martes, 4 de noviembre de 2008

El último mambo del dictador

Nunca fui partidario de la violencia, siempre pensé que este es el lenguaje de los no inteligentes, de los represores, de los cobardes, pero hay situaciones que si no fuese por ella, por la despreciable violencia, las páginas de la historia se habrían escrito de manera diferente, con otros tintes, para buenos y para malos resultados.

Entiendo que sino hubieran sido por las armas, por personajes que con su protagonismo y decisión en un momento crucial y determinado de la historia hicieron uso de tales herramientas siniestras, algunos dictadores asesinos se hubieran marchado de este mundo como los toreros triunfadores, por la puerta grande, a hombros de sus incondicionales y entre vítores.

Son muchos los dictadores que sucumbieron ante la bala heroica de un ciudadano oprimido por el opresor de turno, que se llegaron a creer casi inmortales, embriagados de poder usurpado a los pueblos, pero despertaron del delirio justo cuando la realidad no tenía marcha atrás, cuando las puertas del infierno se abrían de par en par en un viaje sin retorno a los listados de la historia donde se amontonan los responsables de las injusticias, el asesinato, la represión y la muerte de tantas almas inocentes. Los dictadores son una especie de diablos sin alas ni rabo, sin cuernos ni biergo o tenedor, pero por su sangre corre el odio, el desprecio, la venganza, la ira y la maldad en forma de egoísmo y a raudales. El dictador no tiene reparo ante nada que obstruya su propósito, su interés, su fin, no importa ni el método ni la herramienta para conseguir su meta propuesta, la natural de un miserable que no siente respeto ni aprecio por cuanto palpita ante sí.

Para mi desgracia y experiencia también me tocó vivir los últimos coletazos una dictadura cruel, la de un fascista que consiguió sobrevivir oprimiendo a su pueblo más de 40 años, varias generaciones de españoles sufrieron en la piel, en su sangre, en su amor propio, en su orgullo, los caprichos de un genocida asesino responsable de miles, de cientos de miles, de millones de personas inocentes, que murieron o tuvieron que huir al exilio, dejando atrás a sus familias, sus sueños, sus anhelos, para nunca más recuperar lo perdido en el mejor de los casos, en el peor pagaron con su vida los sueños de grandeza de un dictador, al que la Iglesia Católica paseaba por las calles de mi país bajo palio como una divinidad.

A diferencia de otros, este dictador nuestro, no tuvo quien a bien le alojara una heroica bala entre sus podridas y malignas entrañas, épica actitud que nos hubiera liberado de tanto mal, de tanto sufrimiento y castigo inmerecido. Franco murió en su cama mientras sus víctimas se pudrieron en las cunetas, en las fosas comunes desperdigadas por el territorio español, olvidadas en muchos casos por el miedo. Aún hoy se buscan los cuerpos de miles de víctimas que sacaron de sus hogares en la noche para nunca más volver, en una época marcada por el terror y la muerte, capricho de un dictador.

Pero por justicia no todos se van de rositas, los hay que al despedirse son víctimas de sus mismos manuales de comportamiento y cumplen con este refrán sabio que dice: "quien a hierro mata a hierro muere". Eso sí, cuando se marchan, o los echan, lo hacen dejando atrás un reguero de sangre y desolación como seña de identidad. El oficio de dictador ya no es provechoso, por mucha maldad que aglutine un alma, los pactos con el diablo no son rentables hoy en día y más temprano que tarde la balanza de la justicia ciega antepondrá su veredicto para que ni se perpetúe en el poder ni huya a otro lugar con las alforjas repletas de crueldades y desvalijos.

La historia de Nicaragua, como la española, sabe mucho de dictadores, de opresiones y opresores, de injusticias, con o sin castigo, pero a diferencia de la nuestra, la pinolera tiene entre sus héroes a quien cegó la vida del tirano a costa de la suya propia, como un gesto generoso para su pueblo, como un regalo que no así consiguió liberarlo de sus ataduras, porque como un mal endémico, crónico, la herencia dictatorial pasó a su hijo, heredero de la misma sangre, de la misma crueldad e igual de sanguinario.

Rigoberto López Pérez es uno de los héroes de Nicaragua, o Sandinolandia, como me gusta llamarla con todo el respeto, por quien también dedicó su vida a la dignidad del pueblo nicaragüense. Cuenta la historia que el heroico poeta dio fin y al traste con la vida y planes del dictador Anastasio Somoza García en la Casa del Obrero de León. Era el 21 de septiembre de 1956 y se celebraba una fiesta, la convención del partido liberal que proclamaría de nuevo a Somoza García su candidato para las nuevas elecciones, una pantomima electoral resuelta de antemano. Marcaban entre las 7´30 u 8 de la noche cuando Somoza entraba en el recinto, alegre, saludando y departiendo con sus incondicionales, entre una comitiva impresionante, que ya le tenían por reelegido como nuevo candidato. Nada suponía un presagio en aquella noche cálida, en la sala se colocaba la mesa principal con manteles blancos, donde quedaría ubicado, sobre un suelo a manera de tablero de ajedrez en el que Rigoberto daría minutos más tarde jaque al dictador. El techo de bajareque lo sostenían dos columnas de madera maciza y al rededor del tirano los uniformados que lo protegían y los civiles más allegados.

Sonaba la orquesta Occidental Jazz y los guardias se acercaron a la banda para pedirle que tocaran un mambo, el dictador quería lucirse y salió a bailar con la novia de la Casa del Obrero, una linda muchacha llamada Mirian Pérez. Acabado el mambo y el lucimiento del protagonista se dio por iniciada oficialmente la fiesta y Somoza se fue a su mesa, a recibir a la gente que le quería saludar, a pedirle favores o a pagárselos.

La fiesta continuaba y Rigoberto López Pérez, al rededor de las nueve y media de la noche bailaba, con una chica a la que no recuerdan quién era, Hotel Santa Bárbara, una movida pieza de jazz. Vestido con una guayabera blanca de manga larga y unos pantalones azul marino, su madre dijo tiempo más tarde que quiso ir a la muerte vestido con los colores de la bandera de Nicaragua. De repente, entre los acordes de la música, el poeta sacó un revolver y le disparó cinco tiros al dictador, de los que cuatro impactaron en su cuerpo, en ese instante en el que las balas se alojaban en el cuerpo del tirano, un cabo de la Guardia Nacional le dio un culatazo en la nuca con su arma y seguidamente una lluvia infernal acribillaron al héroe que cayó fulminado en el instante. Su cuerpo lo arrastraron hasta un jeep y se lo llevaron a Managua, nunca más se supo nada de él, de su cuerpo. En cambio, al dictador, se lo llevaron a Panamá herido de muerte, en un avión de los Estados Unidos, ofrecido para la ocasión. Pero fue inútil, Somoza perdió su última batalla a manos de un joven poeta, del que se dice era un hombre calmo, que no se molestaba por nada, que era tímido y que rara vez hablaba de política, aunque se tenía por liberal, centro izquierda.

