domingo, 6 de mayo de 2012

Cultura tolteca ( II )


... La llegada de Topiltzin al trono tolteca dio un giro a esta civilización, no solo cambió de capital sino que hizo de Tula un centro donde la cultura floreció, como lo demuestran los vestigios arqueológicos de la época. El asentamiento antiguo de la ciudad, Tula Chico, que se sitúa a 1,25 km. del centro ceremonial conocido como Acrópolis. El traslado de capital permitía a esta ciudad convertirse en un punto geográfico estratégico desde donde dominar los valles del Mezquital y México. A Quetzalcóatl se le atribuye la fundación de la mítica capital tolteca y la responsabilidad de que se conviertiera en un centro refinado culturalmente. Pero si "Serpiente emplumada" es el que se lleva los honores de monarca fundador, los de grupo étnico recaen en dos, entre los toltecas-chichimecas, al grupo que pertenecía Topiltzin, y los nonoalcas.

Las fuentes históricas y mitológicas coinciden en que los grupos emigrantes fundadores de Tula procedían de un lugar llamado las Siete Cuevas, Chicomoztoc, el legendario lugar de los chichimecas. El término chichimeca significa literalmente gente que proviene de Chichimani, "lugar donde se mama", se empleaba para definir a las tribus nómadas que vagaban por el México noroccidental. En las crónicas de la conquista los españoles describían a estos grupos como pueblos que no elaboraban ningún tipo de cerámica, que iban desnudos y que tampoco practicaban la agricultura, por lo que sus vidas estaban expuestas constantemente a la hambruna. Tolteca-chichimeca denota una contradicción en sí, pues si chichimeca se refiere a pueblo joven o nuevo, tolteca implica una referencia a civilización y sofisticación, una incoherencia en el significado del término compuesto, aunque nos resultaría más aceptable si conociésemos que la definición se les aplicaba a la gente que estaba en un nivel superior de la escala cultural y que empezaban a mejorar su forma de vida.

Por el contrario, el otro grupo étnico colaborador y partícipe en la creación de la civilización tolteca, los nonoalcas, aportaron una cultura más desarrollada. El vocablo nonoalca se refiere a la gente que hablaba mal el náhuatl. Nonoalco, que significa "donde el lenguaje cambia", se sitúa geográficamente en el estado de Tabasco, en la Costa del Golfo. Hasta llegar a Tula, durante el periplo migratorio vivido por los nonoalcas se fueron fusionando con otros grupos que hablaban náhuatl, incluso con teotihuacanos que por esa época abandonaban la gran ciudad ya en decadencia. Desde su salida de la Huasteca, antes de llegar a Tula se detuvieron a mitad de camino, en Tulancingo, donde enseñaron sus diferentes oficios así como la construcción de templos de piedra e introdujeron el culto a la Serpiente Emplumada, un culto que compartían tanto los pobladores de la Costa del Golfo como los teotihuacanos. Esta afinidad religiosa también con el monarca tolteca que se me antoja tuvo mucho que ver a la hora de fusionarse en convivencia los dos grupos étnicos, los toltecas-chichimecas y los nonoalcas.

A la fundación de Tula, Topiltzin llevó a los nonoalcas para que aportaran sus conocimientos en la construcción de la ciudad, a sus arquitectos, artesanos y escultores, que fueron los que aportaron un grado cultural más alto. El reinado de Quetzaltcóatl fue muy próspero y cubrió sus aspiraciones culturales, los pintores, carpinteros, albañiles, alfareros, hilanderos y tejedores, lapidarios, sabios, curanderos y otros artesanos nonoalcas aportaron sus conocimientos y convirtieron Tula en una ciudad floreciente.

Las fuentes escritas también nos sitúan ante un monarca excepcional, un hombre sabio que, además de afianzar el culto a Quetzalcóatl, trató de repudiar los sacrificios humanos, un detalle muy significativo en un contexto cruel generalizado en el aspecto religioso. No es de extrañar que ante tal pensamiento "humano" le surgieran detractores y que algunos de sus súbditos se revelaran contra él con reacciones adversas que buscaban como fin el desprestigio. No tardaron en encontrar el punto más débil, el que lo ponía ante su pueblo como simple humano y que le hizo caer del pedestal sacerdotal. Sí había una norma estricta que debía de respetar en su calidad de sacerdote esa era la de preservar la castidad, algo que según las fuentes escritas perdió tras emborracharse. Cuentan que fue víctima de un engaño, que lo embriagaron con un brebaje con excusa medicinal y que al despertar comprobó su quebrantación de la norma de castidad. Aquello propició que Topiltzin perdiera el rango de sacerdote, aunque no la de monarca.

