viernes, 17 de abril de 2009

Garachico, puerto rico



Cuentan que Pablo Neruda dijo, cuando llegó de paso a las Islas Canarias en dirección al continente americano, que estaba sorprendido, que se sentía como en casa. Sin duda, ninguna sensación nueva ni extraña, la que tuvo el chileno premio Nobel de las letras, Canarias en apariencia es otro país latinoamericano más, por todo, por su relación en el encuentro con el nuevo mundo, por su clima, sus costumbres, la calidez de sus gentes, su acento, y por sus emigrantes; de lo que alguien dijo alguna vez que habían más canarios en América que en el propio archipiélago. El ir y venir de los canarios a través de las generaciones ha propiciado una identidad más cercana a los países de habla hispana que a la propia península ibérica. La lógica nos fuerza a pensar que al estar más cerca del continente africano y que sus antiguos moradores, los guanches, eran de descendencia o procedencia norte-africana, de los bereberes, su cultura podría ser bien distinta, pero nada más lejos de la realidad.

Mi relación con las Islas Canarias, con Tenerife, y en concreto con Garachico, es de fuerte arraigo. Recién había cumplido los 22 años cuando me decidí a emigrar a las islas afortunadas, como también las conocemos, podría haber tomado otro rumbo cuando, presionado por la ausencia de empleo en mi tierra andaluza, me decanté por elegir ese destino. De allí conocía a un amigo, Paco Baute, fuimos compañeros de trabajo tiempo atrás en una cafetería cordobesa y una tarde lo llamé por teléfono a Garachico, a donde había regresado; le dije que pensaba emigrar y le pedí que me aconsejara por donde moverme en las islas; él, muy atento me dio los mejores consejos y aún más, me ofreció su casa y en ella estuve varios meses hospedado hasta que encontré trabajo en el Puerto de la Cruz, a una treintena de kilómetros de distancia. Siempre le estaré eternamente agradecido por su desinteresada ayuda y apoyo, en una época de mi vida que tengo entre las más agradables y que mejores recuerdos me dejaron. Aquel tiempo en Garachico me permitió conocer a fondo la idiosincrasia del canario, su nobleza, su historia, costumbres... hasta el punto de sentirme identificado con su realidad, con su cultura.

Después de seis años viviendo en Tenerife, una de las siete islas del archipiélago, las circunstancias de la vida me obligaron a volver a Córdoba, y aunque nunca más regresé, espero hacerlo pronto, siempre llevé en mi corazón a aquella tierra y sus gentes por lo mucho que me brindaron y enseñaron. He tratado en más de una ocasión escribir en el blog algún tema relacionado con Canarias, ya no como deuda sino más bien como un deseo siempre presente, y hoy he pensado que ya va siendo hora, que siempre tratando de buscar los temas más interesantes acabo por decidirme por otros, pero Canarias siempre es interesante, en todos los conceptos. Así que no existe tema mejor que todo lo que concierne a Garachico, sin embargo no haré nada nuevo, copiaré literalmente un fragmento de mi segunda novela,"La Reina del Puerto", la que ambiento y se desarrolla en Tenerife, especialmente en Garachico. En esta novela, que dediqué a mi amigo Paco Baute, el protagonista y escritor Román Ferreira se decide a pasar unas vacaciones en Garachico y, lo que en un principio se suponía aprovechar y documentarse para escribir la biografía de una antigua estrella de la farándula, que se suicidó en los años 80, se convierte en una historia de intriga, misterio y asesinatos. Uno de los personajes de esta novela es Carmelo, emigrante en Venezuela en otro tiempo y conserje de "Caracas", una pequeña pensión donde se hospeda Román; este se convierte en el mejor cronista de su pueblo, poniéndole en conocimiento de lo que fue el esplendor de Garachico en la historia. Parte del dialogo entre Carmelo y Román, que más parece un monologo del primero, dice así:

“-Lo siento Carmelo, tengo que confesarle que soy un ignorante respecto a este tema y después de lo visto esta mañana, en cierto modo me avergüenzo de ello, tendría que haberme interesado un poco más por el pasado de la villa y puerto- respondió Román.
-Entonces, ¿no sabe que Garachico fue la capital de la isla y su puerto el más importante, hasta que el volcán de Trebejo, o de La Montaña Negra, lo destruyó y sepultó bajo la lava?
-¡No! No lo sabía.
-¡Pues, si hoy le ha impresionado parte de lo poco que quedó, imaginase lo que llegó a ser este pueblo en su día, antes de aquel fatídico cinco de Mayo de mil setecientos seis, en que todo se destruyó! Un brazo de lava cubrió el puerto, retiró el mar y dejó solamente un incomodo caletón. El otro brazo, arrasó toda la calle de arriba, donde estaban los edificios más suntuosos, iglesias, conventos, monasterios, palacios… y desapareció todo, comercio, animales, viñedos… la gente huía como pudo, a pie, a caballo, a la rastra… con las alhajas y con lo poco de valor que les dio tiempo a coger… ¡Discúlpeme Román! Seguramente tendrá ganas de descansar y yo le estoy entreteniendo con la historia de mi pueblo- dijo Carmelo.
-¡No! No se preocupe Carmelo, continué, es muy interesante lo que me está contando- dijo Román.

-Fray Andrés Abreu, y Viera y Clavijo, entre otros, dejaron escrito como era la villa, cuentan que era alegre y hermosa su situación, ubicada al pie de un risco que se levantaba por el sur, que parecía un antepecho de color esmeralda donde descansaba el cielo azul y donde, debido a lo elevado del terreno, abundaban las fuentes, para saciar la sed y poder refrescarse. Cuentan también que era un deleite para la vista y que todo el año vestía de una agradable primavera, en amigable composición de montes y deliciosos jardines colgados del aire, de frondosas vides, variadas plantas con frutos, árboles silvestres... y por la parte norte, rodeado del mar, había un lugar que embravecían y enojaban tanto a los cierzos que solían salir de su curso y atravesar las calles.

Así era, se podía cazar y pescar en el mismo sitio, porque los animales y el bosque llegaban hasta la hermosa bahía, rodeada de casas y de un paseo cuyo nombre era el de Barandas. Las mercaderías se alcanzaban y se ajustaban con los barcos y navíos como si fuesen tiendas, existían grandes almacenes y vivían gente de mucho abolengo, caballeros de titulo y de ordenes militares, grandes casonas y palacios, hospital, tres conventos de religiosos y dos de monjas, excelente iglesia… en aquel tiempo a este delicioso y opulento lugar se le llamaba “Garachico, puerto rico”.
Aquí estaba el comercio del norte y de América, fue una época tan productiva que nunca más se volverá ha conocer otra igual. Desde que el adelantado Fernández de Lugo le cedió amplias zonas de terreno en mil cuatrocientos noventa y seis al banquero genovés Cristóbal de Ponte y fundó la villa, ésta había sufrido muchas inclemencias naturales y una larga lista de desgracias.

En mil seiscientos cuarenta y cinco la anegó un gran diluvio, en muchas ocasiones el mar la destrozó, en la calle de abajo el fuego también devoró más de cien casas y la peste causó estragos durante cinco años, desde mil seiscientos uno a mil seiscientos seis, pero fue el volcán el que más daño causó en toda la historia. La instalación de los molinos de azúcar significaron la primera y más importante riqueza desde la fundación, después el vino de Malvasia que tan celebrado era en Europa. Los barcos que partían de Garachico lo hacían para Francia, Inglaterra, Flandes, Angola, la península de Yucatán, el Río de la Plata. También cuentan que los más grandes y adinerados comerciantes construían en sus domicilios atalayas para divisar expectantes el regreso de los navíos de transporte con paños ingleses, telas francesas, obras de arte, especias de oriente… y que el almojarife se encargaba y cuidaba de las rentas del rey, se cobraban derechos, tasas de exportación, cánones de entrada...

El vino no solo iba destinado a Europa, también de la misma manera a las Américas. Acompañando al Malvasia también lo hacían los colonos canarios y muchos de los descendientes de aquellos aventureros regresaron después a la tierra de sus antepasados. Siempre fue un ir y venir de generaciones, la relación de los garachiquenses y América siempre estuvo presente en la historia, Cuba, Venezuela… habrá visto que Simón Bolívar tiene en la villa su estatua preferente, aquí nacieron sus antepasados. Y yo mismo, sin ir más lejos, fui emigrante durante muchos años en Venezuela… ¿Qué canario no tiene un familiar por aquellas tierras?