El arma del crimen nunca se supo quién la introdujo en el recinto, aunque siempre se sospechó que fue una mujer, incluso existe una teoría que dice que esa mujer fue una prostituta del barrio de San Felipe, porque el día anterior Rigoberto estuvo por la zona y hasta allí llegó la Guardia Nacional, a llevarse muchachas porque creían que una de ellas pasó el arma en la Casa del Obrero. La represión posterior fue tremenda, más de 500 personas fueron detenidas y torturadas sospechosas de conspiración en el asesinato. También la madre del joven poeta y su hermano y hermana de 14 años estuvieron 40 días detenidos, bajo torturas.

Sin duda la biografía de este héroe nacional da para mucho más, pero mi intención no es otra que la de resaltar lo significativo e importancia de este personaje que bien merece un lugar privilegiado en la historia de Nicaragua. Con el asesinato del dictador no acabó la dictadura, la continuó su heredero, su hijo Anastasio Somoza Debayle, pero su generosa actitud ante la vida bien vale el agradecido reconocimiento para la historia de la libertad.


Texto perteneciente al libro "Al sonar de las marimbas"

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lunes, 3 de noviembre de 2008

La tierra de dos cerros


Hablar del lago Cocibolca es hacerlo de un tesoro natural, pero si lo es, mucha culpa la tienen las joyas que alberga, no solo por el continente sino también por el contenido de este mar de agua dulce, como lo llamaron los colonizadores españoles cuando arribaron a su interior por el río San Juan. El gran lago es el más grande de todos cuantos existen en Latinoamérica, al igual que una de sus islas, la más importante y extensa que surgen de sus aguas cristalinas, ricas en fauna y en historia. Ometepe, que viene de Ometepetl, vocablo del Náhuatl y que significa Dos Cerros o Dos Montañas, es la isla más grande del mundo dentro de un lago, un milagro natural, postulada para ser elegida una de las ocho maravillas del mundo.
Su mitología, su historia, cuenta que hasta ella llegaron tribus, indígenas, del norte, tal vez de México, guiados por una profecía en la que mostraba una tierra con dos montañas en un lugar de agua. La tierra prometida para un pueblo sometido cruelmente por otras tribus, de las que huían. Primero los Chorotegas y poco tiempo después llegaron los Náhuatl, dos de las tribus, o culturas, más importantes de Nicaragua, junto a Mangues, Nicaraguas, Chibchas, Tiwanacos y otras. Los dos pueblos buscaban el mismo paraíso y con la misma descripción y, aunque el cronista Oviedo, generalizando, cuenta que los primeros comían carne humana con normalidad, para mi humilde entender era un pueblo más pacifico, más refinado en todos los ámbitos sociales y culturales que el segundo. Cuando los Náhuatl llegaron a estas tierras los Chorotegas ya estaban asentados, dejaron ver que sus intenciones eran la de cruzar los territorios y buscar asentamiento más al sur, al igual que Napoleón en España para llegar a África, pero de la misma manera que el francés a los españoles, rompieron la promesa y como mayoría que eran, y más poderosos, invadieron sus territorios y entraron en un enfrentamiento bélico. La diferencia entre unos y otros es que tras una guerra, la de la independencia a principios del siglo XIX, conseguimos expulsar a los galos de territorio español, mientras que los Chorotegas y los Náhuatl terminaron por desarrollar sus culturas dentro de este mismo territorio que hoy llamamos Nicaragua.

Los dos cerros, o las dos montañas, están unidas por un estrecho istmo y forman la isla. Dos volcanes, el Concepción y el Maderas, el primero presume de su elegante y perfecto cono, como sacado de un gigantesco molde, activo, y en el horizonte se deja entre ver como si ejerciera de guardián de su hermano menor. Es fácil de adivinar que su actual nombre tiene origen español, fueron los frailes franciscanos los que lo bautizaron así por la Inmaculada Concepción de la Virgen María... extraño nombre para un volcán activo y que me obliga a preguntarme: ¿en qué estarían pensando los franciscanos cuando lo rebautizaron? Su nombre originario era Omeyatecigua hasta la época de la conquista, o invasión. De sus 1610 metros sobre el nivel del mar solo la base se viste de amplias zonas boscosas y otras cultivadas; las paredes y cumbre se enseñan desnudas, maquilladas por la rojiza escoria y túmulos formados por la lava de sus anteriores erupciones. La última tuvo lugar en 1957. En esta parte de la isla se encuentra su principal entrada, una ciudad pequeña que recibe el nombre de Moyogalpa, "lugar de mosquitos" en Náhuatl, y que junto a Altagracia son los núcleos más importantes a la falda del Concepción.
Sin embargo, el Maderas, al contrario que su homologo mayor, duerme. Se le da por extinto, apagado, y aunque la diferencia a simple vista es evidente no deja de ser pequeño, sus 1394 metros no es cualquier cosa. A diferencia del Concepción el Maderas presume de una espesa vegetación que lo cubre como un frondoso atuendo de flora y fauna, coronado por una laguna en su cráter. Su actividad, completamente rural, la componen pequeños pueblos agrícolas y extensas fincas productivas de café orgánico.
También su historia se exhibe a diferencia del Concepción, son importantísimos los petroglifos que se encuentran, vestigios evidentes del pasado cultural y que gracias a la vigilancia que ahora las protegen dejaron de ser expoliadas, como a lo largo de los años que sufrieron de abandono. Es una incomparable aventura caminar por entre el bosque espeso de nebliselva, agasajado por los frondosos árboles, por entre las variadas colonias de orquídeas y otras coloridas flores, bañarse en la laguna del cráter mientras aullan los monos y las aves cantan o quedarse prendado con el espectáculo que ofrece la cascada de agua de San Ramón.

Dentro de la isla se encuentra la reserva natural de Chico Largo, una zona protegida entre los dos volcanes, que encierra una laguna, bosque y una playa paradisíaca. La Laguna Verde, nombre que recibe y que la separa del lago una estrecha franja de tierra, es un verdadero santuario para las aves que encuentran en este lugar el ideal para sobrevivir y procrear. La playa es una de las más bellas del continente rodeada por un frondoso bosque que se ofrece como una delicia para pasear.

