miércoles, 8 de junio de 2011

Cultura olmeca ( III )


Orden político y social

Probablemente, una motivación religiosa fue lo que sentó las bases para la constitución de la estructura política de los olmecas. Otra vez más hago hincapié en la suposición para hacernos una idea de cómo estaba organizada la sociedad de por aquel entonces, nada se sabe con certeza puesto que no existen documentos que así lo confirmen, por lo que sobre estos temas siempre se anda entre los supuestos que los estudios de los especialistas sacan como resultado. Sobre estos estudios también se concluye que la sociedad olmeca estaba gobernada por shamanes o jefes religiosos, que constituían una especie de aristocracia intelectual en la que recaía todo el poder. "Una teocracia con aspectos marginales, mercantiles y guerreros: tal podría ser la definición de la ciudad olmeca" (Jacques Soustelle, Los olmecas, Juan José Utrilla).

La sociedad se imagina claramente jerarquizada y estratificada, por la formación de clases que propició el control de las fuerzas productivas del grupo y su canalización a otras actividades. La sugerencia que nos ofrecen sus monumentos, cerámicas y otros vestigios en los que quedaron plasmadas costumbres, escenas de los diversos aspectos de la vida cotidiana, es que existían dos clases bien diferenciadas. El grupo más poderoso y que vivía en los centros ceremoniales se distinguía por su lujo en el vestir, que además del algodón utilizaban la fibra de amate para elaborar sus prendas y usaban sandalias de hule. El otro grupo, posiblemente también estratificado, aglutinaba a los especialistas dedicados a distintas actividades, como la construcción, talla de piedra, la escultura, el comercio y otros.

El estudio de la escultura también nos revela que igualmente pudieron existir al menos dos tipos de físicos diferenciados y que posiblemente correspondan a la vez a dos clases sociales. Por un lado el campesino y más antiguo poblador, y los guerreros, representados con facciones bien definidas, nariz ancha y labios gruesos, a los que muchos especialistas comparan con una raza humana en concreto, ciertos negros de Oceanía. Por otro lado y de igual modo, los escultores dejaron plasmados otros rasgos diferentes en las piezas escultóricas, otro tipo de físico que muestra una nariz aguileña y labios más delgados; a este grupo se le considera de distinta procedencia y llegado más tarde a la región, convirtiéndose en el grupo aristocrático que dominó durante el periodo Preclásico Medio. Una prueba evidente que nos lleva a tal conclusión es la que se encuentra en la Estela del hombre barbado, la que refleja la imagen de un hombre posiblemente extranjero y de rasgos anteriormente mencionados, cara angulosa y nariz aguileña.

Las figurillas olmecas son otro reflejo o muestra de los aspectos sociales de los aldeanos, a través de las cuales también se llegan a conclusiones muy reveladoras. La notable calidad escultórica de estas figurillas, moldeadas en barro blanco o crema muy fina, muestran otros aspectos de sus costumbres, como la utilización de la pintura facial y corporal realizada con pintaderas o sellos de barro; la deformación craneal de tipo tubular erecta; la mutilación dentaria y la escarificación. Además del uso de bragueros o taparrabos, faldillas, turbantes, capas cortas, vendas faciales, camisas, sacos, tocados en la cabeza, máscaras, pelucas, sandalias y otro tipo de prendas. Entre sus adornos destacan las orejeras circulares, collares de cuentas, pequeños espejos de hematita o pendientes.

La representación de las figurillas olmecas también muestran las distintas actividades a las que se dedicaban, individuos realizando hechicerías vestidos con pelucas, máscaras y portando sonajas u otros objetos; jugadores de pelota con rodilleras y una mano forrada para pegar al esférico; músicos con pequeños tambores entre las piernas; jorobados, bufones enanos, acróbatas, cargadores y hasta seres enfermos. Las piezas de barro también representan otras escenas costumbristas como mujeres cargando a sus hijos, niños atados en cunas portátiles, mujeres embarazadas o bailarinas.

Organización económica

La agricultura fue una actividad generalizada y muy común entre los olmecas, quizás la fuente económica más importante. Seguramente sus cultivos estaban relacionados con el maíz, el frijol y la calabaza, la trinidad o tríada agrícola principal en el sustento de los grupos mesoamericanos, sin olvidarnos del cacao. La caza mayor les proporcionaba piezas de distintas especies como el jaguar, el ocelote, puma, margay, tapir, jabalí de collar, venado cola blanca y temazate o venado rojo; entre la caza menor estaban el conejo, pavo, distintas especies de perdices, patos, codornices y algunas aves más. Así mismo la pesca significaba un aporte importante en su alimentación y entre sus capturas se hallaban el róbalo, mojarra o bagre, además del pejelagarto, especie muy famosa que pescaba en el río Grijalva.

La importancia del comercio en la civilización olmeca fue del calibre similar al que se estima en periodos posteriores en otros lugares de Mesoamérica. Los intercambios comerciales se realizaban en espacios abiertos, habilitados alrededor de sus centros cívicos y religiosos.

Entre las actividades artesanales se supone que la producción de objetos lapidarios fue una de las más importantes, tanto es así que probablemente se comercializaron y exportaron a otras regiones mesoamericanas. La probabilidad de la intensidad en el comercio con otras regiones alejadas es alta. La falta de piedras y otras materias primas en la región los llevarían posiblemente hasta regiones remotas a realizar intercambios con otros pueblos, el ejemplo está en que la presencia de la cultura olmeca se ha encontrado en otros puntos geográficos muy alejados de su zona nuclear.

