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sábado, 3 de septiembre de 2011

Cultura huasteca ( IV )


Las expresiones artísticas de los huastecos no fueron tan esplendorosas como pudieron serlo las de otras culturas mesoamericanas, aún así, no se les puede catalogar de arte pobre. Lo que se conoce sobre su pintura es prácticamente lo que encontramos en su cerámica, un campo donde sí se dieron buenos artistas, al igual que en su relevante escultura, con piezas realmente notables. Aunque la región conservó parte de sus rasgos arcaicos en la lengua, los ritos y la elaboración de piezas artísticas, la influencia de otros pueblos mesoamericanos, especialmente procedentes del Altiplano Central, se hizo notar sobremanera. Principalmente de Teotihuacan durante el Clásico y lo proveniente de Tula y los mexicas en el Posclásico.

Arquitectura

Los restos arqueológicos encontrados reflejan cómo se fueron extendiendo por el territorio los grupos de tradición costeña. Nos muestran que los primeros asentamientos se dieron en la zona norte de Veracruz y el sur de Tamaulipas, para más tarde extenderse por la llanura costera, por la de San Luis Potosí y la Sierra de Tamaulipas. La llanura costera fue testigo del avance que continuaron durante el periodo Clásico hasta llegar al Altiplano potosino, extendiéndose más tarde hasta Querétaro, la sierra de Hidalgo y el norte de Puebla.

Los primeros asentamientos en la Huasteca fueron pequeñas y dispersas aldeas constituidas de algunas casas de barro y varas, principalmente de planta oval. Luego vinieron las casas construidas sobre pequeñas elevaciones artificiales tratando de evitar la humedad. La construcción de las plataformas que sostenían sus templos comenzó más tarde, posiblemente entre los años 1 y 100 de nuestra era.

Los perfiles identificativos de la arquitectura huasteca comenzaron a darse entre los años 200 y 500, fue cuando dominaron las formas circulares o derivadas del círculo con las que levantaron plataformas y templos. Esta característica en formas circulares u ovales es propia de los huastecos, al menos en esa creencia se apoyan los investigadores tras comprobar que estas ideas arquitectónicas surgieron mucho más tarde en las otras áreas culturales que tuvieron contacto con la Huasteca.

En todo el territorio podemos encontrar infinidad de montículos circulares llamados cúes, donde construían sus adoratorios. Muchos de ellos se localizan en El Ébano, Tancahuitz, El Tamuín y Cacahueanteco, sin embargo, esto es considerado la punta del iceberg arqueológico, por el poco terreno explorado en relación con la zona. Algunas de las plataformas están recubiertas con piedras y de estuco que muestran restos de pintura, es el caso de la pequeña estructura circular de El Tamuín, decorada con un mural pintado en rojo oscuro sobre un altar cubierto de estuco.

La etapa de mayor desarrollo cultural de los huastecos se sitúa en el Posclásico, es durante este periodo cuando se construyen El Tamuín, Cacahuantenco y Las Flores, al norte de Veracruz, y Buena Vista, El Ébano y Tancahuitz en el estado de San Luis Potosí. La culpa de que no sea mucho lo que se conserva de la arquitectura huasteca la tienen especialmente los materiales perecederos con los que construyeron. Sus estructuras se recubrían con techos de madera y hojas de palma, y otros materiales que no sobrevivieron al paso del tiempo. Es por eso por lo que sólo se conservan restos de los basamentos y muros de aquellos edificios mayoritariamente de forma circular o con esquinas redondeadas, sobre las que se encontraban los templos dedicados a sus dioses, especialmente a Quetzalcóatl, en su evocación al dios del viento Ehécatl y las viviendas de la clase superior.

