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sábado, 26 de septiembre de 2009

Saqueo a la pobreza, a la dignidad


Es evidente que, cuando a los gobiernos y a las grandes compañías les interesan algunos asuntos en concreto, ponen en marcha campañas publicitarias de concienciación capaces de transformar a la sociedad, a sus costumbres, y convencernos de que hace tiempo que nos desviamos del camino correcto para entrar en una espiral nada aconsejable para nuestros intereses, y lo consiguen derrochando lo necesario y más, si es oportuno. Con todo y con eso, existen asuntos más fáciles de asimilar, de digerir por la sociedad, por los consumidores, que viendo lo evidente no ponemos ningún reparo en asumir parte de ese compromiso que nos solicitan para dar solución a la problemática con la que tratan de hacernos ver que hay muchas cosas que estamos haciendo mal. Y, sin duda, cuando se trata de contaminación ambiental, del reciclado de deshechos, nadie en su sano juicio pone un pero en contra, así que sólo hay que llamarnos para acudir al unísono, a la propuesta que compartimos. Sicológicamente sólo necesitamos que nos bombardeen con información constante, verídica o no, pero en todo caso creíble, para que nuestro parecer cambie de opinión o que nos pongamos a trabajar en el empeño. Esto me recuerda cómo dejé de fumar hace ya algunos años, por cierto, es de las decisiones más inteligentes que he tomado en mi dilatada existencia; comencé a leer un libro de apoyo para dejar de fumar y era tanto maltrato sicológico contra el tabaco que terminé por tomarle una mezcla de asco y miedo al hábito que, mientras duró el recuerdo reciente de lo leído, me sirvió de apoyo para mi gran victoria personal, la de abandonarlo para siempre.

Pues bien, desde hace unos días, quizás semanas, hay en marcha una campaña de concienciación por lo que significa el reciclado de las bolsas del supermercado. El plástico tarda cientos de años en descomponerse, si no recuerdo mal son 400, los años que tardan en desaparecer, así que si uno piensa, no hace falta mucho, la cantidad de bolsas de plástico y sin entrar en otras materias u objetos, que tiramos a la basura cada día y en cada ciudad, nos daremos cuenta de que estamos haciendo un mal importante a nuestro hábitat. La campaña para eliminar la costumbre de las bolsas de plástico del supermercado me parece un acierto, aunque tardío, de todas maneras todo lo que sea corregir malos hábitos siempre es positivo y, aún no acabando con la eliminación total, aún así, sería una gran conquista para nuestros intereses y los de las generaciones venideras, que ya de por sí le dejamos el planeta hecho un basurero. Ni que decir tiene que las primeras interesadas en el asunto son las grandes cadenas de supermercados, que con la propuesta, apoyada por el gobierno, eliminaran unos costes elevadísimos, claro que nada comparable con las ganancias que generan sus ventas, no crean que cada bolsa de plástico que nos dan con su publicidad impresa y el anagrama bien visible es un regalo, nada de nada, ya lo pagamos los consumidores y a buen precio, los grandes beneficiados siempre son las compañías, antes con bolsa y después sin ella. Resulta que en uno de los grandes súper, donde yo acostumbro a hacer mis compras, dan una bonificación si el cliente no se lleva bolsa, un céntimo de euro por cada una, y por lo que he podido comprobar siempre me descuentan un céntimo, no importa la compra que realice, hay veces que serían necesarias al menos tres de ellas, pero el descuento es el mismo, una insignificancia. Sin embargo, si nos planteamos la cantidad de bolsas que se ahorra la cadena de supermercados cada día y en cada punto de venta, comprobaremos que si antes eran cuantiosos beneficios ahora son aún más. La jugada está ahí hasta la mitad, porque no todos los compradores llevan bolsas o carritos de la compra, por lo que las cajeras ofrecen a cada consumidor bolsas ecológicas, claro está que no son gratuitas, su precio es de cincuenta céntimos, son reutilizables, pero ¿aguantarán cincuenta compras sin romperse, para compensar esa bonificación de un céntimo por compra?

