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sábado, 18 de agosto de 2012

Cultura mexica ( XI )




Cerámica

La cerámica es uno de los elementos artísticos mexicas menos estudiados, si lo comparamos con otros como dioses, calendarios o mitos, sin embargo, aunque en muchos textos referentes a esta cultura no se recoge su desarrollo ceramista también lo hubo como prácticamente en todas las culturas mesoamericanas, en mayor o menor medida. Porque del mismo modo que en otras culturas la cerámica ha servido como base para estudiar el desarrollo cultural, en la mexica asimismo encontramos esa posibilidad o línea de investigación arqueológica buscando correspondencias temporales y estadísticas. Como ejemplo pondré las 539 vasijas representadas en los códices del grupo Borgia, de los que ya en 1.966 Nicholson apuntaba la necesidad de analizar la riqueza de variedades cerámicas para situarlos con mayor certidumbre en tiempo y el espacio .

El arte ceramista, como los de tejer o construir sus casas, formaba parte del acervo cultural de este pueblo, no todos eran profesionales en estos campos pero sí cada uno hacían sus vasijas de barro para uso común. Existe una gran variedad de formas que van desde ánforas con asas o sin ellas; de formas cilíndricas o troncocónicas; con figuras humanas o de animales; hasta platos, tazas, vasos, escudillas, braceros o cucharas para el copal, entre otras. Las piezas de alfarería destinadas para el uso domestico acostumbraban a decorarlas con formas geométricas mientras que las utilizadas en el culto religioso se ornamentaban con símbolos. En las ornamentaciones se utilizaban los colores amarillo, rojizo, blanco, rojo oscuro, rosa y negro. Entre los diferentes tipos era famosa la cerámica roja y negra. Una pieza necesaria en resaltar era el cumal, vasijas de gran tamaño con tres patas que se utilizaba para cocinar. Entre sus piezas de cerámica fina las había tan buena como la porcelana.

Literatura

Si culturalmente los mexicas sorprenden en sus producciones culturales en el caso de la literatura sobresalen. La creación literaria parece que fue una de sus aficiones favoritas, lo que hace  llamativa a esta cultura y especialmente entre sus gobernantes, que los presentan como dirigentes cultos. De todos ellos el más destacado fue Nezahualcóyotl, el rey poeta de Tetzcoco. También lo fueron los señores de Tlacopan Tetlepanquetzanitzin y Totoqui-huatzin; Chalchiuhtlatonac, rey de Chalco; los señores de Huejotzingo Tochihuitzin, Monencauhtzin y Xayacamachan; o el señor de Azcapotzalco Oquitzin, entre otros.

En el caso de la poesía sí es de agradecer a los frailes misioneros, que gracias a la labor que realizaron de consignar por escrito se conservó una producción literaria muy abundante. La importante colección de poemas que ha llegado hasta nuestros días, escritos en náhuatl, son referentes a diversos temas que van desde los cantos guerreros, cantos floridos, episodios heroicos y otros más.

A fray Bernardino de Sahagún se le atribuye la obra más importante de recopilación en sus obras Códices Matritenses y el Códice Florentino. Manuscritos en los que se conservan un conjunto de poemas y cantares muy importante  que tienen como temática lo histórico y lo religioso. Pero además existen otras colecciones muy importantes como la recopilación realizada por fray Andrés de Olmos, elaborada en una época muy temprana de la Conquista, en 1.528, sobre un conjunto de huehuetlatolli o discursos que se pronunciaban en ocasiones de solemnidad; Romances de los Señores de la Nueva España, que se conserva en la Biblioteca de la Universidad de Texas; y otra variedad de obras escritas en náhuatl o castellano que narran los mitos más importantes. Aunque de todas ellas, por su mayor contenido y por la calidad de sus obras, la colección de mayor importancia de poesía de la época prehispánica se conoce con el nombre de Cantares Mexicanos, que se conserva en la Biblioteca Nacional de México.

Los mexicas denominaban a la poesía flor y canto (in xóchitl, in cuícatl), cuyo significado metafórico era la representación de lo bello, efímero y sutil de la vida. Los poetas se apoyaban en las metáforas y difrasismos para sus creaciones, que generalmente se interpretaban con música y danza. Al margen de la poesía, la prosa existía conocida como tlatolli y a la más destacada de este apartado se le llamaba huehuetlatolli, que contenía los relatos de las cosas antiguas, con función didáctica.

Códices

El mecanismo de destrucción que pusieron en marcha los conquistadores, tratando de instaurar sus creencias religiosas en detrimento de las establecidas, comenzó por todo lo que estuviera relacionado con la religión, algo difícil de separar con lo mundano en la cultura mexica pues todo estaba impregnado de ella. El hecho es que los códices, como manuscritos sagrados que eran, no fueron muchos los que lograron escapar de la destrucción. Sin embargo, algunos de ellos fueron reproducidos en los primeros años de la época virreinal aunque, eso sí, siguiendo los patrones y modelos prehispánicos. La influencia europea se dejó marcar en todos los aspectos de la civilización azteca y por supuesto también en la elaboración de los nuevos códices que más tarde realizaron los indígenas, pero ya no fue lo mismo. A estos manuscritos se les conoce con el nombre de Códices techaloyian.

La mayoría de los códices mesoamericanos, también los mexicas, se elaboraban con un papel especial que fabricaban con la corteza de árbol conocido como papel amatl. Aquellos artistas de la élite cultural recibían el nombre de tlacuilos y seguían las técnicas de diferentes tradiciones mesoamericanas. Así, por ejemplo, las pequeñas huellas de pie pintadas representaban los caminos andados y las palabras que hablaban los personajes las simbolizaban con volutas. Los códices recogen todo tipo de temática, representaban dioses, personajes de la nobleza, guerreros, animales, plantas y cualquier hecho en la vida real. Verdaderas obras de arte que se realizaban con tintas variadas, con las que conseguían vivas y hermosas policromías.

Entre los códices que llegaron hasta nuestros días de carácter calendárico y ritual, de procedencia mexica o pertenecientes a la cultura náhuatl, están: los del grupo Borgia (Borgia, Cospi, Vaticano A y Fejérvary Mayer); el Códice Borbónico y el Tonalámatl; el grupo Magliabechianus (Tudela, Magliabecchi, Ixtlixóchitl y Veitia); el Códice Humboldt; el Telleriano Remensis y el Códice Ríos. Además existen otros de diferente contenido, como el Códice Mendocino y la Matrícula de Tributos, que contienen información sobre la tributación; y algunos con información histórica de origen mexica: Azcatitlan, Sigüenza y Osuna. Los también históricos Xólotl, Tlotzin y Quinatzin son de origen tetzcocano.

Textiles y plumaria

Las vestimentas de los mexicas, hasta la fundación de Tenochtitlan, se elaboraban exclusivamente con la fibra del ixtle o del maguey. Así lo recoge la historia de la peregrinación desde Aztlán. Pero a partir de su asentamiento en el islote del lago Texcoco y empezar a obtener de los pueblos conquistados el algodón, los nobles comenzaron a cubrirse con mejores vestimentas y este tejido fue imponiéndose.

En el vestir de los mexicas, al igual que en todas las culturas a lo largo de la historia, existían adornos o detalles que diferenciaban el rango que ostentaba cada uno y para ello se valían de la plumaria, una de las expresiones más originales y características de esta cultura. El arte con plumas ocupaba un reconocido referente y sus especialistas, los amantecas, eran muy apreciados, entre los que destacaban los de Tlatelolco, Texcoco y Huaxtepec. Aún se conservan varios ejemplares de aquellos diseños entre los que destacan el escudo del dios de la lluvia y por encima de todos ellos el penacho o corona de Moctezuma II, que se conserva en el Museo Etnográfico de Viena. Las plumas se obtenían  mediante técnicas muy refinadas para no dañar el plumaje del ave, que se cazaban o criaban en cautividad para estos fines. Las verdes del quetzal, las rojas del tlauquecholli y las azules turquesas del xiuhtótotl eran las más apreciadas y valoradas.

