan (Cacaxtla)


Cacaxtla

Cacaxtla tuvo en el Epiclásico su etapa más prospera, desde el año 600 al 900, en la que dominó enclavada en el valle poblano-tlaxcalteca, sobre un macizo de sierra delimitada por los ríos Zahuapan y Atoyac. Un lugar fértil que encontró en el agua a su mejor aliado para la agricultura intensiva, que propiciaba el desbordamiento del río Atoyac. La laguna del Rosario que proporcionaba peces, así como la densa zona de bosques regada por manantiales aportaba todo lo necesario para que en el sitio se dieran los primeros asentamientos allá por el año 300 d. C.

Cacaxtla proviene de la palabra náhuatl cacaxtli o cacaxtle, que se refiere a los canastos de viaje que usaban los mercaderes para transportar sus mercancías. Su significado es "lugar de los cacaxtli" o "el lugar del morral del mercader", ubicada en una privilegiada situación geográfica, a escasa distancia de la población de San Miguel del Milagro, en el estado mexicano de Tlaxcala.

A partir de la caída de la cercana ciudad de Cholula, en la que muy probablemente los cacaxtlecas debieron de participar en el año 600 aproximadamente, la ciudad acaparó todo el poder de esa parte del valle de Puebla-Tlaxcala hasta el 900, año en el que comenzó a decaer hasta el 1000, en el que fue abandonada.

A mitad de ese periodo de hegemonía absoluta en la región, alrededor del año 800, cuando las ciudades mayas del Clásico asumían el poder y Teotihuacan empezó a apagarse, en el Centro de México algunos centros desarrollaron culturas de carácter regional influenciados por otras culturas procedentes de otras áreas mesoamericanas. Algunos investigadores aseguran que hasta Cacaxtla llegaron gentes de filiación olmeca-xicalanca u olmecas tardíos, pertenecientes a una comunidad de mercaderes y guerreros que procedían de la Costa del Golfo.

Se cree que Cacaxtla fue la capital del pueblo olmeca-xicalanca, a los que no se deben de confundir con la cultura arqueológica olmeca. Para los arqueólogos, cabe la posibilidad de que los primeros pobladores de Cacaxtla fueran descendientes de los olmecas o de los mayas, que llegarían desde la Costa del Golfo y de la Península de Yucatán respectivamente alrededor del año 400. El término olmeca-xicalanca se le atribuye al historiador talxcalteca Diego Muñoz Camargo, quien lo empleó por primera vez para referirse a este pueblo a finales del siglo XVI, cuando describió a Cacaxtla como principal asentamiento de los olmecas-xicalancas.

El apogeo de Cacaxtla no hizo que los habitantes se concentraran en la ciudad sino todo lo contrario, se dio una dispersión de tipo rural que se repartió en 200 poblados aproximadamente. A causa de esto, las suposiciones que se tienen son las de la existencia de varios gobernantes con derechos muy similares, lo que propiciaría una polarización de poder cuyo resultado sería la proliferación de conflictos internos, provocado por un incipiente militarismo. Esta es la respuesta que los arqueólogos encuentran a la presencia de fortificaciones, lo que deja intuir la preeminencia que adquiriría la figura del guerrero, institucionalizándola socialmente. Estas estimaciones son las que reflejan las pinturas murales de la ciudad arqueológica, las que también dejan entrever que la guerra tenía como máxima finalidad la de obtener el mayor número de prisioneros a sacrificar, una característica análoga a lo que sucedió durante la última fase de la civilización maya.

La arquitectura de Cacaxtla es la de una ciudad palaciega fortificada de forma rectangular, con alrededor de 1700 m. de largo por 800 m. de ancho. Compuesta de amplias y altas plataformas con escalones que se encargan de nivelar el terreno, entre las que se construyeron profundos fosos con la intención de defenderse del enemigo y edificios sobre las terrazas. El edificio principal, el Gran Basamento, es una estructura piramidal con cinco pilares centrales, en cuyo interior se encuentran otras construcciones anteriores como el Patio Hundido, el Montículo Y, el edificio C, las Conejeras y el edificio B. Las construcciones de esta ciudad estaban decoradas con bajorrelieves en barro y comparten una característica compuesta de un pórtico al frente y un pequeño recinto en la parte posterior.

De todas las expresiones artísticas encontradas en la cultura de este pueblo cabe destacar sus pinturas murales. La importancia de este arte pictórico está, además de en su calidad, en la gran cantidad, entre 750 y 850, con técnicas combinadas entre la maya y la teotihuacana, las del fresco con pigmentos de colores como el rojo, azul, amarillo, blanco y negro. Sus temas representados son bélicos, con guerreros a tamaño natural que van suntuosamente vestidos, tanto vencedores como vencidos, y escenas de carácter mitológico (hombre-pájaro y hombre-jaguar). También destacan símbolos de una escritura en glifos, aún por descifrar, que presenta similitudes con los de Teotihuacan , los zapotecas y los mixtecas de Oaxaca.

Sobre los autores de estos magníficos murales no hay nada claro, con distintas teorías, entre las que destacan que pudieran haber sido de origen maya, artistas independientes contratados por los gobernantes del sitio, o tal vez fueron los mismos olmeca-xicalancas, cuyas tradiciones estaban inmersas entre las mayas y las del altiplano. Lo cierto e importante de todo esto es el interesantísimo bagaje cultural que nos dejaron, envuelto en un aura intercultural que nos habla de una realidad poblacional compuesta de diversas etnias.


