Mostrando entradas con la etiqueta Córdoba. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Córdoba. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de junio de 2009

¿Tolerancia? Bien, gracias.


La palabra es el instrumento más fiable de cuantos posee la humanidad, superior a todos los adelantos tecnológicos y armamentos belicistas. No existe ninguno tan aconsejable como ella, ni tan eficiente como su tono pacifico y conciliador, aún así todavía los hay quienes prefieren combatir a la violencia con más violencia, la falta de entendimiento con intolerancia y a ésta con la fuerza bélica. Estas actitudes comienzan por falta de quórum y terminan como el rosario de la aurora, desarrollando armamento y aumentando las diferencias. La mayoría podríamos pensar que tales reacciones son irresponsabilidades bien marcadas de los dirigentes que prefieren una guerra antes que una discusión inteligente, y desde luego es evidente esto último, otra cuestión es definirlas como irresponsables. Yo las catalogaría como mal intencionadas, no todos los dirigentes son irresponsables por ignorantes, ni por tozudos, ni siquiera por ególatras, es la maldad subida al carro de los intereses propios lo que los llevan a poner en juego las vidas de tantos inocentes, atrapados en guerras inverosímiles, más allá de lo incomprensible que son todas. La crueldad de algunos dirigentes se disfraza de guardianes de la paz, de la democracia y contra el eje del mal, para imponer sus sinrazones y provocar enfrentamientos entre culturas, inculcando la intolerancia y persiguiendo a los diferentes en todo el mundo, invadiendo países soberanos para sumirlos en el caos, en la tragedia y el horror, creando un escenario fuera de control, ideal para el ultraje, el desvalijo y la venta de armamento bélico, para hacer ganancias a costa de víctimas inocentes. En todas estas situaciones la palabra está de más.

Hace varios días que se produjo un acontecimiento histórico, el que estoy seguro marcará un antes y un después en las relaciones entre occidente y el mundo islámico. Esto suena a más de lo mismo para algunos que, recién terminado el discurso conciliador que Barack Obama pronunció en la Universidad de El Cairo, dirigido a la comunidad musulmana que supera los 1.500 millones de personas, ya le reprochaban que sólo fueran palabras y nada de hechos concretos lo que fue a llevar el presidente afroamericano a la tribuna cariota. Un acontecimiento único, histórico, no porque un presidente de los Estados Unidos de América se dirija a esta comunidad, si no en la manera y por el contenido con que lo ha llevado a cabo. Por primera vez en mucho tiempo no se pronunciaron las palabras terrorismo, eje del mal... si no que al contrario fueron sustituidas por tolerancia, entendimiento... y el lugar de la imposición fue ocupado por dialogo. Curiosamente son éstos, los que prefieren el enfrentamiento bélico al dialogo, los que censuraban y reprochaban el contenido del discurso en cuestión alegando que sólo eran palabras. Una excusa vana, fuera de toda lógica, la palabra es todo, el principio y también el final, y lo que Obama presentó en El Cairo no es otra cosa que su ruta, sus intenciones políticas a desarrollar en Oriente Medio, soportadas en el respeto, la tolerancia y el dialogo. La palabra contenida en el discurso norteamericano para los musulmanes es el punto de salida, de entendimiento, fuente principal para limpiar asperezas y pulir diferencias; es el comienzo de una nueva era política. Quizás la última oportunidad para muchas cuestiones que tienen que ver con implantar o recuperar la paz, en uno de los rincones más conflictivos del planeta.

