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lunes, 14 de marzo de 2011

La agricultura en Mesoamérica: productos y técnicas de cultivos prehispánicos.


Aunque a priori pudiera aparentar que el maíz fue el primer producto agrícola que se cultivó en Mesoamérica, debido a la fuerte influencia que tuvo para los pueblos indígenas y que aún hoy mantiene en la actualidad, no parece que fuera así. Algunos investigadores, como es el caso de Girad, opinan que la agricultura mesoamericana dio comienzo con otro cultivo diferente, la yuca (manikot esculenta), junto a otras raíces como el camote y la jícama. La llamada trinidad agrícola surgió más tarde: la calabaza comenzó a cosecharse hace 7.500 años aproximadamente; el maíz 7.000 y los frijoles 4.500.

Hace 3.500 años, la agricultura se había extendido por todo el territorio mesoamericano y sus habitantes se habían vuelto sedentarios totalmente. Los cultivos les obligaron a asentarse más tiempo en los mismos lugares y aparecieron las primeras aldeas, construían sus viviendas y adoratorios y fabricaban cerámica que cocían en hornos. También en este periodo de tiempo se intensificaron otras labores, la fabricación de cestería, cordeles, redes, textiles; y se perfeccionaron las técnicas de pulido de piedra, que se aplicaban de igual modo a collares, pipas, etc.

El grupo étnico denominado Popoloca jugó un papel muy importante en el desarrollo de la agricultura mesoamericana. Según los estudios llevados a cabo en 1.964 por MacNeish, los antiguos popolocas, los proto-otomangues, iniciaron la cultura agrícola hace 7.000 años, lo que hasta entonces era un paisaje natural se convirtió en uno cultivado. Junto a las raíces como la yuca, el camote o la jícama, comenzaron a cultivarse el chile, el amaranto, aguacate, calabaza, izote, nopal, ciruela, maguey, mezquite, etc. Para el siglo VIII de nuestra era los popolocas ya conocían y domesticaban todas las plantas y animales que conocían todos los pueblos mesoamericanos ocho siglos más tarde, cuando llegaron los españoles al continente.

El desarrollo de los popolocas en el campo agrícola se extendió a la ingeniería, construyeron terrazas, canales y pequeños depósitos a manera de jagüeyes. Además, se les considera uno de los pueblos pioneros en la fabricación de la cerámica mesoamericana. Por la prueba del carbono 14 se conoce que su antigüedad data de entre los años 2.300 y 1.500 antes de nuestra era.

No podemos entender qué tipo de culturas y sociedades conformaban los antiguos habitantes de Mesoamérica sin antes conocer qué tipo de cultivos se daban principalmente. Para este estudio los arqueólogos pueden detectar esos productos cultivados por distintas vías o métodos. Sus descubrimientos se basan en el estudio de las zonas donde vivían y cultivaban, donde encuentran restos carbonizados de sus cosechas. De igual manera sacan sus conclusiones en el análisis microscópico de las muestras de tierra de las excavaciones, detectando el polen generado por especies concretas de plantas. Para los arqueólogos, los fitolitos son un mundo extinto al descubierto. Estos minúsculos objetos minerales que producen algunas plantas en el lugar donde crecieron y que permanecen en la tierra, se revelan como un ideario sociológico de entonces, dejan al descubierto cuáles eran las cosechas que se daban por aquel tiempo pasado y, por lo tanto, cuál era la base de la dieta de los pobladores.

Hasta hace poco tiempo, los arqueólogos aseguraban que la mayoría de los cultivos de los mayas era del tipo de tala y quema, pero según Holmul, ya no se piensa igual y parece que la tala y quema se daba a menor escala. El resultado de nuevas investigaciones nos revelan que la mayoría de las ciudades, tanto del Preclásico como del Clásico, usaban la agricultura intensiva, se valían de terrazas rellenas de lodos de los bajos, que eran más fértiles, así como el uso del drenaje en los bajos, canales de irrigación, cultivo de árboles, uso de árboles como el huixil (Leucaena-Leucocephala), y otras sustancias como abono para nitrogenar la tierra.