Escultura

De todas las expresiones artísticas de los huastecos la escultura es su medio más importante, es en este campo donde se encuentra la mejor representación de esta cultura. La piedra arenisca, una roca sedimentaria integrada por arena de cuarzo, es el material más utilizado para labrar las notabilísimas piezas escultóricas que se conservan y que dan importancia a la cultura huasteca. Son varias, distintas, las características que identifican a sus esculturas, generalmente inexpresivas, de representaciones mayoritariamente humanas, de animales y rara vez zoomorfas. Dentro de la amplia gama de figuras se distinguen las de sexo indefinido. Su imagen estilizada y lineal ha provocado que muchas de ellas fueran confundidas con formas de adolescentes. La mayoría son representadas de pie y con la mirada siempre al frente; las femeninas con los brazos sobre las costillas o el vientre y las masculinas con un brazo sobre las costillas y el otro extendido. Los extensos y complejos tatuajes corporales y faciales, así como sus tocados, el cónico y el de forma de abanico, que se combinan en ocasiones, son detalles propios e inconfundibles de la escultura huasteca.

El museo Nacional de Antropología de la ciudad de México y el Museo Regional de Antropología de la ciudad de Xalapa son dos centros artísticos que recogen gran parte de las figuras escultóricas encontradas, especialmente en este último. Entre las más reconocidas se encuentra el Adolescente Huasteco, que representa a un sacerdote joven de Quetzalcóatl que lleva en la espada un niño que simboliza el sol. La Apoteosis es una figura humana que muestra dos caras, cuyo significado es una dualidad, por el frente de la escultura muestra la vida y por la parte posterior a la muerte. Entre ellas hay un tipo de figuras que son frecuentes y que se les llama "viejitos", en postura encorvada y recargados sobre un pene, por lo que también se les conoce como "viejitos libidinosos", que representan a la vida. El viejito le abre paso a nuevas vidas, es la expresión del ciclo de la renovación universal.

De la misma manera que con la piedra, los huastecos encontraron en las conchas un material idóneo para realizar objetos de muchas y diferentes formas, como anzuelos, agujas, botones, cinceles, anillos, brazaletes, pulseras, orejeras, cuentas para collar, pendientes, pectorales lisos, cascabeles, trompetas. Un sin fin de utilidades que tiene su mayor mérito en las escenas míticas y religiosas de una notabilísima calidad plástica que grabaron en pectorales.

Cerámica

El estudio de la cerámica es un requisito importantísimo para conocer el desarrollo cultural de los pueblos mesoamericanos. Analizando su cerámica se pueden definir sus épocas evolutivas, los motivos religiosos y la estética de aquellos pobladores, así como los recursos tecnológicos. De la misma manera resulta interesantísima la información que se obtiene sobre las rutas comerciales existentes y los intercambios entre culturas.

La cerámica huasteca de los primeros periodos de la costa ha sido identificada con otras del Veracruz central, del área maya e incluso con las primeras fases de Monte Albán. Es alrededor del año 300 (Pánuco III) cuando los investigadores estiman que apareció la llamada cerámica de pasta fina, que tiene como característica especial su acabado y la dureza superior a otras de anteriores periodos. La inexistencia, o que no se hayan encontrado restos, de este tipo de cerámica en otras áreas de Mesoamérica, ha hecho que los arqueólogos coincidan en la creencia de que su origen se encuentra en la Huasteca y que no existieron vínculos cerámicos con otros pueblos, aunque se han hallado desarrollos similares en el centro de Veracruz.

Para el cuarto periodo o Pánuco IV la cerámica huasteca comenzó a tener una fisonomía propia, entre los años 700 y 900, que no muestra ninguna relación o parecido con otras. Sin embargo, las cerámicas pintadas de rojo en el exterior guardan similitud con las de El Tajín del periodo Clásico, lo que ofrece la posibilidad de que pudiera deberse a un desarrollo cerámico común. En el Posclásico, la influencia de otras culturas en la cerámica huasteca es clara. La denominada de Las Flores es la más notable de todas cuantas se realizan y muestran el vínculo existente con las del área maya y el centro de Veracruz. En el último periodo, cercano a la llegada de los españoles, la cerámica huasteca era un producto comercial importante, por el norte hasta el río Bravo y por el sur hasta Nautla y Cempoala.