Sin lugar a dudas no lo va a tener fácil el nuevo presidente norteamericano, los extremismos radicales se han hecho fuertes en una zona donde el odio al imperialismo americano es superior al razonamiento, las necesidades básicas, las libertades en muchos países, la imposición fundamentalista religiosa, las injusticias cometidas por Israel y su protector imperialista contra el pueblo palestino, son algunas de las razones y barreras por lo que se adivina un largo y tortuoso camino a recorrer para conseguir la confianza entre Oriente y Occidente. Confianza que sólo la palabra, y unida a las buenas intenciones de unos y otros, podrá recuperar. Porque si es verdad que Israel tiene que dar un cambio radical a su política invasionista de ocupación de territorios palestinos, de atosigar militarmente y de asesinar a palestinos inocentes, víctimas del judaísmo ultra conservador, también por la parte que le corresponde a los radicales palestinos tienen que dar un rumbo distinto y dejar a un lado sus actitudes terroristas y el uso de inocentes ciudadanos como escudos humanos para utilizarlos en favor de sus intereses. Sin embargo, no sólo del problema palestino vive Oriente Medio, el insipiente y preocupante tema nuclear iraní, a la que hay que convencer de que ese no es el camino que le interesa a la humanidad, si no todo lo contrario, no se trata de poseer armamento bélico para defender actitudes si no la de eliminar todas las armas para no estar constantemente en peligro ante las irresponsabilidades de un gobernante de turno con complejos neronistas. De la misma manera también preocupan las guerras de Irak y Afganistán, o el terrorismo indiscriminado de al Qaeda y su padre protector e ideológico Osama Bin Laden, que son asuntos duros de roer aún poniendo encima de la mesa las mejores intenciones.

Pero lejos de todas esas palabras bien intencionadas y de todas las buenas sensaciones que rodean al nuevo presidente norteamericano, el que parece estar tocado por una barita mágica y cuya estrella alumbra todo su recorrido político con una estela de esperanzas allá por donde va, están las realidades y los propósitos a conseguir. Uno se siente alagado en medio de esta vorágine de intolerancia, de diferencias sociales y culturales, cuando en su discurso Obama tuvo un momento de lucidez comparativo, al mencionar la tolerancia y el entendimiento entre culturas en una ciudad, en un territorio, hace más de un milenio. "El Islam tiene una orgullosa tradición de tolerancia. Lo vemos en la historia de Andalucía y Córdoba en la inquisición", esta fue la frase que pronunció Obama y a la que añadió "ése es el espíritu que necesitamos hoy". Este mensaje de reconciliación basado en el respeto mutuo es la mejor herencia que nos pudieron dejar nuestros antepasados, en una ciudad, Córdoba, capital de al Andaluz, que presume de tolerancia, de entendimiento y dialogo. Parece mentira que estos problemas que atosigan al mundo actual no tuvieran razón de ser un milenio atrás, en la época califal, cuando las tres culturas monoteístas convivían en territorio musulmán, bajo el ahl al dhimma, el pueblo bajo protección, trato que recibían los no musulmanes pagando un impuesto especial.

Abderraman III hizo de ella la ciudad más floreciente, culta, y poblada de Europa, un emporio con más de 400.000 habitantes, 20 arrabales, 2.000 mezquitas y 200 baños públicos, un verdadero faro de la civilización y la cultura. En Córdoba se levantó la biblioteca más importante de Europa y contó con los mayores y reputados sabios, artistas e intelectuales, en campos tan dispares como la arquitectura, la música, la literatura, la astrología, las matemáticas o la medicina. Era tan normal y pacifica la convivencia que reyes y personajes de otros reinos cristianos acudían a Córdoba a que los médicos los tratasen de sus males, como doña Toda Aznáres de Navarra, abuela de Sancho I El Craso de León, que viajó a Córdoba con su nieto para curar su obesidad. Sin duda alguna bajo el mandato de Abderraman III Córdoba consiguió el difícil equilibrio en el desarrollo cultural, económico y militar, un esplendor que se expandió a las costumbres, a la gastronomía y la arquitectura, de la que la mezquita es su máximo exponente, declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.

El Califato cordobés se convirtió en la tierra prometida y es por eso que la historia de esta época esplendorosa, como ninguna en el Islam, quedó para el recuerdo como ejemplo a seguir por las generaciones venideras, es tanto el significado que Córdoba representa que hasta al Qaeda la menciona con orgullo, quizás pretendiéndola como bandera para su causa, aunque nada tiene que ver la sinrazón de los terroristas y radicales religiosos con la tolerancia, el respeto y el dialogo entre los pobladores de la Córdoba omeya. El legado andalusí está aún presente en esta ciudad miliunanochesca, que respira historia por cada rincón o esquina, la misma que nos enseñó a respetar a los diferentes y a elegir siempre la palabra antes que el enfrentamiento bélico.









http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

viernes, 15 de agosto de 2008

Córdoba y el Islam

"Mañanitas de agosto frío en el rostro".