La domesticación del perro y el guajalote y la práctica de la apicultura también entran entre los logros o actividades que se les atribuyen. Así mismo como el consumo de una sustancia alucinógena, en sus rituales religiosos, que extraían de un sapo marino abundante en el Golfo.

La parte negativa en este apartado posiblemente sea el importante tributo a pagar para el sostenimiento de sus centros ceremoniales, las obligaciones impuestas a las aldeas de campesinos que rodeaban a estos centros religiosos por la clase gobernante debieron de ser duras. Los campesinos eran forzados a pagar no sólo una parte importante de sus producciones agrícolas, también sus aportaciones físicas, con el trabajo para realizar los templos y las viviendas del grupo dominante, así como su mantenimiento. Es fácil de imaginar que esta pudiera ser una de las causas o razones por lo que fueron saqueados, y el intento de destrucción que se evidencia en algunas de sus colosales cabezas de piedra, los centros ceremoniales de San Lorenzo y La Venta.












(Fuente informativa: Los Pueblos Mesoamericanos, Rosa Mayra Ávila Aldapa)


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martes, 7 de junio de 2011

Cultura olmeca ( II )


Periodos históricos

El desarrollo histórico de los olmecas se divide en tres periodos, entre las culturas de sus tres centros ceremoniales más importantes, la cultura de San Lorenzo Tenochtitlán, la de La Venta y la de Tres Zapotes. Además de estos tres lugares, la cultura olmeca también se manifestó en otros sitios como Laguna de los Cerros. Los historiadores sitúan los indicios más antiguos de esta cultura madre mesoamericana alrededor del 1.200 a. C., y los más recientes se estiman cercanos al año 500 a. C.

San Lorenzo Tenochotitlán

El de San Lorenzo es el más antiguo de los tres mencionados anteriormente, situado en la cuenca del río Coatzacoalcos, en el estado de Veracruz. Es en este centro ceremonial donde los especialistas sitúan el nacimiento de la cultura olmeca, el punto de referencia del florecimiento cultural. La datación arqueológica coloca cronológicamente la creación de este lugar alrededor del año 1.150 a. C. y su decadencia allá por el 900 a. C. Al inicio de esta época es en la que se datan la mayor parte de las esculturas y elementos arquitectónicos que caracterizan a la cultura olmeca, muchos de los cuales aún se conservan en este lugar. Sin embargo, en el año en que se fija su decadencia, el 900 a. C., el centro ceremonial fue saqueado y muchas de sus esculturas sufrieron un intento de destrucción, otras en cambio fueron trasladadas a La Venta. El fin de San Lorenzo se podría explicar o entender como el resultado de una rebelión interna o quizás de una invasión exterior

La Venta

El centro ceremonial La Venta es el sitio olmeca más importante, a la vez que el más grande en esta cultura. Su localización se sitúa en el municipio de Huimanguillo, en el estado de Tabasco, ubicado en un islote rodeado por ríos y zonas pantanosas y trazado sobre un eje Norte-Sur. El movimiento migratorio que se creó hacia La Venta tras el saqueo de San Lorenzo fue tan importante a nivel ambiental que incluso pudo cambiar el curso de algunos ríos importantes. Este centro ceremonial cogió el testigo cultural de la civilización olmeca hasta el año 400 a. C., en el que se marca su fin. Entre los restos arqueológicos de La Venta se han encontrado un gran número de tumbas con ricos ajuares, con cerámicas y figurillas de piedra, también se hallaron tronos y cabezas colosales de piedra, además de la Gran pirámide y otros monumentos ceremoniales. Se cree que en su época de mayor esplendor La Venta pudo llegar a albergar a una población cercana a los 18.000 habitantes.

Tres Zapotes


El centro ceremonial Tres Zapotes es el más conocido, quizás porque fue el último en desarrollarse y el más cercano en el tiempo, sobreviviendo hasta una época más cercana, aunque la cultura que se generó en este sitio fue la de una civilización decadente, sin el brillo y esplendor que tuvo en los otros centros anteriores. Su situación se ubica en el extremo oeste de la zona olmeca, en el municipio de Santiago Tuxtla, entre la sierra de los Tuxtlas y la cuenca baja del río Papaloapan, en el estado de Veracruz. La ocupación de esta tercera capital principal de la civilización olmeca se desarrolló al mismo tiempo que en La Venta, aunque la olmeca es sólo una parte de la ocupación del lugar. Tras este periodo continuó la historia a través de la cultura Epi-olmeca (Post-olmeca) y de la cultura Clásica de Veracruz. Sus edificaciones de tierra y adobe en forma de montículos con templos en la parte superior los sitúan como percusores de las pirámides mesoamericanas, al igual que sus construcciones en torno a patios centrales, característicos de las civilizaciones posteriores de la súper-área. Las pruebas existentes en algunas de las cabezas olmecas como signos de intento de destrucción, son evidencias claras que también en esta época se dieron bruscos cambios políticos.