También las figurillas huastecas surgieron desde el principio, desde el periodo Preclásico se han encontrado algunas piezas que tienen una influencia clara con la cultura olmeca. Aunque sus rasgos fueron otorgándole una identidad propia, el uso de los moldes las identifica con las técnicas realizadas en otras zonas mesoamericanas.

Pintura

La pintura no es el apartado artístico más relevante de los huastecos, más bien todo lo contrario, son muy pocas las representaciones pictóricas que se han conservado hasta la actualidad. Es el soporte cerámico el medio por el que nos podemos hacer una idea de cómo eran sus pinturas artísticas.

Su débil arquitectura, su vulnerabilidad, no ha permitido seguramente que muchos de sus murales hayan llegado a nuestros días. Por suerte no todas estas expresiones pictóricas las devoraron el tiempo y la naturaleza. Es el caso del mural encontrado hace más de medio siglo, en 1.946, por los arqueólogos del Instituto Nacional de Arqueología e Historia, cuando exploraron el edificio A de la zona de El Tamuín, San Luis Potosí. El muro hallado estaba cubierto con un fino acabado de estuco blanco sobre el que se representaban motivos de plumas, círculos y adornos de personajes ya borrados. Los cinco primeros parecen sentados, con los ojos típicos huastecos y los dientes limados, que portan abanicos y grandes tocados; otros aparecen en actitud de caminar y muestran máscaras diversas, así como complejos tocados, abanicos, orejeras, gorros cónicos, sonajas, máxtlatl con la punta redondeada y vírgulas de la palabra saliendo de sus bocas como entonando un canto; y grecas. Todo en color rojo. La influencia de estas pinturas son claramente tolteca, por lo que se estima fueron creadas en el siglo IX de nuestra era.




viernes, 2 de septiembre de 2011

Cultura huasteca ( III )



Religión y sexualidad



La religión de los huastecos va unida de la mano de la sexualidad desde el primer momento que comenzó a fraguarse esta cultura, esta característica religiosa parece que no tiene rechazo por parte de los estudios antropológicos realizados, aunque no se les puede calificar de libertinos, viciosos e inmorales, como hicieron ver desde Europa, desde que los cronistas españoles reflejaban en sus escritos los actos de escarnio que veían en algunas de sus costumbres.



Visto desde otro prisma más humano y menos fanático, como lo perciben y describen las fuentes históricas desde el contexto fundamentalista católico que se respiraba por aquellos días, la religiosidad huasteca tiene entre sus manifestaciones principales el culto a la fertilidad. Es muy probable que la diosa madre fuese Tlazoltéotl, creadora de la vida y la primera diosa sin imagen determinada, ni humana ni animal, a la que los mexicas adoptaron como diosa de la lujuria, de los placeres carnales, lo que demuestra que compartían con los españoles el mismo concepto inmoral sobre los huastecos, aunque también es verdad que pudiera ser por la influencia ejercida de los conquistadores.



Los elementos naturales como la lluvia, el viento, el sol y la luna también eran objetos principales de culto, costumbre que compartían con los chichimecas, quienes identificaban a los dos últimos como el padre y la madre de la naturaleza. Durante el Posclásico existieron muchas influencias, especialmente de los toltecas y de los mexicas, sin embargo, hay que valorar las que sucedieron al contrario en el apartado religioso, las deidades de origen huasteco que fueron integradas en el Altiplano Central. Los dioses huastecos son representados con un gorro cónico o copilli, es el caso de Éhecatl, el dios del viento, o Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, Tlazoltéotl, Ixcuina y, aunque no se tiene con certeza absoluta, también pudieran se de origen huasteco Xipe-Tótec, dios de los orfebres, y Ometachtli, dios del pulque.