Sin embargo, aquella quebrantación ante su pueblo le indujo a abandonar el trono y exiliarse. La historia cuenta que su exilio sucedió en el año 987, en un año 1-caña, con destino a la península de Yucatán, donde tomó el nombre de Kukulkán y vivió hasta los 53 años, según cuenta el Códice Chimalpopoca. La marcha de Topiltzin dejó una promesa ante su pueblo, la de regresar a Tula en un año 1-caña, como el de su nacimiento y el de su partida. Esta promesa histórica tuvo su peso decisivo siglos más tarde en la conquista española, cuando Moctezuma Xocoyotzin confundió a Hernán Cortés con el exiliado monarca tolteca, al coincidir justamente en un año 1-caña, creyendo que se trataba de la deidad Quetzalcóatl, o de un emisario suyo, que regresaba para reclamar su trono.

Tras el exilio de Topiltzin fueron varios los soberanos que le sucedieron, entre ellos Huémac, que tomó el gobierno de los toltecas a finales del siglo X. Durante su reinado se dieron una serie de movimientos chichimecas procedentes del norte que acudían a la llamada de la fama de riqueza de los toltecas. Las crónicas escritas revelan que fue Xólotl el personaje que dirigió a las tribus chichimecas causantes de la destrucción de Tula, cuyas armas eran superiores a las de los toltecas, que se enfrentaron con el atlatl y el hacha de madera a los arcos y flechas que traían los invasores. El final del reinado de Huémac se transformó en un cúmulo de calamidades y guerras internas que dieron como resultado el principio de la decadencia y un retroceso cultural en todo el Valle de México. Las estimaciones extraídas de los trabajos arqueológicos llevados a cabo en la zona dicen que la ciudad cubría una extensión de al menos 4 kilómetros cuadrados y que podría tener una población que rondaba los 20.000 habitantes, la misma cantidad de moradores que la abandonaron en el momento de su destrucción, tratando de huir de las tribus chichimecas que la asolaron.


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domingo, 29 de abril de 2012

El Posclásico cultural del Centro de México (Cultura tolteca I )



El pueblo tolteca desarrolló su cultura durante el periodo Posclásico Temprano, en la subárea mesoamericana del Altiplano Central. Su foco principal estuvo en Tollan-Xicocotitlan, la que se constituyó como capital del estado, que al castellanizarla derivó en el nombre de Tula. En esta ciudad, una de las más famosas de Mesoamérica antes de la fundación de México-Tenochtitlan, se asentó el principal poder político de los valles de México y Puebla-Tlaxcala entre los siglos X y XII de nuestra era. La influencia de su poder no se limitó a la región del Centro de México, sino que alcanzó lugares tan distantes como el actual estado de Zacatecas, la Península de Yucatán, El Salvador o Nicaragua.

El gentilicio tolteca deriva del náhuatl toltécatl, que tiene su origen en la designación que le daban a los nativos que vivían en lugares llamados Tollan. Esta palabra, cuyo significado es "lugar de tules o juncos", otorgaba a la capital de los toltecas un nombre simbólico, pero también significaba "ciudad" y los mexicas a veces de igual modo se lo aplicaban a su propia capital, Cholula, o incluso a Teotihuacan, retrospectivamente. Así mismo, durante la época mexica, estos le dieron a la palabra Tollan un significado diferente, sinónimo de artista o artesano.

Tula se encuentra geográficamente enclavada en el actual estado de Hidalgo, a 138 kilómetros de la ciudad de México. El sitio arqueológico de la que fue capital de la civilización tolteca se localiza colindando con el lado noroeste de la ciudad de Tula de Allende, situada en la región conocida como Teotlalpan, contigua al Valle de México.

Desarrollo histórico

 Sí es verdad que, al contrario de otras culturas de las que no quedó ninguna información escrita y se tuvo que hacer uso de la arqueología para encontrar datos fiables que nos centraran en la historia de Mesoamérica, en esta de los toltecas quedaron muchas referencias en las crónicas de los primeros tiempos de la conquista española y posterior a ella, aunque también es cierto que su contenido es más rico en mitología que en historia. Los estudios arqueológicos realizados han dado como resultado la certeza de que en la época de Teotihuacan la región de Tula estaba poco poblada. El desarrollo histórico de la civilización Tolteca se dio fundamentalmente entre los años 830 y 1174 de nuestra era, a partir de esta fecha Tula comenzó a decaer y sus pobladores comenzaron a abandonarla, dispersándose por diferentes direcciones, Puebla, Tlaxcala, y ocuparon Cholula.

Sin embargo, la cronología del grupo étnico se dilata en la historia mucho más allá de la fundación de la mítica Tollan-Xicocotitlan. Cronológicamente, tanto la mitología como los estudios arqueológicos coinciden en que los primeros grupos que se asentaron en Tula llegaron antes a el Bajío, donde se establecieron entre los años 700 y 800, según indican restos de un tipo de cerámica que se hacía en esta región situada al noroeste de Tula, más antigua a la fundación de la capital tolteca y que aquella gente llevo consigo.