Mi abuela tenía un refrán para cada momento y situación y, éste, con el que comienzo el escrito, lo recordaba cada despertar en este mes por el que nos paseamos.
Un buen día, al principio de los años veinte del siglo pasado, conoció a quien sería su marido, mi abuelo, era temporero y vino desde Monachil, Granada, a Trassierra, a la recolección de las piñas y las avellanas.
Mi bisabuelo no aceptaba la unión de su hija con un granadino, ya se sabe "quien tiene un tío en Graná... ", así que no acudió ni a la boda cuando se casaron. Pero con los años fue a pedirle perdón, a decirle que se equivocó, que se había portado con él mejor que ninguno de los catorce hijos que tuvo, que le agradecía el respeto con que había tratado a su hija y la rectitud con que crió a sus nietos.


Con estos historiales por parte materna, la paterna tiene su cuna en Alcalá la Real, Jaén, no puedo negar que por mis venas corra sangre musulmana, de los andaluces del califato, y no solo que no puedo negarlo, sino que me siento orgulloso de que así pudiera ser.
Pero además de mis genes, toda mi vida, salvo algunos años en Canarias, se ha desarrollado entre calles estrechas, leyendas y monumentos de Al-Andalus, en la que fue capital del reino de los Omeyas.
Por más que lo intentara nunca podría borrar de mi memoria, ni de mis sentimientos a la cultura musulmana, es algo con lo que he crecido pegado a mi alrededor, aunque fuera de ella.
Pienso que estos antecedentes me dan derecho, desde el respeto, a opinar sobre los musulmanes de hoy en día, como un pariente lejano y con la experiencia que da la historia, la que he bebido desde niño en esta ciudad mitificada y reconocida por su aportación al entendimiento, donde las tres grandes culturas, el judaísmo, el cristianismo y el Islam convivieron en armonía durante algunos siglos.


El islam en Córdoba puso al descubierto, y mostró al mundo, lo que es el contenido de la cultura musulmana. Donde florecieron insignes personajes de la historia, Ibn Masarra, Abentofail, Averroes o el judío Maimonides, en campos tan dispares como las matemáticas, la medicina, la astronomía o la filosofía.
En las letras nos dejaron sus escritos Wallada, Ibn Hazm o Ben Zaydun, por citar algunos. Con una biblioteca que llegó a reunir más de 400.000 volúmenes, cuando Al-Hakén II llegó al poder.
Pero lo fundamental de la herencia musulmana en Córdoba es el entendimiento entre culturas, el respeto a las costumbres y creencias del otro, algo que parece mentira y más aún en aquellos tiempos donde la vida humana tenía un valor relativo.
Toda esa experiencia nos debería de servir para asentar los cimientos del dialogo, de la no violencia, y buscar el entendimiento entre los pueblos y sus culturas, al contrario de lo que vemos cada día en los medios informativos, conflictos que se recrudecen con el tiempo y que lejos de llegar a una solución se tornan más crueles y sanguinarios.
Por supuesto que no culpo de todos los males al Islam, creo en que es una religión compasiva, tolerante y pacifica, eso es lo que encontramos en el Corán.

Pero como en todas las religiones, hay quien interpreta las sagradas escrituras a su conveniencia y mueven las conciencias y la fe de los creyentes a su antojo. Sembrando el odio en las causas injustas en vez de usar el poder religioso para echar mano del entendimiento y la palabra, de acuerdo que no siempre se consigue la justicia dialogando pero con la violencia es menor el resultado, negativo para todas las partes implicadas.

Como ejemplo pondré a Palestina, a la que entiendo y con cuya causa me identifico, Israel ha pasado de ser víctima a verdugo, y esa experiencia no les han hecho más tolerantes, al contrario, vemos imágenes cada día de la injusticia sufrida por los palestinos a manos de los militares judíos, da igual que sean niños, mujeres, ancianos, no tienen conciencia y el pueblo judío merece una reprobación por parte de la comunidad internacional y una severa reprimenda, o castigo, en forma de acciones legales.
Pero eso no es escusa, "lo cortés no quita lo valiente", para que se utilicen a los niños en el conflicto y después tomarlos como víctimas. Ni los inmolados en el nombre de Dios, casi siempre son víctimas inocentes los que acaban despedazados en cualquier mercado o plazas de las ciudades, ni las lapidaciones a mujeres por un error en la vida que todos cometemos alguna vez. No creo que ningún Dios esté contento con estas actitudes violentas, el fundamentalismo radical no representa a los musulmanes de bien. "Nadie es un verdadero creyente sino desea para su hermano lo que desea para si mismo".