Descubrimiento e investigaciones

La primera prueba en descubrirse sobre la cultura olmeca ocurrió a mediados del siglo XIX, fue el viajero mexicano José María Melgar y Serrano quien en el año 1.862 encontró fortuitamente el primer monumento de esta civilización, una cabeza colosal, en Hueyapan de Mimendi, Santiago Tuxtla, Veracruz. Luego tuvieron que pasar otros 58 años, en 1.920, hasta que el profesor Frans Blom de la universidad de Tulane descubriera el sitio arqueológico de La Venta y presentara el segundo indicio de la existencia de esta cultura, aunque en un principio las ruinas se las asignó a los mayas. Casi dos décadas más tarde fue el arqueólogo norteamericano Matthew Stirling del instituto Smithsoniano de Washington quien comienza a detallar las excavaciones de algunos sitios relacionados con la cultura olmeca en la costa del Golfo, como La Venta, Tres Zapotes y San Lorenzo. En la década de los cuarenta se afirma lo que Miguel Covarrubias y Alfonso Cano dieron a llamar la "cultura madre" de Mesoamérica y a partir de 1950 fue la prueba de el Carbono 14 la que se encargó de confirmar su antigüedad.

La cultura olmeca es originaria de la costa del Golfo, es la estimación de la mayoría de especialistas, entre ellos Michael D. Coe y Richard Diehl, sin embargo, para otros como Christine Niederberger o Caterina Magni, pertenecientes a la escuela francesa, esta cultura es el resultado de un conjunto multiétnico y plurilingüístico que se extendió durante 1.200 hasta 500 a. C. por la mayor parte de Mesoamérica. Aunque la presencia y desarrollo olmeca se certifica en México, principalmente entre los ríos Papaloapan y Grijalva, y lugares como Chalcatzingo en el estado de Morelos o Teopantecuanitlán en el estado de Guerrero, para dar fuerza a la teoría de la escuela francesa también existen y se encuentran vestigios olmecas más allá de las fronteras mexicanas, como en Guatemala (Takalik Abaj), Belice, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

viernes, 27 de mayo de 2011

Cultura olmeca ( I )


La cultura olmeca fue una de las más importantes que se desarrollaron no sólo en Mesoamérica sino en todo el continente americano. Su cronología se registra entre los años 1.150 a. C. y 400 a. C., durante el Preclásico Medio, y aunque se han encontrado restos arqueológicos olmecas en otras zonas de la geografía mesoamericana, su área nuclear o zona metropolitana es más limitada dentro de la subárea llamada Costa del Golfo. El etnómino olmeca tiene su origen en la lengua náhuatl, significa "habitantes del país del hule", es decir habitantes de Olmán o de la tierra del hule; con este nombre es como se les conocía a los habitantes de la región en el Posclásico. Olmeca uixtotin es el término con el que los conocemos y que significa "gente del país del hule" o "los que viven al borde del agua salada", y fue utilizado por los mexicas para nombrar a varios pueblos de diferente afiliación étnica que habitaron la región de Veracruz y Tabasco. Es fácil de entender si descubrimos que en estas zonas se extraían el látex de los árboles "castilla elástica", un tipo de caucho. Se desconoce cuál es la ascendencia étnica de este pueblo y aunque existen varias hipótesis al respecto no se ha aclarado a ciencia cierta cuál es su afiliación.

Son muchos los historiadores que reconocen a la cultura olmeca como la madre de las culturas o civilizaciones mesoamericanas, como Alfonso Caso, quien la denominó la "Cultura Madre". Sin embargo, no están claros los cauces, el origen del proceso que desembocó en el estilo artístico que los caracteriza y los define con esta sociedad, ni siquiera hasta qué punto todos los rasgos culturales encontrados en las zonas arqueológicas pertenecen o son creación de los olmecas. Sí se conoce que algunos de estos rasgos tienen de procedencia un lugar determinado y que primero pudieron haber aparecido en Chiapas o en los Valles Centrales de Oaxaca. Así mismo quedan los interrogantes pendientes de aclaración en los numerosos sitios asociados a los olmecas en la Depresión del Balsas, en el centro del estado de Guerrero. De todas maneras, independientemente de cuál haya sido el origen de esta cultura mesoamericana, lo cierto es que la red de intercambios comerciales entre distintas zonas de la superárea contribuyó a la difusión de muchos elementos culturales que se identifican con esta cultura.

Zona Geografía

Sobre la localización geográfica olmeca, la arqueología nos muestra una zona de unos 12.000 Km. cuadrados de extensión. Su zona metropolitana queda marcada al sur de Veracruz en Tres Zapotes, Cerro de las Mesas, San Lorenzo-Tenochtitlan y al norte de Tabasco en La Venta. Los olmecas tenían como límite de su área nuclear: al norte el Golfo de México; las primeras estribaciones de las sierras al sur; al oeste el río Papaloapan y al poniente la cuenca Blasillo-Tonalá. La región se caracteriza por su alto índice de humedad y por sus lagos, ríos y pantanos. Su clima es tropical y de torrenciales lluvias, lo que provoca que sus tierras sean regadas, e inundadas en épocas de lluvia, por caudalosos ríos que bajan de las estribaciones de la Sierra Madre de Oaxaca y la Sierra Madre Oriental, como el Coatzacoalcos, San Juan y Tonalá. Se sabe que en épocas precolombinas esta región estuvo recubierta por una espesa selva tropical que ha sido modificada ampliamente por la acción del hombre en la actualidad.