Aunque la fecha de la fundación de Tula no se conoce con certeza, sí se sabe por las crónicas del Valle de México que fue el gran conquistador chichimeca Mixcóatl (Serpiente de nubes) quien invadió el valle y fundó el señorío tolteca en el año 804, donde construyó su primera capital Culhuacán. Hasta esta región del Centro de México llegaron un grupo de tribus chichimecas probablemente procedentes del noroeste de México, tal vez de Tultitlan, ciudad zacatecana conocida como La Quemada. Las tierras que Mixcóatl conquistó a los otomíes para el señorío tolteca integran el actual estado de Morelos, Toluca y Teotlapan.

Fray Bernardino de Sahagún relata en sus crónicas que el gran conquistador chichimeca Serpiente de nubes conoció a Chimalma ("La que porta el escudo" o "Mujer guerrera"), de la que quedó prendado y con la que tuvo un hijo, pero fue antes de que éste naciera cuando a Mixcóatl lo asesinó uno de sus enemigos. Entonces el trono tolteca lo usurpó Ihuitímal y Chimalma fue a refugiarse con sus padres en Tepoztlán, en el estado de Morelos.

Chimalma murió al dar a luz y por este hecho se convirtió en una cihuateteo, quedando consagrada como una de las deidades del poniente. Por su parte, Ce-Acatl Topiltzin fue el nombre que recibió el niño (1-caña, por haber nacido en el año de ese signo, y Topiltzin "Nuestro príncipe"), el primer personaje de carne y hueso que recoge la historia de México.


Fueron sus abuelos los que se encargaron de su crianza y educación, bajo la influencia del culto al dios Quetzalcóatl ("Serpiente emplumada") que se mantenía en Tepoztlán, culto que no solo adoptó Topiltzin sino que además se convirtió en sumo sacerdote de dicha deidad, adoptando también el nombre de Quetzalcóatl.

El hijo de Mixcóatl y Chimalma se transformó en un hombre relevante y un grupo tolteca-chichimeca que le era fiel como heredero legítimo le apoyó para que reclamara el trono de su padre. Se enfrentó al usurpador y, tras vencerlo, se erigió en el señor de los toltecas y trasladó la capital del señorío a Tollan-Xicocotitlan...

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sábado, 21 de abril de 2012

Ciudades herederas de Teotihuacan (Teotenango)


Teotenango

Como he apuntado en otras ocasiones, la arqueología es la base de todos los datos que recopilamos del Epiclásico, es el único camino para entender la historia mesoamericana ante la falta de información escrita durante este periodo. Sin embargo, también surge la excepción, en el caso de Teotenango nos encontramos con que a la llegada de los conquistadores aún latía como ciudad viva, lo que permitió al cronista del siglo XVI, Francisco Chimalpahin, dejar detalladamente escrito cuales y cómo eran las costumbres y formas de vida de sus pobladores. Por sus crónicas sabemos que Teotenango fue rival de Tula, por el esplendor de sus monumentos.

El nombre de Teotenango tiene su origen en tres palabras del náhuatl: "tehotl" (dios, sagrado, divino), "tenamitl" (muro o fortificación) y "co" (lugar o en). Su traducción nos da diferentes posibilidades, que pueden ser "en el lugar del muro divino", "en el lugar de la fortificación" o "en el lugar de todos los dioses". Pero por si este ramillete de posibilidades no fuese suficiente, Chimalpahin nos deja otra opción en sus crónicas sobre Amaquemecan, una de las Cabeceras de la Confederación Chalca (Chalcayotl), en las que menciona que este sitio fue conocido como "Cozcuauhtenanco (lugar amurallado de los buitres), en honor a los guerreros teotenaca-matlatzinca que protegían la ciudad.


El sitio arqueológico de Teotenango se sitúa sobre una loma volcánica, el cerro de Tetépetl, al oeste de la localidad de Tenango del Valle ó Tenango de Arista, entre 70 y 250 m. de altitud, en el Valle de Toluca, en el Estado de México. La ciudad fue fundada por los teotenancas en el último periodo de Teotihuacan, sin embargo, fueron los matlatzincas la que la conquistaron poco tiempo después y los que la expandieron. Su existencia como ciudad superó los 1.000 años, hasta después de la conquista del Imperio Azteca, cuando fue abandonada.

La situación de la ciudad es claramente defensiva, un núcleo fortificado protegido por los flancos abruptos del cerro, además de taludes, fosos, albarradas y una muralla. En su máximo apogeo, entre los años 900 y 1.162, la ciudad llegó a abarcar 1.65 kilómetros cuadrados de extensión y estaba densamente poblada. Formada por plataformas piramidales, palacios, juegos de pelota, estructuras defensivas y sistemas de drenaje y agua que recogían de un grupo de manantiales que abastecía a toda la ciudad. La calle principal recibe el nombre de La Rana, que con sus 1.400 metros de longitud unía las aldeas del fondo del valle con la parte alta del cerro.


El valle de Toluca fungió como zona de asentamientos para un número importante de grupos étnicos. En esta región tuvieron su nicho varias culturas formadas por los grupos nahuas, los tlahuicas y los matlatzincas. El desarrollo económico y cultural de estas culturas estuvo marcado fuertemente por los recursos naturales existentes en la zona, además de las influencias que llegaron a través del comercio por las rutas que llegaban hasta las zonas tropicales del sur y el oeste de México. Estas puertas comerciales permitieron el acceso a otros productos como la sal, frutas tropicales, piedras semipreciosas y productos del mar como las conchas.

