
Volver la vista atrás y repasar la historia latinoamericana más reciente, en concreto la de la última mitad del siglo XX, es toparse con los episodios más tristes y terroríficos que se pueda uno imaginar, donde el imperio estadounidense se ganó a pulso todos los peores calificativos posibles que se le puedan dedicar, a partir de asesino. Entre los años 60 y 80 casi todos los países latinoamericanos estuvieron bajo el yugo opresor de la C.I.A, que apoyó y auspició a todas las dictaduras militares que sembraron el terror en la totalidad del continente americano. Pero a partir de la última década del siglo pasado las luces de la democracia comenzaron a alumbrar en la mayoría de países hispano parlantes, entre la amargura de quienes buscaban todavía a sus seres queridos, desaparecidos por dichas dictaduras militares establecidas, y la lucha de todo el continente, a la conquista de la libertad y la justicia, por la democracia. Todos los países latinoamericanos sufrieron la opresión, las injusticias, de sus gobiernos corruptos y asesinos, por parte de la política norteamericana, que no solo los mantenían en el poder si no que además dictaban la manera de reprimir a todos los países, a todos los pueblos opositores y con miras de simpatía a otras ideologías marxistas, comunistas, socialistas... con las técnicas de torturas y de como hacer desaparecer a sus opositores, manuales y especialistas del terror que se doctoraron en la conocida Escuela de Las Américas.
Sin embargo, el fin de la guerra fría puso termino a tanta crueldad, las libertades y los derechos de los individuos se fueron convirtiendo en propiedad de cada uno y la esperanza en el progreso se fue afianzando entre los pueblos que, incluso sumergidos en la pobreza y necesidades básicas, recuperaban la dignidad como arma para combatir a las adversidades y con la vista siempre puesta en el futuro. No se puede olvidar tanto terror y tanta crueldad como la que sufrieron no sólo en el hemisferio sur, también Nicaragua, Guatemala, El Salvador, Panamá, Venezuela... sería nombrarlos a todos prácticamente, y en todos ellos agarró el germen anti-norteamericano, serán necesarias algunas generaciones las que tengan que pasar para tener otro concepto diferente sobre los vecinos del norte. Pero ese sentimiento anti-yanki, que se respira por todos los rincones de Latinoamérica, se puede convertir en un revés hacia el mismo pueblo, cuando lo utilizan maliciosamente los que se proclaman salvadores de la patria, anti-imperialistas y no sé cuantas milongas más. Lo cierto es que la pobreza se estableció en la mayoría de los países y en otros convive con la opulencia de unos pocos, las diferencias sociales se hacen más pronunciadas y cuando los seres humanos vivimos en la precariedad nos hacemos más vulnerables, es ahí, cuando los avispados y desalmados nos convencen con poco, sólo proclamando lo que la mayoría queremos o necesitamos oír.
Es evidente que no existe receta ni formula infalible contra la pobreza, o al menos no la quieren poner en práctica, pero si hay una línea a seguir más resultante que cualquier otra esta es la de la honradez de los gobernantes en un escenario democrático, con la alternancia de los partidos políticos y con los poderes del estado siempre en posición del pueblo, de sus ciudadanos, todo lo demás son barreras para el desarrollo del progreso y la paz de las naciones. Mi experiencia propia como niño en una dictadura fascista me pone en una posición privilegiada al respecto, no obstante tuve la suerte de ir creciendo en mi adolescencia con la democracia y de vivir en una de las épocas más fructíferas que se han conocido en mi país a lo largo de toda su historia. Quizás en otros tiempos España se mostraba ante el mundo como un imperio pero para los ciudadanos nunca antes fue mejor que ahora y esto ha sido gracias a estos pilares antes mencionados. Mil veces que hable de política mil veces defenderé mi anti-radicalismo, los extremismos son los peores consejeros, los peores enemigos que un pueblo puede tener, cuando se trata de avances para la sociedad, solamente cuando se comparte una meta en común se consiguen retos, por lo demás es retroceder, perder el tiempo en contra de nuestros propios intereses; cuando las sociedades conviven en armonía y respeto los frutos recompensan.