Las fuentes que nos llegan del siglo XVI recogieron de la mitología huasteca que sus antepasados tomaron su nombre de un héroe llamado Cuextecatl, que fue quien los condujo a la región. Los míticos relatos también cuentan que los primeros pobladores llegaron a la región de Pánuco cruzando el mar con embarcaciones, aunque sin precisar el lugar exacto desde el que partieron, para después caminar siguiendo la ruta que marcaba la Sierra Nevada y los volcanes hasta llegar a Tamoanchan. En este lugar se produjo un desarrollo cultural prolífico, fértil, que propició el invento del calendario y la escritura, además de conocer los adelantos de las antiguas civilizaciones. Pero como ningún líder es perfecto, al heroico personaje se le abrió una fisura por su punto más débil, el que le hizo caer de su simbólico pedestal. La afición al pulpe y a la embriaguez que producía su consumo en exceso le jugó una mala pasada que le llevó a perder el juicio y a desnudarse en público. Aquel acto reprobable obligó a su pueblo a regresar por donde habían llegado y asentarse en el Pánuco y su región. El mito de Cuextecatl da la consistencia necesaria a la creencia de que los cultos a Quetzalcóatl surgieron en la Huasteca.



Esta historia es la que parece dar explicación a la incidencia huasteca del culto fálico y a toda la sexualidad humana, así como la afición a la embriaguez, que tanto reprueban otros pueblos y especialmente los mexicas. Sin embargo, no todo era rechazo sobre este tema, también provocaba admiración a los mexicas que, dicho sea de paso, consideraban a los huastecos sus parientes lejanos. El ejemplo está en que una de las veinte fiestas anuales que tenían celebraba una ceremonia pública en la cual desfilaban individuos portando enormes falos a la manera huasteca.



A pesar de la fama de libidinosos, concupiscentes y crueles que marcó a los huastecos, el análisis cuidadoso de sus manifestaciones eróticas nos revela que no son más que rituales profundamente arraigados a la naturaleza humana. El culto a distintas partes erógenas del cuerpo no es exclusividad de los huastecos, son numerosas las culturas mesoamericanas que lo comparten. La mala interpretación por parte de los conquistadores del culto y los rituales, de lo que veían y de lo que creían ver, creó esta mala percepción de la realidad. Bernal Díaz del Castillo nos cuenta lo que escuchó de sus compañeros y de algunos indígenas informantes referente a sus costumbres: "Eran todos sométicos, en especial los que vivían en la costa y tierra caliente. (...) tenían excesos carnales hijos con madres, y hermanos con hermanas y tíos con sobrinas, hallándose muchos que tenían este vicio de esta torpedad; pues de borrachos no les sé decir tantas suciedades que entre ellos pasaban".









miércoles, 31 de agosto de 2011

Cultura huasteca ( II )



Organización económica



La principal ocupación de los huastecos era la agricultura, era la base de su alimentación y de su economía. Naturalmente, si los huastecos se dedicaban a los cultivos agrícolas especialmente era porque la tierra fértil que ocupaban les ofrecía la garantía de buenas cosechas de diferentes productos. El de milpa era el sistema de cultivo que utilizaban y para ello se valían de la coa o palo cavador, que junto al arco y las flechas eran los utensilios o herramientas básicas que les permitían complementar su dieta. Aunque también recolectaban miel y otros productos silvestres como el arum ( el quequéxquic de Sahagún), chiles pequeños y el fruto del Brosimun alicastrum, que tanta importancia tenía en épocas de hambrunas; ostras de las lagunas costeras y mariscos que el mar dejaba en las orillas arenosas.



