domingo, 10 de mayo de 2009

Alma mexicana (1ª parte)


La mañana del día 21 de diciembre de 1969 la recuerdo fría, helada, el agua salía con dificultad por el grifo, el único que había en toda la casa del patio de donde vivía mi amigo Salvador Ramírez Valverde, caía sobre un barreño de zinc rebosante de espuma que soltaba la ropa enjabonada, esperando a ser aclarada por las manos de la madre de mi amigo. Yo aguardaba a que él se acabara de vestir para irnos a jugar a las huertas, entre frutales desnudos y batracios adormecidos en el canal de riego, era invierno y no había pájaros anidando, ni lagartijas, ni avispas con las que jugar... estábamos en vacaciones navideñas. El caer constante del agua formaba parte de la sonoridad de la escena, aunque en segundo plano, como efecto especial, la banda sonora se escuchaba con menos intensidad y por la ventana del comedor que daba al patio, "Tu nombre me sabe a hierba", de Joan Manuel Serrat, se colaba por todas las rendijas aquel año en el que yo cumplía una decena, dos menos desde la muerte de Diego Rivera; mis manos cogieron un libro de Juan, hermano algo mayor de mi amigo, y mis ojos se recrearon en una ilustración, casual, abrí al azar y la página me mostraba la fotografía de una obra esplendida, El Tianguis de Tlatelolco, que Diego Rivera pintó en 1952, en el Palacio Nacional de la ciudad de México. Era la primera ocasión en la que el pintor mexicano se presentaba a mi curiosidad, casi una década antes de que el gusanillo de la pintura me conquistara sobremanera.

Por descontado, lo que me atrajo de la obra pictórica de Rivera fue su contenido colorista, los indígenas en el mercado no me enseñaban nada histórico, era demasiado joven para entenderlo, más bien me engatusó que se asemejaba a un "TBO de indios", cómic de aventuras, que desbordaba mi fantasía, la multitud en movimiento sobre un escenario cercano a la ciencia ficción.
Pasado el tiempo, me pierdo en él cuando trato de marcar una fecha más o menos certera, cercana, de cuando me interesé por el mexicano universal y por su obra, y dentro de esas dudas si fue antes o después, o a la par, de Frida Kahlo. Tengo que reconocer que en este país de pintores, e influido por la cercanía de los clásicos del renacimiento italiano y por los movimientos de vanguardia parisinos, flamencos, holandeses, simbolismo inglés... uno no acaba nunca de girar a sí mismo hasta que en un impulso salimos de esta espiral europea para tropezarnos con otros mundos, otras escuelas y otros genios, que tardamos más en encontrarnos con su obra pero que cuando lo hacemos es de la manera más grata y sorprendente, no por pensar que en cuestión de arte somos el ombligo del mundo, sino porque lo que nos rodea es la base, la fuente de donde beben y se nutren todas las corrientes y cualquier artista pictórico.

Es casi obligada la mención o presencia de uno u otro, de Rivera y Kahlo, cuando se trata de indagar en sus obras y trayectorias, vidas o biografías, van unidos siempre y, antes o después, uno acaba por discurrir por sendero alterno que nos introduce en otro mundo, otro estilo y otra vida, que terminan por encontrarse y enlazarse una y otra vez, como raíz al tronco, para fundirse en uno sólo. Los dos personajes, y las dos obras, son por sí merecedoras de acaparar con su protagonismo a cualquiera, ninguna le hace sombra a la otra, rara vez la historia nos muestra una pareja tan especial y genial como esta, porque si existieron otras interesantes fue por la aportación de uno al otro, pero como en este caso nunca. Quizás, y entre otras razones, porque la mujer en la pintura, salvo raras excepciones, no tuvo un protagonismo relevante en el pasado, hoy es diferente, como tampoco en otros apartados del arte, la ciencia, etc. Aun así, la trayectoria de Diego Rivera estuvo basada en la técnica, en el estudio durante años, su arte constituyó uno de los pilares donde se asentó uno de los más importantes movimientos en la pintura americana, el muralismo mexicano. Su obra lo sitúa en un sitio privilegiado dentro del arte latinoamericano, muralista, dibujante, ilustrador y escritor. En cambio, la trayectoria de Frida va más por el mensaje que por lo técnico, lo universal de Kahlo fue mostrar su singularidad, su discapacidad física y sus sentimientos. En una ocasión dijo que no era surrealista, como la hacían catalogar, porque ella nunca pintó sus sueños sino su realidad.

Por lo que corresponde a Rivera su biografía es diferente, no así menos atractiva. El tiempo que le tocó vivir sin duda marcó su compromiso con la revolución y con los más desfavorecidos, hasta el punto de ser uno de los fundadores del Partido Comunista Mexicano, toda su vida estuvo marcada por la política y los movimientos sociales, comprometido y polémico. Aunque se crio con la educación católica, no conviene ignorar detalles que suman siempre a la hora de comprender la personalidad de cualquier personaje, su origen era el judaísmo, la de una familia conversa que tuvieron que convertirse obligados, algo de lo que era consciente. Su talento para la pintura fue algo prematuro y que fue desarrollándose en él a lo largo de sus años escolares en Guanajuato, donde nació el 8 de diciembre de 1886. Diez años más tarde su familia se traslada a la Ciudad de México y allí comienza a tomar clases nocturnas en la Academia de Bellas Artes de San Carlos, donde conoció al célebre paisajista mexicano José María Velasco, hasta que fue expulsado en 1902, por participar en las revueltas estudiantiles de ese mismo año. En 1905 recibe una pensión por parte del Secretario de Educación Justo Sierra. En este tiempo sus influencias fueron decisivas para su posterior desarrollo artístico, desde las de su primer maestro que fue discípulo de Ingres, hasta la más importante, la del grabador José Guadalupe Posada, con quien trabajó en su taller. Pero dos años más tarde, en 1907, y después de su primera exposición, que fue un éxito, Rivera recibe otra beca por el entonces gobernador de Veracruz, Teodoro A. Dehesa Méndez, que le permite viajar a España y continuar con sus estudios.

En Madrid ingresó en la Escuela de San Fernando y en el taller de Eduardo Chinarro, pudo estudiar de cerca a Goya, El Greco y Brueghel, y también desde la capital española realizó viajes a otros países europeos entre 1908 y 1910, Bélgica, Holanda, Gran Bretaña, Francia, donde se estableció finalmente en 1911, alternando su residencia con México. En la ciudad parisina tomó contactos con intelectuales y artistas españoles, Alfonso Reyes Ochoa, Pablo Picasso, Ramón María del Valle-Inclán, consiguiendo acercarse a las nuevas corrientes como el cubismo, al que abandonó poco tiempo después. De igual modo se relacionó con otros de distinta nacionalidad, como Paul Cézanne, de quien recibe la influencia del Postimpresionismo y se introduce en él, desde donde consigue captar la atención por sus vivos colores y acabados, a diferencia de otros muralistas de México. También en ese mismo año nace su primer hijo, que murió al año siguiente, fruto del matrimonio con la pintora rusa Angelina Beloff. En 1919 nace su hija Marika Rivera y Vorobieva, fruto de sus relaciones extramatrimoniales con Marievna Vorobieva, sin embargo, nunca reconoció a la niña, aunque si la sostuvo económicamente. Al año siguiente emprendió un viaje a Italia, gracias al embajador de México en Francia, donde estudió el arte renacentista.