El área selvática donde vivían los olmecas era a su vez el hábitat de numerosas especies de animales que actualmente están en peligro de extinción en el territorio mexicano, entre ellas el jaguar, aves de hermosos plumajes como el quetzal y la guacamaya; reptiles de diversas especies y mamíferos como el jabalí y el tapir. Sus suelos son ricos en humus y en petróleo, que brota casi a flor de suelo. Sin embargo, cuesta creer que otros materiales que fueron imprescindibles para realización de objetos característicos de la cultura olmeca no se encuentren en la región. Es el caso de la obsidiana, el jade, la serpentina y el cinabrio, que tuvieron que traerlos de otras partes de Mesoamérica. Hay que hacer un esfuerzo de imaginación para comprender el nivel organizativo que tenían para trasladar, sin animales de carga y sobre un suelo cenagoso, los enormes monolitos que pesaban decenas de toneladas. Más si nos paramos a pensar que la piedra sólida, el basalto y otras rocas volcánicas, la obtenían de las canteras de la Sierra de los Tuxtlas, conocida también como Sierra de Santa Martha o San Andrés, a más de 100 Km. de distancia de los centros políticos como San Lorenzo y La venta. Esta ausencia petrea en el suelo del área nuclear olmeca determinó que se desarrollara poco la arquitectura, es la razón por la que hoy lo que nos queda son terrazas y túmulos de los edificios olmecas, que construyeron con ladrillos, lajas y tierra apisonada.

Ubicación cronológica

Sobre los olmecas son muchos los puntos oscuros que quedan por aclarar, problemas por resolver que se presentan a la hora del estudio, entre estos interrogantes están el establecimiento de su cronología en la zona. Esto se debe a que, aunque se sabe que los olmecas ocuparon la región a partir del 1.500 a. C., las cronologías que se utilizan en distintos puntos o lugares de ocupación presentan grandes discrepancias entre sí. En los apartados de la cerámica y la construcción, los estudios que se llevaron a cabo en diferentes sitios dan como resultado diferentes secuencias de ocupación, como es el caso de San Lorenzo. Aún así, la presencia humana en la región olmeca queda refrendada por la existencia de pruebas en la ribera del río Bari, eran grupos que se dedicaban a la caza, la recolección y la pesca, y su cerámica corresponde al periodo 1.700-1.400 a. C. Es muy probable que fueran grupos que provenían del Istmo de Tehuantepec y los mismos que construyeron el centro ceremonial de San Lorenzo, 1.500-1.150 a. C. La civilización olmeca duró cerca de siete siglos y medio, ese fue al menos el tiempo de máximo esplendor. Durante este tiempo se construyeron la mayoría de las colosales cabezas pétreas y sus centros ceremoniales más importantes, tuvo una amplia expansión por el territorio y una importantísima influencia en otras regiones y culturas de Mesoamérica.

lunes, 16 de mayo de 2011

Subáreas culturales mesoamericanas: Costa del Golfo


La subárea llamada Costa del Golfo era conocida en tiempos prehispánicos como un lugar único, paradisiaco, por su abundancia y fertilidad. Los primeros escritos en los que se recogen las bondades y diversidad de este territorio datan del siglo XVI, de manos de los frailes que por entonces la nombraban como Tlalocan, que significa "Tierra de riqueza y paraíso terrenal". También, y al margen de esta definición, era conocido el sitio por "El Principio del Origen de la Vida", esto se debía a la generosidad de la naturaleza con esta subárea, a la que dotó de ríos, lagunas, manglares, zona semiárida en el centro del estado de Veracruz, volcán en el macizo montañoso de los Tuxtlas y hermosos paisajes con la Sierra Madre Oriental como protagonista de fondo.

La Costa del Golfo no se limita solamente a la zona costera como su propio nombre indica, sino que se extiende a territorio de interior, además del estado de Veracruz, incluye parte del sur de Tamaulipas y del norte de Tabasco, y porciones de San Luis Potosí, Hidalgo, Querétaro y Puebla.

A lo largo de la historia de Mesoamérica y en todas sus épocas, esta subárea siempre fue centro de irradiaciones culturales, que a pesar de hablar diferentes lenguas compartían muchos rasgos culturalmente y tuvieron el mismo desarrollo social político y religioso. De todas ellas y quizás las tres más importantes, fueron la huaxteca, la totonaca y la olmeca, esta última considerada la madre de todas las culturas mesoamericanas. No obstante, habría que destacar la pluralidad étnica del territorio, ateniéndonos a la variedad ligüística que existía en la región cuando llegaron los españoles. Geográficamente, la Costa del Golfo se constituyó en una zona imprescindible para el intercambio de productos y el transito de personas. Un cruce de caminos que significó un terreno abonado para diversas influencias culturales, en el que el comercio jugó su papel relevante. Algunos de estos productos tuvieron una importancia a destacar, como el cacao y el algodón, tanto fue así que fueron utilizados como moneda.

Cuando nos referimos a estos grupos culturales tendríamos que pensar que, posiblemente, cuando los cronistas de la conquista los nombraban se referían más a sus territorios que a los grupos humanos en sí. La prueba está en los llamados olmecas xicalancas de Cacaxtla que nombraban los cronistas del siglo XVI, centro de México, en el Epiclásico, que nada tienen que ver con los olmecas del periodo Preclásico o Formativo.

Como ya apunté anteriormente en otros apartados, en lo referente a Mesoamérica son pocos los datos históricos que se tienen más allá de la llegada de los españoles, por distintas razones, porque no se ha conseguido descifrar en su totalidad otros idiomas diferentes al estilo del latín, como es el lenguaje de símbolos, y porque la arqueología no ha revelado aún toda la información que oculta, aún así, es ésta la fuente más fiable y en la que los investigadores se apoyan.

