
Pasado el tiempo, me pierdo en él cuando trato de marcar una fecha más o menos certera, cercana, de cuando me interesé por el mexicano universal y por su obra, y dentro de esas dudas si fue antes o después, o a la par, de Frida Kahlo. Tengo que reconocer que en este país de pintores, e influido por la cercanía de los clásicos del renacimiento italiano y por los movimientos de vanguardia parisinos, flamencos, holandeses, simbolismo inglés... uno no acaba nunca de girar a sí mismo hasta que en un impulso salimos de esta espiral europea para tropezarnos con otros mundos, otras escuelas y otros genios, que tardamos más en encontrarnos con su obra pero que cuando lo hacemos es de la manera más grata y sorprendente, no por pensar que en cuestión de arte somos el ombligo del mundo, sino porque lo que nos rodea es la base, la fuente de donde beben y se nutren todas las corrientes y cualquier artista pictórico.
Es casi obligada la mención o presencia de uno u otro, de Rivera y Kahlo, cuando se trata de indagar en sus obras y trayectorias, vidas o biografías, van unidos siempre y, antes o después, uno acaba por discurrir por sendero alterno que nos introduce en otro mundo, otro estilo y otra vida, que terminan por encontrarse y enlazarse una y otra vez, como raíz al tronco, para fundirse en uno sólo. Los dos personajes, y las dos obras, son por sí merecedoras de acaparar con su protagonismo a cualquiera, ninguna le hace sombra a la otra, rara vez la historia nos muestra una pareja tan especial y genial como esta, porque si existieron otras interesantes fue por la aportación de uno al otro, pero como en este caso nunca. Quizás, y entre otras razones, porque la mujer en la pintura, salvo raras excepciones, no tuvo un protagonismo relevante en el pasado, hoy es diferente, como tampoco en otros apartados del arte, la ciencia, etc. Aun así, la trayectoria de Diego Rivera estuvo basada en la técnica, en el estudio durante años, su arte constituyó uno de los pilares donde se asentó uno de los más importantes movimientos en la pintura americana, el muralismo mexicano. Su obra lo sitúa en un sitio privilegiado dentro del arte latinoamericano, muralista, dibujante, ilustrador y escritor. En cambio, la trayectoria de Frida va más por el mensaje que por lo técnico, lo universal de Kahlo fue mostrar su singularidad, su discapacidad física y sus sentimientos. En una ocasión dijo que no era surrealista, como la hacían catalogar, porque ella nunca pintó sus sueños sino su realidad.
En Madrid ingresó en la Escuela de San Fernando y en el taller de Eduardo Chinarro, pudo estudiar de cerca a Goya, El Greco y Brueghel, y también desde la capital española realizó viajes a otros países europeos entre 1908 y 1910, Bélgica, Holanda, Gran Bretaña, Francia, donde se estableció finalmente en 1911, alternando su residencia con México. En la ciudad parisina tomó contactos con intelectuales y artistas españoles, Alfonso Reyes Ochoa, Pablo Picasso, Ramón María del Valle-Inclán, consiguiendo acercarse a las nuevas corrientes como el cubismo, al que abandonó poco tiempo después. De igual modo se relacionó con otros de distinta nacionalidad, como Paul Cézanne, de quien recibe la influencia del Postimpresionismo y se introduce en él, desde donde consigue captar la atención por sus vivos colores y acabados, a diferencia de otros muralistas de México. También en ese mismo año nace su primer hijo, que murió al año siguiente, fruto del matrimonio con la pintora rusa Angelina Beloff. En 1919 nace su hija Marika Rivera y Vorobieva, fruto de sus relaciones extramatrimoniales con Marievna Vorobieva, sin embargo, nunca reconoció a la niña, aunque si la sostuvo económicamente. Al año siguiente emprendió un viaje a Italia, gracias al embajador de México en Francia, donde estudió el arte renacentista.En 1921 regresa a México y en 1922 comienza su primer mural en el Anfiteatro Simón Bolívar de la Escuela Preparatoria Nacional y su pintura comienza a influir en el movimiento muralista mexicano y en Latinoamérica. Antes de acabar ese mismo año Diego Rivera contrae matrimonio por segunda vez, con Guadalupe Marín, una indígena mexicana de larga cabellera negra, piel morena y ojos verdes, la "Gata Marín", como era conocida la muchacha que limpiaba la casa donde vivía Rivera, mientras trabajaba en el mural de la Escuela Nacional Preparatoria. Con la que tendría dos hijas. También en 1922, en septiembre, comienza el fresco en la Secretaría de Educación Pública y participa en la fundación de la Unión de Pintores, Escultores y Artistas Gráficos Revolucionarios. Sin duda ese mismo año tuvo una fuerte influencia en su pintura y su vida personal, en él le otorgan los permisos para comenzar las pinturas y murales del Palacio de Cortés, en Cuernavaca; en la Escuela Nacional de Agricultura, en Chapingo; en el Palacio Nacional de la Ciudad de México; y un acontecimiento importantísimo, su anexión al Partido Comunista Mexicano.





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