Ese auto-proclamado y defendido anti-radicalismo me lleva a estar en contra de las nuevas dictaduras mal llamadas socialistas del siglo XXI o Bolivarianas, no las comparto. Mi pensamiento o ideología está clara a estas alturas del partido, dicho en términos futboleros, pero mi sentimiento democrático me dice que para un entendimiento con el que piensa diferente tengo que ceder, negociar, nunca tratar de imponer mis ideales, esto sólo provocaría que trataran de imponerme sus planteamientos los de distinto parecer. La democracia comienza con el respeto hacia el que opina diferente. Por eso rechazo también a las nuevas dictaduras de izquierdas, porque el respeto hacia el contrario deja de existir, pero no sólo al que piensa de distinta manera, de igual modo termina por convertirse en un arma arrojadiza y cuando nos damos cuenta somos víctimas de nuestro propio ideal. Como en el caso de Cuba, su revolución tuvo sentido mientras la guerra fría existió, aunque desde el mismo momento en que Fulgencio Batista fue derrocado, su dictadura fue reemplazada por otra, en este caso contraria, pero al fin y al cabo otra dictadura. Son innumerables los cubanos que participaron en la revolución, para después encontrarse como pago la represión por parte de sus propios compañeros de lucha, en muchos casos pagaron con su propia vida la osadía de luchar contra una dictadura establecida, por orden de los nuevos lideres a los que apoyaron hacia el poder. Habría que preguntarse para qué sirvió tanto radicalismo, tanta lucha inútil... sólo vivieron plácidamente los que se instalaron en el poder y los afines o perros de presa de la represión, la totalidad del pueblo vive envuelto desde entonces entre el discurso gubernamental de un sueño utópico, épico, y las necesidades básicas para sobrevivir.
Pocos minutos antes de comenzar este escrito estuve dialogando, chateando, por Internet con mi estimado amigo Silvio, de Nicaragua. Lo hacemos muy a menudo desde que se marchó a su país, nos conocimos aquí, en Córdoba, mientras estudiaba y desde que retornó he ido dos veces a visitarlo. En esas dos oportunidades que he tenido de poder comprobar la realidad en la que viven los nicaragüenses he visto como se puede engañar a un país, víctima de tantos avatares bélicos, dictatoriales, de gobiernos corruptos, de luchas ideológicas constantes y con el mismo fin, de políticos desvergonzados que utilizan el transfuguismo para enriquecerse. De cómo el dictador Daniel Ortega, uno de los componentes de la nueva hornada de dictadores, se está convirtiendo en uno de los más adinerados de Latinoamérica a costa de su pueblo mientras éste se sume en la miseria, de cómo llegó al poder engañando al pueblo, del robo de elecciones y de la violencia desatada contra los manifestantes cívicos y pacíficos que pedían sus derechos por parte de furibundos pagados por el mismo gobierno para evitar manifestarse y un sin fin de injusticias que serían innumerables.
Hoy mi amigo Silvio, progresista y demócrata como yo, y sandinista que luchó en las montañas contra la "Contra", cuando era casi un niño todavía, me ha puesto al tanto de lo que acontece, ya en descarada dictadura. La persecución contra los opositores de Daniel Ortega, los que no comulgan con sus prácticas dictatoriales y que son cerca del 70% de los nicaragüenses; en todos los barrios se organizan reuniones por los C.P.C. (consejos del poder ciudadano) y los que no acuden a esas reuniones se toman por opositores al régimen sandinista y comienzan a ser perseguidos. Desde hace varios años, desde que llegó al poder Ortega, temí que la débil y joven democracia sufriera un serio revés, con la cantidad de sangre inocente que se derramó para conseguirla, pero hoy me he dado cuenta de que la democracia nicaragüense fue ya devorada hace tiempo por la actual dictadura. Lo que me lleva a recordar a las dictaduras latinoamericanas del siglo pasado, donde como ahora, se unieron para perseguir a los opositores, a los que pensaban diferente y que se conoce por la Operación Cóndor, donde la C.I.A. sembró el terror. Ahora los protagonistas son otros, el contexto diferente, pero la sombra siniestra del "Cóndor Asesino" planea de nuevo, aunque en esta ocasión sobrevuela disfrazada de bolivariana.