La lección de historia que Carmelo le regalaba le estaba dejando perplejo, boquiabierto, la serenidad con que lo hacía le transmitía paz, sosiego… hasta el punto de olvidarse, o no importarle, que al día siguiente tenía que madrugar.

El historiador garachiquense Carlos Costa- continuaba Carmelo-, recuerda que había incluso una calle hecha con mármol de Carrara y que solo los nobles podían pasar por ella, excepto los viernes, que a los pobres se le permitía pisarla para pedir limosna. Desafortunadamente el volcán lo devoró todo, incluyendo el galeón que estaba anclado en el puerto, cargado de oro y preciosas joyas, quedó prisionero para siempre engullido en un sepulcro de magma, pasando a formar parte de las historias y leyendas de la ciudad y de su pasado esplendoroso.
El puerto, la principal razón de su crecimiento y esplendor, quedó reducido a una pequeña rada en contraste con lo que fue, una amplia ensenada natural. El trece de junio, a los cuarenta días del inicio, se dio por extinguida la erupción, los vecinos rehicieron sus casas y las comunidades religiosas reedificaron sus conventos, pero ya nunca volvió a ser igual. Los esfuerzos de los vecinos resultaron vanos en el intento de que Garachico recuperara su auge comercial y los puertos de La Orotava y Santa Cruz tomaron el protagonismo y la relevancia que hasta entonces había tenido la villa y puerto.

El volcán marcó un antes y un después en este pueblo, a partir de ese momento fue la agricultura, con desigual reparto, y la pesca, carente por las inadecuadas infraestructuras, la forma de vida y sustento de sus habitantes. La rehabilitación del puerto quedó en un intento que no fraguó, las embarcaciones se vieron obligadas ha reducir su tamaño y a partir de ahí… todo fue diferente.

-¿Al castillo de San Miguel, no le ocurrió nada?-preguntó Román, interrumpiendo el monologo de Carmelo.
-¡Nada! Ahí lo tiene en pie, desde que el veinticinco de julio de mil quinientos setenta y cinco, cuando el alcalde Fabián Viña Negrón, que a la postre fue regidor de Tenerife, comenzó a llevar a cabo las obras de construcción autorizado por la Real Cédula de Felipe II. El convento y la iglesia de San Francisco fue otro de los pocos edificios y monumentos que se salvaron de la lava, y la antigua Puerta de Tierra, que aún hoy conserva la estructura pétrea, y que tenía como fin controlar a los pasajeros y mercancías que entraban y salían por el puerto, también la ermita de San Sebastián escapó de la furia del volcán…
-¿Y el nombre de la villa, Garachico, sabe usted porqué se le llama así?- preguntó Román lleno de curiosidad.
-En el idioma de los guanches, ¡y esto si que es otro mundo! Isla significa “Igara” y parece ser que partiendo de esa raíz y unido a chico, nos da el nombre actual. El roque siempre tuvo mucha presencia e influencia religiosa en la vida de los garachiquenses, solo tiene que mirarlo y lo verá coronado con la gran cruz clavada en su cima, el patrono es San Roque y a él se encomendaron cuando la peste se hizo dueña y señora del municipio, es el nombre más utilizado por los nativos y a él se le dedica la romería, una de las celebraciones más festivas de nuestro hermoso pueblo”.








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miércoles, 15 de abril de 2009

El Dios malvado que llegó del mar



La historia de los pueblos y sus personajes son temas siempre apasionantes, por encima de lo que para unos u otros simbolicen estos episodios. Para la concordia o la discordia lo sucedido ya nadie puede evitarlo ni volver hacia atrás, de los acontecimientos del pasado solo nos queda aprender, para quedarnos con lo positivo y nunca olvidar lo negativo, que de mucho tienen estas páginas históricas en la mayoría de las veces escritas con sangre, de unos y de otros, de buenos y malos, de invasores e invadidos, víctimas de la avaricia humana y que no sirve para otra cosa que para alimentar la ira y avaricia de otros, como una maldición que salta de la víctima al victimario, para dejar a este último en blanco y objeto de la ambición de otro, que a su vez quedará maldecido por el ansia de poder que envuelve a los hombres en este maleficio natural que es su propia sinrazón.

Las miradas que nos dirigimos de un lado a otro del Atlántico siempre estuvieron cargadas de distintos sentimientos, nunca indiferentes, es normal que desde la parte americana algunas miradas vengan cargadas de recelo, de desconfianza y si me apuran hasta de odio, por lo que la historia y sus actores nos dejaron y que hasta el final de la existencia humana siempre quedará en el recuerdo de los tiempos, como un resquicio de inaceptable, de inolvidable. En cambio, desde esta orilla, siempre se miró de manera entrañable, quizás por que no fuimos las víctimas del encuentro de estos dos mundos en otro tiempo. Sin embargo, hay que reconocer que, aunque generalizada la buena aceptación, siempre los hay indecentes, impresentables e irrepresentables, no obstante esta realidad no es un mal propio de ningún pueblo o cultura, es parte de la condición humana y siempre existen quienes afloran irrespetuosidad al diferente sin el mínimo rubor.
Son muchos los que como yo que, no compartimos ni aceptamos los acontecimientos protagonizados en la invasión de los pueblos americanos, nos avergonzamos de tener que llevar sobre nuestras espaldas el peso de la historia, en la que no participamos y por supuesto de la que no nos sentimos responsables. Los pueblos todos siempre fueron invasores e invadidos, desde la existencia de la humanidad se han ido devorando los unos a los otros, los imperios construyéndose a base de lo conquistado y, como imitando a la cadena alimenticia de la supervivencia, el pueblo grande alimentándose del pequeño. Siempre defendí el derecho que se me antoja tienen todos los pueblos del mundo a defender su identidad propia, por mucho que pensemos que la globalización niega la razón de ser a este derecho. El ser humano vive en el contexto del presente, el futuro es la responsabilidad, el que tenemos que dejar a las generaciones venideras para el buen desarrollo de la existencia de la especie y todo el entorno natural. En cambio, el pasado tenemos que aceptarlo aunque no lo compartamos, el pasado no puede ser nuestro enemigo, todo lo contrario, nuestra historia como pueblo es el mayor tesoro que poseemos, nuestra cultura, fruto de todo lo acontecido en otro tiempo.

 No sé cuantas veces habré escrito esta reflexión, con esta mismas palabras o con otras, pero la experiencia y el derecho que me da ser nativo de uno de los pueblos más invadidos de la historia, me permite opinar de esta manera, pocos pueblos en la historia de la humanidad han sufrido tantas invasiones como el andaluz, romanos, musulmanes, franceses... entre los más cercanos, todos con la criticada intención de desvalijar lo poco de valor que encontraran. Todos contribuyeron a nuestra identidad, a crear nuestra manera de ser, a fraguar la cultura que nos hace sentirnos orgullosos.

 Mi limitado conocimiento de la historia prehispánica, que no es nulo, entre varias razones por mi atracción hacia los pueblos latinoamericanos y sus culturas, y por el hecho de poder comprobar su realidad en varias visitas al continente americano, me ha enseñado que como en todos los continentes y siglos, los pueblos indígenas también fueron invadidos por otros que a su vez también huían de invasores, como es el caso de los Nicoyas o Nicaraos, tribus Chorotegas, que vivieron durante algunos siglos en el desierto de Xoconochco (Soconusco), hasta que los Olmecas, de los que eran enemigos desde hacía tiempo, aparecieron repentinamente desde México y los subyugaron. Incapaces de soportar a la esclavitud que los sometían decidieron emigrar y huir en masa hacia el sur, a Centroamérica, un siglo antes de que los españoles llegaran al continente. Pero anteriormente existieron dos grandes oleadas de migración desde el Anahuac, la gran meseta de México, dos dispersiones étnicas y culturales. La primera en el siglo XII y después de la ruina de los Toltecas; la segunda fue causada por el predominio Azteca, bajo sus poderosos caudillos las expediciones guerreras y comerciales llegaron hasta Panamá.