Referente a tiempos precerámicos, en Veracruz sólo se tienen datos provenientes de dos sitios arqueológicos. Uno de ellos es Santa Lucía, que se encuentra en la cuenca baja del río Tecolutla. De este lugar se han obtenido los datos más antiguos, en el llamado complejo Conchita, con fecha del 5.600 a. C. También en la fase Palo Hueco se ha conseguido información que va desde el 4.000 al 2.400 a. C. Las muestras arqueológicas de Santa Lucía consisten en lascas de obsidiana burdamente talladas, punzones, raederas y piedras rotas por el fuego. Estos hallazgos nos dicen que pertenecían a grupos seminómadas que seguramente vivirían de los productos de los ríos, los esteros y el mar, de pequeñas piezas de caza y de la recolección de frutos silvestres de temporada y raíces.

El otro sitio arqueológico es el conocido como Rancho Nuevo. Sin embargo, este lugar sigue sin excavar, por lo que la información recogida proviene de los utensilios encontrados en la superficie. Aún así, las investigaciones dieron con el hallazgo de un ajuar de artefactos similares a los encontrados en Santa Lucía, hachas de mano, raspadores, morteros, cuchillos, vasijas de piedra, buriles, puntas de proyectil de obsidiana, todas trabajadas por percusión y retoque, además de piedras rotas por el fuego. Todas estas piezas u objetos son semejantes o otros hallados en el Valle de Tehuacán, datados entre el 4.000 y 2.000 a. C. Al igual que los restos encontrados en Santa Lucía, los de Rancho Nuevo pertenecen a grupos seminómadas que vivían de la recolección, de la caza y de la pesca.

Así mismo, el sitio de Santa Lucía también representa a la Costa del Golfo en el periodo cultural del Formativo o Preclásico Temprano, en el que se encuentra la evidencia más antigua en la cuenca baja del Tecolutla. Este periodo cultural se caracteriza por el surgimiento de aldeas, por los asentamientos permanentes que dan paso al sedentarismo, por la aparición de la cerámica y el aumento del bagaje cultural.
















(Fuente informativa: Los Pueblos Mesoamericanos, Rosa Mayra Ávila Aldapa)

lunes, 9 de mayo de 2011

Periodos culturales mesoamericanos: Posclásico


El periodo Posclásico fue el último en el desarrollo independiente de la civilización mesoamericana, el que se podría definir como la etapa en la que la actividad militar cobra una gran fuerza. Sin embargo, culturalmente también tuvo una importantísima relevancia, fueron numerosos los cambios culturales ocurridos en este tiempo, fue el contexto en el que florecieron pueblos como los mixtecos, en Oaxaca; los tarascos en Occidente; los huastecos en el norte de la llanura del Golfo de México; los pipiles en América Central y los mexicas y toltecas en el Centro. A pesar de este relevo cultural, para algunos autores el Posclásico es el periodo que marca la decadencia de las grandes culturas mesoamericanas.

Cronológicamente, este periodo abarca desde el 900 al 1.521, año en el que comenzó la conquista española. Tradicionalmente, al igual que los otros anteriores, este periodo se ha dividido en distintas etapas, en este caso son dos, el Posclásico Temprano, del 900/1.000 al 1.200, y el Posclásico Tardío, del 1.200 al 1.521. En esta etapa, los gobiernos teocráticos fueron perdiendo fuerza en favor de los grupos guerreros y las clases militares que ocuparon el poder, que a su vez, medio siglo antes de la llegada de los españoles lo fueron cediendo a los pochtecas. Un grupo poderoso económicamente, comerciantes relacionados con la estructura nobiliaria, que acabaron por acaparar el poder político.

Al igual que en los anteriores espacios de tiempo, también en éste existen elementos característicos que marcan el desarrollo en la región. Algunos de estos avances son significativos, como la aparición de la metalurgia, que llegó importada desde Sudamérica, aunque el conocimiento de los metales no alcanzó un gran desarrollo en Mesoamérica; el cultivo de chinampas; las castas militares, las guerras floridas y la aparición del arco y la flecha como armas de guerra; los impuestos tributarios; y culturalmente aparecen los pictogramas, las primeras fuentes inscritas de la historia de México.

No obstante, si existe un elemento relevante por encima de otros en este periodo, sin duda, es la emigración. El desplazamiento de pueblos enteros en busca de otros lugares que le proporcionaran mejores condiciones de vida. Parece que mucha culpa de estas migraciones la tuvo el clima, que puso en verdadero peligro la subsistencia de los pobladores, lo que implicó el abandono completo de la región. Estos pueblos norteños, procedentes de Aridoamérica, Oasisamérica y la zona norte de Mesoamérica, provocaron a su vez el desplazamiento de otros pueblos que llevaban siglos asentados en el área nuclear mesoamericana; algunos de ellos llegaron incluso hasta Centroamérica.

Aunque la cronología mesoamericana varia en el tiempo dependiendo de las regiones, en este periodo es la caída de las ciudades-estado del centro de Mesoamérica en el Epiclásico lo que marca el comienzo del Posclásico. El Posclásico Temprano comienza con la hegemonía de los toltecas y Tollan-Xicocotitlan. El siglo XII, el que da comienzo al Posclásico Tardío, es el que marca el inicio de la llegada de los pueblos chichimecas, que se establecen en el valle de México al igual que los mexicas un siglo más tarde, en 1.325, todos ellos emparentados lingüísticamente con los toltecas.