Esta mítica isla también tiene entre sus riquezas varias leyendas que engrandecen su cultura, quizás las más conocidas sean las de Chico Largo y la de La Laguna Verde, las dos relacionadas entre sí. Pero buscando y rebuscando información sobre esta tierra maravillosa se ha trabado frente a mí, en mi pantalla del ordenador, una historia, una leyenda preciosa, imposible de ser real por su contenido fantasioso, pero en esta tierra de ensueño todo es fantasía y me resulta ideal para cerrar el articulo y describir al lago Cocibolca y todo lo que encierra. Una hermosa historia de amor que con el permiso del profesor Hamilton Silva Monge, quien considero una eminencia referente a la isla de Ometepe, la contaré.
La historia cuenta que al principio de los tiempos no existía el lago y por supuesto tampoco la isla de Ometepe, en su lugar crecía un bosque hermoso dentro de un valle donde los animales abundaban. El agua no se encontraba en el centro del valle por lo que las tribus vivían en los alrededores, los Chorotegas, Chontales, Nagrandanos, Niquiranos y otra tribu venida del sur.
En la tribu Niquiranos vivía una preciosa india llamada Ometepetl y en la Nagrandanos, tribu enemiga, un joven guerrero llamado Nagrando. Los dos jóvenes se enamoraron perdidamente y el padre de ella, cuando se enteró del noviazgo, comenzó una persecución contra ellos que duró varios días.
Cansados de tanto huir decidieron dar fin a la persecución que sufrían y perpetuar el amor que se profesaban, se besaron, oraron a los Teotes y luego se cortaron las venas uno al otro hasta morir. La leyenda cuenta que el cielo ennegreció, que hubo un gran diluvio que fue causa de la existencia del Cocibolca; que a la bella Ometepetl le crecieron los pechos hasta convertirse en los dos volcanes, el Concepción y el Maderas; y que Nagrando de la misma manera fue creciendo hasta transformarse en un enorme túmulo cerca de su tribu, la isla Zapatera.
Hoy la joven india es la bella isla de Ometepe; Nagrando es la Zapatera; el Cocibolca lo que fue el valle Caopol y los perseguidores de los amados, que se ahogaron por el diluvio, las isletas de Granada y Solentiname.


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sábado, 1 de noviembre de 2008

Para vivir y para morir

¡El muerto al hoyo y el vivo al bollo!
Saben que soy muy amigo de los refranes, no por eso mi refranero es amplio, lo normal, eso quiere decir para Andalucía, mi tierra de nacimiento, que es bastante. Soy descendiente de campesinos, o si lo quieren llamar gentes que vivió del y para el campo, este es uno de mis orgullos heredados, nada existe más noble y digno que las manos que trabajan el campo.
Los refranes, en otros tiempos en que la falta de información, la incultura, el analfabetismo, era lo normal en el medio rural, existía un lenguaje que pasaba de generación en generación, eran los conocimientos adquiridos oralmente que servían para conocer los cambios de tiempo, los meses para sembrar, para la recogida de los frutos... una enciclopedia necesaria y útil que ha llegado hasta nuestros días y que tenía una frase para cada ocasión, no solo para lo relacionado al campo, sino para todos los ámbitos sociales, el mundo animal y hasta para cada enfermedad y sus remedios, en caso que los hubiera.
Pero este artículo no irá hoy destinado a los refranes sino a uno en concreto, al que encabeza el escrito y que se refiere a lo necesario para vivir y para morir, los mercados y los cementerios, el vivo a seguir alimentándose y el muerto a enterrarlo.
Hoy, día de los difuntos, es el más adecuado para hablar del lugar en donde nos apartamos una vez que la vida se nos esfumó, donde solo acudimos a honrar a nuestros seres queridos que nos dejaron y que pasaron a mejor vida, esta manera de llamar a la muerte, "mejor vida", no sé si para algunos es la más correcta pero en cierto modo se deja de padecer, eso sí, a cambio de perder la relación con los seres queridos, pero nada en este mundo es completo, ni siquiera la muerte.
Creo conveniente comenzar por lo primero, la vida, los lugares donde encontramos lo necesario para vivir y que llamamos mercados, para lo segundo, para la muerte, lo dejaré para el final, siempre hay tiempo para la parca.
Decía un amigo de Tenerife, de las Islas Canarias, José Lorenzo Ferreira, que la mejor manera de conocer un pueblo es visitar sus mercados y cementerios. En los primeros se apreciará como viven los lugareños, sus costumbres, necesidades prioritarias y el valor e importancia que le dan a las cosas. Los campos santos en cambio reflejan parte importante de su cultura, la relación con sus antepasados, sus mayores, la nobleza y el respeto a sus costumbres.
Desde entonces, desde los primeros años 80, siempre que visito un lugar acudo como mínimo a los mercados, es verdad que los cementerios no me atraen en demasía, solo en determinadas ocasiones y cuando lo requiere el respeto a los seres queridos, familiares y amigos.
En mis visitas a Nicaragua seguí la premisa de mi amigo tinerfeño y en los primeros días acudí a conocer algunos mercados, son famosos por ser los más amplios de Centroamérica, en concreto el Oriental y el Huember. El primero es descomunal, una ciudad llena de pasajes y tenderetes donde se pierde el norte... y si me apuran cada uno de los puntos cardinales, si no se conoce. Tengo que resaltar que los mercados siempre fueron un lugar donde los rateros, ladronzuelos, y gente de mal vivir se encuentran como pez en el agua, pero esto no es un condicionante propio de los mercados nicaragüenses, en todas partes del mundo sucede igual. De todas maneras, y antes de continuar, tengo que dejar claro que nunca sufrí un percance, nunca me asaltaron, ni nunca padecí una mala experiencia, ni por mercados, ni por lugar alguno de Nicaragua, incluso por lugares donde mis amigos nicaragüenses me aconsejaron no visitar, por el alto índice de delincuencia. Este es un mal que sufren muchos países, pero bien es sabido que por ahora, aún, es posible caminar tranquilamente por las calles de Managua, u otras ciudades pinoleras. Nicaragua puede presumir de ser el país más tranquilo de la zona centroamericana, con respecto a la delincuencia y la violencia, este detalle dice mucho de la manera de ser del nicaragüense.
El mercado Roberto Huember es mi favorito, me gusta ir al Huember, pero me gusta acudir caminando. Quien conozca Managua y lea lo que digo quizás se eche las manos a la cabeza ante lo que les voy a decir, pero caminar me gusta y lo hago siempre que puedo. El hotel que siempre escojo, o que me acoge, está situado cerca del centro comercial Metrocentro, eso es el centro de Managua, tomo la dirección hacia la carretera de Masaya y en la segunda via a la derecha, donde se sitúa un conocido supermercado, me desvío dirección la principal de Altamira. Me gusta pararme en los puestos de fruta y comérmelas troceaditas en su bolsa, piña, papaya, plátano, sandía... sin prisa, continúo y al primer cruce con otra avenida sigo por la izquierda, hasta llegar al Roberto Huember. Ya se que es un paseo largo, cansado para muchos, pero depende de la prisa y la intención que se lleve, para mí es un placer este recorrido por la mañana, antes de que el sol se suba por el horizonte y se vuelva prepotente e insolente.
El mercado Huember es el segundo más grande de Managua y el segundo de toda Centroamérica, pero mucho más pequeño que el Oriental. En él se puede encontrar de todo, de todo lo que imaginen, antigüedades, artesanía, muebles, ropa, juguetes, carnes, pescado, verduras, frutas, especias, quesos... es increíble. Es una aventura pasear por entre los puestos, dentro del recinto o al exterior. Es costumbre del nicaragüense comer en la calle, fuera de sus hogares o restaurantes. En cada rincón, vía, o las aceras, se multiplican y aparecen puestos de comida tradicional nicaragüense, Nacatamales, tajadas de plátano fritos, chicharrones de cerdo, arroz, yuca, ensaladas... en los mercados es lo mismo pero llevado a la desmesura, a la expresión más amplia del concepto, en contenido y variedad.
El colorido está presente en cada espacio, diría que el Huember es puro color, sus verduras y frutas inundan, invaden, todo lo que la vista puede ofrecer, algunas conocidas por estos lugares de la vieja España y otras nuevas para mis sentidos, además del plátano, de la banana, las naranjas, pomelos, aguacates, cocos, la yuca, el maíz, los frijoles, caña de azúcar, mandarinas, café, durazno o melocotón, limones, piña, mango... existen las desconocidas para mi ignorancia que ya no lo son tanto, el zapote, toronja, calala, guineos, capulines, coyolitos, fruta de pan, guayaba, jocote, granadilla, limón dulce, nancites, nísperos (distinto al español), sonzapote, tamarindo, tigilote... enorme la variedad que se ofrece al consumidor y que agasajan con su colorido en todas las tonalidades, colores vivos que como una trampa atraen a la vista, al gusto, para ser consumidos y nunca quedar desencantados.
Los olores enamoran, hechizan, embriagan, al paso entre café, cacao, canela, clavo, pimienta chapa, chiles, jícaro, pinol, pinolillo, jamaica, orégano, linaza... es un mundo de olores fantástico, incomparable, nada igual como pasearse entre los puestos repletos de especias autóctonas y otras adaptadas a la cultura gastronómica y herbolaria de Nicaragua.
Como decía al principio, el mercado no es otra cosa que la desmesura en el carácter nicaragüense ampliado desde la calle con trato amable, atento, cordial, que a cada paso las mujeres ofrecen sus productos con frases cariñosas: ¿que deseas mi amor, que buscas mi rey? ¿Que necesitas...? Pero los hombres no se quedan atrás en atención al cliente: ¿que busca el señor, guayaberas, cotonas, cerámicas... que necesita papito? Mientras se camina por entre la zona de artesanías, muebles, hamacas, cueros, maderas talladas...

