Un amigo nicaragüense me dijo en una ocasión, de guasa y refiriéndose al significado, con la comparación, de uno de los tesoros más importantes de Nicaragua: "Eres más nica que el río San Juan". Con esta expresión dejó a las claras lo que representa este río para el sentir nica, como un frasco donde se guarda toda la esencia del país, de su historia y su naturaleza, de sus recursos y, de lo más importante, su futuro. Desde hace semanas vengo pensando en como desarrollar mi mirada a este río, lo que significa, lo que guarda, lo que muestra, lo que regala dentro y fuera de sus aguas. Para entender mi pasión, mi respeto por los ríos, solo tengo que apuntarles que nací y me crié en el valle de uno de los causes fluviales más ricos de la historia, en cuanto a culturas se refiere, el Guadalquivir, Río Betis para los romanos y Río Grande para los musulmanes. A lo largo de la historia y en todas las regiones del mundo los ríos propiciaron los primeros asentamientos humanos y a su entorno se fueron fraguando las grandes urbes de hoy en día. Los ríos son fuente de vida, son el setenta por ciento de lo que nosotros somos, agua, y sus cuencas conocen de nuestra existencia más que la mejor de las enciclopedias.
Los más afamados piratas, bucaneros y filibusteros navegaron sus aguas, o al menos lo intentaron, porque hubo ocasiones en los que fueron rechazados. Henry Morgan, Jhon Davis, Jhon Morris, Harrison, François I'Ollonais, y algunos más, tenían entre sus prioridades tomar el fuerte de San Carlos y desde ese punto, en la entrada del gran lago, atacaban a las ciudades de Granada y León, arrasando con todo, tesoros, mercaderías e indígenas, que apresaban para luego venderlos como esclavos. Estos ataques, en un entorno natural tan hostil y tan idóneo para los piratas, obligaron a los españoles a construir fortalezas a lo largo de todo el recorrido fluvial para defenderse. La primera fortificación, y la más grande, fue el Castillo de la Inmaculada Concepción, pero hubo una época en la que se podían contar hasta doce fortificaciones. El Castillo, 1675, sobrevivió a duras y sangrientas batallas, contra los piratas, los filibusteros norteamericanos, el reino indígena de los miskitos apoyados por los ingleses y sobre todo por estas mismas tropas británicas.De igual modo, de la misma manera que otra región de Nicaragua, también tiene su héroe el río San Juan, o el Castillo. En este caso es una heroína, Rafaela Herrera, quien en aquel episodio, en los años en que España e Inglaterra mantenían sus enfrentamientos bélicos, una fuerza aliada entre los ingleses y miskitos intentaron tomar el río y su control. Fue un terreno abonado y propicio para la heroicidad porque, antes del ataque, el jefe de la guarnición había muerto, esta circunstancia no dio otra opción a su hija, que tomó el control de la defensa y, ante un enemigo superior, consiguió repelerlos y mantener la fortaleza. Sin embargo no es ésta la única pagina bélica relevante, las hubo de máxima importancia, por ejemplo la ofensiva propiciada años más tarde por los ingleses, entre sus comandantes que la dirigieron estaba un joven, Horacio Nelson, el celebre marino militar inglés. En este intento, en contra de las tropas españolas, consiguieron tomar San Juan del Norte y después, tras una batalla que duró dieciocho días, tomaron el Castillo, pero los ingleses no pudieron continuar y retrocedieron, las enfermedades y la falta de suministros se convirtieron en un enemigo con el que no contaban, más peligroso aún que las propias fuerzas españolas.
La historia del río San Juan continuó escribiéndose con nombres propios y con letras mayúsculas, algunos de sus capítulos quedan reflejados en este puñado de miradas como la dedicada al filibustero Willian Walker, "Una de filibusteros", hasta que la construcción del canal de Panamá hizo que el gran río nicaragüense perdiera interés en detrimento de la nueva vía comercial. Pero como dice otro refrán:"No hay mal que por bien no venga" y, gracias a esta falta de interés, el cause del río San Juan y toda la zona que antaño vio derramar sangre a cañonazos, entre olor a pólvora y fortalezas, recobró la naturaleza y la paz perdida. Hoy es una reserva natural impresionante con vida silvestre y espectacular flora y fauna. Algunos pueblos a lo largo del cause mantienen una vida sostenible y respetuosa con el medio ambiente, lo que hacen del río y su entorno un lugar privilegiado, donde los recursos naturales son su mayor tesoro y en concordancia con el futuro. Sus doscientos kilómetros en el borde sur de Nicaragua, navegables solo para barcos medianos, sirven de frontera con Costa Rica, aunque es reconocida la propiedad de los nicaragüenses sobre el río. A lo largo de su cauce las aguas muestran un estado anímico diferente, en ocasiones más calmadas y en otras se vuelve escandaloso, con su curso más ancho cerca del pueblo El Castillo, donde emergen islotes cubiertos de alegre vegetación. Por la zona de la Reserva Indio-Maíz el San Juan se llena de raudales y se vuelve selvático, rico en fauna y flora, sin embargo, a la medida que se acerca a la desembocadura, en el Caribe, su delta está lleno de pantanos y lagunas.









Pero si los continentes, los teatros de Nicaragua, son importantes, los contenidos, los actores y actrices nicaragüenses, no quedan en segundo plano. La calidad de los intérpretes es bien reconocida y dentro de sus fronteras hay nombres con una trayectoria bien marcada. Pero también los hay que ya no pertenecen solo a la interpretación de pinolandia, sus nombres se rotulan en los carteles mas laureados y acompañados de nombres del Olimpo cinematográfico, quizás los haya más identificados, de más calidad, pero lo que si está claro es que el nombre de Barbara Carrera no es desconocido para los amantes de las artes escénicas. Nació en Bluefields, en la costa atlántica, en 1945, su madre de ascendencia europea y su padre embajador, de ascendencia inglesa. Llegó a Memphis a los once años y, después de cinco años estudiando en un convento de esta ciudad norteamericana, a los diecisiete comenzó su carrera como modelo. Su primer trabajo importante como modelo fue en 1972, en el papel publicitario de Chiquita Bananas, pero antes, en 1970, debutó en el cine en una película mala de taquilla, "Puzzle hundimiento de un niño". Pero ¿quien no tuvo malos comienzos? En 1984 obtuvo nominación para los Globos de Oro por su interpretación en James Bond, "Nunca digas nunca jamás" junto a Sean Connery y Kim Basinger, entre otros. Pero en su dilatada carrera como profesional, además de sus más de cuarenta películas y series televisivas como "Dallas", le acompañan nombres tan importantes y de la talla de Burt Lancaster, Michel York, Laurence Olivier, Peter OToole, Peter Strauss... Sin duda una estrella del "filmamento", que de la tierra pinolera salió al mundo, para conquistarlo, y pasear el nombre de Nicaragua por todos los escenarios y pantallas del planeta.