Según nos dice Rosa Mayra Ávila Aldapa, en Los Pueblos Mesoamericanos, las representaciones visuales que nos llegan de esa época, así como los documentos del siglo XVI, describen órdenes de guerreros profesionales, ataviados en forma de animales feroces (águilas, jaguares, coyotes) que se agrupaban en torno a cultos religiosos propios y que se desplazaban a territorios extranjeros en calidad de mercenarios muchas de las veces. Fue una época en la que la carrera militar acarreaba prestigio y era el camino más corto para el ascenso social. El culto al dios Serpiente Emplumada, una de las potencias creadoras y héroe cultural de la mitología mesoamericana, estuvo asociada a la ideología militarista reinante por aquellos días, cuyo fuego divino creían portar los gobernantes de los nuevos regímenes. Tanto era así que algunos de estos gobernantes llevaron el nombre según eran conocidos, Quetzalcóatl en el Centro de México, Kukulkán en el norte de la península de Yucatán y K'ucumatz en los Altos de Guatemala.

De igual manera, las clases dirigentes se declaraban herederas de una ciudad mítica, también nombrada distintamente según la cultura, Tollan en nahua y Zuyuá en maya, es por esto que muchas de las capitales de la época se identificaban con este topónimo (Tollan-Xicocotitlan, Tollan Chollollan, Tollan Teotihuacan).

La mítica Tollan estuvo durante mucho tiempo identificada con Tula de Hidalgo, pero algunos autores lo ponen en entredicho y lo niegan. Como ejemplos: Enrique florescano la identifica con Teotihuacan y, por su parte, López Austin opina que es parte del imaginario religioso de los mesoamericanos. Otras de las características de estas clases dirigentes eran las alianzas entre las ciudades-estado afines a esta ideología zuyuana, de carácter militar y multiétnica, como fue la liga de Mayapán en Yucatán, o la confederación mixteca de Ocho Venado en la sierra de Oaxaca. Sin embargo, la caída de Tollan-Xicocotitlan supuso un duro revés para aquel sistema de alianzas que finalmente dio al traste con la disolución de la liga Mayapán, el Estado mixteco y el abandono de Tula.

Aunque los grupos norteños recién llegados estaban emparentados con los antiguos toltecas, su ideología era totalmente diferente. Los mexicas fueron los últimos en llegar y, bajo el dominio de los tecpanecas de Azcapotzalco, se establecieron en un islote del lago Texcoco. Fue el grupo que más adelante consiguió controlar gran parte del territorio mesoamericano, conformando un Estado unitario y centralizado, y que no encontró más que un rival en su expansión dominante, el pueblo tarasco de Michoacán, al que nunca pudieron vencer. Cuando llegaron los españoles, muchos de estos pueblos sometidos a los mexicas buscaron en ellos los aliados para librarse de las ataduras, pensando en la libertad.


lunes, 2 de mayo de 2011

Periodos culturales mesoamericanos: Clásico


Hacia el siglo III d. C. se consolida en Mesoamérica el proceso urbanístico que comenzó a fraguarse en la etapa anterior, en el Preclásico Tardío. En el periodo Clásico (200 d. C. - 900 d. C.) será Teotihuacan la que dominará el territorio mesoamericano durante la primera época, llegando a controlar las principales rutas comerciales, hasta el siglo VII, en el que comienza a decaer y a surgir otras culturas: la maya, la zapoteca y los centros regionales del llamado Epiclásico.

Esta época se considera la de mayor esplendor en la cultura mesoamericana, todas las artes, en especial la arquitectura y el urbanismo, se desarrollan junto al poder de las clases dominantes y son éstas las que disfrutan la incuestionable autoridad, la prosperidad del comercio, la importante evolución del calendario, la astronomía y la escritura. De igual modo, las características que comenzaron en la etapa anterior se afianzan en este periodo Clásico, como el aumento demográfico y la concentración de la población, la división del trabajo y su especialización, el aumento en la producción y por lo tanto el comercio de ciertos productos para el intercambio regional e interregional, la jerarquización de las aldeas, centros regionales y capitales protourbanas.

El periodo Clásico se divide en dos fases. La primera de ellas, que abarca desde el año 200 al 600 de nuestra era, se le conoce por el Clásico Medio. La segunda, el Clásico Tardío, va desde el año 6oo al 800/900. De la primera etapa, en la que Teotihuacan se consolidó como ciudad dominante, concentrando el 80% de los 200.000 habitantes de la cuenca del lago Texcoco, son los centros de Monte Albán, Tikal y Calakmul. Las ciudades correspondientes a este periodo cultural se caracterizaban por su composición cosmopolita y multiétnica, lo que implicaba la utilización de distintas lenguas y diferentes prácticas culturales dentro de los mismos núcleos urbanos.

En estas ciudades mesoamericanas, casi todas aliadas con Teotihuacan, las clases políticas intensificaron sus alianzas y fueron aumentando el poder sobre el resto de la población, una mayoría que estaba obligada a pagar tributo y a participar en la construcción de las obras públicas. El desarrollo del comercio, no sólo en territorio mesoamericano, también en Oasísamérica, y las nuevas técnicas agrícolas y novedosos sistemas de riego fueron la clave para el crecimiento de las ciudades.