Las nuevas bolsas, por supuesto con el anagrama publicitario de la cadena de supermercados, por lo que no sólo le estamos haciendo publicidad gratuita, si no que se la estamos pagando al solicitar una bolsa para llevarnos la compra, se comenta que estarían hechas de fécula de patata, biodegradables, y por lo tanto aceptables para el consumo. En países como Francia hace ya algún tiempo que están puestas en circulación y han tenido buena acogida. Todo esto no tendría inconveniente alguno por parte de casi nadie, pero como yo soy un mal pensado y la experiencia me dice que nada es tan fantástico como lo pintan, ni las grandes compañías son tan generosas como aparentan, lo primero que me viene a la memoria y a la comparación es que los avispados especuladores andan siempre al acecho y la mayoría de las veces con un paso adelantado. Me pregunto si, como ocurrió con el bioetanol, no se pondrá el precio de la patata por las nubes y como siempre el más perjudicado será el más pobre, que basa su dieta en productos como este tubérculo. Ya me las prometía muy felices cuando el bioetanol tomó protagonismo, a mi parecer era algo bueno para los campesinos, el oro verde de los campesinos de todo el mundo, que encontrarían en sus tierras de labranzas una reserva inagotable del nuevo combustible. Iluso de mí, ocurrió todo lo contrario, la especulación puso productos básicos como el maíz o la caña de azúcar y todo lo que produjera azucares y almidón, con lo que se produce el biocombustible, a precios inalcanzables para los más pobres del planeta, e incluso hubo rincones del globo donde esta actitud mezquina provocó falta de alimentos.

Estas cuestiones bien podrían aparentar autenticas banalidades para quienes no tienen con qué alimentarse, poco o nada debe de preocuparle la manera de transportar los alimentos si éstos son inalcanzables para tantas personas en el mundo. Ya conocen mi preocupación por todo lo relativo a Latinoamérica, en especial por los países del istmo, la región centroamericana, donde más de millón y medio de niños menores de cinco años sufren desnutrición crónica, aquí, en esta zona del mundo, existen mil problemas más urgentes que el causado por las bolsas de plástico. Por descontado que no pretendo comparar ni restarle protagonismo a la campaña de las bolsitas en cuestión, todo lo contrario, de igual modo deberían los gobiernos decentes bombardearnos con propaganda, recordándonos a cada momento los niños, las personas, que mueren de hambre en cada momento y en cada rincón del mundo. Porque en esto seguramente coincidiremos todos, necesitamos maltrato sicológico constante, no sólo para concienciarnos, si no para actuar contra el problema. En Guatemala es donde la desnutrición es más acuciante, un 64% del total de niños, esto es 1. 038,128, según cifras de la oficina regional del Programa Mundial de Alimentos (PMA). Honduras, El Salvador y Nicaragua, son los otros tres países centroamericanos con más niños desnutridos, con el 14%, 9% y 8% respectivamente, lo que suma 513,639 menores con desnutrición crónica.