De igual manera otras tribus o etnias llegaron a Centroamérica huyendo del sur, de otros invasores, lo que demuestra que en la América prehispánica también se escribían convulsas las páginas de la historia. Precisamente de esta parte del continente, de Suramérica, quería recordar unos episodios que sucedieron en la invasión o conquista, del único imperio que existió anterior a la colonización, o al menos que se conozca, el imperio Inca. Para los más cercanos quizás no les diga nada nuevo, pero para los de este lado del océano, que tanto desconocemos, y no solo de esa época, será un descubrimiento conocer cómo se llevó acabo el secuestro del inca Atahualpa, el último gran emperador que dio fin a la dinastía del Dios rey Sol. La historia de Atahualpa está escrita junto a la de Francisco Pizarro, van unidas de la mano, los dos son protagonistas y representantes de dos mundos encontrados, para muchos un ejemplo claro de cómo transcurrió la invasión y dependiendo de quién lo cuente, el extremeño, será un malvado tirano o una víctima de la realidad que le tocó vivir. Una realidad cruda, en una época en la que la miseria cercaba la Península Ibérica, fruto de las guerras contra los musulmanes y donde pocas alternativas se ofrecían que no fuesen las de la guerra, no solo en la España que se constituía como nación, de igual modo en otras regiones de Europa.

 Es necesario exponer que Pizarro, quien había nacido en Trujillo, Cáceres, el 16 de marzo de 1476, tuvo una infancia pobre y difícil criando cerdos, hasta que con 17 años abandonó su ciudad natal y se dirigió a Sevilla justo por el tiempo en que Colón arribaba con sus barcos en las nuevas tierras. Su inexperiencia y desconocimiento en otros oficios, junto a su analfabetismo que nunca superó, le obligaron a alistarse en los tercios españoles, donde luchó a las ordenes del Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, siempre como soldado, en las campañas de Nápoles y frente a los franceses. Regresó a Sevilla, de lo que se conoce poco relativo a la estancia en la capital andaluza, y después embarcó hacia América, en 1502.

 Poco se sabe de los primeros años en América pero tampoco es mi intención en esta ocasión la de construir una biografía más o menos creíble y cierta, lo que me trae al gran conquistador es el encuentro que el destino tenía amañado de antemano con Atahualpa, quien acababa de terminar y ganar una guerra civil contra su hermano y enemigo Huáscar. Pizarro tomó rumbo al Perú atraído por las riquezas que allí podían encontrar, con un pequeño ejército de 180 hombres y 37 caballos. Desde un tiempo atrás los mensajeros del inca fueron observando todos los movimientos de los españoles y Atahualpa, influido por sus consejeros más cercanos, llegó a creer que se trataba de enviados de Wiracocha, al que las predicciones lo hacían con barbas y montando sobre un animal, que vendrían del mar.
Atahualpa permitió que aquel grupo de barbudos ingresaran a la sierra norte y se presentaran ante él, no pensando que supusieran un peligro, más bien todo lo contrario, pensando que Wiracocha estaría contento. Francisco Pizarro envió a varios emisores, entre ellos a su hermano Hernando, al balneario de Pultumarca, donde se encontraba el inca, para convencerles de que acudiera al día siguiente a la plaza de Jamarca a un encuentro con el jefe de los extranjeros, a lo que accedió después de una demostración de poderío montados a caballo y tratando de impresionarlos. Pero los impresionados fueron los españoles, cuando al día siguiente apareció Atahualpa acompañado de 8.000 hombres, de los que 102 iban delante del inca limpiando con escobas el recorrido por donde pasaría sobre su trono y a hombros de sus súbditos. Acompañado de sus más importantes consejeros ataviados con las mejores galas y el oro del inca reluciendo y en cantidad como los españoles jamás habían visto antes.

 La creencia de que el grupo de extranjeros no suponía ningún peligro hizo que se confiaran y los guerreros acudieron sin armamento al encuentro, solo 200 de ellos lo hicieron con porras y sogas, decididos a acabar con los insolentes barbudos que se atrevieron a hacerse pasar por enviados del Dios Wiracocha. Ante el inca se acercó el sacerdote español Vicente Valverde, con un crucifijo en una mano y la Biblia en otra, exigiéndole al inca convertirse a la religión católica, mostrándole el libro sagrado y asegurándole que toda la verdad divina estaba entre sus páginas. Atahualpa tomó el libro y tras examinarlo y no ver en él nada especial lo arrojó al suelo.

 En aquel preciso momento Pizarro dio orden de disparar y la recepción se convirtió en una carnicería, atacando por sorpresa y sin dar posibilidad alguna a contrarrestar el ataque por parte de los soldados incas. El enfrentamiento dejó alrededor de 4.000 muertos, entre ellos los más importantes consejeros y ministros, y a Atahualpa lo secuestraron y llevaron a Amaruhuasi, su cárcel durante 8 meses. En ese tiempo cuentan los historiadores que surgió una buena relación de amistad entre Pizarro y Atahualpa, compartiendo juegos de mesa e incluso permitió que le enseñaran el castellano, cosa que Pizarro nunca consiguió. Pero aunque para algunos el extremeño mostrara un carácter humano y comprensivo hacia su prisionero, su interés estaba puesto en el oro que suponía en enormes cantidades. Atahualpa le ofreció a Pizarro a cambio de su libertad un cuarto, como en el que él estaba recluido, lleno de oro y dos de plata. La orden del inca hizo que de todas las ciudades del imperio se trajera el oro que guardaban, de templos y palacios. Pero cuando el inca cumplió con el trato, las presiones de los españoles no permitieron que Pizarro cumpliera con el suyo, las instigaciones de Diego de Almagro, el indio Felipillo y el cura Vicente Valverde consiguieron la sentencia de muerte para el inca, con unos pretextos relacionados con la muerte de su hermano Huáscar y sin considerar los usos y costumbres andinos.

 El 26 de julio de 1533, en la plaza de Cajamarca, Atahualpa, aceptó convertirse al catolicismo y bautizarse, ante el ofrecimiento de que si no lo hacía moriría en la hoguera, y de esta manera no podría convertirse en mallqui, lo que significaba morir definitivamente. Acabada la ceremonia del bautismo Atahualpa fue estrangulado y según cuentan los cronistas sus últimas palabras fueron dirigidas a su amigo Pizarro, pidiéndole que cuidara de sus esposas e hijos, a lo que el extremeño, con lágrimas en los ojos, le aseguró que así haría. Pasados algunos años Pizarro también murió asesinado por varias puñaladas en el cuello a traición, por un grupo de españoles sublevados.







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domingo, 12 de abril de 2009

Reina de los ilegítimos (3ª parte)

El resultado de la vida de una persona no se mide por los momentos más importantes, porque si importantes fueron los últimos años de Eva perón, los más fructíferos en lo que a conquistas sociales se refiere, tanto o más lo fueron los que le valieron para perfilar su personalidad, para fraguar su carácter y para forjar su leyenda, que fueron todos los vividos, desde la infancia hasta el momento de su fallecimiento. Todos y cada uno de los momentos de su vida tuvieron el mismo valor, todos fueron necesarios para la trayectoria de Evita, para la construcción del mito, de todos aprendió, sumó, para alzarse en lo que se convirtió, una de las mujeres más importantes y queridas en la historia del ser humano. Personajes con este carisma no se hacen de la noche a la mañana, fueron un cúmulo de adversidades, de condiciones, de coincidencias, de influencias, de deseos y esfuerzos, una lucha diaria sin desmayo, sin dudas ni titubeos, de convencimientos y sin miedo a las consecuencias negativas, los ingredientes necesarios para este coctel con cuerpo femenino, de elegancia, dulzura, carácter enérgico, amor y honradez, que creó admiración en todo el mundo.