Según Tom Sever: "los mayas no podían hacer pozos, ya que el agua se encuentra a unos 150 m. de profundidad en el Petén, así que ellos dependían de la lluvia". Aunque la selva tropical experimenta una estación seca cada año, y los árboles absorben agua del suelo, Sever asegura que en la región del Petén, los mayas se servían del agua de lluvia que recogían en pantanos llamados bajos, que cubren un 40% del paisaje. Hoy esta lluvia se evapora antes de que alguien la use, pero las excavaciones e imágenes de satélite revelan una red de canales entre los cibales o bajos hechos por los mayas. De la misma manera, Sever opina que usaron los canales para reusar y controlar el agua de lluvia, lo que permite imaginar a los antiguos agricultores ocupados todo el día en la agricultura intensiva. De no haber utilizado estos bajos, parece casi imposible haber podido mantener a la densa población de aquel tiempo en la región del Petén. Los mayas tenían entonces un 40% más de tierra más fértil que el otro 60%, una gran contribución a su producción alimenticia.

También en los lagos del Petén, los arqueólogos han estudiado las muestras de polen tomadas, estos estudios dan como resultado una fuerte deforestación hace unos 1.200 años, pero no causada por la tala y quema en la agricultura, como se pensaba hasta hace no mucho tiempo, sino por el cambio climático y la producción de estuco para sus ciudades. La evaporación y erosión fue tan rápida que destruyó el sistema agrícola en uso durante 2.000 años.

Por otra parte, los aztecas que llegaron tardíamente al valle tuvieron que conformarse y adaptarse a vivir en las islas. Tuvieron que idearse un método por el que producir los cultivos que sería la base de su alimentación, para ello se valieron de las islas artificiales o chinampas, lo que les permitió hacer frente a sus necesidades básicas alimenticias del crecimiento demográfico que vivieron. La ingeniería asociada al agua también resultó ser un arma muy valiosa a la hora de incrementar la producción agrícola y, para tal causa, construyeron muchos aochpango o acueductos, entre ellos, los más impresionantes se encontraban en la capital del imperio, Tenochtitlán. Las cosechas aztecas no se diferenciaban mucho de los gustos mayas, así mismo sus preferencias estaban en el maíz, calabaza, frijol, chile, amaranto, cacao, ají, tabaco, chía, tomate y otros, cultivos que desarrollaban con una única herramienta llamada coa, un palo con extremo puntiagudo.

Los aztecas utilizaban distintas técnicas de cultivos, como la roza, que consistía en limpiar la tierra, y las terrazas, áreas cultivadas sobre una ladera retenidas por un pequeño muro. Las chinampas, usadas en el valle de México, tenían un sofisticado sistema que permitía a los campesinos aprovechar el suelo de las zonas lacustres de forma intensiva. Entre todos sus cultivos, especialmente dos de ellos se diferenciaban de los pertenecientes a la alimentación, el algodón, cuya producción era el pilar principal para la fabricación de sus vestimentas, y el maguey, con el que elaboraban una bebida ceremonial y embriagadora llamada pulque.



sábado, 5 de marzo de 2011

La primera transición: de la recolección a la agricultura.


Entre las teorías que los demógrafos defienden existe un punto de encuentro que no tiene discución alguna, todos apoyan las repercuciones biológicas que tuvieron en los individuos y las sociedades, en el apartado de salud y el aumento de la fecundidad, los descubrimientos o hechos culturales que repercutieron en el desarrollo tecnológico. Una variable determinante en el aumento de la población y el cambio demográfico. Buorgois-Pichat (1969) defiende que algunos hechos tan relevantes como el descubrimiento del fuego, la invención de la agricultura y de la máquina de vapor, marcaron tres transiciones demográficas diferentes de gran repercución en la población mundial. Del mismo modo, Livi Bacci (1990) sostiene que la difusión de la agricultura permitió que la población se multiplicara varias veces al aumentar el límite de recursos alimenticios que la naturaleza ofrecía a los recolectores cazadores.

Sin embargo, y según Lourdes Márquez Morfín y Patricia Hernández Espinoza en La transición demográfica y el surgimiento de la agricultura en Mesoamérica, en esta primera transición demográfica que la agricultura marcó como proceso cultural de gran importancia para el crecimiento de la población, existen dos teorías. Dos brechas abiertas por los demógrafos que llevan a un punto de discrepancia o desacuerdo en cuestión de salud, no así en la fecundidad y la multiplicación de la población. Una de ellas, la clásica, parte del supuesto de que una mayor aportación alimenticia o nutricional permitió que acelerara el crecimiento de la población, apoyada por el sistema agrícola y el descenso en la mortalidad. Por contra, la segunda teoría defiende que la sedenterarización a la que evolucionó la población supuso un cambio brusco en la alimentación, disminuyó la calidad alimenticia, y aumentó los riesgos de transmisión de enfermedades infecciosas que, a una mayor densidad y posibilidad de contacto, también habría aumentado la mortalidad.