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martes, 3 de abril de 2012

Ciudades herederas de Teotihuacan (Xochicalco)


Xochicalco

El recinto arqueológico de lo que en su día fue la ciudad de Xochicalco, se sitúa ubicada geográficamente en el estado mexicano de Morelos, a sólo 38 km. de Cuernavaca. Una de las ciudades herederas de Teotihuacan, que en tan sólo 250 años como tal logró convertirse en una de las principales de Mesoamérica. Sin embargo, pese a su dominio sobre todo el Valle del Amacuzac y la extensa red comercial que consiguió tejer en tan relativamente corto tiempo, que llegaba hasta la zona maya, no pudo impedir su trágico y precoz declive.

La existencia y desarrollo de Xochicalco está relacionada directamente con Teotihuacan. Su apogeo tuvo lugar en el periodo Clásico Tardío, entre los años 650 y 900 de nuestra era, y para muchos arqueólogos está considerada como una ciudad híbrida entre Teotihuacan y Monte Albán. Xochicalco, que significa "En el lugar de la casa de las flores", fue construida sobre un conjunto de cerros de baja altura, lo que invita a pensar que fue ideada como ciudad-fortaleza, en la época de militarización mesoamericana. La Bodega, La Malinche y Xochicalco son los nombres de los tres cerros donde se levantó la ciudad, sobre una modificación del terreno que consistió en el nivelado del cerro que le da nombre a la metrópolis, en él se construyeron los edificios más importantes y en su ladera se levantaron casas y se conformaron terrazas para el cultivo.

Para algunos arqueólogos, como es el caso de Román Piña Chan, Xochicalco es la mítica Tamoanchan, la ciudad de los relatos prehispánicos, donde los sabios arreglaban los calendarios religiosos y civiles y donde surgió el mito de la serpiente emplumada, Quetzalcóatl. Unas estimaciones apoyadas en la existencia de la Pirámide de la Serpiente Emplumada y de las tres estelas que representan distintos aspectos de Quetzalcóatl. Se sabe que en el año 650 la ciudad vivió un acontecimiento histórico, fue sede de un congreso donde se reunieron los sabios provenientes de lugares lejanos buscando una unificación calendárica.

A la caída de Teotihuacan, Xochicalco se convirtió en el principal centro mercantil de la región debido a su ubicación estratégica, situada en el paso de las rutas del Altiplano Central con otras regiones más distantes como Oaxaca y Veracruz, por donde se traficaba con el algodón, cacao, piedras preciosas, plumas y obsidiana. También alrededor de esta ciudad existen muchas dudas, muchas teorías o hipótesis de cuales fueron las causas que la llevaron a un ocaso tan temprano, cuando reunía tantos condicionantes a su favor.

En cuanto a su creación y desarrollo, de una manera u otra, se le relaciona directamente con la gran urbe mesoamericana. Mientras que algunos investigadores plantean la posibilidad de que fue la propia población teotihuacana la que se trasladó a Xochicalco para ocupar el vacío político y económico sufrido por la decadencia de la capital, por otro lado, otras voces le dan la vuelta a la teoría para colocar a Xochicalco como una de las causantes del declive de Teotihuacan (junto con El Tajín, Veracruz, Cholula y Puebla), por arrebatarle el importante papel y convertirse en el centro económico y comercial de la región.

Una tercera teoría es la que plantea el investigador Enrique Nalda, quien opina que el proceso de militarización que sufrió la región al final del Clásico fue la causante de que las regiones cercanas se vieran acosadas, con el propósito de obtener de ellas los recursos que anteriormente se obtenían de manera inmediata. Esto aclararía en parte el por qué de la fortificación de Xochicalco y de su corta ocupación como centro urbano, que perdió su función principal cuando Teotihuacan dejó de significar un peligro potencial.

En cuanto a su repentino final, una de las opiniones más fiables es la del investigador Norberto Gonzáles Crespo, responsable de los trabajos de exploración del sitio arqueológico desde hace más de veinte años. Gonzáles crespo postula que el final de la ciudad fue particularmente dramático, víctima del fuego como lo fueron otras ciudades mesoamericanas como Teotihuacan y La Quemada, que se evidencia en dos hipótesis probables como causas del suceso.

Una de esas causas apunta a una disputa entre dos grupos de poder, mientras que la otra pudo deberse a una revuelta popular, o quién sabe, quizás fueron las dos a la par. En el caso de la primera hipótesis hay que situarse en un contexto caracterizado por la inestabilidad política y económica y la creciente militarización en el área mesoamericana.

La gran cantidad de carbón encontrada en el área central de Xochicalco, así como la mutilación y dispersión de esculturas y otros elementos sagrados, en contraste con los espacios habitacionales de las clases inferiores que se encuentran en su sitio, indican que muy probablemente hubo un gran incendio en el lugar al mismo tiempo que pudo generarse una rebelión popular. Las viviendas de las clases inferiores no muestran indicios de violencia, por lo que se supone que fueron abandonadas paulatinamente. Así mismo, la falta de joyas en la acrópolis entre la clase dominante, acostumbrada a ir adornada, confirma que hubo saqueo.

Xochicalco es una de las metrópolis mesoamericanas con mayor construcción por metro cuadrado, lo que supone que tuvieron que trabajar mucho, una mano de obra constante y ardua, y pagar muchos impuestos y tributos para levantar tanto en tan sólo dos siglos, lo que invita a pensar en un descontento generalizado. Paradójicamente, la ciudad fortificada ideada para defenderse de los enemigos externos, y a pesar de su rivalidad con otras ciudades de Mesoamérica como Teotenango, Cantona, Palenque y Copán, sucumbió por causas internas y en pleno apogeo, cuando tenía alrededor de 25 mil habitantes.


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