Música

El sonido musical de los mexicas resultó más complicado conservarlo. Aún así y al contrario de como se creía, que su música era solamente pentatónica, sus características estructurales eran melódicas, rítmicas, prosódicas, tímbricas, y además variaban dependiendo de la región y la lengua autóctona. A la par que los estudios arqueomusicológicos van avanzando, también se descubre que el panorama musical mexica o azteca es mucho más complejo de lo que pensaban los clásicos apenas varias décadas atrás. De todas maneras, tendremos que imaginarnos que no existía la escala musical y que por lo tanto sus sonidos eran tonalidades que dependían del habla tradicional de cada región, teniendo en cuenta que la mayoría de las lenguas que se hablaban entonces eran tonales.



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domingo, 4 de marzo de 2012

El Clásico cultural del Centro de México (Teotihuacan VIII)




Escultura

La escultura teotihuacana, aún estando prácticamente siempre subordinada a la arquitectura, es una de las más importantes expresiones de esta cultura. Esto podría dar a entender que todas las construcciones de Teotihuacan estuvieran cargadas de elementos esculturales como ornamentación, pero nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que excepto en algunos como el Templo de Quetzalcóatl, el Palacio Quetzalpapálotl o el Templo del Caracol Emplumado, en los conjuntos llamados "palacios", no se encuentran muchas muestras de escultura arquitectónica en los edificios de la gran urbe mesoamericana. En el primero destacan los paneles verticales y taludes oblicuos adornados con bajorrelieves y representaciones en forma de cabezas del dios de la lluvia Tlaloc, las grandes cabezas de serpientes emplumadas que representan a Quetzalcóatl, o las serpientes onduladas de los taludes; en el segundo destacan las representaciones de quetzales con incrustaciones de obsidiana en los ojos; en el tercero aparece como motivo principal un caracol adornado con plumas.

Son relieves muy planos pero no por ello cargados de gran belleza y maestría, en los cuales se incluían incrustaciones de otros materiales así como la costumbre de pintarlos de diferentes colores a la manera de pinturas murales. La reducida cantidad no resta calidad a las creaciones de los maestros canteros teotihuacanos, cuyos trabajos por lo general son geométricos, austeros y rectangulares. Las figuras teotihuacanas representan símbolos de animales y plantas, conchas, parojas, entre las que destacan por su hermosura las máscaras del Templo de Quetzalcóatl.

Los escultores de Teotihuacan no solo se limitaron a crear estas expresiones artísticas ligadas a la arquitectura. Sus creaciones se dividen en dos tipos de escultura, la decorativa en la arquitectura y la escultura independiente con valor propio. Entre los ejemplos más conocidos de este tipo de escultura están: La diosa del agua Chalchiuhtlicue, "la de la falda de jade", una enorme cariátide maciza de basalto perteneciente al periodo Clásico, Teotihuacan III, que mide 3,20 metros de altura, esculpida en bajorrelieve compuesta por cuadros y rectángulos y vestida por un faldón y huipil o blusa, encontrada en 1860 en el patio de la Pirámide de la Luna. La representación en piedra del dios del fuego Huehueetéotl, con cara de viejo y bracero sobre la cabeza, corresponde al periodo Clásico, Teotihuacan III. El vaso con la efigie de Tlaloc, dios de la lluvia, también pertenece al mismo periodo que los anteriores, al Clásico, Teotihuacan III, esculpido en piedra y 25 cm de altura.

Por otro lado, también entre la escultura teotihuacana destacan las innumerables máscaras cuya funcionalidad era la de construir ofrendas votivas. Entre las máscaras aparecen dos estilos bien diferenciados, el primero está más relacionado con el arte olmeca, mientras que las últimas muestran una silueta más triangular, con ojos horizontales, labios delgados y boca entreabierta.

Cerámica

Basta con decir que la cerámica es uno de los valores más importantes en la arqueología, para conocer los periodos cronológicos de las diversas etapas culturales teotihuacanas, para imaginarse la relevancia que en las distintas épocas tuvo este apartado artístico. Las innumerables piezas cerámicas, de vasijas y objetos ceremoniales encontrados a lo largo y ancho del espacio que ocupó la gran ciudad, pone al descubierto la perfección que alcanzaron tras varios siglos de desarrollo. Hoy se sabe que en Teotihuacan existían barrios especializados de artesanos que proveían a la ciudad y a otras zonas alejadas como Oaxaca y Yucatán. También conocemos por la arqueología que la mayoría de los objetos utilizados en la elaboración de la cerámica estaban tallados en piedra: cinceles, navajas, cuchillos, raspadores, perforadores, etc. Así mismo, podemos catalogar en dos los tipos de cerámica existente, el utilitario de tipo domestico y ceremonial y el de importación, como la llamada "anaranjado delgada", que se cree importaban de alguna región de Puebla.

Cronológicamente, las diversas etapas cerámicas quedan de la siguiente manera:

Teotihuacan I o Tzacualli: En este periodo predomina el color café con pulimento de palillos, en forma de platos con soportes de botón, vasijas con forma de floreros y vasos con la efigie de Tlaloc, entre otras variantes.

Teotihuacan II o Miccaotli: Esta etapa da paso a ollas, platos o tazas con soportes de botón, así como a las ánforas con asas, vasos trípodes y platos-tapaderas que se elaboran en colores negro o café negrusco. El periodo acaba con la aparición de nuevas formas y colores, entre las que aparecen están las escudillas con soportes cónicos sólidos y vasos de paredes divergentes con decoración esgrafiada, predominan el rojo sobre café claro y el rojo sobre amarillo y negro.

Teotihuacan III A o Tlamimilolpan Temprano: Candeleros, vasijas miniatura, copas de vertedera o patojes con soportes sobresalen por encima de otras formas, todas ellas con variada decoración.

Teotihuacan III B o Tlamimilolpan Tardío: La anaranjado delgada tiene en este periodo su máximo auge y aparece la decoración raspada y la pintura al fresco; los vasos trípodes con tapas son las formas predominantes.

Teotihuacan IV o Metepec/Coyotlatelco: El estilo de cerámica que da nombre a este periodo, Coyotlatelco, va asociado a la decadencia y abandono de Teotihuacan. La desaparición de la calidad deja paso a otras formas menos perfeccionadas, detalles como la burda media esfera tratando de simular fauces y ojos que cubren a candeleros y braceros, o la elaboración por moldes de las cabezas de las figurillas, lo ponen en evidencia.


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sábado, 25 de febrero de 2012

El Clásico cultural del Centro de México (Teotihuacan VII)



Pirámide de la Luna

En el extremo septentrional del eje central de Teotihuacan la pirámide de la Luna se alza imponente, algo más pequeña que la del Sol, pero la elevación del terreno donde fue construida la aupa hasta poner sus cimas al mismo nivel. Sus medidas están entre los 150 metros de oriente a poniente y los 130 de norte a sur, con una amplia escalinata que sube sus cinco cuerpos hasta completar los 35 metros de altura, más los 10 del templo. Su fachada principal queda complementada por un basamento adosado que comienza desde la Plaza de la Luna, donde una serie de doce plataformas o pirámides secundarias casi rigurosamente simétricas, las mismas que se sitúan frente a la pirámide del Sol, fueron construidas posteriormente a la pirámide en una época en la que el patrón del talud-tablero ya estaba firmemente establecido.

Palacio de Quetzalpapálotl

El Palacio de Quetzalpapálotl, o de las Mariposas, toma su nombre de las criaturas de gran contenido simbólico, mitad pájaros mitad mariposas, que adornan en relieve las piedras de los 12 pilares cuadrangulares que componen el patio donde está enclavado. Detrás de una plataforma situada en el lado occidental de la plaza de la Luna. De todas las construcciones levantadas en su época, en el periodo Teotihuacan III, es la que mejor se conserva. Su estructura primaria no fue la que conocemos en la actualidad, fue levantado sobre otra edificación que recibe el nombre de Templo del Jaguar, por el felino que aparece representado en su pintura mural.