Durante los más de 1.000 años de existencia de Teotenango, la ciudad experimentó cinco periodos de ocupación y desarrollo que finalizó cuando los españoles forzaron la reubicación de la población hacia el valle contiguo. Los primeros asentamientos no comenzaron en la loma de Tetépetl, lejos de lo que pudiera aparentar los primeros pobladores se asentaron en un lugar del valle al norte del cerro, conocido como Ojo de agua. Fue una tribu Otomí a la que poco más tarde se le unieron emigrantes teotihuacanos en plena decadencia de la gran urbe, lo que dio a formar el grupo conocido como Teotenancas. Este primer periodo se dio entre los años 650 y 750 de nuestra era.

Entre el 750 y el 950 comienza la segunda etapa con la extensión ocupacional del mismo grupo que simultáneamente se asentaba en Ojo de agua y la zona más al norte de la loma de Tetépetl. Es en este periodo cuando comienzan las primeras edificaciones, entre ellas el temazcal, las estructuras 2C y 3C y algunas otras edificaciones que sirvieron de base para las estructuras de los conjuntos A y C. La influencia de Teotihuacan se deja ver en algunas de estas edificaciones, en las que aparecen ladrillos de adobe y los muros inclinados soportando muros verticales.


El tercer periodo, 900 - 1.162, continúa con la misma línea de desarrollo arquitectónico que el anterior, en él se construyeron la mayoría de las estructuras del centro ceremonial, entre ellas las bases piramidales para los templos, el juego de pelota, la base serpentuada y algunas casas.

La conquista y ocupación de la ciudad por parte de los matlatzintlas es la que caracteriza este cuarto periodo, que se desarrolla entre los años 1.162 y 1.476. El nuevo grupo dominante también agregó nuevas construcciones al templo ceremonial y ampliaron antiguas estructuras así como las construcciones de fortificación masiva, entre ellas la muralla al lado oeste de la ciudad. Durante esta etapa la población de la ciudad se incrementó notoriamente hacia el sur y el espacio de dominio matlatzintla se extendió hacia la totalidad del Valle de Toluca, con los centros principales de Toluca, Calixtlahuca y Tenancingo.

La conquista de Teotenango por parte del emperador azteca Axayacatl es la que marca el comienzo del quinto y último periodo, entre los años 1.474 y 1550. El valle queda bajo el dominio azteca y también bajo su influencia la arquitectura de la ciudad cambia de fisonomía, como se observa en el edificio 1C y en la escalinata construida sobre el muro defensivo oeste. Durante estos años el valle se convirtió en un punto de control importante y en una fuente de tributo de los recursos con destino a Tenochtitlan, así como en escenario de frecuentes guerras entre aztecas y purépechas. Hacia 1.550 la ciudad quedó totalmente abandonada, cuando concluyó la reubicación de la población a la nueva villa colonial Tenango del Valle.


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sábado, 14 de abril de 2012

Ciudades herederas de Teotihuacan (Cacaxtla)


Cacaxtla

Cacaxtla tuvo en el Epiclásico su etapa más prospera, desde el año 600 al 900, en la que dominó enclavada en el valle poblano-tlaxcalteca, sobre un macizo de sierra delimitada por los ríos Zahuapan y Atoyac. Un lugar fértil que encontró en el agua a su mejor aliado para la agricultura intensiva, que propiciaba el desbordamiento del río Atoyac. La laguna del Rosario que proporcionaba peces, así como la densa zona de bosques regada por manantiales aportaba todo lo necesario para que en el sitio se dieran los primeros asentamientos allá por el año 300 d. C.

Cacaxtla proviene de la palabra náhuatl cacaxtli o cacaxtle, que se refiere a los canastos de viaje que usaban los mercaderes para transportar sus mercancías. Su significado es "lugar de los cacaxtli" o "el lugar del morral del mercader", ubicada en una privilegiada situación geográfica, a escasa distancia de la población de San Miguel del Milagro, en el estado mexicano de Tlaxcala.

A partir de la caída de la cercana ciudad de Cholula, en la que muy probablemente los cacaxtlecas debieron de participar en el año 600 aproximadamente, la ciudad acaparó todo el poder de esa parte del valle de Puebla-Tlaxcala hasta el 900, año en el que comenzó a decaer hasta el 1000, en el que fue abandonada.

A mitad de ese periodo de hegemonía absoluta en la región, alrededor del año 800, cuando las ciudades mayas del Clásico asumían el poder y Teotihuacan empezó a apagarse, en el Centro de México algunos centros desarrollaron culturas de carácter regional influenciados por otras culturas procedentes de otras áreas mesoamericanas. Algunos investigadores aseguran que hasta Cacaxtla llegaron gentes de filiación olmeca-xicalanca u olmecas tardíos, pertenecientes a una comunidad de mercaderes y guerreros que procedían de la Costa del Golfo.