Hace varios días, tras el acoso a la embajada brasileña en la capital hondureña, Tegucigalpa, el depuesto presidente Zelaya se quejaba de que les habían cortado el agua potable, la energía eléctrica y no sé cuantas bondades más, necesitaban víveres para continuar viviendo refugiados en la embajada, tanta gente atrincherada en el edificio, más de 600, habían acabado con los víveres existentes en poco tiempo, razón por la que han tenido que abandonar la embajada más de la mitad de los acompañantes. Supongo que esta experiencia no le vendrá mal al "galopante caballero con sombrero", que debería de saber que aún peor que en sus circunstancias malviven muchas personas en el país que dirigía y del que fue expulsado, muchos barrios, colonias, no sólo de la capital si no de todo el país, viven sin agua corriente y sin electricidad, en míseras chabolas con tejado de zinc y embarrados hasta los dientes cuando llueve, que lo hace con frecuencia. No es que mi posición política esté del lado del dictador Micheletti, mi posición está alejada de los dos, Zelaya me parece un desvergonzado embaucador populista más, y en vez de esconderse como un cobarde y llamar a los ciudadanos a que luchen por él, por su reposición en el poder, debería de enfrentarse con dignidad contra los dictadores. El juego del ratón y el gato, del voy pero me quedo, es de cobardes. De la misma manera que la comunidad internacional se vuelca en defender la legalidad, los derechos de los hondureños, debería de hacerlo no sólo contra el dictador ocupante, también contra el dictador expulsado, que para mi punto de vista representa un peligro para los intereses de Honduras del mismo calibre que Micheletti. Las víctimas son los hondureños, que mientras sus gobernantes juegan a perpetuarse en el poder, los ciudadanos ven cómo cada día que pasa su futuro es más triste e incierto. Zelaya no necesita inventarse ataques con gases, cosa que no se ha demostrado, ni escuadrones israelíes con maquinas para volverlos locos con sus ondas maléficas, ni intentos o tramas de asesinarlo para confundirlo con un suicidio, Zelaya tiene a la comunidad internacional de su parte, no necesita inventarse confusiones. Lo que tiene que hacer es salir de su agujero, dar la cara, y enfrentarse al gobierno dictador con dignidad y por dar fin a este martirio que están sufriendo los hondureños. Si es que realmente le interesa su pueblo.








http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

viernes, 10 de julio de 2009

El repetir de facto



Con todo lo que ha estado cayendo durante estos días pasados referente al golpe de estado en Honduras, no se me había ocurrido escribir sobre estos acontecimientos históricos, no porque no creyera el tema de interés suficiente, suscita sentimientos encontrados de todo tipo, de amores y odio, pero sobre todo de repulsa, se puede estar a favor o en contra de Zelaya, pero nunca simpatizar con el golpe de estado militar. Ahora bien, así es como se le ha catalogado, se le ha puesto la etiqueta de facto y no hay sambenito que se la cambie, pero aunque hayan sido ellos, los militares, los que exiliaron a la fuerza al presidente electo a Costa Rica, en pijama y sin sombrero, fue la justicia, el poder civil, la que dio la orden de arrancarlo del poder y ponerlo más allá del río San Juan (Nicaragua). Mis amigos me dicen que algunos días parezco más de izquierdas que otros, y es porque estos, los menos, no comulgo con lo políticamente correcto, si se es de izquierdas hay que ir con Chávez y si se es de derechas hay que nadar a favor de la corriente, agarrado de la mano de Micheletti, pero en cuanto discrepo y me pongo contra el golpista venezolano, cosa habitual, ya me tachan de más moderado, con lo que eso significa. Decía, que no quería escribir sobre los lamentables acontecimientos hondureños por la razón de que ni Zelaya es santo de mi devoción y ni Micheletti me atrae lo más minimo, es decir, ninguno de los dos me merecen el minimo respeto. Uno por pretender eternizarse en el poder, al estilo de sus secuaces del ALBA, y el otro por hacer lo propio al estilo de los emperadores africanos de décadas pasadas.

Ninguno de los dos gana, con Zelaya o con Micheletti, aunque siempre perderá Honduras, si ya sufre los avatares de una economía maltrecha y una delincuencia por encima de todos los índices, ahora y para colmo comenzarán a cerrárcele las puertas internacionales de la ayuda, de la colaboración para el desarrollo, que siempre es un bocado importante de este sándwich que es el presupuesto nacional. Y digo perderá Honduras porque parece ser lo menos importante para estos dos monigotes, uno populista y el otro no tan popular, son las estampas que representan a las dos partes enfrentadas en el conflicto, los dictadorzuelos del ALBA y los oligarcas del otro lado del río Bravo. No nos confundamos, Zelaya no es un estadista único, ni siquiera es un político honrado con sus votantes, al igual que Daniel Ortega, siempre y para lo malo me sirve de referencia; engañó a los nicaragüenses con unidad nacional, con dires y diretes y salió por los cerros de Úbeda rellenando sus alforjas. Zelaya es un liberal, un terrateniente de pelo engominado al estilo de los señoritos andaluces, ricachones y con el corazón insensible, que sigue las normas impuestas por el ideólogo de las dictaduras bolivarianas. En cambio, Micheletti es un dictador nato, que tira de militares como el mejor de los golpistas, claro que los militares esta vez están de su lado, son de la Escuela de las Américas, al más puro estilo gringo, todo lo contrario pasa en Nicaragua, ahí estuvo listo el Bachi, no se dejó sorprender, cambió los mandos y puso a sus allegados y amigos en la dirección, así no hay quien le tosa, al igual que en la policía, reprimen a los manifestantes cívicos y protegen a los provocadores violentos de cara cubierta y machete en mano.