En este periodo las artes alcanzan un refinamiento muy elevado, prueba de ello son los monumentos conmemorativos de los sucesos relacionados con los linajes de las tierras altas, llamadas estelas mayas. Así mismo, la arquitectura de Teotihuacan conseguía grandes avances en la arquitectura que se definió como estilo clásico, que se repitió y extendió por otras ciudades a lo largo de toda Mesoamérica. Estos mismos patrones arquitectónicos teotihuacanos sirvieron para otras culturas del posclásico, especialmente en Tollan-Xicocotitlan, Tenochtitlan y Chichén Itzá.

Otros avances culturales heredados de los olmecas, como el calendario y la numeración, fueron llevados a su máxima expresión por los mayas, al igual que la escritura, sobre la que otros pueblos desarrollaron la suya propia, como la cultura ñuiñe y la de los zapotecos de Oaxaca. La escritura se generalizó por todo el territorio mesoamericano, aunque su práctica quedó reducida a los sacerdotes, como actividad sagrada. El estudio de los cuerpos celestes, por su relación directa con la agricultura y, por lo tanto, con la base de la economía, se convirtió en un asunto de mayor importancia

El fin del periodo Clásico Temprano coincide con el declive de Teotihuacan y el florecimiento de otras culturas o centros de poder, también en la lucha por el control de las rutas comerciales. El Clásico Tardío o Epiclásico, no tuvo ningún protagonista dominante especialmente, más bien fue una etapa fragmentada políticamente. La incursión en el territorio de otros grupos de población de Aridoamérica y norteños, entre ellos los nahuas, provocó el reacomodo y el desplazamiento de los antiguos pobladores mesoamericanos hacia el sur. Otros pueblos del sur como los olmeca-xicalanca, terminarían por establecerse en el centro de México.

Por otro lado y en el área Maya, algunas ciudades como Tikal o Calakmul, que en otro tiempo fueron aliadas de Teotihuacan, participaron en la decadencia de la gran ciudad, emergiendo otros centros poblacionales como Palenque, Copán y Yaxchilán. Estas nuevas ciudades-estado estuvieron enfrentadas continuamente por el control del poder, librando sangrientas batallas que a la postre significaron el declive de la civilización maya clásica. Para el final de este periodo Clásico Tardío, muchas de las ciudades fueron incendiadas y abandonadas a la selva, después de haber abandonado la cuenta del tiempo en el calendario de Cuenta Larga.

Al mismo tiempo, en Oaxaca, Monte Albán conocía su época de máximo, aunque efímero, esplendor, que por motivos aún desconocidos lo perdió hacia el siglo IX. La misma suerte corrieron Teotihuacan, que fue incendiada y abandonada, y La Quemada. En el último siglo de esta etapa fue Lambityeco, en el valle de Oaxaca, la que atrajo el protagonismo.

La desaparición de Teotihuacan como eje de control, originó una fuerte inestabilidad política en el Altiplano Central. Hubo un tiempo de transición en el que los poderes regionales de índole militarista rompen la hegemonía impuesta por la metrópolis y se configuran algunas sociedades eminentemente hostiles. En este periodo último del Epiclásico y principios del Posclásico se desarrollaron ciudades como Xochicalco, Tula Chico, Cacaxtla, Cholula y Cantona.

jueves, 28 de abril de 2011

Periodos culturales mesoamericanos: Formativo o Preclásico


El periodo Formativo o preclásico mesoamericano comienza con un prolongado proceso de sedentarización que se da a partir del año 2.500 a. C., aunque la agricultura se descubrió varios miles de años antes, que fue el principal factor de sedentarismo y la base de la economía de todos los pueblos en la región. Ésta es la etapa en la que realmente se comienzan a fraguar, a dar forma a los rasgos característicos que definirán culturalmente a Mesoamérica y que se desarrollarán en toda su plenitud en el siguiente periodo, en el Clásico, que dará comienzo a partir del año 200 d. C., justo cuando se dá por concluido el Formativo.

La aparición de la cerámica es el factor que se toma como referente en este periodo, con dos enclaves arqueológicos que se distinguen en antigüedad, Puerto Marqués (en la costa del estado de Guerrero y correspondientes al siglo XXVI a. C.) y Purrón del Valle de Tehuacán (centro de México, con datación del siglo XXIV a. C.). Los vestigios hallados en estos sitios son la referencia para los investigadores, que ven en ellos el punto cero o de partida en el desarrollo tecnológico mesoamericano. Estos hallazgos también son objeto de controversia para algunos especialistas, que opinan que la aparición de los restos cerámicos son el eslabón, el enlace de un más que probable vínculo con los pueblos de la costa del Ecuador.

Además de la cerámica, aparecen otros inicios que marcan el desarrollo tecnológico en la región mesoamericana, como los primeros templos y la intensificación del culto a los muertos y una incipiente religión que se desarrolla a través de la magia; así como una organización totémica o clánica, que evoluciona hacia la reciente aparición del sacerdocio.