El Islam ha demostrado a lo largo de los siglos su tolerancia en la concesión de libertad a otras religiones reveladas, ya sean judíos o cristianos, y ese es el camino y el mensaje de todas las doctrinas, el dialogo, el entendimiento y el respeto entre los hombres. Todo lo contrario es ir contra Dios, que al fin y al cabo es el mismo para todos, visto desde ópticas diferentes.

No me gusta que se piense en violencia cada vez que se hable del Islam, tal vez sea una gran desconocida en Occidente, por eso aconsejo tener a mano un Corán, y echarle un vistazo de vez en cuando, conociendo su contenido nos daríamos cuenta que musulmán no es sinónimo de violencia, terrorista o conflicto social.

Me gustaría pensar que lo que nos enseñaron en el califato cordobés, el entendimiento entre culturas, no cayera en saco roto y como un tesoro de incalculable valor pusiéramos en práctica esas experiencias para construir un mundo más justo, donde el color o las creencias del otro fueran meras diferencias insignificantes.

Ismb Allah








http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

sábado, 9 de agosto de 2008

El Mirlo Negro que vino de Bagdad



Esta mañana, segundo sábado de agosto, salí a dar un paseo con Lana, después de desayunar, mirar el correo electrónico y los diarios más importantes del mundo en español.

Lana es una perrita podenco, aunque no de raza pura, color canela y manchas blancas en el pecho y las patas, tamaño mediano, pelo duro, el hocico color rosado y los ojos claros. Es muy juguetona, cariñosa y agradecida.

Hace dos años, al regreso del trabajo, me encontré con una amiga que colabora con una asociación para la defensa de los animales, la llevaba entre sus brazos y se dirigía a casa de otro amigo para buscarle un hogar donde la acogieran. No tenía más de dos meses y temblaba de miedo. Queti, como se llama mi amiga, me dijo que la habían maltratado y abandonado, por ese motivo se comportaba en tal estado anímico.

Siempre me han gustado los animales y, anteriormente tuve varios perros amigos de distintas razas, tengo que puntualizar que los prefiero mezclados, no puros, porque suelen ser más inteligentes. Tal vez por ese motivo y por la tristeza que mostraba decidí que yo la adoptaba nada más verla. Se la arrebaté de los brazos a Quetí y desde entonces compartimos la vida juntos.
Mi princesita, como me gusta llamarla, recuperó la alegría en poco tiempo y en estos dos años me ha colmado de satisfacciones, durante todos estos días no ha hecho nada más que demostrarme, con su actitud y cariño, que adoptarla es de lo mejor que me ha podido pasar, tenerla a ella de compañera y amiga.

Tanto mis compañeros de trabajo como amigos y vecinos le tienen muy buena estima y cada vez que se encuentra con alguien conocido va como una bala corriendo, con sus orejas flácidas, caídas, y se tumba a sus pies, haciéndole carantoñas y moviendo el rabo, el que por capricho le amputó su maltratador y antiguo "cuidador", un cazador sin escrúpulos ni sentimientos.

Cada día, cuando abro la puerta, ella vuela escaleras abajo, sin control, buscando la calle, que es lo que más le gusta, aparte de comer otra cosa que no sea su pienso compuesto. Hoy repitió lo mismo de siempre, pero a mitad de camino, en el patio del edificio, se encontró con Isidro, el responsable de mantenimiento, estaba realizando unos trabajos de pintura y tuvo que apartar la brocha para no mancharla, por los saltos y juegos que le dedicaba nada más verlo.

-¡Buenos días, Isidro! -le saludé.

-¡Buenos días, Antonio! -me respondió- ¡Va como loca, qué ganas de salir a la calle lleva!