Para la muerte no se precisa mucho, al menos para los muertos. Otra cosa son las costumbres, la cultura en este apartado que llega al final de la vida. Ya he repetido infinidad de veces que lejos de parecer que la cultura española y la nicaragüense se sitúan en las antípodas, es todo lo contrario, es más lo que nos identifica que lo que nos distancia. También en la muerte, en los cementerios, en la manera de tratar respetuosamente a nuestros difuntos, que se les visita independientemente de la fecha propicia y en cualquier día del año. Solo en una ocasión pisé campo santo nicaragüense, aunque sí los avisté desde el exterior, fue en Chinandega, acompañando a mi gran amigo Silvio, al que me une una gran amistad. Su madre falleció hace algunos meses y fue un alago poder rezar ante su tumba, ya he dicho por activa y por pasiva que no soy creyente, pero de igual manera le rezo a mi padre que en paz descanse, no por mis creencias sino por respeto a las suyas o por si le sirviera de algo para bien en el otro mundo. No hay diferencias patentes entre los cementerios nicaragüenses y españoles, al menos en el sur, en los nuestros se levantan algunos nichos, bóvedas, y todo se viste de blanco, en cambio, entre los nicas todo está a ras de suelo, sembrado de cruces y pintado de vivos colores, como las calles, las plazas, las ciudades. Es la manera de entender la muerte y la vida, con llamativos colores pero con idéntica luminosidad y el mismo respeto que se ofrece en los cementerios andaluces.







domingo, 26 de octubre de 2008

Aves del paraíso




Tal vez el paraíso no tenga una imagen determinada sino que corresponde con lo que cada uno desea o imagina, pero hay lugares, sitios, con todo lo que les rodea o los compone, que se acercan a una imagen idílica y que coinciden con la mayoría imaginaria. Por supuesto que un paraíso sin banda sonora es menos paraíso, el sentido del oído se queda fuera y no se completa con rotundidad el espacio idílico paradisiaco de los sentidos, que al fin y al cabo no es otra cosa que desenfundarlos y sacarlos al aire, ponerlos a trabajar y que se regocijen.
A mi humilde parecer los sonidos emitidos por las aves, y el agua, son la ideal sonoridad para este jardín de las delicias ficticio, imaginario, donde se recrea el soñado paraíso. Sin duda es esa la idea de un hipotético paraíso, la de una vegetación frondosa, repleta de flores diversas y a cual más bella, donde el agua es actor protagonista y la fauna, sobre todo las aves, las moradoras naturales... nosotros, el ser humano, siempre quedaríamos relegados a segundo plano, a una invitación momentánea, pasajera, porque entre otras cosas dejaría de ser el paraíso, ya sabemos hasta donde podemos llegar en todo lo que tomamos la iniciativa o rubricamos con nuestra presencia continuada.
Desconozco muchos rincones del mundo, casi todos en comparación con lo visitado, pero puestos a escoger situaría muy cerca de los lagos y lagunas de Nicaragua este supuesto Paraíso. Quizás a las faldas de algún volcán, de alguna sierra, posiblemente en la sabana... al Pacifico o al Atlántico. También cabe la posibilidad de que sea imposible este lugar idílico, que su existencia sea improbable, por la coincidencia de que todos los sentidos se desarrollen en todo su penitencial a la misma vez. Ante esta hipótesis habría que buscar donde los cinco componentes se realicen en su máxima expresión y contar con la capacidad imaginativa de cada cual, condición que sería casi más importante que todo lo demás.

Así que puestos a elegir diré que tengo mucho ganado para encontrarme con el paraíso, creo que estoy muy cerca, un clima tropical, buena comida, gente amable, paisajes únicos y sonidos irrepetibles. Algunas mañanas he pensado que me encuentro muy cercano a ese lugar ideal, he llegado a pensar que es comparable a la felicidad, que se trata de un solo un momento, con la diferencia que se puede disfrutar en el presente, no hay que regresar al pasado en el recuerdo para identificar la felicidad en un instante determinado ya vivido. He llegado a la conclusión de que el paraíso es comparable, es el justo momento donde mejor nos encontramos, lo procesamos como una computadora y nuestra capacidad imaginativa se rinde a las condiciones que nos ofrece el entorno, es ahí cuando uno se siente como en el mismísimo paraíso, no puede existir otro enclave donde nos sintamos mejor.