Como apuntaba en la segunda parte, de este resumen de tres, para Evita su vida no fue un camino de rosas, fue una consecución de peligros constantes, quizás porque para los arriesgados, para los decididos, las trabas son mayores a medida que se avanza, se agigantan las dificultades y cuanto más se adelanta más difícil de retroceder se presenta, por lo que llegado el momento todo se convierte en un punto de partida sin retorno y con el significado del vértigo abandonado a otras alturas, a ras de suelo. Pero lo que nos diferencia de estos mitos no es precisamente que se nos presenten los peligros por nuestro atrevimiento, si no que siempre salen victoriosos ante todas las adversidades que se les presentan, si existiese un medidor divino apostaría que Evita siempre estuvo acompañada por protección angelical, incluso a la hora de su muerte, porque su perdida, tan a temprana edad, le ayudó a convertirse en el mito que hoy, aún después de medio siglo, continua siendo motivo de veneración.
De la misma manera que salió inmune en el fallido intento de violación sufrido en su adolescencia, o de los primeros tiempos difíciles que se le presentaron al comienzo de su carrera artística, en el año 1945 y compartiendo la vida con Perón, también salió airosa de otra prueba, otro contratiempo que la vida le tenía preparada, otra vez los ángeles protectores allanaron el camino de obstáculos para continuar con su destino. En esta ocasión los acontecimientos políticos en la historia de la Argentina la involucraron directamente, cuando a Juan Domingo Perón le arrestaron tras el golpe de estado. Ese año fue clave en la historia política de argentina, la confrontación entre los sectores sociales se radicalizó, entre peronistas y antiperonistas, y terminó derivando en otro golpe militar llevado acabo por la oposición antiperonista, encabezada por el general Eduardo Ávalos. Perón presentó su renuncia como le exigía el militar golpista y junto a Eva fueron circulando de casa en casa de los más allegados hasta que fue detenido en el apartamento de Recoleta, confinado en la cañonera Independencia y con dirección Isla Martín Gracia. El mismo día en que lo detuvieron le escribió una carta a su amigo el coronel Mercante, en la que le pide que se encargue de "Evita", como la llama, que tiene los nervios rotos y que le preocupa su salud. Al día siguiente es a Eva a quien le envía otra carta, diciéndole que había escrito a Farrell, que le acelerara el retiro, que en cuanto saliera libre se casarían y que se irían a vivir tranquilos, que deseaba acabar con la situación en la que había quedado ella y que entre sus proyectos estaba el de escribir un libro donde aclarara los acontecimientos acontecidos y que con seguridad le darían la razón.

Pero no fue necesario aclarar nada, los golpistas no se decidieron a tomar el poder aún teniendo el control del país, y mientras tanto, los sindicatos comenzaron a movilizarse exigiendo la liberación del detenido, las protestas desencadenaron una gran manifestación, la del 17 de octubre, que dio pie a la liberación de Juan Domingo Perón, recuperando la gobernabilidad establecida y abriendo el camino para la victoria en las elecciones presidenciales. En esos momentos Eva Duarte carecía de identidad política, aún siendo ya presidenta del sindicato ARA desde un año antes a estos sucesos. Varios días después de recobrar su libertad, el 22 de octubre, como le dijo Perón en su carta, se casaron por lo civil en Junín y pasados dos días lo hicieron por lo católico en la parroquia de San Francisco, en la ciudad de La Plata. A partir de esos acontecimientos Eva comenzó su carrera política como esposa del candidato a las elecciones del 24 de febrero de 1946, fue una novedad esta participación en la vida política, porque hasta ese momento las mujeres carecían de derechos políticos, excepto en San Juan, y su presencia era restringida y apolítica. Ella se convirtió en la primera mujer en estar presente y participar en la carrera electoral del marido, pero para Perón esto no era una novedad, desde 1943 venía proponiendo el derecho al voto de las mujeres, pero sin éxito, en 1945 la asamblea Nacional de Mujeres presidida por Victoria Ocampo y otros sectores conservadores se opusieron a este derecho, considerando que se trataba una maniobra electoral.
De todas maneras nadie dijo que su trayectoria fue fácil, pocos días antes de finalizar la campaña, varias organizaciones estudiantiles organizaron un acto en favor de la elección de Perón, pero el agotamiento que sufría llevó a Evita a reemplazarlo en el uso de la palabra, las protestas airadas de los presentes frustro que pudiera pronunciar su discurso. Tuvo que esperar hasta tres días después de ganadas las elecciones para pronunciar el primero de los discursos, en un acto para agradecer a las mujeres su apoyo a la candidatura de Perón y exigir la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, y especialmente en favor al derecho del voto femenino. Inmediatamente después de asumir el gobierno fue presentado el proyecto de ley en favor del sufragio femenino y, como se esperaba, la oposición conservadora puso el grito en el cielo, incluso desde dentro de los mismos partidos que agrupaba el peronismo surgieron las protestas, que acusaban a Evita de intromisión por las presiones que recibían para aprobar la ley. Hubo que esperar más de un año para su aprobación, pero cuando se aprobó se hizo unanimidad.

Los logros sociales conseguidos por esta mujer única fueron de suma importancia, además de luchar por los derechos de las mujeres, de los obreros, se le atribuye la ley de la igualdad jurídica de los cónyuges y la patria potestad compartida, ley que anuló el golpe de estado de 1955 cuando derogó la constitución, la creación del Partido Peronista Femenino y la Fundación Eva Perón, entre otras conquistas. La buena relación con los trabajadores y el movimiento sindical impulsó su candidatura a la vicepresidencia, pero quizás ya era demasiado tarde, por ese tiempo ya estaba gravemente enferma del cáncer de pulmón que acabó con su vida un año después, el 26 de julio de 1952, en aquellas últimas elecciones pudo ejercer su derecho al voto, donde fueron 109 las mujeres electas, 23 diputadas nacionales, 6 senadoras nacionales y 80 legisladoras provinciales.

En 1947, la situación de la mujer en la política obligaba a Eva a quedarse fuera de la primera línea, esta ubicación a la que le obligaba la ley contra el derecho de la mujer llevó a programar al peronismo una gira internacional, con el fin de ubicarla en primer plano, la intención era la de oficiar a Eva como embajadora de buena voluntad y conocer los sistemas de ayuda social instalados en Europa. Fueron 64 días por España, Italia y el Vaticano, Portugal, Francia, Suiza, Brasil y Uruguay. Como anécdota del viaje me quedaré con la tirantez surgida entre las dos primeras damas, Evita y Carmen Polo, la esposa del dictador. Existen decenas de testimonios sobre el desagrado de Evita por el trato que recibían los trabajadores y personas humildes en España. El desencuentro entre las dos primeras damas fue propiciado por el intento de La primera dama fascista de enseñarle el Madrid histórico de los Austrias y los Borbones, en lugar de los barrios obreros y hospitales públicos. Como muestra queda el comentario que a su regreso a la Argentina hizo Evita: "A la mujer de Franco no le gustaban los obreros, y cada vez que podía los tildaba de "rojos" porque habían participado en la guerra civil. Yo me aguanté un par de veces hasta que ya no pude más, y le dije que su marido no era un gobernante por los votos del pueblo si no por imposición de una victoria. A la gorda no le gustó nada".












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sábado, 11 de abril de 2009

Reina de los ilegítimos (2ª parte)


Uno no sabe nunca en que lugar o situación nos va a poner la vida, el caprichoso destino, que juega siempre con nosotros a la incertidumbre del minuto, de la hora, del día siguiente, cuanto más para suponer con un mínimo grado de fiabilidad por donde y por qué derroteros la ventura nos paseará en un futuro. Otro asunto es el sueño que uno persiga y que, como decía aquella frase tan manida, se nos puede llegar a cumplir. La perseverancia, el esfuerzo constante y la fe en una meta a conseguir puede ser el mejor de los aliados que podamos tener para llevar acabo nuestros deseos y que nuestros sueños se realicen. Sin embargo, todo queda en el aire, pendiente de un hilo, solo la esperanza de que un día se cumplan nuestros anhelos es lo que nos empuja a continuar, con más o menos peligro, pero sin red; como funámbulo que camina sobre el alambre sin nada que amortigüe la caída, en caso que suceda, no la hecha de menos ni la cree necesaria, otra cosa es a la altura que se encuentre del suelo.
Las dudas y los peligros que conllevan cualquier camino que elijamos no siempre coinciden con los que pensamos, la providencia no es una ciencia exacta, lo suficiente que seamos precavidos colocando la red como para que esa misma protección que colocamos para amortiguar la caída se convierta en el más peligroso de todos los elementos en repercutir. No obstante, como digo, el peligro tampoco es sinónimo de supuesto seguro, es un condicionante añadido a nuestras elecciones, por muy inofensivas o arriesgadas que se nos antojen, pero sin darlo por seguro. Pero lo que nos condiciona a pensar en los posibles riesgos son precisamente los peligros sufridos, la experiencia, de otra manera pasaríamos irresponsablemente por debajo de cualquier cornisa a punto de desprenderse sin sospechar que pudiéramos ser víctimas de la coincidencia, efecto que nosotros provocamos con nuestras acciones, para bien o para mal, y que nos convierte en responsables de nuestros actos, situándonos en el sitio justo y en el momento preciso.