En Tonacatlalpan o "tierra de comida", se daban gran variedad de cultivos en las tierras cálidas de la vertiente del Atlántico, como el maíz, frijoles, calabazas, calabacines y diversos chiles, además de raíces, tubérculos (yucas, camotes y jícamas) y numerosos frutos. La sal la llevaban de Campeche; no la recogían de las salinas de Tampico por la hostilidad que los indígenas de la zona presentaban. En cuanto a la caza debió haber tenido un protagonismo importante, porque además de los animales cazados meramente para la alimentación, había otros que tenían otro fin, como el estético y los rituales, por sus pieles y sus plumajes: el jaguar, el ocelote, el águila, la guacamaya y los periquitos. También la pesca tuvo que ser intensa, al menos esa posibilidad les ofrecían las cercanas lagunas y los grandes ríos.



El arqueólogo Richard MacNeish encontró en algunas cuevas de la Sierra de Tamaulipas los testimonios de la evolución y domesticación del maíz, lo que indica que fue la Huasteca uno de los lugares donde se dieron los primeros pasos para el cultivo del maíz y por consiguiente el desarrollo de la agricultura mesoamericana. Sin embargo, no fueron los huastecos los primeros agricultores de la región, la filiación de estos promotores era otomí, fueron ellos los que se establecieron en las orillas del río Pánuco hacia el 2.500 a. C. La llegada de los huastecos al territorio se dio un milenio más tarde.



Sin duda, el cultivo del algodón tuvo su importante protagonismo para los huastecos. Una planta muy valorada, muy apreciada en toda Mesoamérica y que servía de intercambio con otros pueblos de distintas zonas mesoamericanas. Junto a este cultivo, presumiblemente la alfarería ocupó su relevante papel en la economía de los huastecos, la práctica generalizada del intercambio invita a suponer esa posibilidad, especialmente durante el periodo Clásico, de las que existen evidencias con los teotihuacanos, de los que obtenían sus afamadas piezas de alfarerñia de color café y con representaciones de nubes de humo y alas de mariposa.


Orden político y social



Tal como se analiza la estructura social y política de los huastecos pudiera aparentar que se trataba de un puñado de pequeños poblados dispersados sin relación alguna entre sí, sin ningún compromiso político o económico con los demás, y que no llegaron nunca más allá de ser simples señoríos. El considerable número de provincias internas, en las que gobernaba un señor independiente y la baja densidad de población organizada en pequeños poblados o villas, invita a pensar de esa manera. Las fuentes históricas se refieren a estas provincias como Tzicóac, Tamuín, Pánuco, Tampatal, Tuxpan Huejutla Tamapache, entre otras, y es fácil de adivinar que esa relativa lejanía e independencia se presentaba como un inconveniente a la hora de enfrentarse a los invasores. La información que se tiene referente al orden social y político de los huastecos es poca, aún así, por las fuentes históricas que contaron los cronistas de los propios indígenas, especialmente del Posclásico tardío, se supone que la sociedad estaba compuesta de diferentes estratos sociales, que por orden de poder quedaban primero los jefes, shamanes, guerreros, comerciantes, artesanos y campesinos agricultores. El cacicazgo era su sistema de gobierno y los grupos que constituían la sociedad vivían relativamente aislados en las sierras donde se asentaban.



Los cacicazgos eran hereditarios y si el cacique moría le sucedía el hijo ocupando su lugar, siempre que fuera adulto en el momento de recibir los poderes, de lo contrario se nombraba un tutor hasta que el heredero cumpliera la edad adulta. Podía ocurrir que no tuvieran hijos varones, ante esa situación el puesto de gobernante lo ocupaba un principal que recibía el nombre de "pascole", y aunque no era lo normal, en ocasiones se nombraba cacica a la esposa o hermana.



Un puesto importante dentro del organigrama político de los huastecos era el del oklek, una especie de primer juez auxiliar que se ayudaba de los mayules (mayores) que integraban una fracción de gobierno. Cada uno de los cacicazgos estaba integrado por una ciudad importante, con una o varias plazas, en torno a las cuales se levantaban basamentos, pirámides y plataformas; todas las pequeñas poblaciones cercanas existentes le tributaban bienes y servicios. La particular estructura político y social de los huastecos propició que estuvieran constantemente en guerras, en alianzas continuas entre los señoríos que buscaban de esta manera hacerse fuertes ante las invasiones externas, especialmente de los mexicas y sus aliados. Aún así, el orden político sobrevivió a las conquistas mexicanas y a la posterior conquista española.