No obstante, entre una y otra teoría, lo compartido es que la sedentarización facilitó la crianza de los hijos y disminuyó los tiempos entre los nacimientos, lo que permitió el aumento de la población. Respecto a esta cuestión, Livi-Bacci dice que, el desarrollo de la agricultura habría aumentado la mortalidad, pero aún más la fecundidad propiciando el aumento de la población. Sin embargo, existen otras voces discrepantes con estas dos teorías, como la de Robert McCaa (2002), que opina que "la agricultura no fue la maquinaria sostenible de la transformación demográfica en la prehistoria de América, pues existen evidencias de que algunos grupos no horticultores experimentaron aumentos en la fecundidad".

De todas maneras, queda una evidencia arqueológica clara sobre el periodo entre el 8.000 y 4.000 a. C., y dependiendo de la región, que hubo un cambio en la economía de subsistencia inclinado a los productos que producía la agricultura, aunque se mantuviera la combinación con lo obtenido en la caza, pesca y recolección. Cohen y Amelagos (1.984) sostienen que al producirse más alimentos y tener excedentes se podía asegurar la alimentación de un número más elevado de personas, de la misma manera que se podían guardar los granos y semillas para otros periodos de escasez, sequía u otros problemas medioambientales.

La agricultura permitió una mayor cantidad de alimento para un mayor número de personas y existen argumentos por parte de investigadores para defender que al estar mejor nutridos y más sanos se reducía la mortalidad en edades más prematuras y se elevaba el potencial productivo, lo que permitía crecer y multiplicar la población. Sin embargo, queda la duda si, además de cantidad, con la agricultura también se superó la calidad alimenticia. Queda en evidencia que los dos grupos, los recolectores-cazadores y los agricultores, tenían hábitos alimenticios distintos. La dieta de los primeros era más equilibrada que la de los segundos; según Brown y Konner (2.000), se componía de una cantidad suficiente de proteínas (34 %), carbohidratos (45 %), grasas (21 %), vitaminas y minerales. Por el contrario, la alimentación basada en la agricultura estaba apoyada fundamentalmente en los hidratos de carbono, en el caso de Mesoamérica en el grano del maíz. Sumado a esto, la forma de vida sedentaria cambió el modo de vida nómada y con ello la salud y el tipo de enfermedades infecciosas que sufrieron.

En Mesoamérica, el desarrollo de la agricultura se había extendido totalmente 3.500 años atrás, durante el periodo Preclásico. Se produjo de manera paulatina y diferenciada en las distintas regiones. En las que se han investigado hasta el momento, especialmente en territorio mexicano, en la Cuenca de México, la región zapoteca y el área maya se estima una población baja, eso sí, con un crecimiento constante desde el periodo Temprano al Terminal (1.500 a 0 a. C.), continuando hasta finales del Clásico (0 a 900 d. C.). Según Martínez Muriel (1.993), durante el preclásico se fueron desarrollando multitud de aldeas con pocos centenares de personas, pero es en el Clásico Medio donde al parecer se dan los datos más elevados de población, en ciudades como Teotihuacan, en la Cuenca de México, Tikal en el área maya y Monte Albán en el Valle de Oaxaca.

En este intervalo de tiempo fue importante el desarrollo tecnológico en el cultivo y la domesticación de las plantas, tanto fue así que para el Periodo Clásico se tenía una dependencia total de granos como el maíz y el frijol. Las repercusiones sufridas en las pequeñas aldeas se tradujeron en hacinamiento que fueron formando barrios donde se alojaban decenas de individuos organizados en familias. Los tiempos en que se dedicaban al autoconsumo habían quedado atrás y pasaron a desarrollar actividades y labores diversas y a obtener el alimento por los nuevos patrones socioeconómicos desarrollados. La climatología fue favorable y permitió la proliferación de cultivos, dando como resultado una mayor longevidad de los adultos y el aumento en el tiempo para concebir en las mujeres. En definitiva, factores decisivos para el crecimiento de la población mesoamericana.



Cultura mexica ( XI )

Cerámica La cerámica es uno de los elementos artísticos mexicas menos estudiados, si lo comparamos con otros como dioses, calendarios o mito...