Templo de Quetzalcóatl

La Calzada de los Muertos continúa imponente su trazado, provocando una sensación abrumadora cuando se transita por ella. La misma sensación que debieron sentir los aztecas cuando decidieron asignar Teotihuacan a su mitología con el nombre de "Lugar de nacimiento de los dioses". En el extremo opuesto a la pirámide de la Luna, el Templo de Quetzalcóal se levanta orgulloso, como uno de los ejemplos más ricos e interesantes de la arquitectura teotihuacana. Perteneciente al periodo Teotihuacan II, fue construido alrededor del año 200 d. C. y comparte características con el Palacio de Quetzalpapálotl, su fachada se construyó sobre otra ya existente. Se localiza en el gran patio hundido conocido como La Ciudadela, al sur de la pirámide del Sol y en su mismo lado. Del templo original queda su fachada occidental, única entre los monumentos del México antiguo.

Separados entre sí por un talud muy corto, 6 tableros de piedras finamente cortadas dan forma a la pirámide de Quetzalcóatl, con una enorme escalera cuyas barandillas se decoran con colosales cabezas de serpiente esculpidas que se van alternando en el centro de los tableros con otras de una divinidad relacionada con la lluvia y el maíz, Tláloc. Un hermoso ejemplo de armonía entre la arquitectura y la escultura, donde cada cabeza de serpiente se prolonga hacia los lados con su cuerpo cubierto de plumas, que remata con la cola de serpiente de cascabel después de pasar ondulando por entre conchas marinas.

La Ciudadela

El patio o plaza que recibe el nombre de La Ciudadela consiste en un espacio de forma cuadrada, con unas medidas de 400 metros de lado. La plaza queda coronada por una serie de pequeñas pirámides que a modo de fortaleza dejan hacia el sur a la pirámide de Quetzalcóatl, en la que también se realza un protagonismo compartido a modo de recordatorio del dios Tláloc. La Ciudadela recoge entre sus 160.000 metros cuadrados tres grandes espacios habitacionales y 18 basamentos piramidales, entre ellos el de Quetzalcóatl.

Juego de pelota

El juego de pelota o Tlachtli tenía un carácter religioso entre los pueblos prehispánicos de Mesoamérica. El juego consistía en el enfrentamiento de dos equipos que tenían como razón principal la de meter una pelota de caucho que rondaba los tres kilogramos de peso por entre un anillo que se encontraba en la pared o talud. Las normas del juego no permitían que los jugadores pudiesen tocar la pelota con las manos, los pies o la cabeza, sólo la podían tocar con los hombros, la espalda o las caderas. Ganaba el juego el equipo que conseguía pasar la pelota por el anillo.

Las canchas del Tlachtli estaban muy extendidas por entre las culturas mesoamericanas con un patrón generalizado, una característica que no se da en Teotihuacan, pero no por eso, aunque algunos autores son muy reacios a aceptarlo, dejaba de ser una práctica muy arraigada. Se supone que, en Teotihuacan, el juego se desarrollaba en los cinco recintos que forman las escalinatas transversales de la Calzada de los Muertos.

Se sabe con seguridad que eran conocedores del juego, así como que lo practicaban, la prueba de ello es la representación por dos veces en el fresco del Paraíso de Tláloc. Sin embargo, la ausencia de canchas tradicionales alimentan diferentes teorías, entre las que se encuentra la posibilidad de que desarrollaran otra modalidad de juego, la que consistía en utilizar unos bastones de madera para golpear la pelota con el fin de hacerla llegar a la meta contraria. Lo que sí se tiene claro es de la utilización de marcadores de resultados, la prueba palpable es el que se descubrió en La Ventilla.



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miércoles, 22 de febrero de 2012

El Clásico cultural del Centro de México (Teotihuacan VI)


Arquitectura

La arquitectura de Teotihuacan se nos descubre como la más importante de las manifestaciones artísticas de esta cultura, que destaca por encima de otras expresiones por su cantidad, dimensiones, calidad, técnica, y sobre todo por su proporcionada belleza. En la gran metrópoli del Clásico encontramos templos, palacios, mercados, viviendas colectivas e individuales, y hasta juegos de pelota especialmente alejados de lo común en otras culturas mesoamericanas.

Siguiendo las técnicas de construcción hallamos que en los primeros siglos los basamentos se construían escalonados en talud; más tarde el sistema empleado en los basamentos sufrió una modificación con unas características que llegaron a constituirse en una seña de identidad de la arquitectura teotihuacana, cada cuerpo pasó a tener un tablero saliente sobre un talud bajo que decoraban con relieves o pinturas.

Las diferentes técnicas de construcción empleadas en Teotihuacan van unidas a las distintas capas sociales existentes. En ellas evidenciamos que para los mejores edificios se utilizaban sillares perfectamente cortados y labrados, tan bien ajustados que no necesitaron ningún tipo de mortero. De una calidad algo inferior son las construcciones de mampostería o de adobe que revestían de piedra, revocadas y pintadas. Las modestas se levantaban con adobe mientras que las humildes se hacían de varas. En cuanto a los techos también existen claras diferencias; para las de más calidad, como templos y palacios, se utilizaban vigas de madera, terrado y revocado; en cuanto a las viviendas más pobres eran la paja y el zacate lo que servían de techumbre.

La llamada Calzada de los Muertos, que constituye el eje central de la ciudad con una anchura de 40 metros, se realizó en el periodo Teotihuacan I y no es precisamente lo que su nombre determina, ya que su parte central consiste en una serie de plazas rectangulares separadas por escaleras que intencionadamente superan el desnivel del suelo existente de 30 metros entre los extremos, con inclinación de Sur a Norte. En cuanto a los muertos tampoco se puede decir que tengan una relación directa, pues son pocas las tumbas encontradas en dicho trazado. El nombre le viene impuesto por los mexicas, Miccaotli, a partir del siglo XIV, cuando entraron a la ciudad y vieron los basamentos piramidales como montículos cubiertos de tierra y vegetación, creyendo que se trataban de tumbas.

La Calzada de los Muertos queda dominada en su parte septentrional por la Pirámide de la Luna; siguiendo hacia el sur es la Pirámide del Sol la que se sitúa a un lado de la calzada que, siguiendo la misma dirección, nos lleva hasta el complejo conocido por La Ciudadela después de haber cruzado el río San Juan.

Pirámide del Sol

La pirámide del Sol está considerada como una de las mayores construcciones del mundo. Su base, casi cuadrada, tiene unas medidas de 222 x 225 m. y 65 m. de alto, a lo que hay que añadirle 10 metros más del templo que la coronaba y que no existe en la actualidad, solo quedan los cimientos. El núcleo de la pirámide es de adobe y tierra, con su exterior cubierto por piedras cortadas sin tallar. Está formada por cinco grandes cuerpos constituidos por taludes escalonados y no tiene ningún tablero.

La gran altura de esta edificación condicionó algunos aspectos que la hicieron diferente al resto de construcciones monumentales llevadas a cabo posteriormente en la gran urbe. Una de estas características propias de la Pirámide del Sol es la escalera que conduce a su cima, dividida en sesiones y separada por plataformas planas. Sus escaleras están limitadas por anchas fardas y la más ancha tiene una anchura de 17 m. La imagen que antaño proyectaba no tiene mucho que ver con la de la actualidad, habría que imaginársela revestida de estuco coloreado.