Le abrí la llave de la cancela del zaguán y de un salto se colocó en la calle, miró a un lado, a otro, y la vi que comenzó a correr en dirección al río. Había visto a Alejandro y no dudó un segundo en salir corriendo a saludarlo, prefiere saludar primero y hacer pis después.
Alejandro es un niño de unos diez años, delgado, pelo negro y tez morena, no tiene hermanos y su mejor amigo es un laúd, el que siempre lleva colgado a sus espaldas metido en su funda negra. Le gusta el Madrid pero preferiría que el Córdoba estuviera en primera división para ganarles siempre que se enfrentaran. Es un virtuoso, ese niño será un gran músico en el futuro, a veces, cuando paso por la calle, a la altura de su ventana, le oigo tocar el instrumento de cuerdas y me deja embelesado, un sonido limpio, dulce, que me transporta a la Córdoba califal, con sus melodías musulmanas y sus prestigiosos músicos.
Los dos jugaban rebosantes de alegría, no sabría decir cuál de los dos más, si Alejandro o Lana.

-¡Buenos días! -me dijo.

-¡Hola Alejandro! -le respondí.

Continué mi camino y mi princesita tras de mí, acompañándome, oliendo a cada paso, todo, lo huele todo. Alguien me dijo en una ocasión que los perros, cuando olfatean por la calle, es como si leyeran el Diario del Barrio, cada olor es una noticia, qué perro cruzó por tal calle, quién marcó aquella esquina, a quién pertenecen estas heces y cuándo las depositó... la alarma cuando un intruso ajeno a la comunidad canina del barrio dejó su señal en la calle...
Lana es educada y siempre deseca en el mismo lugar, hace sus necesidades y a continuación se aparta para que yo las recoja con la bolsa de plástico y la deposite en la papelera más cercana.
El paseo iba dirigido a los sotos del Guadalquivir, en la orilla del río, es la zona verde natural más cercana y lo más parecido a caminar por el campo, por las afueras de la ciudad, aunque se sitúa dentro de ella.

Al tiempo que Lana leía su Diario del Barrio particular, olía todo lo posible, yo pensaba en la música, en concreto en Ziryab, Alejandro hizo que lo recordara y caminando por los mismos lugares que, seguramente, hace un milenio largo, él recorrió en más de una ocasión, no tuve más remedio que imaginármelo basándome en los conocimientos que tengo del "Mirlo Negro", que vino de Bagdad.

Su verdadero nombre era Abu I-Hasan Ali ibn Nafi´ y se le conocía por Ziryab (mirlo) por su hermosa voz, que recordaba a este pájaro, y su tez oscura.
Nació en Mesopotamia, Iraq, en el 789 y murió en Córdoba en el 857.
No está claro su origen, pues mientras que unos aportan la posibilidad de que fuera Kurdo otros defienden que era de ascendencia negra, un liberto, esclavo que quedó libre por cualquier motivo sin determinar.

Cierto día, durante su infancia en Bagdad, el califa Harun al-Rashid le pidió al gran músico Ishaq al-Mawsili que le llevara a su mejor discípulo y el califa quedó maravillado ante la voz de aquel joven.
Sin embargo, no todo fue positivo porque su mentor, envuelto en un ataque de celos y temiendo que anulara su prestigio, le obligó a abandonar el califato, ofreciéndole dinero y aconsejándole que se exiliase a Occidente, para evitar que le pudiera pasar algo malo.

El joven Ziryab no lo dudó e hizo caso al maestro, conociéndolo a él y a su poder decidió marcharse. Más adelante, y cuando el califa preguntó al maestro por el joven, Ishaq al-Mawsili le dijo que era un muchacho loco y trastornado, que se había marchado de Bagdad, por lo que pronto fue olvidado.
Cuando salió de Iraq llevaba consigo más de mil poemas en diferentes modos, vagó por Siria, por Sham, y por Ifriquiya, en Túnez, donde vivió un tiempo en la corte aglabí de Kairuán, donde no perdió el tiempo y entró en contacto con la música popular tunecina.

Fue en la antigua capital de este reino del norte de África, donde se decidió a escribirle al monarca español al -Hákam I, del cual recibió respuesta positiva rápidamente y aceptando sus servicios.
Fue en Algeciras donde desembarcó con su familia y, al llegar, se encontró con la terrible noticia del fallecimiento del califa, este motivo le hizo pensar en volverse a Túnez, pero Mansur, el cantor judío enviado por el monarca recién fallecido para recibirle, le aconsejó que no lo hiciera y continuara con la decisión de llegar a Córdoba.