Se cree que Cacaxtla fue la capital del pueblo olmeca-xicalanca, a los que no se deben de confundir con la cultura arqueológica olmeca. Para los arqueólogos, cabe la posibilidad de que los primeros pobladores de Cacaxtla fueran descendientes de los olmecas o de los mayas, que llegarían desde la Costa del Golfo y de la Península de Yucatán respectivamente alrededor del año 400. El término olmeca-xicalanca se le atribuye al historiador talxcalteca Diego Muñoz Camargo, quien lo empleó por primera vez para referirse a este pueblo a finales del siglo XVI, cuando describió a Cacaxtla como principal asentamiento de los olmecas-xicalancas.

El apogeo de Cacaxtla no hizo que los habitantes se concentraran en la ciudad sino todo lo contrario, se dio una dispersión de tipo rural que se repartió en 200 poblados aproximadamente. A causa de esto, las suposiciones que se tienen son las de la existencia de varios gobernantes con derechos muy similares, lo que propiciaría una polarización de poder cuyo resultado sería la proliferación de conflictos internos, provocado por un incipiente militarismo. Esta es la respuesta que los arqueólogos encuentran a la presencia de fortificaciones, lo que deja intuir la preeminencia que adquiriría la figura del guerrero, institucionalizándola socialmente. Estas estimaciones son las que reflejan las pinturas murales de la ciudad arqueológica, las que también dejan entrever que la guerra tenía como máxima finalidad la de obtener el mayor número de prisioneros a sacrificar, una característica análoga a lo que sucedió durante la última fase de la civilización maya.

La arquitectura de Cacaxtla es la de una ciudad palaciega fortificada de forma rectangular, con alrededor de 1700 m. de largo por 800 m. de ancho. Compuesta de amplias y altas plataformas con escalones que se encargan de nivelar el terreno, entre las que se construyeron profundos fosos con la intención de defenderse del enemigo y edificios sobre las terrazas. El edificio principal, el Gran Basamento, es una estructura piramidal con cinco pilares centrales, en cuyo interior se encuentran otras construcciones anteriores como el Patio Hundido, el Montículo Y, el edificio C, las Conejeras y el edificio B. Las construcciones de esta ciudad estaban decoradas con bajorrelieves en barro y comparten una característica compuesta de un pórtico al frente y un pequeño recinto en la parte posterior.

De todas las expresiones artísticas encontradas en la cultura de este pueblo cabe destacar sus pinturas murales. La importancia de este arte pictórico está, además de en su calidad, en la gran cantidad, entre 750 y 850, con técnicas combinadas entre la maya y la teotihuacana, las del fresco con pigmentos de colores como el rojo, azul, amarillo, blanco y negro. Sus temas representados son bélicos, con guerreros a tamaño natural que van suntuosamente vestidos, tanto vencedores como vencidos, y escenas de carácter mitológico (hombre-pájaro y hombre-jaguar). También destacan símbolos de una escritura en glifos, aún por descifrar, que presenta similitudes con los de Teotihuacan , los zapotecas y los mixtecas de Oaxaca.

Sobre los autores de estos magníficos murales no hay nada claro, con distintas teorías, entre las que destacan que pudieran haber sido de origen maya, artistas independientes contratados por los gobernantes del sitio, o tal vez fueron los mismos olmeca-xicalancas, cuyas tradiciones estaban inmersas entre las mayas y las del altiplano. Lo cierto e importante de todo esto es el interesantísimo bagaje cultural que nos dejaron, envuelto en un aura intercultural que nos habla de una realidad poblacional compuesta de diversas etnias.


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martes, 3 de abril de 2012

Ciudades herederas de Teotihuacan (Xochicalco)


Xochicalco

El recinto arqueológico de lo que en su día fue la ciudad de Xochicalco, se sitúa ubicada geográficamente en el estado mexicano de Morelos, a sólo 38 km. de Cuernavaca. Una de las ciudades herederas de Teotihuacan, que en tan sólo 250 años como tal logró convertirse en una de las principales de Mesoamérica. Sin embargo, pese a su dominio sobre todo el Valle del Amacuzac y la extensa red comercial que consiguió tejer en tan relativamente corto tiempo, que llegaba hasta la zona maya, no pudo impedir su trágico y precoz declive.

La existencia y desarrollo de Xochicalco está relacionada directamente con Teotihuacan. Su apogeo tuvo lugar en el periodo Clásico Tardío, entre los años 650 y 900 de nuestra era, y para muchos arqueólogos está considerada como una ciudad híbrida entre Teotihuacan y Monte Albán. Xochicalco, que significa "En el lugar de la casa de las flores", fue construida sobre un conjunto de cerros de baja altura, lo que invita a pensar que fue ideada como ciudad-fortaleza, en la época de militarización mesoamericana. La Bodega, La Malinche y Xochicalco son los nombres de los tres cerros donde se levantó la ciudad, sobre una modificación del terreno que consistió en el nivelado del cerro que le da nombre a la metrópolis, en él se construyeron los edificios más importantes y en su ladera se levantaron casas y se conformaron terrazas para el cultivo.