Bajo la gran Pirámide del Sol, en su subsuelo, se encuentra la cueva natural donde tradicionalmente moraba Tláloc, el dios de la tierra. El santuario subterráneo fue descubierto por Ernesto Taboada, quien en 1971 localizó los restos de una escalera que conducía hasta la cueva-túnel que termina en una serie de cuatro cámaras en forma de trébol, con muros hechos por el hombre. Otro elemento que diferencia a la Pirámide del Sol del resto del sitio es el muro y el canal de 3 m. de ancho por sus tres lados que la rodeaban para separarla y darle así un carácter más sagrado.





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lunes, 6 de febrero de 2012

El Clásico cultural del Centro de México (Teotihuacan IV)


Expansión

En el apartado expansionista de Teotihuacan también existe debate. La discusión se centra en la posibilidad militarista, si su influencia realmente constituyó un poder imperial, no así en la parte comercial y cultural, en este apartado no existen dudas. Ya fuese por una razón o por otra, por el sometimiento bajo control militar o por sus nexos comerciales, lo cierto es que estuvieron obligados a tener enclaves en otras regiones mesoamericanas. La necesidad de obtener materias primas y productos alimenticios hizo de los teotihuacanos un pueblo comerciante, cuyos lazos se extendieron desde Nevada, en los Estados Unidos, hasta Colombia, en América del Sur.

Mucho se ha hablado en cuanto a la existencia de un territorio puramente teotihuacano, una posibilidad en la que parece reinar el consenso, otra cosa sería cuales fueron los límites de ese supuesto territorio. La influencia teotihuacana fue muy extensa, muy variable, y entre todas esas zonas tan distantes siempre surgen discrepancias respecto a las discutibles influencias, a veces tan parecidas a la cultura del centro que invita a pensar en la probabilidad de que pudieran haber estado sometidas al control físico.

Este hipotético territorio teotihuacano comprendía el Valle de México, junto con la parte suroriental del estado de Hidalgo, en torno a Pachuca, y hasta Tulancingo en el noroeste. La hipótesis se basa en que en esta región no se encuentra una fusión cultural que marque lo autóctono de la zona y la influencia llegada de fuera, la única existencia son todos los rasgos típicos de Teotihuacan.

La cerámica que se producía en la zona teotihuacana fue uno de los objetos más rentables a la hora de comercializar con otros productos, de la que se han encontrado restos más allá de las fronteras estadounidenses y en la parte sur del continente americano. Así mismo, otros artículos elaborados con obsidiana, como herramientas (cuchillos, taladros, raspadores, etc.) y armas (dardos y flechas), también se comercializaron tan lejos como su bella cerámica.

Ante el gran auge poblacional y la necesidad de acaparar materias primas con las que satisfacer las demandas, es lógico que la actitud expansionista les llevara a controlar algunas regiones del Altiplano Central que por sus riquezas en determinados productos siempre fueron codiciadas. Como es el caso del actual estado de Hidalgo, donde se encontraban grandes yacimientos de obsidiana, en Otumba y en la Sierra de las Navajas, cercano a Pachuca, de los que se extraía el material con el que fabricar los objetos, tanto suntuarios como de culto y utilitarios, que resultaban tan importantes para el comercio y el desarrollo económico de la gran urbe.

De igual manera, lo mismo que ocurría con las regiones donde se encontraba la obsidiana, los yacimientos de caliza obligaban a ejercer un control inmediato sobre ellos, cerca de Tula. En esta región, en lugares como Chingú o el sitio 83, se han encontrado restos arqueológicos de antiguos asentamientos teotihuacanos que seguramente jugaban un papel relevante en el control del área y por lo tanto de su materia prima tan solicitada. Sólo hay que imaginar la gran cantidad de cal que necesitaba la gran ciudad como para hacerse la idea de la importancia de tener dicha roca bajo su control directo.

También el actual estado de Guerrero fue una región que estuvo bajo el control directo de la ciudad estado. La abundante existencia de piedras verdes en su suelo, a la que los teotihuacanos le otorgaban un gran valor simbólico, hizo de este territorio una necesidad casi imperiosa.

El control de las materias primas era sin duda una cuestión primordial para el comercio teotihuacano, que no se hubiese beneficiado de esa expansión de no haber sido por el control de las rutas comerciales que les permitían llegar con sus mercancías a los lugares más distantes. Entre estas rutas existía una muy definida que llegaba hacia el norte de la región totonaca en la Costa del Golfo, atravesando los sitios teotihuacanos de Tepeapulco y Huapalcalco, en Hidalgo.

Algunos puntos estratégicos no se pueden dejar en el olvido, como es el caso del Valle Poblano-Tlaxcalteca, en donde se levanta Cholula, la ciudad sagrada que tuvo un desarrollo contemporáneo a Teotihuacan pero que continuó su evolución más allá de la decadencia de la gran metrópoli. Cholula ocupó un lugar privilegiado en el paso hacia la región oaxaqueña y la Costa del Golfo. Entre los restos arqueológicos se han encontrado materiales y una arquitectura similar a la de Teotihuacan, pero que no se tiene por una relación de sojuzgamiento, si no que el intercambio comercial pudo cobrar aquí mayor importancia.

Así mismo Matacapán, en la región de Veracruz, ocupó una posición importante como punto estratégico en el paso hacia las regiones costeras. Los elementos encontrados en este asentamiento nos invitan a pensar que allí hubo un enclave teotihuacano. Arquitectura con talud y tablero, áreas residenciales con corredores y cuartos alrededor de patios, entierros flexionados debajo de los pisos, cerámica semejante a los de la urbe y la diferencia de un grado en la orientación de los muros en comparación con Teotihuacan, nos empujan a pensar en esta posibilidad.

La influencia de Teotihuacan también la encontramos en otros lugares tan míticos como Monte Albán, que llegó a tener una fuerte relación con la gran ciudad del Centro de México. La ciudad zapoteca tiene presencia teotihuacana a la vez que Teotihuacan también muestra los destellos de la cultura zapoteca en el barrio oaxaqueño. Monte Albán y Cholula fueron, junto a Teotihuacan, las ciudades más pobladas de la superárea cultural mesoamericana en el Clásico Temprano.

Otras regiones de Mesoamérica, como el Occidente de México o el Área Maya, también recogen presencia de la influencia teotihuacana. En la primera podemos comprobarlo en la arquitectura de Ixtépete, donde se aprecia el orden típico del talud y el tablero, aunque con unas características muy propias. En la región mayense lo evidenciamos en sitios como Acanceh en Yucatán; Tikal, Uaxactún y Kaminaljuyú en Guatemala; y Copán en Honduras.



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jueves, 26 de enero de 2012

El Clásico cultural del Centro de México (Teotihuacan)


Teotihuacan es la ciudad enigmática y mítica por antonomasia de Mesoamérica, esto tiene una mayor importancia si tenemos en cuenta que la superárea cultural está toda sembrada de ciudades rodeadas de mitos y misterios. La capital teotihuacana tiene en común con todas esas otras ciudades llenas de interrogaciones que cayó en decadencia, que desapareció, mucho antes de que los conquistadores españoles llegaran al continente americano. De haber sucedido la conquista anteriormente quizás tendríamos más información al respecto, como sucedió con otras culturas más recientes cuyas historias quedaron registradas en textos, pero con toda seguridad nos hubiésemos perdido todo el impresionante desarrollo cultural que llegaría después del esplendor y decadencia de esta ciudad mítica.

A pesar de ser posiblemente una de las ciudades posiblemente más y mejor estudiadas de la Mesoamérica prehispánica, no se han obtenido todos los resultados que se hubiesen deseado respecto a su cultura. Apenas se conocen datos sobre sus antiguos constructores, creencias religiosas o idioma, de la ciudad que fue epicentro de la cultura y el comercio de la antigua Mesoamérica. Esta gran civilización que llegó a dominar culturalmente el valle de México durante casi un milenio se reveló como una de las influencias culturales más importantes de las civilizaciones de América Central y Norteamérica. Teotihuacan fue una de las ciudades más grandes del mundo antiguo, superando en tamaño a la antigua capital del imperio romano, Roma.

