

Como apuntaba anteriormente le tocó vivir en un contenido, entorno, donde la injusticia se había instalado para quedarse por muchos años y las condicionantes rodeadas de una posguerra civil, en la que la dictadura fascista de Franco aún luchaba contra los guerrilleros en los montes asturianos. Este fue el escenario de su niñez, hambre, miseria, represión e iglesia inquisitiva, el Nuevo Nacional Catolicismo era cruel, al estilo de la inquisición de Torquemada, el mismo que sufrieron a éste y al otro lado del Atlántico en el siglo XVI, solo que en vez de quemar a los ciudadanos en las calles los sacaban de sus casas en la noche, o en el día, y los fusilaban, ¿por qué? Por no compartir ideales, por antipático o simplemente como víctima obligada, esto es porque era la manera de arrebatarle las posesiones legalmente, los asesinaban y se quedaban con sus propiedades. Al estilo de mis antepasados en América, sin escrúpulos, sin sentimiento de ningún tipo, matar y robar, esa era la cuestión.

En 1969 se marchó a Tola, a los 32 años de edad, había nacido en Les Roces, en San Martín del Rey Aurelio, en el principado de Asturias. Allí se fue de misionero, voluntariamente, con los campesinos y con los más necesitados, sus contactos primarios comenzaron visitando a enfermos, contactando con la realidad social y poco apoco implicándose en la situación política. No era su actitud la de otro religioso más, sus intenciones frustradas de enseñar al campesino técnicas en la labranza y encontrarse con que de nada servían porque las tierras pertenecían a otros, por lo que sus intentos quedaban en saco roto, fue fraguando su inconformismo ante la injusticia. Alzó la voz crítica en muchas ocasiones y entre las primeras estaban la necesidad de médicos y medios para atender a los campesinos, y contra la práctica de secuestro, de muchachas jóvenes que terminaban en la prostitución y que el régimen de Somoza toleraba y amparaba por medio de sus militares.
Gaspar García Laviana era seguidor y compartía el significado de la Teología de la Liberación, con la que sentía identificado, hombre de una humanidad admirable, identificado con el pueblo, con los campesinos y que sufría las injusticias como en carne propia. Tras cuatro años viviendo esta realidad que encontró decidió ingresar en las filas del FSLN, Frente Sandinista de Liberación Nacional. Entre el contenido que leyó a sus feligreses en la carta-testamento explicando su decisión están estas palabras: "donde el hambre y la sed de justicia el pueblo oprimido reclama, más que el consuelo de las palabras, el consuelo de la acción". En el tiempo que vivió en San Juan del Sur, pudo comprobar la injusticia, la explotación de los campesinos, abusos que le llevaron a tomar el camino de la guerrilla: "he sido testigo del inmundo trafico carnal al que someten a las jóvenes humildes, entregadas a la prostitución por los poderosos; y he tocado con mis manos la vileza, el escarnio, el engaño, el latrocinio representado por el dominio de la familia Somoza en el poder".
Su sensibilidad le llevó a escribir algunos poemas y cuentos, que fueron publicados por el gobierno sandinista cuando subió al poder, en estos escritos se ve el potencial revolucionario que en adelante le llevarían a formar parte del FSLN: "Un día me di cuenta de que yo era un servidor más de la tiranía somocista". Fueron tres años en los que colaboró sin reservas en la clandestinidad y a finales de 1977 consigue escapar, pasar a Guatemala, de la Guardia Nacional. Regresa a España y aquí expone sus intenciones, sus ideas, a sus superiores de la Orden del Sagrado Corazón de Jesús. Nadie le contradijo ni nadie trató de persuadirle, de que volviera a la parroquia, fue tan fuerte su convicción que todos aceptaron sus propósitos, la de ingresar en la guerrilla, como soldado del Frente Sandinista, aunque alguno discrepó políticamente con él, lógico en un país gobernado por fascista, y también quien le propuso abandonar hábitos ante la nueva decisión.
En la navidad de 1977 ingresa en las filas de la guerrilla y eligió el nombre de Martín, su vida en la guerrilla estaba llena de buenos momentos y una vez dijo al respecto: "aquí he encontrado a los grandes amigos del alma". Gaspar consiguió ganarse el respeto y el cariño de todos sus compañeros y fue nombrado comandante, lo que dice mucho del adiestramiento y las condiciones militares para la guerrilla. Cuando contaba 37 años y al mando de una de las columnas que luchaba en la zona sur del país, "Benjamín Zeledón", la radio Sandinista anunció, el 11 de noviembre de 1978: Hermanos, les quiero comunicar una noticia dolorosa, el Comandante Martín, Gaspar García Laviana, el cura sandinista cayó en combate hace unas pocas horas, sin embargo no es el momento de llorar. Hoy más que nunca tenemos que seguir el ejemplo heroico de nuestros mártires. Adelante compañeros.



