En 1921 regresa a México y en 1922 comienza su primer mural en el Anfiteatro Simón Bolívar de la Escuela Preparatoria Nacional y su pintura comienza a influir en el movimiento muralista mexicano y en Latinoamérica. Antes de acabar ese mismo año Diego Rivera contrae matrimonio por segunda vez, con Guadalupe Marín, una indígena mexicana de larga cabellera negra, piel morena y ojos verdes, la "Gata Marín", como era conocida la muchacha que limpiaba la casa donde vivía Rivera, mientras trabajaba en el mural de la Escuela Nacional Preparatoria. Con la que tendría dos hijas. También en 1922, en septiembre, comienza el fresco en la Secretaría de Educación Pública y participa en la fundación de la Unión de Pintores, Escultores y Artistas Gráficos Revolucionarios. Sin duda ese mismo año tuvo una fuerte influencia en su pintura y su vida personal, en él le otorgan los permisos para comenzar las pinturas y murales del Palacio de Cortés, en Cuernavaca; en la Escuela Nacional de Agricultura, en Chapingo; en el Palacio Nacional de la Ciudad de México; y un acontecimiento importantísimo, su anexión al Partido Comunista Mexicano.

También en 1922 y ajena a su actividad y su vida política, en la Escuela Nacional Preparatoria, ingresó una joven con la que compartiría su futuro. En ese año, la escuela, comenzaba a admitir chicas, hasta ese año un privilegio solo para los chicos. Allí sus travesuras la convirtieron en cabecilla de un grupo, mayoritariamente formado por chicos rebeldes, que realizaron innumerables trastadas en la escuela. Aquella chica se llamaba Frida Kahlo y conoció a su futuro marido, mientras trabajaba en el mural encargado para el auditorio de la escuela.
En 1927 Diego Rivera es invitado a las celebraciones de los primeros diez años de la Revolución de Octubre, en la unión soviética. En 1928 se divorcia de Guadalupe Marín y un año más tarde se casa, en terceras nupcias, con Frida Kahlo.










miércoles, 6 de mayo de 2009

Dictaduras Bolivarianas y el Cóndor siniestro


Volver la vista atrás y repasar la historia latinoamericana más reciente, en concreto la de la última mitad del siglo XX, es toparse con los episodios más tristes y terroríficos que se pueda uno imaginar, donde el imperio estadounidense se ganó a pulso todos los peores calificativos posibles que se le puedan dedicar, a partir de asesino. Entre los años 60 y 80 casi todos los países latinoamericanos estuvieron bajo el yugo opresor de la C.I.A, que apoyó y auspició a todas las dictaduras militares que sembraron el terror en la totalidad del continente americano. Pero a partir de la última década del siglo pasado las luces de la democracia comenzaron a alumbrar en la mayoría de países hispano parlantes, entre la amargura de quienes buscaban todavía a sus seres queridos, desaparecidos por dichas dictaduras militares establecidas, y la lucha de todo el continente, a la conquista de la libertad y la justicia, por la democracia. Todos los países latinoamericanos sufrieron la opresión, las injusticias, de sus gobiernos corruptos y asesinos, por parte de la política norteamericana, que no solo los mantenían en el poder si no que además dictaban la manera de reprimir a todos los países, a todos los pueblos opositores y con miras de simpatía a otras ideologías marxistas, comunistas, socialistas... con las técnicas de torturas y de como hacer desaparecer a sus opositores, manuales y especialistas del terror que se doctoraron en la conocida Escuela de Las Américas.
Sin embargo, el fin de la guerra fría puso termino a tanta crueldad, las libertades y los derechos de los individuos se fueron convirtiendo en propiedad de cada uno y la esperanza en el progreso se fue afianzando entre los pueblos que, incluso sumergidos en la pobreza y necesidades básicas, recuperaban la dignidad como arma para combatir a las adversidades y con la vista siempre puesta en el futuro. No se puede olvidar tanto terror y tanta crueldad como la que sufrieron no sólo en el hemisferio sur, también Nicaragua, Guatemala, El Salvador, Panamá, Venezuela... sería nombrarlos a todos prácticamente, y en todos ellos agarró el germen anti-norteamericano, serán necesarias algunas generaciones las que tengan que pasar para tener otro concepto diferente sobre los vecinos del norte. Pero ese sentimiento anti-yanki, que se respira por todos los rincones de Latinoamérica, se puede convertir en un revés hacia el mismo pueblo, cuando lo utilizan maliciosamente los que se proclaman salvadores de la patria, anti-imperialistas y no sé cuantas milongas más. Lo cierto es que la pobreza se estableció en la mayoría de los países y en otros convive con la opulencia de unos pocos, las diferencias sociales se hacen más pronunciadas y cuando los seres humanos vivimos en la precariedad nos hacemos más vulnerables, es ahí, cuando los avispados y desalmados nos convencen con poco, sólo proclamando lo que la mayoría queremos o necesitamos oír.

Es evidente que no existe receta ni formula infalible contra la pobreza, o al menos no la quieren poner en práctica, pero si hay una línea a seguir más resultante que cualquier otra esta es la de la honradez de los gobernantes en un escenario democrático, con la alternancia de los partidos políticos y con los poderes del estado siempre en posición del pueblo, de sus ciudadanos, todo lo demás son barreras para el desarrollo del progreso y la paz de las naciones.
Mi experiencia propia como niño en una dictadura fascista me pone en una posición privilegiada al respecto, no obstante tuve la suerte de ir creciendo en mi adolescencia con la democracia y de vivir en una de las épocas más fructíferas que se han conocido en mi país a lo largo de toda su historia. Quizás en otros tiempos España se mostraba ante el mundo como un imperio pero para los ciudadanos nunca antes fue mejor que ahora y esto ha sido gracias a estos pilares antes mencionados. Mil veces que hable de política mil veces defenderé mi anti-radicalismo, los extremismos son los peores consejeros, los peores enemigos que un pueblo puede tener, cuando se trata de avances para la sociedad, solamente cuando se comparte una meta en común se consiguen retos, por lo demás es retroceder, perder el tiempo en contra de nuestros propios intereses; cuando las sociedades conviven en armonía y respeto los frutos recompensan.
Ese auto-proclamado y defendido anti-radicalismo me lleva a estar en contra de las nuevas dictaduras mal llamadas socialistas del siglo XXI o Bolivarianas, no las comparto. Mi pensamiento o ideología está clara a estas alturas del partido, dicho en términos futboleros, pero mi sentimiento democrático me dice que para un entendimiento con el que piensa diferente tengo que ceder, negociar, nunca tratar de imponer mis ideales, esto sólo provocaría que trataran de imponerme sus planteamientos los de distinto parecer. La democracia comienza con el respeto hacia el que opina diferente. Por eso rechazo también a las nuevas dictaduras de izquierdas, porque el respeto hacia el contrario deja de existir, pero no sólo al que piensa de distinta manera, de igual modo termina por convertirse en un arma arrojadiza y cuando nos damos cuenta somos víctimas de nuestro propio ideal. Como en el caso de Cuba, su revolución tuvo sentido mientras la guerra fría existió, aunque desde el mismo momento en que Fulgencio Batista fue derrocado, su dictadura fue reemplazada por otra, en este caso contraria, pero al fin y al cabo otra dictadura. Son innumerables los cubanos que participaron en la revolución, para después encontrarse como pago la represión por parte de sus propios compañeros de lucha, en muchos casos pagaron con su propia vida la osadía de luchar contra una dictadura establecida, por orden de los nuevos lideres a los que apoyaron hacia el poder. Habría que preguntarse para qué sirvió tanto radicalismo, tanta lucha inútil... sólo vivieron plácidamente los que se instalaron en el poder y los afines o perros de presa de la represión, la totalidad del pueblo vive envuelto desde entonces entre el discurso gubernamental de un sueño utópico, épico, y las necesidades básicas para sobrevivir.
Pocos minutos antes de comenzar este escrito estuve dialogando, chateando, por Internet con mi estimado amigo Silvio, de Nicaragua. Lo hacemos muy a menudo desde que se marchó a su país, nos conocimos aquí, en Córdoba, mientras estudiaba y desde que retornó he ido dos veces a visitarlo. En esas dos oportunidades que he tenido de poder comprobar la realidad en la que viven los nicaragüenses he visto como se puede engañar a un país, víctima de tantos avatares bélicos, dictatoriales, de gobiernos corruptos, de luchas ideológicas constantes y con el mismo fin, de políticos desvergonzados que utilizan el transfuguismo para enriquecerse. De cómo el dictador Daniel Ortega, uno de los componentes de la nueva hornada de dictadores, se está convirtiendo en uno de los más adinerados de Latinoamérica a costa de su pueblo mientras éste se sume en la miseria, de cómo llegó al poder engañando al pueblo, del robo de elecciones y de la violencia desatada contra los manifestantes cívicos y pacíficos que pedían sus derechos por parte de furibundos pagados por el mismo gobierno para evitar manifestarse y un sin fin de injusticias que serían innumerables.
Hoy mi amigo Silvio, progresista y demócrata como yo, y sandinista que luchó en las montañas contra la "Contra", cuando era casi un niño todavía, me ha puesto al tanto de lo que acontece, ya en descarada dictadura. La persecución contra los opositores de Daniel Ortega, los que no comulgan con sus prácticas dictatoriales y que son cerca del 70% de los nicaragüenses; en todos los barrios se organizan reuniones por los C.P.C. (consejos del poder ciudadano) y los que no acuden a esas reuniones se toman por opositores al régimen sandinista y comienzan a ser perseguidos. Desde hace varios años, desde que llegó al poder Ortega, temí que la débil y joven democracia sufriera un serio revés, con la cantidad de sangre inocente que se derramó para conseguirla, pero hoy me he dado cuenta de que la democracia nicaragüense fue ya devorada hace tiempo por la actual dictadura. Lo que me lleva a recordar a las dictaduras latinoamericanas del siglo pasado, donde como ahora, se unieron para perseguir a los opositores, a los que pensaban diferente y que se conoce por la Operación Cóndor, donde la C.I.A. sembró el terror. Ahora los protagonistas son otros, el contexto diferente, pero la sombra siniestra del "Cóndor Asesino" planea de nuevo, aunque en esta ocasión sobrevuela disfrazada de bolivariana.