Su localización geográfica se sitúa en el actual estado de México, en el Valle de Teotihuacan, a 48 kilómetros de la capital de la República Mexicana, México, la antigua capital azteca Tenochtitlán. La mítica ciudad se erigió en un lugar estratégicamente privilegiado, en la ruta más fácil entre la Cuenca y el Valle de Puebla. Por contra tiene el paisaje, árido, aunque por aquellos tiempos del esplendor teotihuacano no lo era tanto como lo es hoy. Nunca fue un suelo fértil, excepto en el área favorecida por brotes de agua.

Las dudas y el desconocimiento siempre alimentan debates sobre supuestas teorías, unas más lógicas que otras, y esto es lo que ocurre respecto al origen de los fundadores de Teotihuacan. Algunas versiones apoyadas en textos de la época colonial opinan que los autores fueron los toltecas, basados en el Códice Florentino que le atribuyó la autoría a dicho pueblo. Sin embargo, como podemos comprobar tolteca generalmente significa en náhuatl "artesano del más alto nivel", por lo que no siempre se refiere a la civilización centrada en Tula, Hidalgo. Pero al margen de esta más que probable confusión, la cronología sitúa el florecimiento de la civilización tolteca siglos después del fin de la cultura teotihuacana, lo que los aleja de esta posibilidad. Por otro lado están los estudiosos que aseguran que fue el pueblo totonaca los que realmente fundaron la ciudad de Teotihuacan.

Sea cual sea la tesis acertada la no confirmación mantiene el debate en vivo, a lo que ni siquiera ayuda en el esclarecimiento su origen étnico, que también tiene sus variantes, náhuatl, otomí, totonacas y otros grupos étnicos. De lo que sí se tiene evidencia es de que muchas de las personas que vivían en la ciudad eran de zonas de influencia teotihuacana, mixtecos, zapotecos, mayas y otros. En lo que sí parecen estar de acuerdo es en atribuir a Teotihuacan una realidad multiétnica y cosmopolita. La grandeza de esta ciudad tuvo parte de su éxito en las relaciones comerciales y de distinto índole que mantuvo con otros pueblos lejanos de la geografía mesoamericana. Los especialistas en el tema insinúan que pudieron tener alianzas políticas con Monte Albán (Oaxaca); que existieron posibles colonias teotihuacanas en Metacapan (Veracruz), Kaminaljuyú (Guatemala), Tingambato (Michoacán) y Altavista (Zacatecas); además de injerencias políticas en ciudades mayas como Tikal (Guatemala).

Al igual que el origen, la decadencia es otro de los misterios que Teotihuacan comparte con las otras grandes ciudades enigmáticas de la época prehispánica. Tampoco en este caso se explica cómo pudo suceder, ¿qué ocurrió para que todo el esplendor de aquella ciudad ideal se apagara? Nada se sabe de lo que pudo causar el abandono por parte de sus pobladores. Sin embargo, también en este aspecto existen supuestas teorías. Quizás las más creíbles son las que aseguran que pudo ocurrir por un cúmulo o conjunto de motivos y situaciones, desde el incremento de guerras, un detalle que se evidencia en el aumento del militarismo en el arte y objetos de la época, hasta la más que probable sobrepoblación y agotamiento de los recursos naturales.

Es fácil imaginar que una de las razones que propiciaron la decadencia de Teotihuacan pudiera haber sido la sobrepoblación, un suelo árido cuya fertilidad no producía el alimento suficiente para una ciudad que superaba los 100.000 habitantes. Aunque por otro lado y a pesar de esas carencias básicas, los teotihuacanos supieron desarrollar unas técnicas de cultivo que quizás pudieron haberle permitido cosechas suficientes para alimentar a toda la población. Algunos estudiosos, como es el caso de Sanders, proponen que entre estas técnicas se encontraban las chinampas en los pantanos del San Juan, la construcción de terrazas, el barbecho, y la ocupación de una parte importante de la población dedicada a la agricultura.

Entre sus cultivos estaban tres variedades de maíz, frijol negro, frijol ayocote, varias especies de calabaza, chile, jitomate, amaranto, quelites, tuna, y frutos como capulín, tejocote y zapote blanco. Recolectaban papas silvestres, tule, verdolagas y huizache. También la caza era importante y entre sus presas estaban las liebres, conejos y venados; de las aguas obtenían peces y algunas aves acuáticas; así como la crianza para el consumo de guajolotes y perros.


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jueves, 29 de diciembre de 2011

Cultura de Mezcala


Los avances arqueológicos que en los últimos años se están llevando a cabo, los estudios y descubrimientos que se van sacando a la luz en toda Mesoamérica, en muchos casos están cambiando las estimaciones o creencias que se tenían respecto a un territorio o cultura determinada, en otros casos se reorientan los organigramas según van apareciendo nuevos datos. Esto sucede con el área de Guerrero, que tradicionalmente ha estado encuadrada en Occidente, pero que los últimos hallazgos le están dando un protagonismo propio. Mucha culpa de esto la tiene la cultura de Mezcala, cuya fuerte identidad califica al territorio como un área cultural independiente.

La subárea de Guerrero ocupa una extensión de 25 mil kilómetros cuadrados, lo que esta cultura ocupó en su época de mayor esplendor, poco menos de la mitad de la superficie del estado mexicano del mismo nombre. La cultura de Mezcala tuvo su desarrollo durante los periodos Preclásico y Clásico, entre los años 200 a. C. y 1.000 d. C. Sobre la procedencia de los miembros de esta cultura existen opiniones que los sitúan como hablantes de cuitlateco, o al menos a una parte de ellos.

Geográficamente, el Guerrero mesoamericano se divide en tres partes o regiones con características diferentes. La región del norte es la más importante de las tres en cuanto a la geografía regional. La depresión del río Balsas es de clima cálido y escasas lluvias, lo que convierte al río y sus afluentes en el contrapeso a la sequedad ambiental. La parte central se localiza en la Sierra Madre del Sur, una región rica en minerales pero pobre respecto a sus cualidades agrícolas. La parte sur la constituye una llanura angosta, costera, donde predominan los anglares y palmeras, expuesta al azote de los huracanes que llegan del océano Pacífico.

Los vestigios más antiguos encontrados en el área Guerrero datan de una edad aproximada a los 3.500 años. Son los restos hallados en Puerto Marqués. Algunas de las figurillas encontradas entre Jaleaca y Acapulco son anteriores incluso a los olmecas, en el lado opuesto del territorio mesoamericano. En la cultura de Mezcala se observa una influencia más o menos directa con la cultura olmeca, especialmente en la región del río Mezcala. No obstante, de Guerrero son las primeras tradiciones alfareras mesoamericanas. La cuenca del río Balsas tomó una importante relevancia para los olmecas durante el Preclásico. En este periodo, esta zona se convirtió de vital importancia para el desarrollo de la cultura del Golfo de México, prueba de ello son las huellas de su presencia que dejaron en sitios como Teopantecuanitlán y las grutas de Juxtlahuaca.

Posteriormente aparecieron algunos rasgos relacionados con la cultura teotihuacana, que mezclados con caracteres locales dio como resultado un estilo que, aunque propio, se puede catalogar como teotihuacanoide. De la época más reciente son las fuertes influencias procedentes de la zona mixteca. También de una época más reciente procede la tradición escultórica caracterizada por su tendencia a la geometrización del cuerpo humano. Este estilo de escultura tan peculiar fue llamado por Covarrubias como estilo Mezcala.

La forma más característica de la cerámica de Mezcala es trípode, en la que predomina la decoración geométrica, en colores negro o negro y anaranjado. También de épocas recientes se han encontrado pintaderas de un estilo procedente del Altiplano central. La escultura es la expresión más relevante de la cultura de Mezcala, además de sus figuras tipos olmecoide o teotihuacanoide, tienen una importante trascendencia otras series escultóricas en piedras verdes o grises, cuya particularidad es su cortante y fina talla, con planos perfectamente pulimentados y a veces difuminados. Las figuras aparecen casi siempre representadas con las manos apoyadas sobre el vientre y en actitud de oración.