La fragilidad o poca consistencia de las informaciones que se tienen en cuanto a la organización social y política de los huastecos, como de otras culturas mesoamericanas, hacen que dichos conocimientos dejen de ser válidos dependiendo de las investigaciones y los estudios que se realizan. Los recientes descubrimientos que se han dado en el área cultural huasteca lo ponen de ejemplo. Los importantes vestigios arqueológicos hallados en Tamtoc, el complejo urbano de grandes dimensiones, podría mandar al traste todo lo que se atribuye a la cultura huasteca. Aunque la ubicación del complejo ya se conocía, las nuevas catas arqueológicas ponen de manifiesto la similitud existente entre los centros urbanos huastecos y los grandes centros de Mesoamérica. Sin duda, estos nuevos descubrimientos se pueden considerar la llave que abra nuevas perspectivas en el horizonte político, económico, social, artístico y religioso de esta cultura mesoamericana.







sábado, 27 de agosto de 2011

Cultura Huasteca ( I )



El lenguaje de los antiguos huastecos nos dicen que pertenecían al tronco mayense y que tenían rasgos culturales muy parecidos a los de los grupos del centro de Veracruz. La civilización huasteca nació cuando grupos de mayas emigraron hacia la región de Pánuco. Los estudios lingüísticos nos indican que hace varios miles de años existió un tronco llamado protomaya, del que derivan las lenguas mayenses y el huasteco, lo que no se tiene claro es el cuándo y el porqué se separaron, aunque se supone que se debió de dar en épocas muy tempranas, por la diferencia existente entre culturas y costumbres. Se estima que fue entre los años 1.500 y 1.200 a. C. cuando los huastecos llegaron a la región, fundiendose con otros grupos que la habitaban y que ya tenían contactos con otros grupos de la sierra de Tamaulipas. Sin embargo, no fue hasta los años 750 a 800 d, C. cuando comenzaron a tener importancia como cultura claramente definida. Más tarde se establecieron en la región algunos grupos nahuas que adoptaron las tradiciones huastecas, tanto fue así que a los habitantes de la Huasteca se les conoce por cuextécatl.



Zona geográfica



La Huasteca es la región donde se desarrolló la cultura que le da nombre, o viceversa. El vocablo huasteco deriva del náhuatl cuextécatl, cuyo significado tiene dos versiones diferentes. La que se dice que viene derivado de cuechtic o cuechtli, "caracol pequeño o caracolillo", o de guaxin, "guaje", pequeña leguminosa. Sin embargo, no fue este el nombre que en principio le otorgaron los mexicas a la región, la llamaron Tonacatlalpan, "tierra de comida". Un nombre común que daban a las tierras cálidas y húmedas, por la creencia de que estas regiones eran muy fértiles. El territorio huasteco, o el que ocuparon los antiguos pobladores de esta cultura, se localiza a lo largo de la costa del Golfo. Ocuparon el norte de Veracruz, el oriente de Hidalgo, noroeste de Puebla, sureste de San Luis Potosí y una pequeña porción de Tamaulipas. Los límites geográficos se extendían por la costa desde Tuxpan (Tabuco) hasta Pánuco (Tumilco), los ríos Huayalejo y Tamesí marcaban la línea territorial por el noroeste, Teayo por la parte suroccidental y por el occidente la referencia era Hueyapan, el occidente de Yahualica y Tamazunchale, hasta la zona costera donde la sierra baja de Micos forma una delimitación natural.