http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

sábado, 2 de mayo de 2009

Angelitos y maracas contra el racismo

Esta mañana fui a visitar a mi querida madre, no vivimos muy separados, lo hacemos en la misma ciudad aunque relativamente alejados, por lo que no todos los días nos vemos, no obstante sí nos comunicamos a cada momento por teléfono. "Los años no perdonan a nadie", suele decir con frecuencia alternándola con otra frase, "hay que ver cómo nos ponemos", mientras se mece suavemente, sin prisa, sobre la mecedora, como si no quisiera acelerar el vaivén para no provocar al tiempo, para no malgastarlo, lentamente y apoyando la cabeza hacia atrás; dejando la mirada perdida en cualquier punto entre la pared y el techo de la habitación, mientras sus arrugadas manos se dejan seducir por el apoya-brazos.

Por momentos el silencio se alía con nosotros dos, y es entonces, cuando ella parece regresar al pasado con el pensamiento, quizás añorando otros días más dinámicos y de otro talante más esperanzado, yo la acompaño. Seguramente no coincidiremos ni en los acontecimientos ni en las fechas a los que nos transportamos en el recuerdo, y si así fuese lo recordaríamos desde distinto punto de vista. Las vivencias que hemos compartido, toda una vida, fueron desde diferente óptica, ella era una madre hermosa y buena, que aún pasando necesidades no me las transmitió, se desvivió para que nada me faltara, y yo ni comprendía ni advertía que eso pudiera estar sucediendo, yo fui un niño que creció feliz, sin lujos pero sin necesidades.

Las necesidades pasadas eran las propias de una época dura, la de la posguerra española, ella era una niña pequeña cuando estalló la contienda que provocaron los fascistas españoles apoyados por Hitler y Mussolini, nunca fue a la escuela, sólo tuvo tiempo para trabajar en el campo, de sol a sol, junto a sus cuatro hermanas y tres hermanos. Todas esas vivencias, que yo imagino, las revive solitariamente, ya no quedan muchos seres queridos con quien recordarlas y compartirlas, la mayoría ya se fueron para siempre y los presentes se podría decir que están casi ausentes... por la edad.

Que no hubiera tenido oportunidad de ir a la escuela no le resta inteligencia, ni cualidades que muchos quisiéramos poseer, las circunstancias dejaron a media España analfabeta por falta de posibilidades y por la necesidad de buscar el alimento, aquel entorno y contexto en el que creció no es atractivo para casi nadie, a pocos que no lo vivieron les hubiera gustado vivir. Pero cuando la acompaño en sus silencios lo deseo, desearía haberlos vivido junto a ella, recordar los momentos de su infancia para poder compartirlos.


Sin embargo, tengo la suerte, la inmensa fortuna de poder compartir los de mi infancia, y lo hacemos. Ella me cuenta cómo los vivía y yo cómo los disfrutaba. Sus recuerdos, ha veces, se presentan agridulces, pero siempre llenos de ternura, todo lo negativo que le viene al recuerdo lo acaba narrando con una sonrisa, con una travesura infantil, con alguna ocurrencia o detalle del niño que yo era. En cambio, por mi parte, no existe recuerdo desagradable, no sé si es porque fueron más los agradables o porque los tristes apenas existieron.

En todas las escenas entrañables de mi vida ella siempre está presente, la recuerdo de mil maneras y en cada una de ellas el amor y la ternura cuelgan de la imagen recordada como cuadro en la pared, siempre envuelta de una nebulosa dulce, llena de cariño. Cada encuadre recordado va acompañado de su melodía, la banda sonora que casi siempre provenía de la radio de galena, por donde se liberaban hermosas canciones que pasaron al recuerdo, casi al olvido, y que van unidas irremediablemente a los mejores años de nuestras vidas.

Pocas son las canciones de Antonio Machin que no forman parte de la banda sonora de mis días y siempre que escucho alguna me viene al recuerdo la imagen de mi querida madre realizando las labores del hogar, tarareando las melodías, entre sonidos añejos que son sinónimos de los mejores sentimientos. Y es que Machin, cuando cantaba, lo hacía como los ángeles. Entonces, no tenía edad suficiente como para captar detalles importantes, mensajes que contenían aquellas canciones casi infantiles, banales, y que a veces eran creadas sólo y con la única intención de ayudar al olvido, a no acordarse del sufrimiento, del hambre y del desencanto reinante en la sociedad. Pero sí analizamos algunos de aquellos éxitos musicales, por ejemplo el "Angelitos Negros" de Machin, uno encontrará en su letra un mensaje muy atrevido. En principio resulta un tanto inocente, nada malicioso ni con doble sentido, pero su contenido anti-racista lo mantiene en la actualidad. Su demanda o petición, gritaba al cielo, a los corazones de los cristianos de falsa y doble moralidad, a la Iglesia Católica que no aceptaba a los negros ni a otras razas en sus altares, en sus retablos, en la sociedad que ellos protagonizaban en primera línea, que sólo los usaba como trofeos de caza de su doctrina; nunca vi en mi infancia a un personaje de otra raza distinta a la nuestra es los catecismos ni libros religiosos, como no fueran con taparrabos, plumas en la cabeza, y arrodillados ante el religioso de turno que los convertía a la fe del dios blanco.

Aquella España era muy diferente a la de hoy, tuvieron que pasar años, cerca de la adolescencia, hasta ver los primeros negros. Recuerdo que los mirábamos con discreción pero con curiosidad, extrañados, por supuesto sin malicia alguna, por aquellos días el racismo en este país de morenos no había metido en el mismo saco a los negros, era dirigido en exclusivo a los gitanos y moros. Pero los tiempos cambian y hoy para la mayoría ya no extraña un negro por la calle, ni de otra raza, la diversidad se ha adueñado de las calles y, aunque siguen sin haber angelitos negros en las iglesias, las conciencias de las personas se abren a la diversidad de razas y culturas; sin embargo, lo que sí nos extraña ahora y nos hace volver la cabeza, no por curiosidad sino por rechazo y malestar, es cuando nos encontramos por las calles a los energúmenos que se creen superiores y les faltan el respeto a los diferentes.