La zona arqueológica de La Organera Xochipala, está considerado el centro urbano más representativo de esta cultura surgida poco después de la olmeca. En La Organera también se puede apreciar el estilo propio arquitectónico de los mezcalas. En sus edificaciones los basamentos y habitaciones están decorados con hileras de piezas circulares de piedra. Cabe destacar los techados con lajas que conforman un sistema de bóveda falsa y producen un efecto en forma de arco salido, llamados saledizas, por las losas salientes que dan por resultado una superficie escalonada. Esta técnica de arquitectura está claramente relacionada con algunas edificaciones mayas.



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jueves, 22 de diciembre de 2011

Cultura Aztatlán (II)


Autlán, Tuxcacuesco y Zapotitlán

Sobre esta amplia región de Occidente, Autlán, Tuxcacuesco y Zapotitlán, que comprende fundamentalmente el curso medio y bajo del río Ayuquita, no se tiene mucha información respecto a los primeros pobladores que se asentaron en el territorio. Los pocos conocimientos que llegan hasta nosotros son los que se basan en los trabajos realizados por Kelly entre los años 1.950 y 1.960. Los estudios también incluyen en este área las zonas de Sayula-Zacoalco.

En la zona Tuxcacuesco-Zapotitlán encontramos la fase más antigua de todas, la que se denomina Tuxca-cuesco, que comparte tiempo con el periodo más antiguo de Chametla y que apenas se vislumbran relaciones con la región de Sayula-Zacoalco. Las muestras encontradas de esa fase recogen figuritas macizas similares a las de Los Ortices y otras representaciones en hueso de perros al estilo de Colima, además de un tipo de cerámica en rojo, con o sin incisiones, y en negro sobre rojo.

El periodo Medio de la región coincide con el inicio de la influencia tolteca, que deja sus muestras en las figurillas de estilo Mazapa, fabricadas huecas, en moldes, y que destacan en importancia. Especialmente bellas son las de la zona Ameca-Zacoalco, elaboradas en arcilla color crema y terminadas con fino pulimento. Sus representaciones recogen el ejercicio de actividades cotidianas, con algunos detalles en común, cabezas y narices alargadas y finas, así como labios delgados. De este periodo destacan fundamentalmente dos estilos de cerámica: el Cofradía, en la zona de Autlán, y Corralillo, en la Tuxcacuesco-Zapotitlán. Del primer estilo subrayamos algunos estilos de cerámica con distintos tonos de colores, rojo sobre marrón, anaranjado, y varios diseños con decoración incisa. Las formas cerámicas del estilo Corralillo muestran dos tipos, con pie anular o con tres soportes, con decoración pintada en rojo simplemente o rojo sobre marrón.

En el último periodo, en el Reciente, se distinguen tres tipos cerámicos diferentes. En la región de Autlán, la cerámica del Complejo Milpa muestra una decoración del tipo policromo o en rojo y negro. Por el contrario, el Complejo Tolimán ofrece más variedad en cuanto a sus decoraciones, que van desde el gris, negro, rojo, y rojo sobre marrón, hasta las formas claramente procedentes del Complejo Autlán, cuyas decoraciones son en rojo o blanco sobre rojo. En contraste con el periodo anterior, las figurillas de esta fase son de inferior calidad y surgen nuevas influencias Hohokan, como los cuencos de piedra y las hachas de cobre.

Cerámica de Colima

La historia prehispánica de Colima nos cuenta que en el territorio que actualmente ocupa este estado mexicano se asentaron varios grupos humanos que llegaron a tener un importante protagonismo cultural en el Occidente de México. Hasta la llegada de los conquistadores españoles varios señoríos entraban en disputa por un interés común, convertirse en el grupo dominante del territorio. Al principio del siglo XVI fueron los purépechas los consiguieron extender sus dominios hasta las salitreras de Tzacoalco, territorio de los tecos, colimas ó colimecas. El Señorío o Reino de Colliman, cuya capital Caxitlán se situaba en el Valle de Tecomán, tenía por entonces al que fuese su último rey, Tlatoani Colimotl.

Aquella invasión territorial por parte de los purépecha provocó en el monarca una actitud de enfrentamiento, levantándose en armas ante el pueblo invasor en lo que pasó a llamarse Guerra de la Salitre. El caudillo teco ganó la guerra y conquistó Sayula, Zapotlán y Amula, e incluso extendió sus dominios hasta Mazamitla, lo que le permitió al señorío de Colima convertirse en el grupo dominante. Colima proviene del náhuatl, de la palabra Colliman: Colli significa cerro, volcán o abuelo, y Maitl mano o dominio. Lo que se traduce en: "Lugar donde domina el dios viejo o el dios del fuego".

Este fragmento de la historia prehispánica es parte del periodo más reciente de Colima, el área geográfica de uno de los centros más brillantes de la rica y variada estatuaria del Occidente de México. Por esta expresión cultural se conocen otros datos históricos mucho más antiguos, una información que, sin duda, sería mucho más complicada de obtener sin los hallazgos arqueológicos en la región.

Los valles de Colima y Tecoman, junto con algunos sitios de la costa, son los que más evidencias han revelado referentes a los primeros asentamientos llevados a cabo en la región. Las figurillas de barro encontradas en estos enclaves han permitido conocer muchos detalles de la forma de vida de aquellas personas, de sus vestimentas, sus adornos y muchas otras costumbres y actividades, incluso sobre la existencia de distintos estratos sociales.

Como ya es costumbre, también en este caso los restos cerámicos encontrados son los que han marcado la evolución cultural de la región. Por medio de la cerámica se han establecido varios periodos o estilos. El más antiguo de ellos es el llamado de Los Ortices, al que Kelly sitúa contemporáneo a Teotihuacan II y III. Otras voces, como es el caso de Covarrubias, colocan las primeras esculturas de cerámica en el periodo Formativo de Zacatenco-Ticomán, sobreviviendo en el tiempo hasta coincidir en época con Teotihuacan. El más atractivo y característico de los estilos de figurillas coincide con la fase de Armería y el más reciente, conocido con el nombre de Periquillo, muestra claramente las influencias tolteca y mixteca.

Las estatuillas humanas colimenses tienen un estilo muy particular, muy propio. En su elaboración casi se olvidan de la anatomía real y en cambio se vuelcan en expresividad, en movimiento. Sus representaciones muestran una gran variedad de actitudes, entre las que se recogen guerreros, prisioneros, jorobados, músicos, mujeres muertas, acróbatas, caciques, aguadores, madres amamantando a sus hijos, y otras muchas más costumbres cotidianas. Por otro lado, la amplia representación animal expresa la importancia de la naturaleza para esta cultura. En su fuerte naturalismo abundan la representaciones de animales como: tigres, tortugas, garzas, patos, camaleones, tiburones, caracoles marinos, cangrejos, arañas, armadillos, tejones, monos, y por encima de todos ellos los perros, una gran variedad de figurillas de perros sin pelo. Algunos de los canes tienen cabeza humana, mascaras, o fueron representados en actitudes humanas.

Las opiniones sobre el significado de estos perros humanizados se podría decir que son generalizadas, prácticamente todas concuerdan en que sus representaciones tienen que ver con el tótem de los difuntos, encontrados en las tumbas acompañando a los restos humanos. La relación de estos animales, o su misión, respecto a las personas que acompañaban no era otra que la de acompañantes mágicos, los que trasladarían el alma al más allá, en su viaje a Mictlan.

También habría que resaltar, en contraste con otras culturas mesoamericanas, las representaciones fálicas o eróticas, que encuentran una semejanza con las de la cultura Mochica del Perú. Así como otras de hombres y mujeres que se escapan de la norma general, tratados de un modo solemne, lo que se interpreta como divinidades.