Cronológicamente, el Preclásico se divide en tres periodos: el Temprano (2.500 - 1.200 a. C.) fue una época en la que sólo existían grupos tribales en asentamientos permanentes junto a los campos de cultivo. En ella se generaliza el desarrollo de la cerámica y se consolida la agricultura, con el cultivo del maíz y otras hortalizas. Se inicia un proceso social de estratificación que finaliza con la aparición de las primeras sociedades marcadas por diferentes capas, en la costa del golfo de México y en el Pacífico de Guatemala. En este primer tramo del Preclásico destaca la cultura Capacha, un importante motor de la maquinaria civilizadora de Mesoamérica. Fruto de una fase recesiva en la que entraron las culturas de Occidente y la asimilación de éstas con los pueblos con los que habían tenido relaciones, en el 1.500 surgieron Tlatilco, en el valle de México, y la cultura olmeca, en el Golfo. Especializado en los recursos del lago Texcoco y la agricultura del maíz, Tlatilco se convirtió en uno de los centros sociales más importantes de la época. Algunos investigadores opinan que fueron los antepasados de los otomíes los fundadores de Tlatilco.

En el Preclásico Medio (1.200 - 400 a. C.) se producen cambios tecnológicos considerables. Evolucionan las técnicas agrícolas y se construyen canales, terrazas y otros sistemas de control de las aguas para regadío. Hacia el 700 a. C. aparecen en Tehuacán sistemas de irrigación, lo que trajo consigo el aumento productivo de la tierra y una mayor variedad de plantas cultivadas. Estos avances agrícolas permitieron el desarrollo tecnológico en otros campos, la mayor producción de productos y el fomento del intercambio o comercio de materias primas. Son los primeros pasos hacia el fortalecimiento de la unidad cultural e histórica en Mesoamérica. La ocupación o especialización en el cultivo del alimento básico permitió la dedicación de otros a otras funciones o labores secundarias, algunas relacionadas con la magia y la religión, y la elaboración de objetos suntuarios con los que comerciaban.

El preclásico Medio corresponde al periodo de mayor florecimiento y expansión de los olmecas. Es en este periodo cuando surge la característica más importante, la diferenciación social. Así mismo surge la escritura y el calendario que, según Joyce Marcus, aparecen a partir del año 600 a. C.; los primeros registros calendáricos en monumentos de piedra más antiguos en el valle de Oaxaca: el monumento 3 de San José Mogote, las lápidas de los Danzantes de Monte Albán y las Estelas 12 y 13 de este mismo sitio. El intercambio de productos tropicales de su área y el control de yacimientos minerales de Guerrero y Morelos, donde establecieron enclaves como Teopantecuanitlán y Atlihuayán. El impulso e influencia de la cultura olmeca fue tan importante que alcanzó toda el Área Maya y hasta la península de Nicoya, Costa Rica, y a sus vecinos del sureste y Oaxaca.

El tercer periodo o Preclásico Tardío (400 a. C. - 200 d. C.) lo marca la decadencia de la cultura olmeca. En esta etapa cultural, lo que eran pequeñas aldeas aumentaron de tamaño hasta convertirse en enormes y complejos centros de poder, rodeados por otros núcleos más pequeños. Estos núcleos urbanos o aldeas se estructuraron por orden de importancia y comenzaron a pagar tributo a los centros mayores, acabando por depender de ellas económicamente. Los grandes centros urbanos se ubicaban alrededor de enormes plazas, con un tipo de arquitectura que a la vez se componían de plazas y plataformas religiosas, templos monumentales formados a base de plantas superpuestas, rectangulares o circulares, que acababan con un adoratorio en su cima y a la que se accedía por grandes rampas o escalinatas.

En el desarrollo económico, el comercio tuvo también su gran importancia, especialmente entre los centros mayores, que comenzaron a disputarse el control comercial y político, lo que les llevó a enfrentamientos bélicos entre sí. De igual manera este periodo supuso un espacio temporal en el que proliferaron las esculturas religiosas, reproduciéndose en ellas episodios míticos y escenas cosmológicas, como los relieves de Izapa. Así mismo, se estima que fue en este tiempo en el que dio comienzo el desarrollo de la escritura, que se extendió por una amplia región, abarcando territorio de Oaxaca, Veracruz, Tabasco, Chiapas y Guatemala.

Al final de este periodo preclásico o Formativo son los núcleos de población localizados en el valle de México los que atraen y concentran la hegemonía política y comercial. Las pequeñas aldeas que se situaban en los alrededores del lago Texcoco se transforman en grandes ciudades, como la anteriormente mencionada Tlatilco, situada en la ribera norte del lago, o Cuicuilco, en las faldas de la serranía del Ajusco. La primera de ellas mantenía fuertes relaciones culturales con Occidente, en cambio, la segunda controlaba el comercio en el Área Maya, Oaxaca y la costa del Golfo.

Con la decadencia de la cultura olmeca da comienzo un nuevo desarrollo cultural independiente, en la zona oaxaqueña, en Monte Albán, donde los zapotecos reelaboran o reciclan elementos culturales de los decadentes olmecas adquiriendo características propias. También en el altiplano guatemalteco surgen los primeros síntomas de lo que sería la cultura maya clásica, en Kaminaljuyú, aunque influenciados todavía por los vínculos con las culturas del Centro y el Golfo. Salvo en Occidente, en todas las regiones de Mesoamérica comenzaron a levantarse grandes construcciones y monumentales ciudades, la pirámide circular de Cuicuilco, la plaza central de Monte Albán y la pirámide de la Luna en Teotihuacan son algunas de ellas.

Cultura mexica ( XI )

Cerámica La cerámica es uno de los elementos artísticos mexicas menos estudiados, si lo comparamos con otros como dioses, calendarios o mito...