Quizás por aquella protesta musicada de Antonio Machin, yo pinté mis angelitos negros, un tema que siempre me atrajo en la pintura fueron las razas y en especial los niños, los angelitos sin alas. Mis dos angelitos negros los pinté al principio de los años 90, y me inspiré en las votaciones democráticas de Sudáfrica, en dos madres vestidas de blanco pureza que portaban a sus hijos de corta edad a la espalda con telas verdes, esperanza, uno durmiendo plácidamente y el otro agitando una banderita con un dibujo de Picasso, la bola del mundo y cuatro brazos, manos, que se estrechan y que simbolizan a las razas, pidiendo igualdad.

Pero Antonio Machin no sólo formó parte de mi banda sonora, la de mi infancia, también tuve la suerte de encontrarme con él en dos ocasiones ya en mi juventud, en la primera trabajaba en un restaurante de carretera, donde paraban los camioneros en número elevado, siempre se ha dicho que cuando se ve a muchos camiones aparcados cerca de un restaurante es que ahí se come bien y barato. quizás por ese motivo, por lo concurrido, aquel verano vi en el hotel Las Vegas, en la carretera de Madrid - Córdoba, a varios de los cantantes de moda por aquel tiempo, de los que recuerdo a dos negros, Basilio, "Cisne cuello negro, cisne cuello blanco", y a Machín, Don Antonio entró por la puerta y eso provocó que todas las miradas se dirigieran hacia él. Alto, elegante, con una planta de estrella como pocos, y los murmullos se adueñaron del comedor, cerca del centenar de comensales, que lo reconocieron rápidamente y que no dejaban de mirarlo y comentar con sus compañeros de mesa las anécdotas de sus vidas en las que su música estuvo presente.

Estos comentarios los escuchaba mientras servía las mesas, y en una de ellas, de las que a mí me tocaban atender, Machin y un acompañante tomaron asiento. No olvidaré nunca su manera de hablar, de comportarse, elegante, respetuoso, y lo que aquel almuerzo veraniego llevó a su estomago, un gazpacho suave, sin mucho ajo, y un filete de ternera. Por la conversación que mantenían supe que venían de Sevilla, a poco más de 100 kilómetros de mi ciudad, y que se dirigían a la provincia de Ciudad Real.

Al año siguiente, al principio de verano, de nuevo tuve la inmensa fortuna de encontrarme con él casualmente, era en la gasolinera de La Lancha, a 8 kilómetros de Córdoba, yo recién terminaba de mi jornada laboral en el restaurante cercano y esperaba a un compañero para irnos juntos en el auto. Mientras esperaba, con un calor asfixiante, un coche se paró a repostar y al abrir la puerta me encontré de nuevo con el responsable de tantas ilusiones vividas por la mayoría de los españoles de aquella época. Fueron unos minutos los que tuve la dicha de tenerlo cerca de nuevo; poco tiempo después, el mismo año, supe de su muerte. Nació en Cuba, en Sagua la Grande, pero fue en Sevilla, Andalucía, donde quedaron sus restos mulatos para siempre.




http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

miércoles, 29 de abril de 2009

Tecun Uman y el lienzo de Quauhquechollan



Todo tiene su parte positiva y negativa, y no precisamente porque todo vaya equipado con los dos polos, no, las cosas son como son y no tienen vuelta de hoja, pero dependiendo de como nos interesa lo catalogamos a favor o en contra. Así que la misma cosa para unos es ventajosa y para otros una desventaja. Sin embargo, las tornas pueden cambiar y lo que ayer era rechazado hoy lo es aceptado, y viceversa. Este razonamiento bien podría mostrarme como inseguro, o en términos coloquiales un tanto veleta, pero la realidad es que todo cambia, evoluciona, y al hacerlo también las influencias se muestran de manera diferente. Por eso nada es maligno ni benigno, es de la manera que nos afecte en ese preciso momento. Uno pudiera pensar que lo que es negativo para una inmensa mayoría debería de etiquetarse como tal para todos, pero eso sería discriminar a la minoría que lo entiende diferente y entonces, nosotros, que nos creemos inocuos, pasaríamos a ser dañinos solamente por esa decisión, con la que hemos cambiado la percepción de los otros; esto queda en que somos positivos y negativos al mismo tiempo, pero sólo somos de una manera, es nuestra influencia la que nos sitúa en diferente plato de la balanza.

Esto es lo que sucede cuando se trata de situar a las nuevas tecnologías, para la mayoría los adelantos tecnológicos son precisamente eso, adelantos, no es retroceder, para nadie. Otra cosa es lo que puede suponer para algunos que, lejos de aceptar que son beneficiosos para la humanidad, ven en ellos un problema para sus intereses, que están anclados en otro tiempo y al ir evolucionando dejan de tener sentido. Mi punto de vista está siempre a favor del progreso, aunque no necesariamente signifique una ventaja para la humanidad, esto acarrea muchas desventajas, más bien por la manera poco sostenible de desarrollarlo que por su propio contenido. No obstante, y a estas alturas, cada paso que damos ya no se sabe si debemos contarlo como adelanto o como retroceso, como un camino sin retorno. Cada paso que damos nos supone un precio más elevado y, sin darnos cuenta, cuando miramos hacia atrás vemos que nos apartamos con nuestras decisiones continuas del contexto escenario natural del ser humano, para trasladarnos a otro espacio sintético, cibernético, en el que solo tenemos cabida virtual, es decir, irreal; jamás podremos abandonar nuestro espacio natural, podremos compartirlo, como anfibio, pero nunca olvidarnos de nuestro hábitat primario.

Como ejemplo mi propia experiencia; no podría vivir sin este trasto cibernético, ya no me imagino un mundo sin Internet y sin tener que pasar precisamente antes por las cavernas. Pero para muchos significa todo lo contrario, lo que para mí es el acortamiento o aniquilación de las distancias, de la transformación relativa del espacio-tiempo, de eliminar barreras, de formar parte de una identidad global, de la superación en las diferencias, de la posibilidad de disfrutar de cada una de las identidades, de tener a un golpe de ratón los sitios más recónditos, para otros simboliza y significa la destrucción de las identidades, la contaminación de las culturas al abrir las ventanas, la absorción de las costumbres de una pequeña comunidad por la devoradora globalización; son distintos intereses que nos hace valorar de distinta manera al progreso de las comunicaciones. De cualquier forma, esto tiene poco de ambigüedad, solo una cualidad primordial, la de acercarnos por medio de la comunicación, no se puede pretender defender los nacionalismos a ultranza y estar a favor de la globalización cultural, sería nadar a contracorriente.

Hace algunas semanas, paseando y curioseando por entre blogs latinoamericanos, di con un sitio interesante, entretenido. Se festejaba la Semana Santa y aunque todos los pueblos católicos lo hacemos de manera parecida, por las procesiones y la puesta en escena, también cada uno conserva su idiosincrasia, sus costumbres, su manera de entenderla, su gastronomía tradicional en esos días... fue aquí donde me llamó la atención una receta gastronómica que desconocía. El Dulce de garbanzos me atrapó y no pude reprimir mi curiosidad, el blog era el de Luis Figueroa, Carpe Diem, y les aseguro que sus artículos son mucho más interesantes y variados que el de la susodicha receta de garbanzos. Le envié un comentario pidiéndole la receta, a lo que accedió atentamente con un enlace chapín gastronómico, y después de realizarla en mi cocina y de comprobar lo sabrosos que quedaron las legumbres con azúcar de caña, canela y clavo, le volví a enviar otro comentario al respecto haciéndoselo saber. Su respuesta la comentó en mi blog, en el texto referente a los Taino de Puerto Rico y lo hizo con una recomendación, la de un tema relacionado con la Conquista de Guatemala, el lienzo de la conquista de Quauhquechollan.

El tema de este lienzo pictórico es verdaderamente apasionante, tan importante para la historia de Guatemala que ha tumbado por tierra la versión oficial de la conquista del país centroamericano. Las revelaciones de la investigadora holandesa Florine Asselbergs sobre la tela del siglo XVI, considerada además el primer mapa de Guatemala, nos ha dejado boquiabiertos a la mayoría con sus revelaciones.