Lejos de lo que pudiera aparentar, la Huasteca es una región rica en cuanto a diversidad se refiere, se constituye por cuatro zonas ecológicas: la costa, la planicie costera, la llanura y la montaña. Las llanuras ocupan casi toda la parte norte y al sur se alternan con colinas de arenisca calcárea más dura. Son evidentes las huellas de un pasado volcánico activo que dormita en la actualidad y que dejaron escurrimientos de lava y filones de basalto. Los torrentes de agua atraviesan las montañas discurriendo alegres y con fuerza, mientras que los tranquilos ríos recorren las zonas pantanosas. Los antiguos huastecos supieron adaptarse a cada uno de los ambientes y sacarle los recursos a cada zona. El testimonio de su existencia son los abundantes montículos artificiales que se conocen popularmente en la región por el nombre de cúes.



Cronología



La cronología del territorio huasteco, que se basa en la evolución de la cerámica, nos dice que la zona estuvo ocupada desde el periodo Preclásico o Formativo y se han dividido en seis periodos principales.

Pánuco I 400 a. C. a 100 d. C.

Pánuco II 100 d. C. a 200 d. C.

Pánuco III 200 d. C. a 700 d. C.

Pánuco IV 700 d. C. a 1000 d. C.

Pánuco V 1000 d. C. a 1300 d. C.

Pánuco VI 1300 d. C. a 1521 d. C.

Al margen de estos seis periodos existen otras tres fases de ocupación anterior o prehuastecas, que por orden de tiempo se les llaman Pavón, Ponce y Aguilar.



Antecedentes históricos



Realmente es poco lo que se conoce de los primeros asentamientos huastecos pertenecientes al Preclásico y en cuanto al periodo siguiente, al Clásico, sólo la constancia de algunos asentamientos pequeños y dispersos. Por entonces se construyeron los edificios alrededor de las plazas, aunque su planificación no tenía un sentido estructural. Algunos lugares de este periodo son: Tamtzán (Tamaulipas), Huaxcamá, Tancahuitz, Cuatlamayán y Tampozoque (San Luis Potosí). El nexo existente entre los huastecos y la gran familia maya es indiscutible desde el punto de vista cultural, sin embargo, también es clara la distinción existente con todos los demás pueblos de origen maya. Los cortes estratégicos realizados por Gordon F. Ekholm o Richard S. MacNeish ponen en evidencia que, a pesar de haber estado aislada desde hace 3.000 años, la lengua huasteca pertenece a la familia maya. Según Guy Stresser-Peán, en La Huasteca: historia y cultura, se supone que fue entre los años 1.000-1.500 a. C. cuando los pueblos mayas ocuparon la costa del Golfo de México y que más tarde, probablemente obligados, tuvieron que retroceder hacia el suroeste, dejando atrás a los huastecos. Esta circunstancia no quiere decir que quedaran durante siglos en un aislamiento total, existió un contacto directo con otros pueblos civilizados del sur y con los chichimecas nómadas del norte.



Por otro lado y también referente al origen histórico de los huastecos, en su Historia general de las cosas de Nueva España, Sahagún dice: "tómase de la provincia que llaman Cuextlan, donde los que están poblados se llaman cuexteca, si son muchos, y cuando uno, toueyo, el cual nombre quiere decir nuestro prójimo. A los mismos llamaban panteca o panoteca, que quiere decir hombres del lugar pasadero, los cuales son así llamados porque viven en la provincia de Pánuco, que propiamente se llama Pantlan o Panotlan, quasi Panoayan, que quiere decir lugar por donde pasan, que es a orillas o riberas de la mar, y dicen que la causa porque le pusieron el nombre Panoayan es que dizque los primeros pobladores que vinieron a poblar esta tierra de México, que se llama ahora India Occidental, llegaron a aquel puerto con navíos con que pasaron aquella mar".

Es muy probable que el cronista haga referencia en esta relación a la llamada migración de Pánuco, que tuvo lugar en las postrimerías del Clásico y que llegó hasta Tamoanchan, para más tarde regresar al lugar de donde habían venido, según cuentan los relatos.