Esto hizo que desistiera y esperó a conocer la respuesta de la carta que le escribió al nuevo califa, el hijo de al-Hákam I, Abd ar-Rahmán II, el Victorioso. La noticia llegó poco tiempo después, renovando la invitación de su padre.

Cuando llegó a Córdoba le esperaba un enviado de la corte, por el que fue recibido y llevado a una de las mejores casas de la ciudad y pasados tres días, descansando de las fatigas del viaje, fue recibido por el nuevo califa que le ofrece unas condiciones extraordinarias, un palacio, una renta mensual de doscientos dinares y otras prebendas, también le otorga el honor de ser comensal suyo y jefe de los cantores de palacio, todo esto sin oírle cantar nunca.
La tremenda alegría por la sorpresa en el ofrecimiento le hace olvidar todo lo anteriormente padecido y enfrentarse al futuro de su profesión con gran ilusión.

En Córdoba creó el primer conservatorio musical en el mundo islámico y aportó nuevas técnicas y numerosas modificaciones en la música. Inventó los Nuvas, cantos árabes, y le agregó una quinta cuerda a las cuatro que tenía el laúd e inventó el plectro de garro de águila, que aún persiste en la actualidad, en lugar del acostumbrado de madera.

Igualmente fue Ziryab quien introdujo en la península Ibérica las melodías orientales de origen grecopersa, que serían la base de una parte importante de las músicas tradicionales posteriores.
Hasta hay quien defiende que el flamenco es parte de esas influencias aportadas por Ziryab.
Pero el "Mirlo Negro", de delicados modales, fluidez de palabra y dulce carácter, no solo trajo a la corte andaluza renovados aires para la música, su aportación en otros campos sociales fue importantísima y fue famoso por las refinadas costumbres que aportó de oriente y que introdujo en la corte cordobesa.

Considerado el árbitro de la elegancia de los dominadores árabes, influyó en el vestido, en el mobiliario. En el peinado puso de moda peinarse con flequillo, una exquisita novedad oriental, y en la cocina introdujo recetas bagdadís, los espárragos, el uso de las copas de cristal que hasta entonces eran de oro y plata, manteles de cuero fino, cuberterías, nuevos modos de comportamiento.

Además de músico, peluquero, poeta y culinario tenía una excelente instrucción en otros campos, la Astronomía, Geografía, Física, Política. Con un trato delicado y gran ingenio, lo que cautivó a la nobleza cordobesa y se convirtió en el hombre más admirado e imitado.

Un personaje único e irrepetible en la historia universal, que le dio esplendor al califato y del que personalmente siempre estuve prendado, desde el conocimiento de su existencia.




Texto perteneciente a "Miradas Impacientes I", publicado por Ediciones Alféizar:
https://www.edicionesalfeizar.es/producto/miradas-impacientes-i/

miércoles, 6 de agosto de 2008

Tomando café con Wallada

Como cada tarde, en esta época estival, escribo o leo un rato y después me voy a tomar café al centro comercial cercano a mi domicilio.

El calor del verano en Córdoba es casi como un castigo de dios... de cualquiera de ellos, y aunque hoy el milagro del aire acondicionado ya no condiciona a quedarse al fresquito en un lugar o en otro, hasta ver pasar las horas más crueles del día, las que discurren con el sol en todo su esplendor, sí lo hacen otras apetencias, como lugares más amplios y concurridos o sin humo del tabaco, por eso, para mi, este espacio comercial reúne las condiciones requeridas para mi relax de las primeras horas de la tarde, que pasa por tomar café helado leyendo el diario de mi ciudad, Diario Córdoba.

Tenía decidido escribir algunas líneas, al regreso, cuando encaminé a mi cita cafetera casi diaria, pero aunque acumulaba varias ideas para reflejarlas en el blog ninguna de ellas me motivaba lo suficiente.
Desde mi casa al café-bar transcurren entre cinco y diez minutos caminando, tiempo que empleé en decidirme por el tema a desarrollar, pero no es fácil, caminar por el paseo de la ribera del Guadalquivir, dirección al centro comercial, es un disfrute que no te deja pensar en otra cosa que no sea tanta historia como acompañó a sus aguas, a su paso por la ciudad que fue capital del mundo occidental en las puertas del segundo milenio, rivalizando con Damasco por la capitalidad del mundo conocido.