Cuando comenzó a escudriñar en el viejo lienzo olvidado en un museo de Puebla, México, no sabía de lo que se trataba realmente, pensaba que estaba relacionado con la conquista del país azteca, pero según avanzaba en la investigación se fue dando cuenta de que los territorios se parecían más a los del país vecino del sur que al propio México. La conclusión de las investigaciones ha puesto en evidencia a la versión oficialista que reconoce a Pedro de Alvarado como conquistador de los territorios guatemaltecos, Asselbergs establece que fue su hermano Jorge el que llevó acabo la conquista. Para desvelar los resultados que han dado de sí las investigaciones sobre el lienzo, la Universidad Francisco Marroquín, de Guatemala, ha abierto al público una exposición, Quauhquechollan: el lienzo de la Conquista, que se me antoja interesantísima.

El autor del lienzo, de dimensiones murales, fue un indígena quauhquecholteca, entre los años 1526 y 1527, en él cuenta cómo se efectuó una segunda alianza entre los españoles y el señorío de Quauhquechollan para someter a los territorios, a los reinos, que hoy se conocen por Guatemala, El Salvador y Honduras, después de la primera, en la que se alió con Hernán Cortés en 1520, para liberarse de los aztecas y del yugo al que los tenían sometidos a los quauhquecholtecas. La narración del relato en el lienzo comienza con el pictograma del águila bicéfala y los escudos de las cuatro casas principales de Quauhquechollan, como símbolo de la alianza.

Al echar por tierra la teoría oficialista y cambiar de protagonista principal en la conquista de Guatemala, Jorge por su hermano Pedro de Alvarado, de igual modo los héroes nacionales también se resquebrajan, especialmente Tecun Uman, que fue declarado como Héroe Nacional y símbolo de defensa de la nacionalidad guatemalteca por el Congreso de la República mediante decreto en 1960.

Según cuenta la historia de los caqchiqueles, Tecun Uman fue derrotado en combate cuerpo a cuerpo por Pedro de Alvarado, el 20 de febrero de 1524; fue un cruenta batalla contra los españoles en las llanuras del Pinar, en el valle de Olintepeque. Cuentan que Tecun Uman luchó protegido por su nahual, el quetzal, y que éste acaudillaba un ejército de guerreros qiche. En el lugar de la batalla buscaba a su gran rival español y cuando lo encontró Tecun Uman se transformó en águila vestida con plumas de quetzal, subió al cielo para atacar a Pedro de Alvarado y en el primer choque le cortó la cabeza al caballo, pensando que el hombre y el animal eran uno sólo. Viendo que el español no murió en aquel choque lo intentó de nuevo, pero en éste Alvarado tenía preparada su lanza, se la clavó y murió. Rápidamente llegaron los perros de guerra de los españoles para desgarrar el cuerpo pero el adelantado los detuvo con unas palabras, dijo que Tecun Uman era un guerrero tan valiente y audaz que merecía ser enterrado con todo respeto.

Ahora las revelaciones del lienzo destrozan el misticismo y la leyenda del capitán qiche, claro que siempre nos queda la posibilidad de que el cambio de capitán español no afecte en lo más mínimo al héroe, que es de lo poco y bueno que nos quedó después de tanta destrucción cultural.

sábado, 25 de abril de 2009

Protesta, llanto, dolor, ira y ternura

Cuando en 1982 vi por primera vez aparecer en la pantalla del cine Chimisay del Puerto de la Cruz, Tenerife, Islas Canarias, a E.T., el archiconocido y entrañable personaje de ficción del cineasta Steven Spielberg, me pareció de todo menos extraño, tenía algo aquel extraterrestre que me resultaba familiar. Bueno, cualquiera que esté leyendo estas primeras palabras del escrito pensará que vaya familia tan poco agraciada la que tengo, pero no se trata de rasgos físicos familiares, si no más bien la sensación de que ese personaje ya lo había visto antes, que no era nuevo para mí; pero no solo en apariencia física, de igual modo su ternura me resultaba cercana. Sin embargo, no fue hasta pasado el tiempo, algunos años, cuando descubrí de donde me venía aquella sensación. Sucedió por casualidad y mirando un cuadro, una pintura de Oswaldo Guayasamin, entonces me pareció que tenía un cierto parecido con la creación de Carlo Rambaldi para la cinta nominada en nueve categorías y que consiguió 4 de las estatuillas de la academia de Hollywood, entre ellas a la de mejores efectos visuales. Sin duda fue la fuente de inspiración para crear al extraterrestre del dedo iluminado

Poco tiempo más tarde afloró en mí la pasión por el arte pictórico, por la pintura artística, que me llevó a vivir de esta ocupación durante algunos años de mi vida, y aquel curioso parecido hizo que me interesara por la obra de su autor, el ecuatoriano Oswaldo Guayasamin. Al principio me costaba recordar su nombre, no así su pintura, porque si algo tiene de especial, que son muchos puntos, es que no recuerda a ningún artista; los cuadros de Guayasamin se distinguen por todo, por sus motivos o temática, composiciones, expresiones, trazos, colores... ni siquiera plagiándolo un buen imitador nos confundiríamos, al menos los que valoramos su legado artístico, es imposible captar todo lo que derrocha en sentimiento cualquiera de los miles de cuadros que pintó. La obra de este genio de la pintura, uno de los grandes con mayúscula y no solo de la América latina si no de la historia del arte contemporáneo en todo el mundo, no necesita de firma, no es necesario acercarse para comprobar su rubrica plasmada entre sus trazos sueltos y rotundos, impactantes y viscerales, pero a la vez dinámicos y armoniosos, expresivos, no esconden su sencillez, quizás porque es la necesaria fusión con el mensaje que emerge de sus telas, lo más profundo del sentimiento humano, de su raza, el dolor, el llanto, la ira y la ternura de los indígenas americanos.

La providencia, la diosa fortuna, ha tenido en gracia concederme la oportunidad de situarme en varias ocasiones ante algunas obras del genial ecuatoriano y los sentimientos que han provocado en mí nunca han sido indiferentes, algunas de sus obras me han atrapado de tal manera que he sentido la necesidad de abrazar el lienzo, con toda el alma, con toda la ternura; no obstante no llegué a perder la cabeza y no me dejé llevar por lo que el corazón me reclamaba. Pero la sensibilidad de sus figuras se transforma en una campanilla que despiertan los sentidos, para hacernos más humanos, para sacar lo que dejamos aparcado en un rincón del corazón y que solo a veces afloramos para identificarnos con los mejores sentimientos. Los cuadros de Guayasamin nos recuerda el dolor de un pueblo, de un continente, que pocas veces sonríe, que llora, grita, con la voz y con las manos, que representan un extenso y expresivo catalogo de los sentimientos del ser humano. Sus cuadros no son un mero objeto decorativo para las paredes de familias bien, sus pinturas no relajan las conciencias, al contrario, o nos hacen sentirnos culpables o comprometidos con su causa, la de la liberación de los pueblos indígenas, la de su dignidad y la de los mejores y más puros argumentos de la humanidad, el amor, la ternura.

Mi primer encuentro con su obra fue en mi ciudad, en Córdoba, y lo más curioso fue que no se trataba de algunos cuadros sueltos entre una exposición mixta con otros artistas, no. La exposición tuvo lugar en la Sala Museística de Cajasur y la componían cerca de una centena, impresionante, no me reprimí y fueron varias veces las que repetí mi visita a tal acontecimiento único. Tanto contenido puede revertirse en un riesgo y volverse cansado, provocando que muchas obras pasen desapercibidas y otras confundidas, pero no, ni me confundí ni me aburrí. La segunda ocasión en poder admirar varios cuadros más de Oswaldo Guayasamin fue también en mi ciudad, en la sala de exposiciones de La Casa Carbonell (Vincorsa), esta vez sus trabajos se acompañaban de otros, entre los que figuraban picassos, dalis y otros de reconocimiento mundial.