Mucha culpa de que mis mañanas se acerquen a ese jardín de las delicias las tienen los pájaros, en concreto uno, aunque aprovecharé para destacar varias especies representativas de Nicaragua, por supuesto que la lista de aves es interminable y a cual más hermosa, pero no pretendo hacer un estudio ornitológico, solo destacar lo que estos animales representan en este hábitat natural, donde las especies, salvo algunos casos, no viven en estado permanente de peligro de extinción. Esto se debe al propio estado del país, de los países que componen el istmo centroamericano, sus recursos no son explotados indiscriminadamente y aún hay espacio para otros seres que no sean los de nuestra especie, el ser humano. Este razonamiento no quiere decir que no exista peligro, existe en cualquier lugar del planeta por muy recóndito que se encuentre, pero estas circunstancias ambientales no se disfrutan en el vanidoso y prepotente llamado nuestro primer mundo.
Del Cenzontle, o Sinsonte, dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: Pájaro americano de plumaje pardo y con las extremidades de las alas y de la cola, el pecho y el vientre blancos. Su canto es muy variado y melodioso.
Su nombre proviene del Náhuatl, Centzuntlí, y significa que tiene cuatrocientas voces. Es uno de los mejores imitadores que dio la naturaleza, capaz de reproducir el canto de otros animales, incluso el sonido de las maquinas. Los machos experimentados tienen un repertorio que llegan a contener de cincuenta a doscientos cantos diferentes. Es por la mañana cuando despliega su embriagador canto, hechicero, que adorna y acapara el espacio auditivo del entorno donde se encuentre, recordándonos que sin ellos, los animales, nuestro mundo sería diferente y no precisamente para mejor. Está muy extendido por toda América según la variedad. Les gustan las ciudades y raramente bajan de los arboles, de los arbustos o los postes de teléfono. Solo en la época en que pelechan abandonan su canto, a finales de verano, pero en el crepúsculo de la mañana, cuando el sol se encuentra en el horizonte, es el momento donde se escucha con más fuerza. Comen insectos y bayas, defienden agresivamente sus nidos de otras aves, de otros animales e incluso del ser humano. Cuando aprecian peligro de un depredador persistente avisan a los de su especie con una llamada distintiva y juntos se defienden atacando al intruso, a lo que acuden otras aves para ver como los sinsontes se unen en la defensa ante el agresor.

Pero los más representativos sean el Zanate y el Guardabarranco. Del primero diré que se ve por cada rincón de Nicaragua, como nuestros gorriones, pero con una imagen más grande, parecida al mirlo, una de las subfamilias americanas. De plumaje azabache, lustroso, con destellos metálicos verdes, purpura o bronce, y un carácter que intuyo más parecido a las gaviotas, pícaros y sinvergüenzas, con el oficio bien aprendido para sobrevivir en distintos ámbitos. Sus nidos los sitúa en lugares parecidos a los que eligen las palomas, tejados semiderruidos, huecos en edificios... y es fácil verlo bajo los chilamates buscando semillas y picoteando todo lo que se pone a su paso. Al contrario del Sinsonte su repertorio es más limitado, no por eso sus cuatro cantos dejan de ser agradables y armoniosos. Para los nicaragüenses lo prefieren pájaro nacional, en detrimento del oficial que se le conoce por Guardabarranco. Una rara ave por la poca frecuencia con que se la ve y por su hermoso plumaje. El símbolo nacional en cuestión de aves es sencillamente hermoso, un pájaro exótico del tamaño de la mano empuñada de una persona adulta. Su cola quizás sea su detalle más significativo, de la que sobresalen dos largas plumas en forma de raqueta, inadvertido y confianzudo, sobrecoge su confianza ante el ser humano y hechiza la belleza de su plumaje con colores alegres, muy en concordancia a los que los nicaragüenses eligen para sus fachadas de las casas. Los que predominan son diferentes tonalidades de verde, celeste tornasol, blanco, amarillo, anaranjado y negro, con la espalda y el vientre mayoritariamente verde y rojizo. Una raya azul pálida sobre el ojo a manera de un antifaz y una marca negra vertical con margen azul en la garganta, al igual que las plumas de vuelo y la superficie superior de la cola. También se le conoce por el nombre de "pájaro reloj", por los movimientos de su cola que se asemejan al péndulo. Su graznido nasal, "cwaw o cwaanh", se repite y con frecuencia se le puede oír a lo lejos, posados a la entrada de sus nidos, en las paredes de los barrancos, de ahí su nombre; comen insectos y mariposas.


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viernes, 24 de octubre de 2008

Masaya, lugar de venados





La cocina tradicional nicaragüense es rica, en sabrosa y en variedad de platos. Podría decir que al contrario que en otros países, en los que el frío obliga a tomar bastantes calorías, en este trozo de Centroamérica debería de existir una gastronomía más liviana, mas acorde con la temperatura que marca el termómetro durante todo el año, en las zonas costeras clima tropical de una media de 25´5ºC y en el interior entre 15ºC y 26ºC, pero no es así, hay para todos los gustos.
El plato nacional, o más conocido, es el gallopinto, que consiste en arroz y frijoles fritos con cebolla, acompañados de tajadas de plátano frito, queso frito, huevos revueltos o fritos y ensalada de repollo, normalmente. Pero existen variedades en el acompañamiento. Es un plato que se otorgan y atribuyen tanto Costa Rica como Nicaragua, pero lo cierto es que se extiende por todo el Caribe, Colombia, Venezuela... eso sí, cada uno con su toque original que los hace diferentes.

Mis costumbres andaluzas en el desayuno son muy diferentes, el aceite de oliva en una tostada de pan con no demasiada levadura y un tazón de café con leche me aportan energías para enfrentarme a la mañana con garantías de no desfallecer y aguantar hasta el mediodía, hora del almuerzo. Pero aquí todo es distinto, la primera vez traje conmigo una botellita de aceite para el desayuno pero al cuarto día me hice nicaragüense en cuanto a la primera comida del día. El gallopinto con dos huevos fritos me ponen a cien cada mañana, su aporte energético me permite conocer a pie Managua, es como mejor se conocen las ciudades, hasta el punto de que no hay zona de la ciudad que no haya pateado.