Cualquiera diría que me fui por "los cerros de Úbeda", expresión andaluza para explicar que me desvié del tema, pero nada más lejos de la realidad, con este razonamiento trato de exponer que la casualidad no existe, que todo está sujeto a nuestras decisiones y éstas a nuestros sueños y deseos que nos empujan a decidir, envalentonándonos en su persecución y sin pensar en el arrepentimiento que provoca la frustración y el fracaso. No sé hasta que punto Eva Duarte podría prevenir o presentir el peligro, aunque me supongo que el riesgo estaba generalizado y presente en cada esquina y a cada paso en la época que le tocó vivir, cuanto más para una mujer luchadora, arriesgada, y con más coraje que temores. Lo cierto e incontestable fue su arrojo por la meta a conseguir y sin importarle la ausencia o no de red, por encima de todo estaban sus creencias y lo demostró con la fe que le puso a cada paso dado.
Imagino que la política vino a su vida de la mano de Juan Domingo Perón, su hacer fue continuar ante las masas, pero en esta ocasión el guión no fue otro que sus propias convicciones, de otra manera no se explica la tenacidad y el riesgo expuesto, sin duda el amor tuvo mucho que ver en su desinterés por hacerse con la vicepresidencia, el amor a Perón y a su pueblo. Sus dotes artísticas la auparon hasta ponerla en primera fila del gobierno argentino y estas cualidades no eran nuevas, pues como apuntaba en la primera parte de este texto, comenzaron a florecer en la escuela primaria. Por aquel entonces las matemáticas u otras asignaturas no eran su fuerte, pero en la interpretación y recitando poemas sobresalía por encima de todos los escolares de Junín. Allí participó por primera vez en una obra teatral en el colegio para recaudar fondos para una biblioteca; escuchó su voz saliendo de un altavoz y utilizó un micrófono, participando en un festival de nuevos valores locales en la Casa de Música de don Primo Arini, como no había radio en el pueblo, una vez a la semana, colocaba un altavoz en la puerta frente a su negocio y Eva recitaba poemas en "La Hora Selecta"; también por primera vez mostró sus condiciones de liderazgo cuando acudió a la escuela con un moño negro sobre el guardapolvo, acaudillando a uno de los grupos de su escuela, el día que murió el ex presidente Hipólito Yrigoyen, derrocado por un golpe de estado tres años antes.
Con 14 años a Evita, que pasaba de niña a convertirse en mujer, el peligro la acechó junto con una amiga, según la historiadora Lucía Gálvez sufrieron un intento de violación cuando fueron invitadas, en el auto de uno de ellos, a visitar el Mar de la Plata, pero no pudieron consumar su delito, ante la oposición optaron por dejarlas desnudas en las afueras de la ciudad y un camionero las llevó de regreso a sus casas. Un hecho que se presume tuvo profunda influencia en su vida. No obstante, la vida se abría de par en par ante ella y la necesidad de encontrar trabajo la llevó, aún sin terminar la escuela primaria, a aventurarse y viajar a Buenos Aires, pero tuvo que volver sin conseguir su propósito. Regresó a Junín y acabó los estudios, pasó en familia las fiestas navideñas y el segundo día del año 1935 emigró definitivamente a Buenos Aires.
Sus ansias y deseos por salir de su pueblo y establecerse en Buenos Aires estaban soportadas sobre la creencia de que las grandes ciudades eran lugares maravillosos, donde todo era lindo y extraordinario, incluso hasta imaginarse que las personas lo eran "más" que en su pueblo. Figuraciones construidas en base a lo que oía de quienes visitaron grandes ciudades y de la realidad que la rodeaba, muchos más pobres que ricos, imaginaciones forzadas por su deseo, el de existir otros lugares en el mundo donde la situación fuese al revés a lo que percibía en su entorno. Cuando llegó a la capital argentina, acompañada por su madre hasta que encontró trabajo, pudo comprobar que aquellas figuraciones no eran más que eso, fruto de su imaginación. La realidad era más cruda que lo figurado y comprobó que, al igual que ella, acudían con el mismo propósito los emigrantes de las zonas rurales a las grandes ciudades, forzados por la crisis económica de 1929, constituyendo la mano de obra que impulsó el desarrollo industrial de Argentina protagonizada por los llamados "cabecitas negras", un termino despectivo y racista utilizado por las clases media y alta para referirse a los emigrantes no europeos. La gran migración interna de la Argentina, en los años 30 y 40, fue la base social del peronismo a partir de 1943.

Al contrario que en la primera vez, en esta ocasión consiguió un trabajo al poco de llegar. Era un papel secundario para actuar en la compañía teatral de Eva Franco, una de las más importantes de la época. El 28 de marzo de 1935 debutaba profesionalmente en la obra La Señora de los Pérez, en el teatro Comedias. Al día siguiente de su debut el diario Crítica le dedicaba una breve reseña: "Muy correcta en sus breves intervenciones Eva Duarte", sin duda no era mal comienzo con 15 años de edad. Pero no fue un camino de rosas, durante los años siguientes atravesó un duro trayecto de humillaciones y escasez de trabajo, apoyada siempre en su hermano mayor, Juancito, que emigró a Buenos Aires pocos meses antes que ella. Después obtiene un contrato que la lleva a una gira de cuatro meses por Rosario, Mendoza y Córdoba, en la que cosechó un notable éxito de crítica. Todos los compañeros de trabajo, y quienes la conocieron por aquellos días, la recordaban como una jovencita flaca y débil, cuyo sueño era el de convertirse en una actriz importante, con fuerza y con gran sentido de la amistad y la justicia. Poco a poco iba logrando un cierto reconocimiento y participando en algunas películas como actriz de segunda línea, como modelo, en algunas revistas de espectáculos, pero el éxito relativo le vino como locutora y actriz de radioteatros. El salto importante en su carrera lo dio en Radio Belgrano, donde obtuvo su primer papel en la obra "Oro blanco", más tarde consiguió encabezar el elenco de la recién creada Compañía de Teatro del Aire, simultaneando papeles en películas, para seguir ascendiendo con otras compañías de radio, hasta que en 1942 logra dar el salto definitivo y su estabilidad económica deja atrás las penurias en pensiones y alojamientos de mala muerte para comprarse su propio apartamento en el exclusivo barrio de Recoleta.

En 1943 Eva comienza su andadura sindical y se convierte en una de las fundadoras de la Asociación Radial Argentina (ARA), el primer sindicato de los trabajadores de la radio. Por aquel entonces la situación política y social del país estaba cambiando radicalmente, la migración había provocado cambios desconocidos hasta ese momento en Argentina, en ese mismo año la producción industrial superó a la producción agropecuaria por primera vez, los cambios se hacían más notables en las grandes ciudades con un amplio proceso de urbanización, empujado por el desarrollo industrial, a la par que las mujeres ingresaban en el nuevo mercado de trabajo asalariado. En todo este contexto social el país se sumergía en una profunda crisis política, los partidos políticos tradicionales estaban inmersos en un sistema corrupto y fraudulento en el voto y que derivó en un golpe de estado militar, donde el joven teniente coronel Juan D. Perón integraba la tercera fila del nuevo gobierno. El encuentro con Perón surgió en 1944, Eva contaba 24 años de edad y él llevaba viudo desde 1938, en un acto en Luna Park, realizado por la secretaría de trabajo y Previsión, de la que Perón era responsable, para homenajear a las actrices que más fondos habían recaudado para una colecta en ayuda de las víctimas del terremoto de San Juan. Parece que fue todo un flechazo porque al mes siguiente ya vivían juntos en el apartamento de Eva Duarte.



