Después significó una agradable sorpresa cuando en octubre del 2007 visitaba el mercado de artesanía de la ciudad de Masaya, en Nicaragua; pretendía comprar algunos regalos y otros caprichos para mi, guayaberas, cerámicas... y en una sala, por entre patios ajardinados y pequeñas tiendas agrupadas en pasillos, se exponían pinturas, fotografías de otros tiempos, varias esculturas de pequeño formato y un Guayasamin, allí estaba, como tratando de pasar desapercibido entre tanta artesanía, pero el arte sobresale siempre por encima de mediocridades con buenas intenciones. Mi amigo Silvio me acompañaba aquel día y tengo que reconocer que en cuestiones pictórico-artísticas no está muy puesto que digamos, pero aseguraría que desde aquel encuentro no se le pasará por alto ninguna obra del pintor de las manos protesta. La última fue el año pasado, también en octubre, al regreso de mi viaje por Centroamérica, conocía la existencia de un mural en el Aeropuerto de Barajas, realizado con acrílicos y polvo de mármol, en 1982, pero nunca antes tuve la oportunidad de poder admirarlo, ya se sabe como son los aeropuertos, hasta que ese día, sin pretenderlo, se presentó ante mí al bajarme del tren cercanía que va de una a otra terminal; el tiempo apremiaba y no me permitió admirarlo como me hubiera gustado, pero siempre me quedará otra oportunidad.

Pero si fascinante fue su obra también lo era su fuerte personalidad, que lo situó siempre en medio de la polémica. Es lo normal, lo que le suele suceder a los grandes personajes comprometidos, que pasan por la vida al contrario que la mayoría, sin hacer mucho ruido y sin provocar contradicciones, Oswaldo Guayasamin nació en 1919 y vivió la miseria, la pobreza de una familia como tantas, de padre indio y madre mestiza, y en la que le tocó ser el mayor de diez hermanos. Sus dotes artísticas ya le acompañaron desde pequeño cuando se entretenía haciendo caricaturas de los maestros, o pintaba algunos cuadritos en trozos de lienzo o cartón, de paisajes o retratos de estrellas de cine, que vendía en la Plaza de la Constitución. Tampoco encontró apoyo por parte de su padre cuando decidió ingresar en la Escuela de Bellas Artes de Quito, en 1932, quizás porque las necesidades eran muchas y el arte no ayuda mucho en la mayoría de las veces. Por aquellos tiempos se llevaba acabo "la guerra de los cuatro días", el movimiento obrero que se cobró una víctima muy cercana, su gran amigo Manjarrés, durante una manifestación, lo que marcaría su visión de la sociedad, de la gente, y más tarde sería motivo de inspiración para su obra "los niños muertos".
En 1941 recibió diploma de pintor y escultor en la escuela y cursó algunos estudios de arquitectura. Al año siguiente presenta una exposición en una sala privada y se crea un escándalo, la crítica lo considera una provocación, un enfrentamiento con la exposición oficial de la Escuela de Bellas Artes. Pero al margen de la polémica, Nelson Rockefeller queda impresionado y le compra varias obras, también le ayudó en el futuro. Entre el 1942 y 1943 permanece seis meses en Estados Unidos y con el dinero que gana viaja a México, donde conoce al maestro Orozco y le acepta como asistente, conoce a Neruda y comienza un viaje que le llevaría por algunos países latinoamericanos, Perú, Brasil, Chile, Uruguay, Argentina... y en todos encontró la misma realidad, la de los pueblos indígenas oprimidos. A partir de ese momento esa temática se convertiría en la protagonista de su obra. Gran amigo de Fidel Castro y Gabriel García Márquez, a los que retrató entre más de tres mil personajes, de grandes figuras mundiales, artistas y amigos. Expuso en las más importantes salas del mundo y sus murales se encuentran en los lugares más representativos, algunos de ellos son los de la sede de la UNESCO en París(dedicado a los millones de niños que cada año mueren de hambre en el mundo), Parlamento Latinoamericano, Congreso Ecuatoriano, donde surgió una gran polémica en un gran mural de 360 metros cuadrados que se instaló en la cámara de secciones, cuando en el acto de inauguración el representante de Estados Unidos abandonó el lugar, al comprobar que contenía un rostro calavérico con un casco nazi y las siglas CIA. Reconocimientos nacionales e internacionales de todo tipo, creó la fundación Guayasamin en Quito, a la que donó todas sus obras de arte y colecciones, ya que concebía al arte como patrimonio de los pueblos. También existe un magnifico museo con su obra en La Habana, Cuba, con la que tuvo una entrañable relación.
Toda una vida llena de trabajo y reconocimientos, hasta que en 1999, a los 79 años, el artista de la ira, el llanto y la ternura murió, recién acabada su obra más anhelada, "La Capilla del Hombre".











jueves, 23 de abril de 2009

De Ofelia, Ibn Hazm y El Collar de la Paloma




Uno no sabe nunca por que derroteros nos va a llevar el destino. Hay momentos, situaciones o decisiones, que nos marcan para el futuro, pero nunca somos conscientes de lo que ese detalle puede significar, jamás hubiéramos pensado en la trascendencia que podría tener para el desarrollo de nuestras vidas y su influencia. Estos detalles, insignificantes en la mayoría de los casos, que pasan desapercibidos y que no valoramos hasta bien pasado el tiempo, cuando los determinamos como el punto de partida, o la raíz desde donde comenzó para derivar en lo que nunca hubiéramos imaginado, son tan importantes como la propia vida, son las minúsculas piezas de las que se componen nuestra existencia; es lo que a golpecitos nos lleva a construir lo que somos, en lo que nos transformamos, un incierto transcurrir por infinitas posibilidades.

Hay preguntas casi inevitables para un periodista que entrevista a cualquier personaje, muy trilladas, de acuerdo, pero que exponen y descubren con su respuesta cual es el carácter o la personalidad del entrevistado, siempre que éste sea sincero y no trate de dar una imagen de si mismo distorsionada de la realidad. ¿Que libro nos recomendaría? ¿Cual es su libro preferido? O ¿Que libro se llevaría a una isla desierta? Al fin y al cabo las tres preguntas tienen el mismo sentido y las tres servirían para hacernos la idea de como es el personaje que responde. Por supuesto que un libro no puede reunir todos los componentes que necesitaríamos para cubrir cada uno de los momentos de nuestra vida en una isla desierta, cada libro tiene su propio momento y a cada instante nos apetece leer un libro de distinto contenido, pero si hay que elegir uno sólo, entonces, se nos reducen las posibilidades y la elección saca a la luz nuestro yo más profundo.

En ocasiones la memoria nos da la espalda y se niega a continuar siendo nuestra aliada, se declara en rebeldía y por más que intentamos convencerla, para que nos proporcione el detalle esclarecedor del punto de partida o raíz que nos llevó a inclinarnos por un camino u otro, o por una afición en particular, no conseguimos que colabore como acostumbra. Sin embargo, no siempre se comporta de esta manera, las hay, la mayoría de las veces, que nos aporta clarividencia, una nitidez extrema para recordar los entresijos insignificantes que nos trajo por estos derroteros. Esto me suele suceder cada vez que trato de recordar algún detalle de mi vida que esté relacionado con El Collar de la Paloma, de Ibn Hazm de Córdoba.