La ciudad de Masaya la visité el año pasado y guardo buenos recuerdos, por todo, por sus gentes, su alegría, su mercado de artesanía, el más amplio de Centroamérica. Así que, después del súper desayuno nica, me dispuse a tomar un microbus que me llevara hasta allí. No está lejos, algo más de media hora, 28 km, y con buen clima soleado el paseo fue placentero; tres días seguidos sin llover es un gustazo, todo se transforma y parece un país diferente cuando las nubes se esconden y el celeste ilumina el verde que brota por cualquier rincón.

El mañana de la ciudad, como todas las nicaragüenses, se perfuma de maíz, de tortillas recién hechas, a café, a jícaro, a fruta, a canela, a mil aromas que flotan entre los nicas, entre los niños que acuden a la escuela, entre los barrenderos, los que acuden a su trabajo, entre carros tirados por mulas, sobre los zanates que revolotean buscando semillas...
El despertar de Nicaragua es despertar a pueblo, a tiempo perdido que permitía a los rayos de sol introducirse por entre los plátanos, las piñas, el jocote, la papaya, la naranja, la pulpa del tamarindo y el cacao.
La ciudad de Masaya tiene algo que no posee Managua, por provinciana, su historia a flor de piel, sus casas antiguas, sus comercios rancios de edad pero alegres de renovados. Atrae su mezcla de antaño y la globalización, sus marcas y artículos gringos, de Asía, de Europa, que se cuelgan sobre estantes de otras épocas y el encanto embriaga al viajero que ve como los últimos modelos de telefonía móvil coquetean con los plátanos y las piñas o los cepillos de barrer hacen compañía a las yucas y los mangos.
El mercado de artesanía de Masaya es un disfrute para los sentidos. La pintura original nicaragüense se distingue desde lejos, no es solo la imagen colorista de Solantiname sino la de toda Nicaragua, sus paisajes alegres del archipiélago alegran el alma y ponen un sello de personalidad en los puestos enredados entre la vegetación ornamental del mercado, cerámica, cuero, madera tallada, guayaberas, cotonas, hamacas, sombreros...
Antes de hacer algunas compras decidí pasarme por la plaza de San Miguel, un remanso de paz sonoro, porque la paz no es sinónimo de silencio, pero si de tranquilidad, auspiciada por la algarabía de los niños que acudían al colegio, tomé asiento en uno de sus tenderetes, su terraza, y sorbo a sorbo fui paladeando el tiempo que pasaba por mi existencia como nunca antes, plácido y extrañado por lo que algunos rincones del planeta nos pueden ofrecer aún hoy en día.

Masaya es derivado del Náhuatl y viene de la palabra Mazalt, que significa venado, y la partícula Yan que denota lugar, es decir, "Lugar de Venados". Pero también es conocida por varios nombres más, originalmente era Villa fiel de San Fernando, o la Ciudad de las Flores por la diversidad de estilos y colores que se cultivan. También por La Cuna del Folclore nicaragüense porque casi todos los bailes folclóricos del país nacen de ella.
Masaya es la expresión máxima del mestizaje nicaragüense, pero uno de los barrios principales de la ciudad, Monimbó o Niquinohomo, conserva la identidad étnica a través de los tiempos. Fue el año pasado cuando pude comprobarlo, acompañado de mi amigo Silvio me dijo: Observa el rostro de estas gentes, son los autóctonos más puros de toda Nicaragua, los indígenas precolombinos. Realmente sus expresiones, sus rasgos denotaban pureza y sus facciones evidenciaban una raza apartada del mestizaje.
Monimbó quiere decir en español "cerca del agua", es un barrio situado cerca de la laguna Masaya y del volcán del mismo nombre, también llamado Popogatepe, en chorotega "montaña que arde", los cinco cráteres que forman el conjunto de la laguna y el volcán están constituidos en un parque natural y cuenta con un museo de vulcanología interesantisimo.

De la historia de esta ciudad se cree que fueron los nisquirianos los primeros pobladores de estas tierras, anterior a la colonización española. Fue aquí donde surgió el encuentro entre Francisco Hernández de Córdoba con el cacique Nicarao, un encuentro pacifico como el carácter de los masayenses, cuya tradición oral cuenta que lejos de enfrentarse al español, el cacique, le ofreció una de las muchas mujeres exquisitas de la tribu. El cacique lo amparó amistosamente, aceptando la fe católica y permitiendo que muchos de su tribu se bautizaran. Nacarao más tarde envió a los conquistadores al cacique Diriangen, pero este atacó a los soldados españoles y les obligó a recularse.

A diferencia de otras repúblicas donde la sangre corrió luchando, el nicaragüense es epítome de la integración pacifica de etnias y culturas hispánicas y amerindias. De esta tierra salen hermosas artesanías, rica gastronomía, su pinolillo, su tiste, su chicha y sus marimbas gloriosas en la percusión del folclore nicaragüense, que dice: ¡Al sonar de la marimba se desborda el Monimbó!








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miércoles, 22 de octubre de 2008