No cabe duda que Honduras no es Zelaya & Micheletti, es ALBA & TLC, y aunque no existen motivos ni evidencias sobre la superficie, sí se intuyen e imaginan por la claridad de las aguas que cubren el conflicto. Por un lado los chavistas pidiendo justicia a la OEA, cuando hasta hace pocos días Insulza era tratado poco más de servidor del imperio y con la punta del pie, que paradoja, cuando son los más represivos y dictatoriales. El ataque al ALBA por su punto más débil ha puesto en jaque a Obama, a la administración norteamericana le ha puesto Chávez contra las cuerdas en la crisis hondureña, la presión es tan fuerte que la Casa Blanca tiene que andar con pies de plomo para evitar un desliz que la ponga bajo sospecha y cargar con la posibilidad infundada de que la CIA vuelve por sus fueros, pero sea cierto o no se ha sacudido de polvo y paja y ha criticado el golpe como uno más, desde luego no le quedaba otra alternativa. Lo cierto es que la presión mediática en la que se ha visto envuelta Honduras no tiene precedente, si la comparamos con otros acontecimientos de esta índole. Ni la propia Nicaragua y su robo de las elecciones municipales por parte de Ortega, ni la represión en Irán con todas las muertes, ni siquiera el conflicto en China donde se cuentan por centenares los manifestantes muertos por la policía y el ejercito. Por supuesto que no critico la presión contra los golpistas hondureños, pero sí me indigna que se tengan distintas varas de medir y según de que país se trate así se actúa de cara a la galería. Como ejemplo pongo al ministro español de exteriores, Moratinos, tengo que decir que salió electo por mi ciudad y mi voto fue para su formación, pero en el conflicto iraní se limitó a decir que había que andar con cautela, en cambio, en la crisis hondureña, ha removido Roma con Santiago y planteado todo lo inimaginable para castigar al nuevo gobierno golpista de Micheletti. Yo estoy con Moratinos en este caso, no se confundan, pero ni entiendo ni comparto su actitud ante Irán, China o Nicaragua.

Lo cierto, triste y penoso, es que a estas alturas aún se dan ruidos de sables en Latinoamérica, eso parecía que estaba destinado a los libros de historia y para el recuerdo de otra época menos deseable, quizás por eso tanta presión mediática, para luchar contra la posibilidad de que surjan otros Michelettis, ya tenemos bastante con los chavistas y sus "dictaduras democráticas". Puestos de pie y ante la historia nos sigue valiendo Honduras como ejemplo de golpes militares, casi calcados a los acontecimientos que vive estos días el país centroamericano. He buscado en el índice histórico hondureño y he encontrado un pasaje muy apropiado y deseoso para estos días, el ejemplo de Ramón Villeda Morales, cuya experiencia quizás sea la más importante, aunque corta, en la democracia hondureña. Desde el 15 de septiembre de 1821, fecha en la que se independizó de España, son casi 300 las rebeliones internas que han sacudido al país, entre guerras civiles y cambios de gobierno, y más de la mitad de ellos sucedieron durante el siglo XX. Honduras nunca disfrutó de un infraestructura económica, social y política, que le permitiera manejar su rumbo sin la injerencia de intereses comerciales por parte de las grandes compañías agrícolas norteamericanas, en las que estaban basadas la economía, las que establecieron enormes plantaciones de plátanos a lo largo de la costa del norte. Estas grandes compañías con su capital extranjero, la vida de las plantaciones y la política conservadora, fueron los factores dominantes entre el siglo XIX y hasta mediados del XX en Honduras, que estuvo controlado por el general autoritario Tiburcio Carias Andino, eso sí, siempre apoyado por estas compañías norteamericanas y por los dictadores de los países vecinos, lo que le valió para mantenerse en el poder hasta 1948; para ese tiempo los dos principales partidos políticos, Liberales y Nacionalistas, comenzaban a ser controlados por los principales lideres militares provinciales.