Para algunos arqueólogos, como es el caso de Román Piña Chan, Xochicalco es la mítica Tamoanchan, la ciudad de los relatos prehispánicos, donde los sabios arreglaban los calendarios religiosos y civiles y donde surgió el mito de la serpiente emplumada, Quetzalcóatl. Unas estimaciones apoyadas en la existencia de la Pirámide de la Serpiente Emplumada y de las tres estelas que representan distintos aspectos de Quetzalcóatl. Se sabe que en el año 650 la ciudad vivió un acontecimiento histórico, fue sede de un congreso donde se reunieron los sabios provenientes de lugares lejanos buscando una unificación calendárica.

A la caída de Teotihuacan, Xochicalco se convirtió en el principal centro mercantil de la región debido a su ubicación estratégica, situada en el paso de las rutas del Altiplano Central con otras regiones más distantes como Oaxaca y Veracruz, por donde se traficaba con el algodón, cacao, piedras preciosas, plumas y obsidiana. También alrededor de esta ciudad existen muchas dudas, muchas teorías o hipótesis de cuales fueron las causas que la llevaron a un ocaso tan temprano, cuando reunía tantos condicionantes a su favor.

En cuanto a su creación y desarrollo, de una manera u otra, se le relaciona directamente con la gran urbe mesoamericana. Mientras que algunos investigadores plantean la posibilidad de que fue la propia población teotihuacana la que se trasladó a Xochicalco para ocupar el vacío político y económico sufrido por la decadencia de la capital, por otro lado, otras voces le dan la vuelta a la teoría para colocar a Xochicalco como una de las causantes del declive de Teotihuacan (junto con El Tajín, Veracruz, Cholula y Puebla), por arrebatarle el importante papel y convertirse en el centro económico y comercial de la región.

Una tercera teoría es la que plantea el investigador Enrique Nalda, quien opina que el proceso de militarización que sufrió la región al final del Clásico fue la causante de que las regiones cercanas se vieran acosadas, con el propósito de obtener de ellas los recursos que anteriormente se obtenían de manera inmediata. Esto aclararía en parte el por qué de la fortificación de Xochicalco y de su corta ocupación como centro urbano, que perdió su función principal cuando Teotihuacan dejó de significar un peligro potencial.

En cuanto a su repentino final, una de las opiniones más fiables es la del investigador Norberto Gonzáles Crespo, responsable de los trabajos de exploración del sitio arqueológico desde hace más de veinte años. Gonzáles crespo postula que el final de la ciudad fue particularmente dramático, víctima del fuego como lo fueron otras ciudades mesoamericanas como Teotihuacan y La Quemada, que se evidencia en dos hipótesis probables como causas del suceso.

Una de esas causas apunta a una disputa entre dos grupos de poder, mientras que la otra pudo deberse a una revuelta popular, o quién sabe, quizás fueron las dos a la par. En el caso de la primera hipótesis hay que situarse en un contexto caracterizado por la inestabilidad política y económica y la creciente militarización en el área mesoamericana.

La gran cantidad de carbón encontrada en el área central de Xochicalco, así como la mutilación y dispersión de esculturas y otros elementos sagrados, en contraste con los espacios habitacionales de las clases inferiores que se encuentran en su sitio, indican que muy probablemente hubo un gran incendio en el lugar al mismo tiempo que pudo generarse una rebelión popular. Las viviendas de las clases inferiores no muestran indicios de violencia, por lo que se supone que fueron abandonadas paulatinamente. Así mismo, la falta de joyas en la acrópolis entre la clase dominante, acostumbrada a ir adornada, confirma que hubo saqueo.

Xochicalco es una de las metrópolis mesoamericanas con mayor construcción por metro cuadrado, lo que supone que tuvieron que trabajar mucho, una mano de obra constante y ardua, y pagar muchos impuestos y tributos para levantar tanto en tan sólo dos siglos, lo que invita a pensar en un descontento generalizado. Paradójicamente, la ciudad fortificada ideada para defenderse de los enemigos externos, y a pesar de su rivalidad con otras ciudades de Mesoamérica como Teotenango, Cantona, Palenque y Copán, sucumbió por causas internas y en pleno apogeo, cuando tenía alrededor de 25 mil habitantes.


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sábado, 17 de marzo de 2012

El Clásico cultural del Centro de México (Teotihuacan IX)


Pintura

El punto más alto en el apogeo de la pintura muralista teotihuacana coincidió precisamente con el momento de más influencia cultural en Mesoamérica, entre los años 450 y 650 d. C. Al contrario de lo que ocurrió con la escultura, que nunca llegaron a superar a los olmecas, en el arte muralista no tuvieron rivales, fueron superiores a cualquier otra cultura de la región mesoamericana. Los murales teotihuacanos son un autentico manual histórico de cuales eran sus costumbres, religión, ceremonias, vestimenta, adornos o la variante del juego de pelota que practicaban que, a diferencia de otros pueblos que usaban el cuerpo, en Teotihuacan se valían de una especie de garrote para desplazar la pelota, según muestran los murales de Tepantitla.