Víctimas para el fin de una dictadura

Las dictaduras se saben que comienzan cuando los dictadores llegan al poder pero el fin de estas es más difícil de adivinar. De dictadores los hubo y los hay para todas las ideologías, para todos los gustos, pero con la misma finalidad, la de adueñarse del país que gobiernan. Todos son crueles, todos son sanguinarios, todos corruptos, todos gobiernan con la injusticia. Los hay paternalistas que se creen el protector de su pueblo, que sin él estarían perdidos y en manos de los enemigos de la nación, también con el derecho adquirido por la gracia de Dios y por supuesto los hay que no se avergüenzan de su egoísmo, llegan a creerse poseedores legítimos de toda una nación sin ruborizarse, sin el mínimo respeto a sus ciudadanos, que les roban sus libertades para adueñarse de todo lo demás, hasta el punto de heredarse el poder de padres a hijos, como en el caso de los Somoza en Nicaragua.
En principio parecería que nuestras culturas están en las antípodas, lo más lejanas la una de la otra, pero en absoluto creo en esa posibilidad, nos unen tantas cosas...
Cuando hablamos políticamente de Latinoamérica siempre pensamos en dictaduras, en revoluciones que nunca llegan a nada y que es motivado por los mismos ciudadanos de estos países, que no piensan en su porvenir, que no son inteligentes, que están acostumbrados a vivir bajo el yugo dictatorial. Siempre se nos olvida que nuestra historia más reciente está escrita bajo dictaduras, la de Primo de Rivera y la de Franco, esta última por más de cuarenta años. Esto no fue motivado por nuestra poca inteligencia, ni por nosotros mismos, ni siquiera porque nos gustara vivir bajo el mandato del genocida dictador, cada país y cada tiempo tienen circunstancias diferentes en las que se desenvuelven.
Lo cierto es que todos son inteligentes, ningún dictador llaga al poder, se adueña de un país y se mantiene corrupto durante años, décadas, sino es por su capacidad para engañar, convencer a una parte de la población y mantenerla fiel a sus convicciones o intereses. Los seres humanos por naturaleza somos corruptos, todos tenemos un precio, en ocasiones mísero, por el que nos vendemos y con esa actitud permitimos que el dictador continúe ejerciendo como tal. Nuestro egoísmo es más fuerte que nuestra nobleza e inteligencia y al permitir que continúe respaldado el dictador nos estamos haciendo daño nosotros mismos, nuestro egoísmo es nuestro mayor enemigo, vendemos la libertad y la dignidad por un puñado de influencias que a la corta se revolverá contra nosotros como un boomerang. Los dictadores no entienden de fidelidad y el apoyo que se le da para mantenerlo en el sillón de mandatario es interés de poco valor para ellos.
En todas las etapas dictatoriales suceden acontecimientos que prenden mecha para que estalle la revolución, el alzamiento o levantamiento del pueblo, generalmente asqueado de tanta injusticia, porque ningún régimen dictatorial termina convenciendo a los ciudadanos y afianzándose perpetuamente, si acaso a sus seguidores incondicionales favorecidos a costa de otros por dichos regímenes. En el tramo final de la dictadura de los Somoza hubo dos asesinatos que bien podría decirse fueron las gotas que colmaron el vaso, el de Pedro Joaquín Chamorro y el del periodista americano de la cadena ABC Bill Stewart. Fue un año y medio de diferencia entre ambos asesinatos pero supusieron el fin de la hegemonía dictatorial de los Somoza.
En el caso de Chamorro fue el destape de la corrupción, de los abusos de poder y los "regalos de tierras" a los familiares del dictador. El diario La Prensa, el diario de la oposición, del que Pedro Joaquín era director, destapó con varios artículos no solo la apropiación indebida de tierras sino también el indigno trafico de sangre de los pobres nicaragüenses. Días antes de ser asesinado La Prensa publicó una serie periodística titulada "Crónicas del Vampiro", dedicada a la empresa del cubanoamericano Pedro Ramos, su nombre era Plasmaféresis y se dedicaba a traficar con la sangre de los pobres de Nicaragua, que había ganado la escandalosa cifra de nueve millones de Córdobas, la moneda nacional. Toda Nicaragua sabía que el dictador Anastasio Somoza Debayle, curiosamente compañero de estudio de Pedro Joaquín en el instituto Pedagógico La Salle, era socio de Pedro Ramos y de la empresa Plasmaféresis.
Esto quedó demostrado y los autores del asesinato están libres, se beneficiaron de un indulto que concedió la que fuera su esposa y más tarde presidenta de Nicaragua, Doña Violeta Barrios de Chamorro.
Cumplieron condena por asesinato y se delataron entre unos y otros, acusándose y amenazándose. Los asesinos llevaban varios días siguiéndole sin percatarse de este detalle y el día 10 de enero de 1978, cerca de las 8´30 de la mañana, uno de los vehículos chocó por detrás del Saab de Joaquín y otro lo interceptó, empujándolo hacia la acera, provocando que chocara contra un poste del tendido eléctrico, después los asesinos bajaron y le dispararon sobre el pecho de la víctima a quemarropa los perdigones de la escopeta calibre 30.
Este suceso colmó la paciencia de los nicaragüenses que de sobra sabían que el asesinato era orquestado por el dictador y sus secuaces.
El otro asesinato que conmocionó al mundo fue el de Bill Stewart, junto a su interprete Juan Espinoza, la crueldad fue grabada por sus propios compañeros de profesión y dio la vuelta al mundo. Las televisiones norteamericanas pasaban una y otra vez el vídeo prueba del asesinato. Era el 20 de junio de 1979 y Bill regresaba al hotel Intercontinental junto a su traductor, en una furgoneta con las palabras: Foreing Press; le seguían el técnico de sonido Jin Céfalo y el cámara Jack Clark por la avenida de los Mártires del Primero de Mayo. Una patrulla de la Guardia Nacional ordenó que se parasen y Stewart se bajó y dirigió al soldado junto con su interprete, mientras que Jin y Jack se escondían algunos metros atrás entre la maleza. Con la bandera blanca en una mano y los documentos que acreditaban su profesión del gobierno nicaragüense le dijo que no hablaba español y que era estadounidense. El soldado no consideró suficiente acreditación y lo encañonó con su M16, al tiempo que le insultaba: "Ponte de rodillas hijoeputa, ponte de rodillas". Bill se arrodilló y le dijo suplicando que no hablaba español, que era periodista. Seguidamente le ordenó que se tumbase en el suelo: "¡acuéstate, hijoeputa!", Stewart le obedeció y como premio recibió una patada en el costado. Continuó diciéndole que no hablaba español y que era periodista, a lo que encontró como respuesta, después de unos segundos en alto, apuntarle con su arma y pegarle un tiro en la nuca.
Cuentan que el asesino, llamado Álvarez de apellido y de 18 años, lloraba como una magdalena en el juicio sandinista que recibió, a buenas horas...
Este acontecimiento provocó que Reagan dejara de apoyar al dictador cuando la opinión pública norteamericana se le echó en cima. Cuatro semanas más tarde la dictadura de Somoza llegó a su fin y el gobierno gringo comenzó a financiar la contra, que continuó con el derramamiento de sangre.




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lunes, 20 de octubre de 2008

La ciudad resurgida





Solo de pensar en la historia de esta ciudad que me acoge provisionalmente me pongo a temblar... no es una broma, realmente es para tomárselo muy en serio. Los dos últimos terremotos de importancia que han sacudido a Managua han dejado una pagina en su historia que no se puede arrancar, sería como eliminar sus datos más importantes, sobre todo el último, el de 1972.

Es un disfrute, un lujo, tener al historiador Jaime Incer Barquero para empaparse de la historia y cultura nicaragüense, la primera vez que en mis manos cayó un libro suyo fue una agradable sorpresa y un encuentro determinante para conocer los entresijos de esta cultura, resultado del crisol donde fundieron otras tan importantes como la Náhuatl, la chorotega o la venida de España, sí, ya se que a muchos no les simpatiza en demasía cuando se habla de colonizadores, pero por experiencia propia, como andaluz, pondré como ejemplo nuestra realidad. Hemos aprendido a rentabilizar todo lo que dejaron cuantos invasores pasaron por nuestra tierra a lo largo de los siglos. Los fenicios, romanos, árabes, castellanos aragoneses... de todo hemos sacado lo más relevante y gracias a esto Córdoba, por ejemplo, tiene un turismo de calidad, nada de playa, sombrilla y bocadillo de tortilla de patatas. En mi ciudad nos sentimos de orgullosos de tantos restos de culturas diferentes, es como decir que en vez de quejarnos todo el tiempo utilicemos la inteligencia y saquemos partido a todo lo que en un principio nos hizo daño.