Los huastecos vieron cómo durante el posclásico las influencias de otras culturas externas, principalmente de los pueblos del Centro de México, se dejaban notar al tiempo que se estrechaban lazos, especialmente con Tula. La clara influencia de la arquitectura tolteca en sitios como Tepetzintla, Tamuín y Castillo de Teayo lo ponen de relieve. Las relaciones con otros pueblos llevaron a los huastecos mantener contactos esporádicos con pueblos de la región del Mississippi, del suroeste de los Estados Unidos. Algunos de los centros huastecos como Tabuco, Tanhuijo, Cacahuatengo o Metlatoyuca, crecieron y se convirtieron en poblaciones mayores, sin embargo, a pesar de este crecimiento ninguno de ellos llegó a constituirse como un verdadero Estado.



El concepto que otros pueblos tenían de los huastecos era el de un pueblo primitivo, de poco refinamiento. Algunas de sus costumbres y ritos les hacían mostrarse como un pueblo bárbaro a los ojos de los mexicas, como era el hecho de andar completamente desnudos y usar solamente la pintura corporal como adorno. Una característica propia de los huastecos era la de llevar un tatuaje en zigzag en el rostro y las mismas líneas pintadas en el cuerpo. Se limaban los dientes y se los coloreaban de rojo o de amarillo a lo que sumaban los colgantes mechones de pelo, el septum nasal y lóbulos perforados y ensanchados, con un tubito de caña del que sobresalían plumas de guacamaya, sin duda una imagen extravagante donde las haya. Por su parte, las mujeres huastecas tampoco quedaban atrás en cuanto a extravagancia, acostumbraban a adornarse con esmeraldas y a entrelazar sus cabellos con hilos de plumas retorcidas, con el que formaban un tocado.



Hay que imaginarse la impresión que podrían causar a sus enemigos ataviados para la guerra si esta era la guisa cotidiana. Ya lo contaba Tezozomoc de los guerreros haustecos, cuando los describía en la lucha contra los guerreros de Moctezuma I, de los que decía iban ataviados con gorros cónicos, orejeras y narigueras de oro, tocados de plumas y espejos atados a la parte trasera del maxtlatl, además de los listones que portaban a la cintura, de piel y rematados con caracoles para asustar al enemigo con su sonido. A esta estampa pintoresca y terrorífica había que sumarle la fama de aguerridos en la batalla y la costumbre de cortar la cabeza a sus enemigos y momificarla, cosa normal que para los mexicas les parecieran salvajes.



Aún así, con esta imagen intimidatoria y a pesar de revelarse constantemente contra los opresores, no pudieron evitar las ocupaciones, invasiones y conquistas que se dieron durante el Posclásico en la región, debido a los conflictos originados en la Cuenca de México, que provocaron la huida de los otomies y nahuas. También los datos históricos nos revelan a otros grupos que invadieron el territorio, como los nonoalcas, olmecas-xicalancas, chichimecas, tlaxcaltecas y mexicas, para los que la riqueza y fertilidad fueron razones suficientes para enfrentarse en largas y sangrientas batallas con el fin de conquistarlos y someterlos a tributos. De los toltecas se dice que incluso llegaron a ocupar una parte de la costa huasteca durante un corto periodo de tiempo antes de emigrar hacia Tula. Por su parte, los mexicas levantaron campamentos militares tratando de evitar alzamientos en contra de su ocupación. La llegada de los españoles no supuso un cambio llamativo para los huastecos, se podría decir que la situación no fue muy diferente, las penalidades continuaron y muchos de ellos fueron vendidos como esclavos en las Antillas.





Cultura mexica ( XI )

Cerámica La cerámica es uno de los elementos artísticos mexicas menos estudiados, si lo comparamos con otros como dioses, calendarios o mito...