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miércoles, 8 de abril de 2009

Reina de los ilegítimos (1ª parte)


Lo de que "el tiempo pone a cada uno en su sitio" es una frase que yo suelo usar a menudo y que de rotunda que se me antoja parece que dictara sentencia, justicia. Es como si uno no tuviera que preocuparse por lo injusto porque ya se encargará el tempo de catalogarnos y valorarnos como nos merecemos en su justa medida, a los ojos de la historia, sólo que ésta no siempre se acuerda equitativamente de los justos e injustos. En el tamiz de los tiempos y las obras no siempre se purga con equidad, en ocasiones se distorsionan las figuras y los paisajes que estos habitaron, de la misma manera que los acontecimientos se deforman como elásticos, hasta el punto de no parecerse a la realidad. Es por lo que muchas veces escuchamos campanas, acontecimientos, y no sabemos de qué iglesia, época, proceden sus sonidos. Esto suele suceder cuanto más alejadas son las generaciones de las fechas históricas acontecidas, se tiene una referencia del hecho histórico pero cuanto más se aleja en el tiempo más reducido se conserva del conocimiento, hasta perderse en la memoria histórica, o como mucho, deformarse y transformarse la realidad, incluso consultando las enciclopedias, pues éstas se pueden crear erróneamente si se apoyan en datos equivocados o en revisionistas malintencionados que niegan la realidad para imponer sus razonamientos partidarios.
Esto pudiera ocurrir si a las nuevas generaciones le preguntamos por personajes y sus obras de mediados del siglo pasado, es posible que al mencionarles el nombre en cuestión saquen una respuesta muy a la ligera, vestida de andar por casa y en la mayoría de los casos con más dudas que fundamentos sobre los hechos y razones que fraguaron su leyenda. Esto sucede mayoritariamente cuando nos referimos a políticos, los de primer orden se retienen algo más en la memoria, aunque desgraciadamente son los llegados al poder por la fuerza y de manera poco ortodoxa los que mejor se recuerdan, son el caso de dictadores y casi siempre militares. Pero también los hay, quizás los menos, que se mantienen en la memoria popular por sus conquistas sociales y hechos beneficiosos para el pueblo. Realmente no son muchos los que me vienen a la memoria con estas características y que fueran elegidos democráticamente aún menos, pero si encima le añadimos el condicionante de que sean mujeres reduce enormemente las posibilidades. Contando con que en el contexto de la política la mujer en el siglo pasado apenas disfrutó de derechos, ni en el voto y por supuesto mucho menos en presentarse como candidata. Parece imposible, tal como entendemos las sociedades libres de hoy, que hace un puñado de años las mujeres no tenían derecho prácticamente a casi nada... esta reflexión, sin duda, nos hace sentirnos orgullosos por los avances conseguidos, pero nunca satisfechos, el camino de las libertades del ser humano, no sólo de la mujer, es largo y tortuoso, como decía aquella canción de los Beatles.
Es muy probable que si le preguntamos a un adolescente, o no tanto, por la relevancia de Eva Duarte, cabe la posibilidad de que la confundan con una decadente estrella del rock, o en el peor de los casos con un personaje ficticio que dio vida y llevó a la pantalla la popularísima Madonna, acompañada en el reparto por Antonio Banderas. Es lo que apuntaba al principio, que el tiempo no es tan justo a veces y sí cruel en ocasiones, en lo que respecta a personajes que deberían de ser un ejemplo para todos, aunque entiendo que puedan existir sus detractores, pero conociendo la trayectoria de esta mujer pocos enemigos se me ocurren que pueda o pudiera tener, en todo caso sería motivo de desconocimiento o por fundamentalismos desaforados. Existen personas que cuando nacen lo hacen rodeadas de un aura, un halo, que las envuelven y las elevan por encima del resto de los mortales, no son dioses, pero para el caso como si lo fueran, y referente a Evita es al igual que a una reina, que no necesitó de alta cuna, ni de sangre azul, el pueblo argentino vio en ella lo que todos los pueblos andan buscando entre esos bosques de políticos siempre estirados, trajeados, prepotentes, corruptos, que no dejan pasar el sol por entre las hojas de sus copas, y la eligió a ella como a su más querida representante nacional.
Repasar la vida de esta notable y admirada mujer del siglo XXI, adelantada a su tiempo, resulta demasiado corta, que no agitada, si tenemos en cuenta que dejó de existir cuando constaba con 33 años, la edad de los elegidos. Una vida breve pero llena emociones, de necesidades, de alegrías por recoger parte del fruto que cosechó, y de penas por lo que costó conseguir esos derechos y libertades. A veces nos cuesta entender de donde salen, brotan, esas energías en personas de relevancia, que para el resto de los humanos nos resultaría una imposible tarea, supongo que se necesitarían muchos ingredientes en una vida y que encontraran el cause perfecto para desarrollarse, pero desde luego que no lo conseguiríamos por mucho esfuerzo que pusiésemos en el empeño. Se necesita ser de una pasta muy especial para parecerse a Eva Duarte y mucho más aún si cuando comenzamos con su biografía lo hacemos dándonos cuenta que hasta en su fecha y lugar de nacimiento existieron dudas, propiciado por su ilegitimidad, por ser hija ilegítima de Juan Duarte, un estanciero, latifundista, y una criolla, Juana Ibarguren. No obstante el trabajo de los investigadores sitúan la fecha de su nacimiento en el 7 de mayo del 1919, sin embargo la posibilidad del lugar se reparte entre dos puntos, Junín o La Unión, frente a Los Toldos de Coliqueo. Su padre era conocido por el vasco y se cree que era descendiente de franceses, un importante político conservador que en la primera mitad del siglo XX se benefició de las propiedades de la comunidad Mapuche de Coliqueo, en Los Toldos, mediante maniobras fraudulentas implantadas por el gobierno, apropiándose, entre otras, de la estancia en la que nació Eva.
Juan Duarte mantenía a dos familias, una legítima en Chivilcoy con su esposa legal y otra ilegítima en Los Toldos, de la que Eva formaba parte, la quinta de 5 hermanos. Muy pronto comenzó a darse cuenta de la cruda realidad que le tocó vivir, la primera experiencia que le marcó profundamente fue a la muerte de su padre, con el que apenas tuvo contacto, con siete años uno no se da cuenta de lo que nos rodea pero hay acontecimientos que nos dejan con la sospecha de que algo no anda bien, como decimos en mi tierra "con la mosca detrás de la oreja", y esto precisamente le ocurrió a Eva, cuando tuvieron que abandonar la estancia donde vivían y quedar la familia desprotegida totalmente, después de que asistieran al velatorio y la familia legítima le prohibieran la entrada, en medio de un gran escándalo, tuvo que mediar un hermano político de su padre para que pudieran acompañar al cortejo hasta el cementerio. Por aquella época era una costumbre generalizada en el campo, por supuesto que para la clase alta, que los hombres tuvieran dos familias, para lo que la ley argentina establecía calificaciones infames tales como hijo adulterino, hijos ilegítimos, sacrílegos, mánceres, circunstancias que se anotaban en las partidas de bautismo de los niños y que en el caso de Eva Duarte, en 1945, logró que se destruyera el original de la partida bautismal para eliminar la descalificación infame. Precisamente y una vez en el gobierno, el peronismo y Evita en particular, impulsaron avanzadas leyes antidiscriminatorias que igualaban a los géneros y a los niños, sin importar la naturaleza de las relaciones de sus padres, leyes a las que se enfrentaron oposicionalmente la iglesia y las fuerzas armadas.
A Juana Ibarguren no le quedó más remedio que mudarse con sus hijos a Los Toldos, originalmente una toldería Mapuche, un pueblo indígena, donde habitaron una pequeña casa a las afueras del pueblo y comenzó a trabajar de costurera para mantener a la familia. La situación familiar se agravó seriamente y en ese contexto de necesidades, al año siguiente de la muerte del padre, la niña Evita ingresó en la escuela primaria. Hay que apuntar que no fue falta de dificultades y tuvo que repetir el segundo grado en 1929, sin embargo, Chola, como la llamaban por aquel entonces casi todos, o Negrita, que lo mantendrían de por vida, comenzaba a mostrar sus cualidades y habilidades, por la declamación dramática y como malabarista. En 1930 su madre decide que se trasladarían toda la familia a Junín. Los hijos van creciendo y Elisa, Blanca y Juan, comienzan a trabajar y supone una ayuda para la familia que, con la base del trabajo de Juana, empiezan a prosperar. Las dos menores continúan escolarizadas, Erminda ingresa en el colegio Nacional y Evita al tercer grado en la escuela Nº1 Catalina Larralt de Estrugamou, hasta acabar su educación primaria completa, con 15 años, en 1934. Allí su vocación artística fue agrandándose y participando en todo lo referente a las artes que se organizaba en la escuela, aquella jovencita comenzaba a soñar, con emigrar a Buenos Aires y ser actriz.