Solo saludo cuando llego, ya me conocen a mí y a lo que tomo cada tarde, por eso no pido, me dedico a buscar con la mirada el Diario Córdoba, por entre las mesas y el mostrador del bar mientras me sirven el café. En esta ciudad se agradece una costumbre generalizada, los bares ponen a disposición de los clientes varios diarios.
Tuve suerte, a lo lejos, en una de los últimos veladores desplegados de la terraza, en la calle/pasillo del centro comercial, lo vi doblado sobre una mesa sin clientes, acompañado de dos servicios de café consumido con sus respectivos vasos de agua ya bebida.
Automáticamente mi intención fue la de ir a buscarlo pero, como un intruso al principio y un agradable encuentro seguidamente, se interpuso entre el Diario y yo el brazo de Gertrudis que, efusivamente, trataba de llamar mi atención y saludarme.

Gertrudis es octogenaria, menuda e inquieta, con el pelo canoso y carácter alegre, soltera y poetisa, pero nunca publicó sus poesías, se las recita a los conocidos, a los amigos y no hay letras sobre papel que se escapen de su curiosidad. Quedó huérfana de padre al final de la guerra civil y su vida no ha sido fácil: - Pero al menos fui afortunada en amores, tenía a los hombres como perritos falderos detrás de mis huesos- decía cada vez que la situación lo requería.
Dejé a un lado el Diario y continué rumbo al encuentro con Gertrudis.
-¡Hola Antonio!- me saludó con su alegría contagiosa.
-¿Que tal, mi querida dama? ¡Tan guapa como siempre!- respondí al tiempo que la besaba en sus mejillas.
Me senté a su lado y sin esperar a palabras algunas me preguntó: -¿Te gustan mis gafas? Son para leer -puntualizaba mientras las mostraba con la mano derecha agarradas de la patilla, delgada, negra, y colgadas a su cuello de un cordón color marrón.
-Me gustan Gertrudis, tienen un diseño elegante, intelectual -le respondí a la vez que se las colocaba, dándole un aire nuevo a su perfil.

Estaba como un niño con zapatos nuevos con sus gafas para la lectura. Si no la conociera y lo que significa para ella unas lentes que le permita continuar leyendo y escribiendo sus poesías, pensaría que esa mujer se comportaba como quien nunca tuvo nada de relativo valor.
Mientras ella se recreaba, coquetamente, yo movía el café diluyendo el azúcar, solté la cucharilla sobre el platillo y vacié el negro liquido sobre el vaso repleto de hielo.
Lo tuve unos minutos entre mis manos esperando a que se derritiera y enfriara el café, moviendo el cristal suavemente con los dedos de mis manos, observándola, contemplando su felicidad plena...solo dijo una frase en ese tiempo mientras miraba a su alrededor: -¡Que contenta estoy!
A continuación la noté más inquieta aún de lo que por naturaleza es, de repente, mirando fijamente a lo lejos de la calle/pasillo del centro comercial.
-¡Es Joaquín!-Exclamó con seguridad.
-¿Joaquín?-pregunté confuso.
-Sí, Joaquín. Es mi amigo, he quedado con él para dar un paseo por el centro- explicaba como en un monologo-. Aquí se está fresquito y nos distraemos, él está algo mayor y no aguanta muchos traqueteos. ¡Voy a su encuentro!- exclamó mientras se levantaba del asiento y se incorporaba un tanto ágil.

Nos despedimos y mientras yo acababa el café, Gertrudis llegaba a la altura de Joaquín, que con más alegría que fuerzas para mantenerse en pie, la saludaba con un beso.
A la par que se daban la vuelta y caminaban hacia el otro extremo del edificio, con energía renovada, por mi mente también se paseaba la imagen irreal de una figura femenina de otro tiempo, en la Córdoba del siglo XI, la Princesa Wallada.
Aunque las comparaciones casi nunca quedan bien, en este caso hay puntos en común entre Gretrudis y la Princesa Wallada, dos mundos diferentes y diez siglos entre la vida de una y la otra.