Pero volviendo a Nicaragua y a su capital diré que aquí no quedan ruinas de antaño, de los colonizadores, ni siquiera un puñado de casas destartaladas de la colonización, pensar en la Managua anterior al 23 de diciembre de 1972 es soñar, imaginar, recordar. Aquel triste día previo a la navidad se llevó consigo todo lo anterior, la ciudad capitalina quedó destruida y aparte de algunos edificios solo quedó su ubicación y los sobrevivientes.
Cuenta Incer Barquero que Managua, mana agua en español, parece corresponder a su toponimia aborigen Mana-ahuac, "junto al agua" o "rodeada de agua", según unos u otros. De todas maneras el nombre hace alusión a sus primitivos pobladores, los que hace 8000 años pescaban y cazaban en Acahualinca, a las orillas pantanosas del lago Xolotlán

El lago y el cortejo de sus lagunas volcánicas eran el sentido por el que vivir en la sabana seca, el agua abundaba para pescar y también aprovechaban la humedad para cultivar a lo largo del año. Cuando mi paisano Francisco Hernandez de Córdoba conquistó Managua en 1524 tuvo que enfrentarse a veinte mil flecheros que se defendieron del invasor, eso dice de lo poblada que estaba la ciudad en aquellos tiempos, distribuidos sobre el terreno junto al lago en una sucesión de chozas y huertos hasta Tipitapa, donde residía el cacique.

Más tarde, en la época colonial, continuó siendo un lugar de pescadores y de transito entre León y Granada, donde se pernoctaba y se abastecía de víveres del pueblo. Morel de Santa Cruz, el obispo viajero, describía a la ciudad capitalina en el siglo XVIII, 1752, de esta manera: "Su situación es lo más alegre y deleitable que puede contemplarse; tiene a las orillas una laguna que a simple vista parece el mar. Los naturales de Managua tienen como regalía propia el ejercicio de la pesca en las riberas de su pueblo". Por ese tiempo la población de Managua rondaba los 4.000 habitantes, pero ascendió en importancia a partir de 1811, cuando fue nombrada de villa a pueblo y de pueblo a ciudad en 1846, y sobre todo en 1852 cuando fue declarada capital de la república. Este hecho, del que se benefició Managua, no fue por otro motivo que para dirimir salomonicamente la rivalidad que entre sí tenían las dos ciudades más importantes hasta entonces, León y Granada, rivalidad en la pretensión de ejercer la principal hegemonía política del país.

Pero si tenemos que buscar un responsable en el verdadero desarrollo de la ciudad este, sin duda, es el General José Santos Zelaya, natural de Managua, quien modernizó la ciudad y las instituciones del estado. Desde entonces la ciudad siguió creciendo junto al lago, sentido de la existencia de la ciudad, la pesca continuó y los managuas mantenían la costumbre de bañarse en sus aguas cristalinas y saludables, hasta que en 1927 se construyeron las primeras alcantarillas en dirección al lago, se aprovechó la pendiente natural para desembocar en él y el error lo acabó convirtiendo en una cloaca.

El primer terremoto no fue más que una antesala del que vendría años después, pero con su propio protagonismo, no quedaría en segundo plano sino fuera porque el siguiente lo superaría con creces. El martes Santo de 1931, el 31 de marzo a las 10 y 23 minutos, Managua fue sacudida por un temblor que destruyó casi toda de la ciudad, solo quedaron en pie la Casa Pellas, el Club Social, el Palacio del ayuntamiento, la Casa Presidencial de la Loma Tiscapa, el armazón de hierro de la Catedral, iniciada tres años antes y algunas casas particulares. El resto de la ciudad quedó destruida. Más de 1.000 personas murieron y otras tantas quedaron golpeadas o discapacitadas para el resto de sus vidas.

Parece que esta ciudad nació para destruirse y volver a levantarse, porque no solo fueron terremotos, también en 1876 se destruyó el centro de Managua, en esta ocasión fueron unos aluviones de agua los causantes de tal destrozo. En este tema no se acabó el peligro, la deforestación en la parte sur del lago Xolotlán, o Managua, mantiene expuesta a la ciudad al peligro que suponen los aluviones producidos por la lluvia. Pero volviendo a su vulnerabilidad más pronunciada, los sismos, hay que anotar que como el ave fénix se levantó de sus propias cenizas y de la nada se convirtió en la ciudad más dinámica de los 60, era la envidia de cualquier ciudad centroamericana, sus avenidas y calles importantes eran un hervidero de gentes que paseaban, compraban, y daban a Managua un aire de ciudad moderna, tanto de día como en la noche, donde sus salas de fiestas y teatros la convirtieron en única. Cada vez que oigo hablar de aquella ciudad me parece que se exagera, pero todos coinciden en el dinamismo y modernidad de entonces.

Pero como parece que la historia de Managua no se escribe sino con fechas tan importantes como fatídicas, el 23 de diciembre, vísperas de navidad, otra vez fecha cristiana importante, el suelo tembló de nuevo y en esta ocasión la crueldad de la naturaleza fue desmesurada. El sismo de magnitud 6.5 en la escala Richter, a las 12, 35 de la mañana, y seguido de otras dos replicas casi una hora después del primer temblor, dejó cerca de 10.000 muertos y 20.000 heridos. El 90% de las edificaciones se desmoronaron y el centro de la ciudad desapareció de un plumazo, las casas que no cayeron del todo tuvieron que ser derruidas por el peligro que suponían mantenerlas en pie y el fuego se adueñó de todo lo inflamable.
Familias enteras sucumbieron ante la tragedia y no hubo ninguna que escapara a las garras de la naturaleza que, como ofrenda obligada a la madre tierra, se cobró alguno de sus miembros.

El tiempo pasa y esta ciudad, que se acostumbró a vivir con el recuerdo, se volvió a levantar, a resurgir de nuevo, aunque el centro de la ciudad no se sabe muy bien donde se ubica, ni las calles tienen nombre propio, "dos cuadras arriba del Club Social", "tres cuadras al norte de la Casa Pellas", siempre una referencia de otros tiempos, a veces pienso que se trata de una manera de no perder el tiempo para que de nuevo la naturaleza destroce todo lo nombrado, resaltado o ubicado. Pero también pudiera ser que los managuas jugasen al despiste, como engañando, ocultando a la madre tierra donde se ubica su centro de la ciudad, quizás de esta manera, no conociendo el lugar exacto, la tierra no vuelva a temblar de nuevo bajo sus pies.






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Cultura mexica ( XI )

Cerámica La cerámica es uno de los elementos artísticos mexicas menos estudiados, si lo comparamos con otros como dioses, calendarios o mito...