Con toda claridad recuerdo como llegó hasta mi conocimiento la existencia de esta obra literaria y su autor, como si de una película sonora se tratara, con sus protagonistas principales, secundarios, decorados, vestuario... así es, aunque parezca mentira, recuerdo cada detalle de aquel día de primavera, en 1980. Trabajaba en la cafetería Cronwell's, de Córdoba, y a la hora del aperitivo apareció por el local mi amiga Esperanza, como era costumbre, ese día la recuerdo con atuendo un tanto hippie, a lo años 70, pero nada extraño en ella, su fuerte personalidad destacaba siempre por encima de todos cuanto la rodeaban en cada momento; aquel mediodía lo hizo acompañada de la mayor de sus hijas, Eva, Riquelme, la que con el paso de los años se convirtió en una artista reconocida, primero como cantante del grupo musical "Corazones Estrangulados" y más tarde como escultora, entre sus obras está la que se encuentra en Canadá, una enorme imagen de Juan Pablo II en bronce, la más grande de todas las que al papa polaco le dedicaron en todo el mundo, y que su inauguración coincidió con la visita del religioso a ese país. La recuerdo entrar al local agarrada de la mano de su madre, con la mirada tímida pero llena de vida. Hay niños que, nada más mirarlos, uno se da cuenta de que hay algo especial en ellos, en su manera de ser, de mirar, de comportarse, y Eva ya mostraba por aquel entonces toda la sensibilidad de quien es especial.

Quería hacer un regalo y pensé en un libro, ya se sabe, cuando no encuentras que regalar un libro es lo más adecuado, a sabiendas de que lo más probable es que el obsequiado jamás muestre el mínimo interés por su contenido. Le pedí consejo a Esperanza y me recomendó dos títulos, El Jardinero, de Rabindranath Tagore y El Collar de la Paloma, de Ibn Hazm; me incliné por este último por formar parte de la cultura arábigo-andaluza. Fue un acierto, sin saberlo me decidí por el libro que llevaría conmigo a una isla desierta, solo la primera ojeada ya me atrajo lo suficiente como para decidir que lo regalaría después de leerlo; pero aquella era mi intención, otra cosa fue lo que hice, quedarme con el libro ante la imposibilidad de desprenderme de él, me había conquistado. Desde entonces siempre lo he tenido muy cerca y puedo decir que es el ejemplar que más veces ha estado junto a mi mientras dormía. Siempre regresa a la actualidad después de un tiempo apoyado sobre otros en la estantería.

Cuando escribí mi primera novela me acordé de él y decidí incluir parte de su contenido en un capitulo. De Par en Par, mi primera novela, trata de zapatos usados. En una tienda de segunda mano, de objetos usados, los zapatos tienen su espacio en medio del local, en una bandeja expositor, todos revueltos; ellos tienen su mundo propio y están marcados por los que los usaron en el pasado, los clientes los revuelven buscando un par que les agrade y, entre revolcón y revolcón, los zapatos se cuentan su vida, la de quienes los usaron. Son pequeñas historias, problemas sociales de hoy vistos desde nuestros pies. La historia en la que incluí una breve referencia del Collar de la Paloma y de su autor está dedicada a una barrendera que nunca se casó, aunque sí tuvo un amor, su único gran amor, pero hubo un condicionante que supuso una muralla infranqueable para realizar su deseo. Ofelia vivía con su anciana madre y al morir ésta entra en depresión, sus sobrinos le regalan un reproductor de CD para que le amenice sus horas de trabajo mientras barre y el encuentro con un disco compacto que halla en una papelera le lleva a descubrir una historia que cuenta un libro narrado y que está relacionada con el condicionante que truncó su casamiento. El corte que viene a continuación es una copia, un fragmento de mi primera novela que está inspirado en El Collar de la Paloma, de Ibn Hazm de Córdoba, y dice así:

"Una de estas tardes, al vaciar la primera papelera de la calle Picasso, encontró un disco que había dentro, sin estuche, sin rotulo alguno que anunciara el contenido, la curiosidad le convenció para averiguar lo que escondía no sin antes dudar sobre su conveniencia, por si se pudiera estropear el regalo. No parecía de música, solo al principio se oyó una melodía arábiga y después continuó una voz narrando lo que parecía un libro. El Collar de La Paloma, tratado sobre el amor y los amantes de Ibn Hazm de Córdoba y traducido por D. Emilio García Gómez.

La grabación no tenía la calidad de estudio, más bien se diría que se grabó artesanalmente, con sus ruidos de fondo sus sirenas de ambulancia y sus campanadas, que afinando a finando nos llevarían a las de la catedral.
El prologo de D. José Ortega y Gasset le fue metiendo en sintonía, dudó, hubo un momento que vaciló en continuar con el CD hallado, pero no tuvo alternativa y sucumbió ante las palabras del entusiasmado prologuista de la obra e insigne caballero.
Barrió y vació papeleras por inercia, porque los sentidos se concentraron en uno, en el oído. Si interesante fue el prologo encantadora se veía venir la introducción con la vida del autor, que coincidió con los acontecimientos decisivos en la disolución del califato, las guerras civiles y la anarquía de los Taifa. Le tocó ser testigo del bestial corte histórico, convirtiéndole en la figura más representativa de las letras hispanoárabes, y en sus escritos jurídicos, teológicos e históricos, pueden rastrearse las huellas del tiempo en que existió.

El Collar de la Paloma es la mejor obra de Ibn Hazm y de toda la literatura arábigo-andaluza. No se saben muy bien cuales son los orígenes de su familia, pudieran ser de un vulgar linaje Muladí, indígena español recién convertido al Islam, procedían de la provincia de Huelva, del cortijo o poblado Mont Lisam, hoy llamado Montijar. Su abuelo se trasladó a Córdoba cuando ya era la capital del califato de occidente, las noticias que de aquí le llegaban y el ansia por mejorar su fortuna fueron razones suficientes para convencerles a cambiar de aires.

El padre de Ibn Hazm, Ahmad fue un hombre de letras, prudente, recto y hábil, que llamó la atención de Almanzor y éste lo aupó, haciéndolo su visir y confiándole su sello en la ausencia. El autor del Collar de la Paloma nació en la madrugada del miércoles treinta de ramadán del año trescientos ochenta y cuatro, correspondiente al siete de noviembre del novecientos noventa y cuatro de nuestra era. Su infancia fue la del hijo de un ministro que creció entre las celosías del harén espiando a las mujeres, las que le enseñaron el Corán, los primeros versos y también las que le revelaron pronto los misterios sexuales. Fue un niño enfermizo, nervioso e inteligente, a los ocho años y con suma precocidad se asomó al mundo de los primeros amoríos con las esclavas de su familia. Contando aproximadamente veintiocho años escribió El Collar de La Paloma, fechado en Játiva entre los años cuatrocientos doce y cuatrocientos trece, la obra de Ibn Hazm fue olvidada por judíos, cristianos, traductores medievales y han tenido que pasar muchos años para que se reconozcan sus valores, de la importancia de sus paisanos Averroes y Maimónides.

¡Ofelia no se lo podía creer! Ella, que no había cogido un libro desde que lo llevaba en su primera comunión, estaba enganchadísima en el contenido de éste, con el análisis y la fortuna de El Collar de la Paloma. La obra se repartía en treinta capítulos interesantísimos que la barrendera escuchaba con atención, imaginando los lugares de los que hablaba y que hoy son tan diferentes, de las costumbres de antaño y de lo vivido por los hombres y mujeres del califato. Uno a uno los fue disfrutando y prometiéndose que cuando acabara éste empezaría otro nuevo libro narrado, los episodios se sucedían sobre las señales del amor, sobre quien se enamora en sueños, sobre las señas echas con los ojos, la sumisión, la contradicción, ruptura, lealtad, traición, separación…. sobre la enfermedad. Al llegar a este capitulo y escuchar la historia que en él se resumía, se identificó con ella, comprobando que hay problemas que no cambian con el tiempo, no igual, pero casi lo mismo le ocurrió con su primer y único amor, el eterno asunto y tan de moda pregunta. ¿El tamaño importa? ¡Por supuesto! Y tanto que importa, porque su vida podría haber sido muy diferente compartiéndola con el hombre que amaba, todo fue cuestión de centímetros y aunque lo quería, tenía claro que sexualmente sería complicada la relación.