En las pinturas teotihuacanas no existen señales de los autores, son anónimas, no pertenecían a los pintores sino a los dioses, esta consideración dice mucho de la importancia que se le daba a este arte pictórico. Las conclusiones a las que han llegado los estudiosos sobre la profesión de los pintores, o tlacuilos, es que el oficio se aprendía en sitios determinados, siempre con el cuidado de los maestros de que los alumnos no destacaran en cualquier rasgo que los identificara, manteniendo así el carácter colectivo de las expresiones artísticas que, además de la comunicativa o de información, tenían la función didáctica.

Al margen de lo austera y la intensidad religiosa que refleja la pintura de la gran urbe del Clásico en el Centro de México, sus murales son distinguidos y graciosos. Su estilo es característico, no se utilizaba la perspectiva, el espacio se representaba colocando los objetos más lejanos en la parte de arriba y los más cercanos en la inferior. Curiosamente, comparten una característica con el arte egipcio, con frecuencia mostraban a los dignatarios un tanto más grandes que al resto de las figuras.

La pintura muralista de Teotihuacan le debe mucho a Leopoldo Batres, quien en 1889 descubrió los primeros descubrimientos pictóricos en el Valle de Teotihuacan, y que gracias a eso muchos arqueólogos se interesaran por el tema y acudieron al área a desarrollar sus investigaciones. Desde entonces y hasta nuestros días son cuarenta las estructuras con pinturas que se han descubierto, con un contenido total de 350 murales pintados mayoritariamente en las partes inferior de los muros. Las estimaciones referentes a la cantidad son que las halladas representan solamente una parte, de lo que quizás pudieran haber sido docenas de miles, que continuamente eran restauradas y vueltas a pintar.

En sus composiciones destaca la elegancia del dibujo y los colores planos, sin sombras, que a falta de perspectiva se encargaban de dar la bidimencionalidad a las escenas. El rojo, como color predominante, se asociaba con el café tratando de restar luminosidad. El amarillo en menos proporción de uso y rara vez el negro, azul y un poco de verde.

La importancia de la pintura en la cultura teotihuacana era de un nivel tan elevado que aparecía por cualquier rincón de la ciudad, desde los templos y palacios del centro de la metrópoli hasta en las habitaciones de los ciudadanos comunes que vivían en las afueras. Los sacerdotes, a los que se les otorga la guía simbólica seguida por los maestros pintores, aparecen pintados frecuentemente entre las composiciones vestidos de jaguares o coyotes con plumas de quetzal. Un tema muy recurrente el de las figuras humanas vestidas con ropas que simbolizan animales en actitudes humanas, así como los híbridos, pájaros-serpientes, jaguares de dos cabezas, jaguares-serpientes o humanos con rasgos de animales. Imágenes relacionadas con el concepto que se tenía del animal representado. Además de estas zoomorfas, otras extrañas formas aparecen en sus murales, 57 signos que casi con toda seguridad son escriturales.

Por otro lado, y dentro del amplio catálogo pictórico de figuras, signos y símbolos, destacan las formas relacionadas con la naturaleza. Animales, aguas, montañas, árboles, frutas, maíz, cacao, mariposas, pájaros, conchas, caracoles, jaguares, coyotes, serpientes y otras formas, le dan un aire cotidiano y alegre a la pintura muralista teotihuacana.

En 1942 fue descubierta la pintura más famosa de Teotihuacan, la de Tepantitla, hallada en un palacio residencia situado a pocos metros de distancia de la Pirámide del Sol. Del mural original sólo se conserva un fragmento, aunque en el Museo Nacional de Antropología de la ciudad de México existe una reproducción construida en su totalidad. De otros murales, como los del Templo de la Agricultura que descubriese a finales del siglo XIX Leopoldo Batres, hoy sólo quedan las copias que él mismo hizo, en las que se muestran hombres y mujeres con ofrendas acudiendo al santuario de la deidad que les libró de hambre y miseria.


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domingo, 4 de marzo de 2012

El Clásico cultural del Centro de México (Teotihuacan VIII)




Escultura

La escultura teotihuacana, aún estando prácticamente siempre subordinada a la arquitectura, es una de las más importantes expresiones de esta cultura. Esto podría dar a entender que todas las construcciones de Teotihuacan estuvieran cargadas de elementos esculturales como ornamentación, pero nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que excepto en algunos como el Templo de Quetzalcóatl, el Palacio Quetzalpapálotl o el Templo del Caracol Emplumado, en los conjuntos llamados "palacios", no se encuentran muchas muestras de escultura arquitectónica en los edificios de la gran urbe mesoamericana. En el primero destacan los paneles verticales y taludes oblicuos adornados con bajorrelieves y representaciones en forma de cabezas del dios de la lluvia Tlaloc, las grandes cabezas de serpientes emplumadas que representan a Quetzalcóatl, o las serpientes onduladas de los taludes; en el segundo destacan las representaciones de quetzales con incrustaciones de obsidiana en los ojos; en el tercero aparece como motivo principal un caracol adornado con plumas.