En la convención de su partido en 1953 Villeda Morales presenta la actualización del programa ideológico del Partido Liberal de Honduras y los nuevos estatutos, elaborados por su equipo de trabajo, y ese mismo año, su partido, obtuvo un rotundo éxito en las elecciones municipales. Este triunfo hizo que su partido lo proclamara candidato para las elecciones a la presidencia del país un año más tarde. De nuevo fue un exitoso triunfo para Villeda Morales, aunque quedó opaco y un tanto relativizado, el Congreso Nacional, que debía reconocer el resultado de dichas elecciones, no se instaló, por el fraude electoral, y el vicepresidente Julio Lozano Díaz asumió el poder, cuando los diputados partidarios del ex dictador Tiburcio Carias Andino rompieron el quórum constitucional. Ramón Villeda Morales fue expulsado del país, junto a otros políticos, y poco tiempo más tarde es el propio dictador Lozano Díaz el que es derrocado por el ejército, que instaló en el gobierno una junta militar bajo la jefatura del coronel de aviación Héctor Caraccioli. Fue como volver la página de la historia hacia atrás, los presos salieron de las cárceles y los políticos desterrados regresaron a Honduras, menos Villeda Morales, que aceptó el cargo de Embajador ante el Gobierno de los Estados Unidos, en Washington, y ante el Consejo de la Organización de Estados Americanos, donde permaneció hasta la fecha de la convocatoria a elecciones de la Junta Militar de Gobierno. El Partido Liberal gana de nuevo y la Asamblea Nacional Constituyente ratifica la victoria electoral de Villeda Morales en 1954 y es declarado presidente de Honduras.

El nuevo gobierno fue de integración y conciliación nacional, y fueron integrados de forma equitativa, tanto el poder legislativo como el judicial, en el ámbito de unas elecciones libres y honestas. Es evidente que Villeda Morales pensó en su país por encima de otros intereses particulares y, contra el reclamo de sus propios compañeros de partido, incluyó en el poder ejecutivo a miembros de la oposición que consideraba honorables y capaces. El fruto fueron los cambios en la constitución, que incorporó la inviolabilidad de la dignidad humana y el respeto a los derechos humanos; y por primera vez se garantizaba la alternabilidad en la presidencia. La ley de Reforma Agraria, Ley de Seguridad Social, Ley de Emisión de Pensamiento, Ley de Fomento Industrial, Infraestructura Vial, Electrificación y la primera Central Hidroeléctrica de Río Lindo, la prioridad en la educación y construcción de centros escolares, nuevos hospitales, centros de salud y la protección de la maternidad, todos estos fueron otros logros sociales del gobierno de Villeda Morales. Pero de nuevo el ruido de sables acabó con la esperanza y el futuro, y un cuartelazo dio fin al gobierno de conciliación nacional, a pocos días del fin de su mandato, cuando ya se preparaba la maquinaria electoral y los miembros de la misión técnica de la OEA se encontraban en el país para supervisar las elecciones. Villeda Morales fue desterrado de nuevo a Costa Rica y el día 21 de diciembre de 1963, en el que legalmente terminaba su mandato, hizo entrega simbólica del poder en la sede de la embajada de Venezuela. Villeda Morales murió en 1971 a los 63 años, en Nueva York, y fue llevado a Honduras por la Fuerza Aérea Hondureña. En reconocimiento a su labor democrática, el pueblo hondureño, desbordó las calles de Teguciagalpa el día de su entierro.










http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/

Cultura mexica ( XI )

Cerámica La cerámica es uno de los elementos artísticos mexicas menos estudiados, si lo comparamos con otros como dioses, calendarios o mito...