Wallada, o Ualada, nació en Córdoba en el año 994 y perdió a su padre cuando contaba diecisiete años, el califa Abderramán Obaidallah al Mustafkí, que llegó al poder durante la guerra civil y tras un breve mandato fue derrocado y murió a manos de sus asesinos, su madre era una esclava cristiana llamada Amin´am.
Como el califa no tuvo descendencia masculina, heredó los bienes de su padre y abrió un palacio y salón literario donde ofrecía instrucción a las hijas de las familias poderosas, también a las esclavas, quizás porque su madre lo fue.

Tal vez, con veinte años, le sucedió el acontecimiento más importante de su vida cuando conoció a Ben Zaidun, un noble de excelente posición de enorme influencia política y el más elegante de los intelectuales que se paseaban por aquella Córdoba, Qurtuba. Pero ella no era menos, no le ocultaba la sombra de aquel famoso de la época, Culta, guapa, también famosa y escandalosa, se paseaba sin velo por la calle a la moda de los harenes de Bagdad, con sus versos bordados en las orlas de sus vestidos o en túnicas transparentes, hermosa figura de tez blanca y pelirroja con ojos azules. La mujer diez, la ideal de la época.

Esta actitud puede confundir y hacer pensar que las mujeres de Al-Andalus disfrutaban de amplias libertades, más que en cualquier otra sociedad islámica, pero solo las solteras, prostitutas y viudas adineradas podían permitírselo. El propio Averroes lo denunció: "Nuestro estado no deja ver lo que de sí pueden dar las mujeres. Parecen destinadas exclusivamente a dar a luz y amamantar a los hijos y ese estado de servidumbre ha destruido en ellas la facultad de las grandes cosas. He aquí por qué no se ven entre nosotros mujer alguna dotada de virtudes morales".
Wallada era una mujer acostumbrada a mandar, en cualquier sitio, en la calle, la casa y de igual manera en la cama...fue el choque literario de dos vanidades en el que se puso de manifiesto que la princesa tomó la iniciativa. Pero nada perdura y tras un amor apasionado, publico e inundado en un mar de versos, pronto se rompió el idilio, tan sonado que hasta hoy llega su eco.
La traición de Ben Zaydun con un poeta negro podría ser el motivo y la causa de estos versos que Wallada escribió: "Sabes que soy la luna de los cielos/ más, para mi desgracia has escogido a un oscuro planeta".
¿O quizás fue una amante negra? La mujer Munya, a la que Wallada encontró en la calle y la compró atraída por su belleza, la educó y la abandonó después de haberla convertido en poetisa desvergonzada.
Pero es muy probable que le sorprendiera con un amante masculino. Zaydun nunca negó nada a las sátiras que ella le dedicó: "Si hubiera visto falo en las palmeras/ sería pájaro carpintero", duras y claras dedicatorias.

Lo cierto es que la princesa nunca le perdonó y tomó como amante a su rival más directo, en lo político y personal, el hombre más fuerte de Córdoba, el visir Ben Abdús, el que acabó metiéndolo en la cárcel después de privarle de sus bienes.

Después de abandonar el cautiverio, Wallada nunca quiso volver a verlo y como alegoría, él recorría de noche los palacios derruidos de Medina Azahara, símbolo de su amor.
Arruinada en crédito y fortuna, la princesa recorrió los reinos Taifas con su talento, pero siempre volvió a Ben Abdús, con el que nunca se casó aunque viviera en su palacio. Murió con ochenta años cumplidos, el mismo día que entraron en Córdoba los almorávides.
Ben Zaydun vivió muchos años y, después de rehacer su vida y carrera política en Sevilla, murio rico y poderoso.
La poesía de Gertrudis, su energía, el hecho de enfrentarse a la vida sola, su belleza en otro tiempo... y algunas razones más, me dejaron en el pensamiento a la princesa cordobesa, por lo que terminé la tarde tomando café con Wallada.

Cultura mexica ( XI )

Cerámica La cerámica es uno de los elementos artísticos mexicas menos estudiados, si lo comparamos con otros como dioses, calendarios o mito...