Son relieves muy planos pero no por ello cargados de gran belleza y maestría, en los cuales se incluían incrustaciones de otros materiales así como la costumbre de pintarlos de diferentes colores a la manera de pinturas murales. La reducida cantidad no resta calidad a las creaciones de los maestros canteros teotihuacanos, cuyos trabajos por lo general son geométricos, austeros y rectangulares. Las figuras teotihuacanas representan símbolos de animales y plantas, conchas, parojas, entre las que destacan por su hermosura las máscaras del Templo de Quetzalcóatl.

Los escultores de Teotihuacan no solo se limitaron a crear estas expresiones artísticas ligadas a la arquitectura. Sus creaciones se dividen en dos tipos de escultura, la decorativa en la arquitectura y la escultura independiente con valor propio. Entre los ejemplos más conocidos de este tipo de escultura están: La diosa del agua Chalchiuhtlicue, "la de la falda de jade", una enorme cariátide maciza de basalto perteneciente al periodo Clásico, Teotihuacan III, que mide 3,20 metros de altura, esculpida en bajorrelieve compuesta por cuadros y rectángulos y vestida por un faldón y huipil o blusa, encontrada en 1860 en el patio de la Pirámide de la Luna. La representación en piedra del dios del fuego Huehueetéotl, con cara de viejo y bracero sobre la cabeza, corresponde al periodo Clásico, Teotihuacan III. El vaso con la efigie de Tlaloc, dios de la lluvia, también pertenece al mismo periodo que los anteriores, al Clásico, Teotihuacan III, esculpido en piedra y 25 cm de altura.

Por otro lado, también entre la escultura teotihuacana destacan las innumerables máscaras cuya funcionalidad era la de construir ofrendas votivas. Entre las máscaras aparecen dos estilos bien diferenciados, el primero está más relacionado con el arte olmeca, mientras que las últimas muestran una silueta más triangular, con ojos horizontales, labios delgados y boca entreabierta.

Cerámica

Basta con decir que la cerámica es uno de los valores más importantes en la arqueología, para conocer los periodos cronológicos de las diversas etapas culturales teotihuacanas, para imaginarse la relevancia que en las distintas épocas tuvo este apartado artístico. Las innumerables piezas cerámicas, de vasijas y objetos ceremoniales encontrados a lo largo y ancho del espacio que ocupó la gran ciudad, pone al descubierto la perfección que alcanzaron tras varios siglos de desarrollo. Hoy se sabe que en Teotihuacan existían barrios especializados de artesanos que proveían a la ciudad y a otras zonas alejadas como Oaxaca y Yucatán. También conocemos por la arqueología que la mayoría de los objetos utilizados en la elaboración de la cerámica estaban tallados en piedra: cinceles, navajas, cuchillos, raspadores, perforadores, etc. Así mismo, podemos catalogar en dos los tipos de cerámica existente, el utilitario de tipo domestico y ceremonial y el de importación, como la llamada "anaranjado delgada", que se cree importaban de alguna región de Puebla.

Cronológicamente, las diversas etapas cerámicas quedan de la siguiente manera:

Teotihuacan I o Tzacualli: En este periodo predomina el color café con pulimento de palillos, en forma de platos con soportes de botón, vasijas con forma de floreros y vasos con la efigie de Tlaloc, entre otras variantes.

Teotihuacan II o Miccaotli: Esta etapa da paso a ollas, platos o tazas con soportes de botón, así como a las ánforas con asas, vasos trípodes y platos-tapaderas que se elaboran en colores negro o café negrusco. El periodo acaba con la aparición de nuevas formas y colores, entre las que aparecen están las escudillas con soportes cónicos sólidos y vasos de paredes divergentes con decoración esgrafiada, predominan el rojo sobre café claro y el rojo sobre amarillo y negro.

Teotihuacan III A o Tlamimilolpan Temprano: Candeleros, vasijas miniatura, copas de vertedera o patojes con soportes sobresalen por encima de otras formas, todas ellas con variada decoración.

Teotihuacan III B o Tlamimilolpan Tardío: La anaranjado delgada tiene en este periodo su máximo auge y aparece la decoración raspada y la pintura al fresco; los vasos trípodes con tapas son las formas predominantes.

Teotihuacan IV o Metepec/Coyotlatelco: El estilo de cerámica que da nombre a este periodo, Coyotlatelco, va asociado a la decadencia y abandono de Teotihuacan. La desaparición de la calidad deja paso a otras formas menos perfeccionadas, detalles como la burda media esfera tratando de simular fauces y ojos que cubren a candeleros y braceros, o la elaboración por moldes de las cabezas de las figurillas, lo ponen en evidencia.


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Cultura mexica ( XI )

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