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martes, 13 de diciembre de 2011

Cultura Capacha ( I )


La información a nuestra disposición sobre la cultura Capacha de Colima y en otras partes del Occidente indica que la gente que dejó los restos de esta cultura llegó de afuera e introdujo en este lugar y en gran parte de Occidente, anteriormente habitada sólo por gente que vivía de la caza y recolección, una nueva forma de vida más sedentaria, basada en el cultivo de ciertas plantas domesticadas como el maíz, el frijol y la calabaza. -Joseph B. Montjoy, "Capacha: una cultura enigmática del Occidente de México".

El núcleo central de la cultura Capacha se sitúa a seis kilómetros al noroeste de la ciudad de Colima, en el estado mexicano del mismo nombre, aunque su radio se extiende entre la Sierra de Jalisco y el valle de Colima. Una zona donde nueve sitios arqueológicos tienen relación con el complejo Capacha. Elementos de la cultura Capacha se han encontrado en Nayarit, Jalisco, Sinaloa, Guerrero, Morelos, Michoacán y el estado de México. Fue la primera con rasgos complejos que se desarrolló en la región, aproximadamente entre los años 2.000 a. C. y 1.200 a. C. El nombre de esta cultura le viene dado por la arqueóloga estadounidense Isabel Truesdell-Kelly, quien en 1.939 la descubrió mientras realizaba unas excavaciones en la zona de Colima.

Al tiempo que se desarrollaba la Capacha también lo hacían otras culturas importantes de Mesoamérica, como El Opeño, en Michoacán, y la primera fase de Tlatilco, en el valle de México. Su seña de identidad más importante, la cerámica, se extendió por toda la costa del océano Pacífico, entre los estados de Sinaloa, por el norte, y Guerrero, por el sur. También son de suma importancia los entierros que Gordon F. Ekholm descubrió en Guasave, Sinaloa.

La relación cerámica existente entre los tipos rojo zonal y rojo guinda/crema, o las semejanzas entre las estatuillas encontradas en los complejos arqueológicos de Capacha y El Opeño, revelan que existió una relación cultural muy cercana. Así mismo, los restos cerámicos hallados en la zona de Tuxpan - Tamazula - Zapotlán vienen a corroborar esta teoría de acercamiento entre las dos culturas. Como sucede también en otros lugares de Jalisco, donde fueron descubiertas tumbas de tiro semejantes a las de El Opeño con vajillas tipo Capacha en su interior. Las estimaciones sobre estas dos culturas, referentes a que recorrieron un desarrollo cultural de la mano, a la par, se acentúan cuando salen a relucir datos suficientes como para certificar que sus influencias y relaciones culturales tuvieron contactos que se extendieron mucho más allá de sus límites territoriales, como Tlatilco en el centro de México (1.300 y 900 a. C.).

La personalidad de la cultura de Colima, y de otras de esta subárea mesoamericana, es tan clara que ha propiciado opiniones situándola como una de las culturas principales de Mesoamérica. Todos los arqueólogos reconocen a la olmeca como la cultura madre, sin embargo, el hecho de no haber encontrado nada teotihuacano o típicamente "mesoamericano" deja abierta la puerta a muchas conjeturas. Son evidentes las diferencias culturales entre lo "mesoamericano" y lo "occidente", sus costumbres, reflejadas en la cerámica que acompaña a los entierros de las tumbas de tiro, son las de una sociedad más libre e igualitaria, de carácter familiar y doméstico, nada que ver con las expresiones artísticas de otras sociedades mesoamericanas. Las excavaciones arqueológicas más recientes permiten conocer al menos dos raíces, tan antiguas como la olmeca.

Cronología cultural

La cronología de la cultura de Occidente en Colima queda dividida en siete fases, nombradas por los sitios donde se realizaron descubrimientos arqueológicos:

• Fase Capacha: (1.500 - 1.000 a. C.) En esta fase la cerámica se asociaba a ritos funerarios, con una vasija acinturada conocida como guaje o bule.
• Fase Ortices: (500 a. C. - 500 d. C.) Entre estos años surgen las tumbas de tiro y sus vasijas características son antropomorfas y zoomorfas.
• Fase Comala: (100 - 700 d. C.) Durante este tiempo la cerámica alcanzó su máximo desarrollo estético.
• Fase Colima: (400 - 600 d. C.) En esta fase comienza la cuenta atrás de la tradición en las tumbas de tiro y surgen las ciudades, cuyos planteamientos recogen plazas y montículos. Las figuras de piedra toman protagonismo y por el contrario la cerámica cambia belleza por utilidad.
• Fase Armería: (500 - 1.000 d. C.) El diseño de la cerámica se vuelve geométrico, más simple y lineal.
• Fase Chanal: (600 - 1.500 d. C.) Aparecen las influencias puramente mesoamericanas y ciudades semejantes a las del altiplano, como El Chanal, con elementos de piedra que representan a dioses. Comienzan a fabricarse artefactos de metal y las figuras de cerámica se elaboran macizas.
• Fase Periquillos: (1.000-1.500 d. C.) En esta fase el poder militar y comercial recae sobre tres señoríos, Alimán, Coliman y Cihuatlán-Tepetitango. La cerámica toma un retroceso y se vuelve tosca, con rasgos más estilizados y apariencia primitiva.

Aspectos culturales

El Occidente de México no destaca por grandes obras arquitectónicas, a esta región se le conoce culturalmente más por las "artes menores" que recogen los museos que por las visitas a los sitios arqueológicos. La cerámica, metalurgia, plumaria y lítica (ornamentos en piedras duras y conchas) es lo más destacado en su producción artística. Los aspectos culturales más importantes de la tradición Capacha se dividen en tres principalmente: La cerámica, las tumbas de tiro y las relaciones con América del Sur.

• Las características originales de la cerámica Capacha se basa principalmente en dos tipos específicos. Por un lado está el modelo, al que se le conoce como Bule, cuya forma es la de dos vasijas globulares apiladas una sobre la otra. El otro tipo de cerámica también consiste en dos vasijas globulares puestas una sobre otra, con la diferencia de estar interconectadas por dos o tres tubos. Una forma semejante a la tradición ceramista con asas de estribo de América del Sur.

• La cerámica de Colima y las tumbas de tiro están relacionadas entre sí directamente, pues principalmente se depositaban en su interior como ofrendas. La característica principal de estas cámaras funerarias representativas de esta cultura es que se accede a ella por un tiro, de ahí su nombre. Por lo general estas tumbas se hacían en tepetate, toba volcánica, cuya profundidad estaba condicionada a la dureza del suelo. A veces con escalones y otras veces con un conducto vertical circular con un diámetro entre 1,20 y 1,40 m., como acceso a una, dos o tres pequeñas bóvedas donde se depositaban las ofrendas que acompañaban al difunto. Estas ofrendas consistían en piezas de cerámica adornadas con diferentes motivos relacionados con la actividad que el personaje había llevado en vida, piezas de uso diario, de ornamentación y su nahual. Se sellaban con losas de piedra o metates y los tiros rellenados con tierra. Esta tradición se dio desde el Preclásico Medio hasta el Clásico Temprano, época en la que comenzaron a llegar grupos emigrantes provenientes del altiplano. También las tumbas de tiro tienen semejanza con otras encontradas en Colombia.

• Las similitudes entre las culturas de Colima y las de otros países lejanos de Sudamérica como Perú, Ecuador o Colombia revelan que existieron elementos comunes entre unos y otros. La vía marítima por navegación de cabotaje parece ser la más lógica, ejemplo de ello son las pruebas encontradas en la Playa del Tesoro, en Colima. Otro rasgo común que los relaciona son los nahual incluidos en las tumbas, cuyas figuras de varios animales son muy parecidos a los de la cultura mochica del Perú.