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sábado, 4 de abril de 2009

Libertad y botín

Hace algunas semanas me llamó la atención una curiosa fotografía de Johnny Depp ataviado de pirata, de capitán Jack Sparrow, interpretación que ha aumentado con creces la popularidad que ya disfrutaba. Caracterizado de Sparrow, Depp, lucía el atuendo clásico al que ya nos tiene acostumbrados en Piratas del Caribe, pañuelo a la cabeza y un sin fin de adornos que se escapan entre su peculiar y original melena, pero en esta instantánea, seguramente captada en un descanso del rodaje, dejaba entrever la etiqueta de una conocida marca deportiva disimulada entre la cascada de abalorios. Eso me hizo preguntarme cuanto de verdad tendrá todo lo que rodea al mundo de los piratas, personajes que atraen las simpatías de la mayoría, por todo lo que reúnen y significan. Un mundo romántico de aventuras, donde la libertad es su primera ley y sus principios parecen que andan siempre por encima de lo humano y lo divino, pero que a la vez los hace canallas, traicioneros y poco de fiar, al pirata, como al peligro, siempre hay que mirarlos de lejos; en todo caso desde la butaca de la sala cinematográfica o tumbado desde el sofá de nuestro salón.

Estos aventureros personajes, que deambulan siempre más allá de lo establecido, que se pasan las leyes por el forro de sus casacas y en la mayoría de las ocasiones por el filo de sus espadas, representan a los antisistemas, a los Robin Hood de los mares, pero en el fondo de sus existencias, tras los parapetos y biombos donde se esconden sus realidades, no habita tanta galantería y altruismo como las aventuras de ficción nos hacen ver, más bien todo lo contrario, criminales desalmados que venden a sus madres por un loro parlanchín en días generosos. Pero al contrario de lo que creemos y nos parece, los piratas no son exclusivos de un tiempo y un lugar determinado, quizás los identificamos con el mar Caribe y en los años en los que los galeones españoles o ingleses, entre otros, navegaban de América a Europa cargados de riquezas. Pero nada más lejos de la realidad, erróneamente pensamos si creemos de esta manera. La piratería es tan antigua como la navegación misma, sin embargo, las primeras referencias que se tienen de ella es del siglo V a. C., en la llamada Costa de los piratas, en el golfo Pérsico, pero también existieron otras zonas de piratería por esa época, como el Mar de China o el Mar Mediterráneo, actividad que duró durante toda la antigüedad. Aunque a diferencia de otros tiempo, sus intereses eran más de tipo esclavista, una práctica que resultaba altamente lucrativa, no obstante y de igual manera se buscaban piedras y metales preciosos, esencias, telas, sal, tintes, vino y otras mercancías que, especialmente los barcos fenicios, transportaban.

Los piratas son considerados, en ocasiones, héroes en sus países, contrariamente a lo que en tierra se entenderían por ladrones y secuestradores, pero también hay que entender que el concepto de piratería no es lo mismo hoy que en tiempos de la Grecia clásica, donde el oficio de las armas era reconocido y estimado hasta el punto de glorificar, como en el caso de Jasón, uno de los más famosos. La falta de datos al respecto, que no son muy abundantes, ha hecho que nos tengamos que apoyar en los mitos, para saber, por ejemplo, que los griegos eran buenos piratas y que como ocurrió con Jasón, quien guió a los argonautas hasta la Cólquida en busca del Vellocinio de oro, acabaron derivando en glorias nacionales. A igual manera que Ulises u Odiseo, que tal como narra Homero en la Odisea, en su regreso a Ítaca, también realizó varios actos de piratería. Pero por encima de todos los piratas griegos está Plutarco de Samos, del que sí se tienen referencias, este personaje llevó acabo sus fechorías en el siglo VI a. C. y saqueó toda Asia Menor en varias expediciones, llegando a reunir más de cien barcos. No obstante, para que nos hagamos una idea de como los piratas no sólo sembraron de peligros los mares conocidos en la Grecia clásica, si no que esta práctica delictiva se fue desarrollando a la par que pasaba el tiempo, especialmente en el Mare Nostrum, no hay más que trasladarse a la época final de la república romana, en la que impedían e interrumpían el comercio por las líneas de suministro de Roma, primero desde sus bases en las montañosas costas de Cilicia, al sur de Asia Menor, para terminar por todo el Mediterráneo. Uno de los capítulos más conocidos y llamativos de esta época, sembrada de peligros marítimos, lo protagonizó el mismísimo Julio César, según cuenta el historiador, biógrafo y ensayista griego Mestrio Plutarco, en Vidas Paralelas, en el 75 a. C., el futuro cónsul de Roma cayó prisionero de los piratas cilicios y el jefe de estos pidió por el rescate 20 talentos de oro, cosa y cantidad que pareció no agradar al joven César que le espetó:"¿Veinte? Si conocieras tu negocio, sabrías que valgo por lo menos 50". Amenazó a sus captores con crucificarlos y después de 38 días de cautiverio el rescate se pagó y fue liberado. Pero lejos de olvidarse de aquél desagradable contratiempo, al recobrar la libertad organizó una expedición con su propio dinero, consiguiendo apresar a sus captores y, tal como los amenazó, los crucificó a todos.

Después vendría la edad Media, que podríamos dividirla en épocas, la Alta y la Baja, ninguna de las dos menos interesantes que las anteriores si miramos cuales eran los protagonistas y condicionantes de estos periodos, por un lado los vikingos y los árabes, por el otro el Mediterráneo Oriental y la expansión del Islam. Pero ya conocen de mi actitud con respecto a los temas, me gusta volarlos bajito pero sin detenerme en cada detalle, es por lo que tal vez este periodo lo recupere en otra ocasión, por lo cercana que se me sitúa, es en esa época cuando el Islam se posa sobre al-Andalus y Córdoba, mi ciudad, se convierte en capital de Occidente, rivalizando con Bagdad, capital de Oriente, en el mundo conocido. Y así, sobrevolando por los raíles de la historia que nos marcó la piratería llegamos al declive del imperio español, que generó primero el contrabando y más tarde la época dorada de los piratas, filibusteros y bucaneros, testigos todos de la brutal y sanguinaria etapa. De tantos nombres como la historia nos ha dejado referente a este mundo de malhechores y borrachos de ron, con garfios o patas de palo, que navegaban los mares con el pensamiento puesto en un botín que les diera la posibilidad de cumplir su sueño, el de pasar a mejores días en una ciudad tranquila y compartiendo la vida con una guapa mulata, rodeados de palmeras y picaras gaviotas, me quedaré en esta ocasión no con un nombre propio, si no con una cofradía, la de los Hermanos de la Costa.
La cofradía de los Hermanos de la Costa es el fin de la piratería como la conocemos, pasaron de ser ladrones a tener principios, cuya primera consigna era "Libertad y botín", eligieron a sus jefes y organizaron como debían ser los asaltos. Según Bernardo Fuster, en Los Hermanos de la Costa, eran apátridas, sin dioses ni leyes, preferían saquear a los ricos antes que robar a los pobres y rechazaban cualquier código penal y la propiedad privada. Acogieron a negros y blancos, libres y esclavos, aventureros, criminales, analfabetos, ilustrados. Los botines se repartían a cada pirata según su graduación en el barco, pero ni las naves que se robaban, ni las tierras de la isla de Tortuga, donde tenían su base, pertenecían a nadie, pasaban a ser de la colectividad. No existía ninguna obligación, ni siquiera en beneficio de la comunidad, sin presupuestos ni impuestos, sin código penal entre la hermandad; todo se resolvía de hombre a hombre, en duelos o asambleas, y los derechos de cada uno garantizaban la libertad de todos. Con respecto a las mujeres admitían solo a las nativas, las esclavas y las prostitutas, de esta manera trataban de no alterar la vida cotidiana, pues pensaban que éstas no eran proclives a crear familias. Pero el asedio de las potencias imperiales dieron fin a la cofradía hacia 1700 y los filibusteros cambiaron de actitud, los que algunos creen que fueron el principio del anarquismo se volvieron individualistas y comenzaron a trabajar por libre, unos para quienes flotaban expediciones y otros montando sus propias empresas comerciales, con lo que la solidaridad de los piratas dio a su fin. Esto nos lleva a la conclusión de que una vez más, lo que comenzó como revolución colectiva y solidaria derivó en autoritarismo y capitalismo. El que es pirata...con traje o sin él.