Ibn hazm dejó escrito que uno de sus maestros se enamoró y se casó con una hija de la encargada de una alhóndiga de Bagdad, después de quedarse solos se desnudó para una necesidad, la muchacha que era virgen lo miró y se asustó del tamaño de su miembro. Corrió a casa de su madre negándose a continuar con el marido, la familia le insistió obstinadamente pero la mujer se cerró en banda y de ahí no había quien la sacara, el maestro se divorció de ella y al tiempo se arrepintió, pero ya no le fue posible atraerla, al hombre se le fue la cabeza y estuvo tratándose en un manicomio hasta que se curó".


lunes, 20 de abril de 2009

Los "nobles" de Boriquén

Los que me conocen ya saben del respeto y la atracción que me producen todos los pueblos latinoamericanos, y son tantas la veces que he escrito sobre mi admiración hacia todas las culturas que se asientan en el continente, e igualmente por las que desaparecieron por distintas razones, que siempre que escribo en relación al tema me invade la sensación de que lo que cuento ya lo he escrito en otra ocasión; aunque no me importa en demasía, prefiero repetirme hasta la saciedad que callar lo que siento. En cierto modo porque lo que reflejo no es otra cosa que el sentimiento, es el mensaje que acarrea mi parecer desde hace años, desde niño, siempre me sentí más cerca de Latinoamérica que de Europa, el continente que me vio nacer y desarrollarme como persona. Quizás por la cultura que en parte compartimos, me identifico más con cualquier país de Centroamérica o América del sur, que con otros más cercanos geográficamente, incluso con otros mediterráneos, o islámicos, pilar importantísimo de la cultura andaluza y en especial de la cordobesa, que la llevó a convertirse en la capital del mundo occidental cuando comenzaba el milenio que recién hemos dejado atrás.
Mis creencias religiosas no me atraen lo más mínimo a la teoría de la reencarnación, entre otras razones porque soy agnóstico o ateo, como quieran llamarlo, solo creo en que todos formamos parte del mismo microorganismo que se desarrolló de distintas maneras durante millones de años, pero poco más, tal ves como la mayoría de los mortales, pero sin escudarme en otras creencias superfluas que no me convencen ni me benefician lo más mínimo, y de lo que sí sacan partido los que promueven o predican sus doctrinas de ciencia ficción. Pero hay ocasiones en que las coincidencias promulgadas me hacen dudar, claro está que es por el desconocimiento, cuando los partidarios y defensores de la reencarnación aseguran que todos tuvimos vidas anteriores y que lo que nos atrae en esta vida forma parte de lo que fuimos en la última existencia. Esta teoría no la comparto, no obstante me resulta simpática por lo que a mi respecta, porque sería admitir que, en el papel que fuese, en otro existir fui protagonista, parte de la vida y el desarrollo de lo que me produce tanta admiración en el presente y la realidad.
Sin embargo, como también he dicho en otras ocasiones, nunca tiempos pasados fueron mejores, la historia con sus actos, de igual modo con las injusticias cometidas por el hombre, marcó el camino para el presente que nos tocó vivir, y como en todas las culturas existen episodios épicos, heroicos, que en la mayoría de las veces nos producen orgullo por lo que de dignas raíces suponen, nos agarramos a su defensa sin importarnos a lo que hubiera derivado aquella realidad de nuestros antepasados si los acontecimientos no hubiesen influido de tal manera para cambiar el ritmo de la historia. Siempre tomamos en cuenta lo que sucedió y que fue causa del advenir en el futuro, nuestro presente, nunca imaginamos por qué derroteros nos habría llevado la historia si lo acontecido, al no suceder, hubiera dado paso a un presente totalmente distinto al que vivimos. Pero eso siempre son suposiciones, otro cantar.
Independientemente del futuro distinto que hubiese provocado de no suceder lo acontecido, las injusticias, ni se deben aceptar ni excusar, injustas son de la manera que se quieran ver. Se podrán discutir las cuestiones que se tercien pero jamás defender lo indefendible, la historia de la humanidad está escrita en capítulos, algunos de ellos, que no debemos de ignorarlos, no por lo de constructivos, si no para no olvidarlos y no permitir que ocurran de nuevo, porque los tiempos y situaciones cambian pero la maldad de muchos seres humanos no desaparece por mucho excusarnos en otros tiempos y contextos.
Pudiera parecer que mi pensamiento es anti-español, o que trato a los españoles de la invasión americana como si a de monstruos me refiriera, no es así. Me siento orgulloso como español y como ciudadano del mundo, y aunque la realidad española nada tiene que ver con la actual, sí es verdad que todas las injusticias que sucedieron en la colonización tienen como protagonistas principales y responsables a los religiosos que pusieron pie con el propósito de la evangelización, y a los primeros aventureros que recién terminaban una guerra contra los moros, gentes de la peor calaña y rodeados de vivencias sangrientas que llegaron al nuevo continente en busca de fortuna . Hay que recordar que los mismos ciudadanos españoles por aquella época también eran víctimas de sus injusticias y como poco los quemaban en hogueras en las plazas, en la inquisición.
Soy consciente de que no todos mis lectores compartirán mi opinión, pero con ello cuento, lo importante es la diversidad de opiniones y siempre desde el respeto. De igual modo siempre he defendido que de no ser por la ayuda que recibieron de muchos pueblos americanos los españoles invasores no habrían podido realizar la colonización; la enemistad entre pueblos fue un condicionante necesario, un boomerang que repercutió en los que se aliaron con los extranjeros. Sin duda buscaban apoyo para enfrentarse a quienes les hostigaban y les salió el tiro por la culata. De la misma manera Los indios Taino de Puerto Rico se sintieron engañados por aquellos barbudos con los que su cacique Agüeybana, "el Gran Sol", hizo tratos para enfrentarse a los indios caribe, con los que se encontraban en guerra y que ya controlaban las Antillas pequeñas. Agüeybana era el más importante de los caciques tainos de Puerto Rico, o Boriquén en lengua arahuaca, que significa "la tierra del altivo señor" y su recibimiento hacia los extranjeros fue exquisito, como su nombre los definía a los Taino, "hombres buenos o nobles, en contra de sus enemigos los caribes, que aún perteneciendo los dos pueblos a la misma etnia de los arahuacanos, significa "valientes o agresivos". Fue en el segundo viaje de los españoles cuando llevaron acabo la amistad con Juan Ponce de León, mediante una vieja tradición, Agüeybana practicó el "Guatiao", un viejo ritual de la tribu, que continuó con un acto por parte de Ponce de León, que convirtió al cristianismo a la madre del cacique, bautizándola con el nombre de Inés.
La alianza y el trato amistoso que recibieron los españoles le hicieron más fácil la conquista de la isla y el apoyo por parte de Agüeybana, que los creía deidades llegados del cielo, como otros tantos pueblos americanos, fue decisiva en la alianza que mantuvieron. Después el cacique Taino condujo a Ponce de León a la isla la Española con el propósito de explorarla, pero aquella alianza pronto resquebrajó y se hizo añicos, los Tainos fueron forzados a trabajar como esclavos en las minas de oro y en la construcción de fuertes. Muchos Tainos murieron por aquel trato y el enfrentamiento no tardó en llegar. Los caciques organizaron a sus hombres y repelieron las agresiones que los esclavizaban, No obstante la lucha fue desigual, los arcabuces, ballestas, cañones, petos y armaduras, el armamento más moderno de la época, llevaron a los caciques a la derrota y a la huida hacia los montes boscosos.
Podría estar contando sobre los Taino mucho tiempo, de sus costumbres, de las islas que los acogieron, pero esto será en otra ocasión, Para terminar este texto lo haré con unas cifras que dicen mucho sobre lo que significó la aniquilación de los Taino de Boriquén, durante mucho tiempo se dieron por desaparecidos como pueblo, hoy se calculan que son unos quinientos individuos los descendientes de aquellos "buenos o nobles", que recibieron con los brazos abiertos a quienes con el tiempo se convertirían en sus enemigos más crueles.






http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

Cultura mexica ( XI )

Cerámica La cerámica es uno de los elementos artísticos mexicas menos estudiados, si lo comparamos con otros como dioses, calendarios o mito...