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sábado, 1 de octubre de 2011

Cultura mixteca ( I )


La importancia de la cultura mixteca se basa en su cronología, una de las más extensas y antiguas de Mesoamérica. Los etónimos mixteca o mixteco provienen del náhuatl, de la palabra mixtécatl, que significa habitante del país de las nubes. No es casualidad que se denominen de igual manera que los zapotecos, de hecho compartieron con este pueblo muchos rasgos culturales. Su lengua pertenece al grupo de lenguas mixtecanas, emparentadas con el zapoteco y el otomí. El territorio histórico que tradicionalmente se le atribuye a los mixtecos se conoce por el nombre de Mixtecapán o Mixteca y está situado entre los estados mexicanos de Puebla, Oaxaca y Guerrero. En el idioma mixteco a su territorio le llaman Ñuu Dzahui, que traducido viene a llamarse país o pueblo de la lluvia o de las nubes.

Sus códices y leyendas revelan que los mixtecos llegaron de otro lugar al área oaxaqueña, aunque no tienen orígenes claros. Achiutla, Apoala, Chalcatongo, Tilantongo, Yanhuitlán eran sedes de ciudades-estado. Sus manifestaciones culturales más antiguas datan del Preclásico medio y abarcan hasta la llegada de los conquistadores españoles. Algunos de los productos mixtecos se encuentran entre los objetos de lujo hallados en el área nuclear olmeca. A partir del siglo XII de nuestra era fue cuando los mixtecos se establecieron en los valles, en los mismos territorios que conquistaron a los zapotecos: Monte Albán, Cuilapan, Quiotepec, Mitla, Yagul, Zaachila, Tlacolula, Xaanga, Xoxocotitlán y otros.

Al tiempo que los zapotecos se extendían hasta el Istmo, fundando comunidades en Tehuantepec y Guiengola, los mixtecos hacían lo mismo por el Valle de Oaxaca. Sin embargo, su expansión no quedó limitada a los valles centrales, también llegaron hasta la costa, donde crearon una importante comunidad en Tututepec, que fue controlado por el gobernante al que los códices llaman Ocho-Venado-Garra de Jaguar.

Cronología

En las excavaciones arqueológicas realizadas en la región Mixteca, en Monte Negro, en las cercanías de Tilantongo, se han encontrado indicios de la cultura mixteca que datan del año 500 a. C., lo que demuestra que los mixtecos fraguaban su identidad por el Preclásico. La cronología de los mixtecos comienza como resultado de la diversificación cultural de los pueblos de habla otomangueana en el área de Oaxaca.
Aunque la historia que nos dejaron los mixtecos es precisa y con abundancia de hechos y fechas, ésta comienza a escribirse a partir del año 692 d. C. y concluye con la llegada de los españoles.

Origen mítico

La mitología mixteca no queda al margen de las tradiciones mesoamericanas, es más, muchas de ellas se comparten con otras culturas de otras subáreas. Cada pueblo tenía su adoratorio y sacerdotes al cargo de los rituales, de las ofrendas, de las fiestas donde se ofrecían sacrificios a los dioses, no sólo de animales, también corría la sangre humana. Mitológicamente compartían una creencia con los mayas, la de estar viviendo en la era del Quinto Sol, y al igual que ellos, pensaban que anterior a su tiempo la tierra estaba inmersa en un caos, después de haber pasado por una serie de creaciones y destrucciones. En este contexto tan confuso, las fuerzas de la creación volaban en el aire. Estos espíritus creadores se llamaban Uno Venado-Serpiente de Jaguar y Uno Venado-Serpiente de Puma, que corresponden con los nombres de Ometecuhtli y Omecíhuatl, los Señores Dos.

Las dos divinidades representantes de la dualidad del universo son las responsables de haber separado la luz de la oscuridad, la tierra del agua, el arriba del abajo y de crear a los cuatro dioses que a su vez crearon a otras divinidades y a la humanidad a base de maíz.

Uno de estos cuatro hijos de la pareja creadora, al que la mitología mixteca conoce por el nombre de Nueve Viento y que se identifica con uno de los nombres de Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, es el que asegura la leyenda que hizo un agujero en un árbol que se hallaba en las nubes y copuló con él. De esta extraña relación nació un ser que se enfrentó en lucha a muerte con el señor de la Mixteca, el sol. De este enfrentamiento quedó vencedor el Flechador del Sol, quien disparó sus flechas contra la estrella solar mientras que el astro respondía con sus rayos. Después de un tiempo de lucha, al atardecer, el sol caía herido de muerte y huyó a esconderse tras las montañas.

La leyenda del Flechador del Sol cuenta que, ante el temor de que su contrincante se recuperara y regresara de nuevo a las tierras que le había ganado, el triunfador del combate trajo a la gente para que estos se apresuraran a cultivar las milpas de maíz en aquella misma noche. Al día siguiente, cuando el derrotado regresó, ya nada pudo hacer por recuperar sus tierras, los mixtecos ya se habían ganado el derecho divino y militar de ser sus dueños.

Historia

Aunque las pruebas existentes de ocupación humana en la Mixteca son una evidencia desde el año 5.000 a. C., el punto de partida de la creación de la cultura mixteca no se da hasta después del desarrollo de la agricultura en Mesoamérica. Dos mil años más tarde empezaron a aparecer los primeros poblados agrícolas en la región, y sus economías se movían alrededor de los cultivos del maíz, el frijol, el chile y la calabaza. Tuvieron que pasar otro par de mil años hasta que se dio la revolución urbana, era en el Preclásico medio. Los núcleos de población habían crecido y empezaron a integrarse en la amplia red comercial que fue uniendo a los pueblos de Mesoamérica.

Al contrario que en el Posclásico, la historia del preclásico y el Clásico mixteco es poco conocida en relación con otros pueblos contemporáneos. Corría el año 300 a. C. cuando en Monte Albán se construía Los Danzantes, al mismo tiempo que en Monte Negro se levantaba un edificio con patios y columnas. Por aquellas fechas la Mixteca recibía una fuerte influencia teotihuacana aunque sin dejar de depender de Monte Albán. Más tarde, 400 años después, en Acatlán se dan los primeros indicios de un nuevo estilo que se denominó mixteco-poblano. Aquella influencia del grupo olmeca xicalanca, formado por nahuas, mixtecos y chochopopolucas, se fue extendiendo hasta el centro y sur de Veracruz, lo que trajo consigo la sustitución de la antigua tradición popular por la de Cholula y la expulsión de los habitantes nahuas que allí se habían asentado desde la decadencia de Teotihuacan.

Fueron 500 años lo que duró el dominio del grupo olmeca xicalanca sobre Cholula, hasta la llegada de los toltecas. La decadencia de Tula provocó que sus habitantes se refugiaran en Cholula, conquistándola y apoderándose de la ciudad; la conquista significó la expulsión de sus antiguos habitantes a finales del siglo XII. Algunos siglos antes de que esto ocurriera, los mixtecos extendían sus dominios. El gobernante mixteco Ocho-Venado-Garra de Tigre había conquistado por el sur hasta Zapoteacapan Tututepec, y hasta Teotitlán del Camino y la zona popoloca poblana por el norte.

Al tiempo que los olmecas xicalancas eran expulsados de Cholula, a finales del siglo XII, a la mixteca poblana llegaron numerosos grupos de chichimecas procedentes del Valle de México. La llegada de estas tribus del Altiplano fue la causante de que los mixtecos no rebasaran sus fronteras hacia la zona zapoteca y los chichimecas se apoderaron de Monte Albán. Sin embargo, durante el periodo de la supremacía tepaneca de Azcapotzalco, a finales del siglo XIV, fueron los mixtecos los que se establecieron en Chalco y se extendieron hasta Tetzcoco, influenciando de esta manera en la cultura chichimeca.




Cultura mexica ( XI )

Cerámica La cerámica es uno de los elementos artísticos mexicas menos estudiados, si lo comparamos con otros como dioses, calendarios o mito...