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miércoles, 1 de abril de 2009

De Orwell y su fábula granjera

No acierto a recordar la fecha en la que por primera vez cayó en mis manos un ejemplar de Rebelión en la granja, de George Orwell. Quiero creer que fue por los mediados años 70 y curiosamente en castellano y versión original, esta particularidad tan extraña, no la constaté hasta pasado el tiempo y después de haber muerto el dictador que nos tocó por desgracia para varias generaciones de españoles. Aquella obra literaria que hasta ese mismo momento desconocía me causó grata impresión, eran tiempos de represión, de dictadura y aunque ya en sus últimos coletazos no se podía pasar por alto que cualquier asunto por extraño que pareciera y relacionado con las libertades te podía costar un disgusto. En principio parecía un cuento pero rápido me di cuenta de que aquella historia, casi infantil, encerraba un mensaje político con muchos matices. Lo raro de aquel encuentro literario, rodeado de otros títulos y obras del franquismo entre cachivaches viejos y antiguallas de ocasión, en la Plaza de la Corredera de Córdoba, fue propiciado por mi afición a las antigüedades. Vivía saliendo de la adolescencia y atraído por todo lo que respiraba a progresismo, a republicano, no sabía muy bien de que valores se cimentaban las ideologías socialistas, marxistas, comunistas, y si les soy sincero me importaba muy poco el contenido de esas definiciones políticas de izquierdas. Sin duda era la rebeldía, el inconformismo, lo que me llevaba a identificarme con todo lo que significara oposición al régimen dictatorial.

Trabajaba en un hostal de carretera por aquel entonces y no hace falta recalcar que todo lo relativo a progresismo era tabú, por muy buena relación que se tuviera con el compañero de trabajo era aconsejable no sincerarse, el régimen se había encargado y muy bien de sembrar la desconfianza en todo el que nos rodeaba, era un arma infalible, el miedo a que nos delataran y diéramos con nuestros huesos en los barrotes de las celdas del cuartelillo era mayor que las ganas de expresarnos y oponernos a tantas injusticias sociales. Pero se dice que la juventud no es consciente del riesgo y el peligro, quizás por eso, por mi edad, acudí una mañana a la primera planta del hostal, necesitaba hablar con Isabel, la camarera de habitaciones. Cierto día escuché entre un grupo de amigos que Isabel y su marido pertenecían al Partido Comunista y mis deseos de participar en el movimiento social, que se extendía como la pólvora por todo el país en los años de la transición española, me empujaron a saber más sobre el significado de izquierda ideológica, así que me aventuré, con la idea en el pensamiento de que nadie mejor que Isabel para sacarme de dudas.
Recuerdo que aproveché un momento tranquilo de clientes en la cafetería, donde desarrollaba mi trabajo, para escaparme y subir al primer piso; era un largo pasillo y a ambos lados las habitaciones se sucedían hasta un máximo de diez, cinco a cada lado. Fui mirando mientras recorría el pasillo buscando en cual de ellas se encontraba mi compañera de trabajo y cuando pensaba que sería mejor dejarlo para otra ocasión, Isabel sacudía en el último cuarto las blancas sabanas de la cama, con las ventanas abiertas y el cálido sol de la mañana invadiendo el rectángulo habitacional. -¡Hola Isabel!- le dije, mientras pensaba como abordaría el tema que me había llevado hasta ella. Después, de obtener un -¡hola Antoñín!- como respuesta, le dije que me había enterado de que ella era comunista y que yo también quería apuntarme al partido, que estaba interesado en conocer más en que consistía, y que nadie mejor que ella, en la que confiaba, para que me hablara del comunismo. Isabel dejó de sacudir la sabana por un instante y como petrificada entre rayos solares me preguntó -¿quien te ha dicho que yo soy comunista?- le respondí que en cierta ocasión me enteré por casualidad y que como no conocía a nadie de confianza que fuera comunista...

El silencio se apoderó del cuarto del hotel y por momentos pensé que se negaría a ayudarme respecto a mis dudas, pero de pronto agitó de nuevo la sabana y con voz baja me dijo: - no le digas a nadie que soy comunista, si se entera la policía nos puede costar un disgusto, a ti y a mi... ahora no es buen momento para hablar de esto, mejor en otro sitio; pásate por mi casa esta tarde cuando salgas de trabajar- asentí con un movimiento de cabeza y me despedí con un hasta luego. Acudí a la sita como acordamos y me invitó a café, me puso al corriente de los peligros que yo podía desconocer y me recordó que no se podía confiar en nadie, que quien menos esperaba podría ser un chivato del régimen. Acto seguido se subió a una silla junto a un armario y de la parte alta del mueble sacó unos periódicos impresos que ocultaba discretamente, eran varios ejemplares del Mundo Obrero, el periódico clandestino del Partido Comunista de España. Me dijo que les echara un vistazo mientras que tomábamos el café y que ella no sabía como explicarme en que consistía el comunismo, que era una manera de ser en defensa de los trabajadores, contra la explotación del proletariado; un estado donde todos teníamos el mismo derecho y las mismas obligaciones y donde rebajábamos para nosotros mismos. Recuerdo que le hablé de la Rebelión en la granja y de lo que me parecía el contenido, ella se extrañó y me preguntó que de donde lo había sacado, le conté mi casual encuentro y lo celebró como un acontecimiento único, le prometí que se lo prestaría y días más tarde, cuando lo hice, lo cogió entre sus manos como si de un tesoro se tratara. Solo el hecho de ser una obra literaria de Orwell suponía tratarlo como un objeto de veneración. Terminó de leerlo y una mañana en el trabajo me lo devolvió, le pregunté que cual era la impresión que le había causado y sin mencionar la calidad de la obra, se limitó al contenido, tratando de esconder la realidad, la evidencia del fracaso de las repúblicas socialistas en los países del este europeo con un: -¡esto no es mas que un cuento de animales!- lo importante para ella era el autor y lo que significaba su aportación a la defensa de la República Española.

George Orwell escribió Rebelión en la granja en 1945, después de un año, 1936, participando en la defensa de la República Española al lado del POUM. Esta obra es el reflejo de sus convicciones personales, antiimperialista, antifascista y antiestalinista, junto a 1984, una visión dramática del futuro que escribió en 1949; y Homenaje a Cataluña, obra que se refiere a las tensiones y enfrentamientos entre la izquierda durante el conflicto español. Rebelión en la granja es una fábula satírica sobre la ambición política en el ser humano, sobre la revolución y como se vuelve contra quienes lucharon por ella una vez instaurada. La crítica a Stalin, como la ven los críticos, cuenta como los animales de la Granja Menor se revelan contra el hombre, contra el dueño de la granja, al que consiguen expulsar de su propiedad. Son los cerdos los que ocupan los papeles más relevantes en esta historia, que comienza con un discurso del Viejo Mayor, cerdo muy estimado entre los animales de la granja. Pero a la muerte de este el resto de los cerdos se organizan en torno a dos jóvenes: Snowball y Napoleón, el primero es más vivaz, con mayor facilidad de palabra y más ingenioso; al igual que Trotsky. En cambio Napoleón es un verraco grande de aspecto feroz; al que políticamente comparan con Stalin. Snowball acaba exiliado acusado de conspiración y Napoleón imponiéndose y utilizando a los perros como policías. Instaura una dictadura en la granja y acaba por andar de pie y bebiendo alcohol con los demás granjeros que se suponían enemigos de los animales. Una fábula tan real como la vida misma que aconsejo incluir entre los primeros libros de aventura en la infancia, un ejemplo de lo que acaban por imponer los populistas y que cuando nos damos cuenta ya es demasiado tarde para los derechos y libertades del ser humano.








Cultura mexica ( XI )

Cerámica La cerámica es uno de los elementos artísticos mexicas menos estudiados, si lo comparamos con otros como dioses, calendarios o mito...